/ lunes 4 de octubre de 2021

La crisis migratoria Haitiana

El mundo ha tenido problemas de todo tipo a lo largo de su historia, sin embargo, existen regiones que, a pesar de vivir en constantes problemáticas, no han sido tomadas en cuenta ni por las grandes potencias ni por los organismos internacionales; de hecho, se nos podrían venir a la mente muchas naciones en ciertas regiones, como por ejemplo Medio Oriente o África, sin embargo, en nuestro continente también existe una nación que es y ha sido víctima de un sinfín de situaciones que la han puesto en el que -quizá- es el máximo predicamento a lo largo de su historia debido no solo a los problemas políticos y sociales propios de la historia latinoamericana, sino también a los conflictos creados a partir de su ubicación geográfica.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL, 2020) calculó que la economía haitiana iba a contraerse un 3% en su Producto Interno Bruto (PIB) en el 2020 y que apenas iba a recuperar un 2% en su crecimiento para este año debido al impacto de la pandemia, sin embargo, las estimaciones económicas pudieran quedarse cortas si se le suman los acontecimientos vividos en aquella nación caribeña que, de una u otra forma, han provocado que la crisis se acentúe y que la Inversión Extranjera Directa (IED) pierda interés en el país; me refiero al magnicidio del presidente Jovenel Moïse y al terremoto ocurrido apenas hace un par de meses en aquella nación.

Y es de pensarse que, aunque siempre ha habido un interés genuino por parte de la comunidad haitiana a migrar hacia otras naciones que les pudieran ofrecer mejores condiciones de vida, la principal opción es -y ha sido- ir a Estados Unidos. Sin embargo, en la última década surgieron naciones que se fueron abriendo como nuevas opciones para los migrantes haitianos, tales como Brasil y Chile, que de acuerdo a datos de la BBC (2021) han recibido alrededor de 250,000 migrantes de esta nación, siendo unos 100,000 en Chile y el resto en Brasil, desde el año 2010.

La problemática de la crisis migratoria se intensificó con el conjunto de hechos que abarca desde lo político hasta lo social, porque no sufren nada más por tener un presidente asesinado, sino que también esa violencia, aunada a la corrupción, se ha reflejado en el pueblo que, de los casi 11 millones y medio de habitantes, 60% vive en pobreza, 24% en pobreza extrema y uno de cada diez habitantes tiene agua potable (Banco Mundial, 2020).

Es así que todos estos problemas han causado que se hable de una nueva ola migratoria que incluso pudiera superar la vivida en 2010 tras el -otro- terremoto sufrido que provocó que unas 300,000 personas migraran fuera de su país. El problema migratorio es tan grave que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha calculado que una quinta parte de la población haitiana (poco más de dos millones de personas) hayan migrado, no solo a Brasil, Chile o República Dominicana, sino que, además, se encuentren varados en el camino rumbo a Estados Unidos donde ya viven más de un millón y medio de haitianos; de hecho, México ha reportado que, tan solo de enero a agosto de este año, se han registrado más de 140,000 migrantes ilegales de aquella nación, situación que no se compara con los datos que el gobierno de Estados Unidos provee donde dice que se han detenido a más de 200,000.

Entonces, como de rebote, pero siempre presente, México tiene que buscar una alternativa para solventar la crisis migratoria haitiana que se suma a las ya conocidas caravanas migrantes provenientes de Guatemala, Honduras, Nicaragua y El Salvador debido a que la frontera terrestre con los Estados Unidos sigue cerrada y, por ende, los trámites de asilo político no pueden ser recibidos, provocando de esta manera que los migrantes caribeños se detengan en un lugar al que no pertenecen y en el cual no quieren estar, pero sin oportunidad de llegar a su destino ni regresar a su origen.

Twitter @fabrecam

El mundo ha tenido problemas de todo tipo a lo largo de su historia, sin embargo, existen regiones que, a pesar de vivir en constantes problemáticas, no han sido tomadas en cuenta ni por las grandes potencias ni por los organismos internacionales; de hecho, se nos podrían venir a la mente muchas naciones en ciertas regiones, como por ejemplo Medio Oriente o África, sin embargo, en nuestro continente también existe una nación que es y ha sido víctima de un sinfín de situaciones que la han puesto en el que -quizá- es el máximo predicamento a lo largo de su historia debido no solo a los problemas políticos y sociales propios de la historia latinoamericana, sino también a los conflictos creados a partir de su ubicación geográfica.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL, 2020) calculó que la economía haitiana iba a contraerse un 3% en su Producto Interno Bruto (PIB) en el 2020 y que apenas iba a recuperar un 2% en su crecimiento para este año debido al impacto de la pandemia, sin embargo, las estimaciones económicas pudieran quedarse cortas si se le suman los acontecimientos vividos en aquella nación caribeña que, de una u otra forma, han provocado que la crisis se acentúe y que la Inversión Extranjera Directa (IED) pierda interés en el país; me refiero al magnicidio del presidente Jovenel Moïse y al terremoto ocurrido apenas hace un par de meses en aquella nación.

Y es de pensarse que, aunque siempre ha habido un interés genuino por parte de la comunidad haitiana a migrar hacia otras naciones que les pudieran ofrecer mejores condiciones de vida, la principal opción es -y ha sido- ir a Estados Unidos. Sin embargo, en la última década surgieron naciones que se fueron abriendo como nuevas opciones para los migrantes haitianos, tales como Brasil y Chile, que de acuerdo a datos de la BBC (2021) han recibido alrededor de 250,000 migrantes de esta nación, siendo unos 100,000 en Chile y el resto en Brasil, desde el año 2010.

La problemática de la crisis migratoria se intensificó con el conjunto de hechos que abarca desde lo político hasta lo social, porque no sufren nada más por tener un presidente asesinado, sino que también esa violencia, aunada a la corrupción, se ha reflejado en el pueblo que, de los casi 11 millones y medio de habitantes, 60% vive en pobreza, 24% en pobreza extrema y uno de cada diez habitantes tiene agua potable (Banco Mundial, 2020).

Es así que todos estos problemas han causado que se hable de una nueva ola migratoria que incluso pudiera superar la vivida en 2010 tras el -otro- terremoto sufrido que provocó que unas 300,000 personas migraran fuera de su país. El problema migratorio es tan grave que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha calculado que una quinta parte de la población haitiana (poco más de dos millones de personas) hayan migrado, no solo a Brasil, Chile o República Dominicana, sino que, además, se encuentren varados en el camino rumbo a Estados Unidos donde ya viven más de un millón y medio de haitianos; de hecho, México ha reportado que, tan solo de enero a agosto de este año, se han registrado más de 140,000 migrantes ilegales de aquella nación, situación que no se compara con los datos que el gobierno de Estados Unidos provee donde dice que se han detenido a más de 200,000.

Entonces, como de rebote, pero siempre presente, México tiene que buscar una alternativa para solventar la crisis migratoria haitiana que se suma a las ya conocidas caravanas migrantes provenientes de Guatemala, Honduras, Nicaragua y El Salvador debido a que la frontera terrestre con los Estados Unidos sigue cerrada y, por ende, los trámites de asilo político no pueden ser recibidos, provocando de esta manera que los migrantes caribeños se detengan en un lugar al que no pertenecen y en el cual no quieren estar, pero sin oportunidad de llegar a su destino ni regresar a su origen.

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