/ lunes 30 de mayo de 2022

Un poeta y literato del exilio español y su legado a México y a Cuernavaca

Queridos lectores, ya se habrán dado cuenta que esta columna que tanto quiero se las escribo como periodista que soy, pero también como historiadora que también lo soy y lo hago al recordar el propósito que movió al griego Heródoto (484-425 a.C) al que se le atribuye ser el primer historiador, que dijo: “se escribe como un medio de evitar el olvido de aquello que merece ser recordado”. En tal sentido, añado a lo ya escrito del general Felipe Ángeles, que la Batalla de Zacatecas del 23 de junio de 1914, es considerada como la operación modelo de la ciencia militar. La toma de Zacatecas, queridos amigos, fue el hecho histórico que otorgó a Felipe Ángeles, el calificativo del mejor artillero de México y aunque conjugó admirablemente en el campo de batalla la acción de los hombres y la precisión de su artillería, quizá lo más importante a decir de varios historiadores, es que en esa batalla, Ángeles cambió el rumbo de los acontecimientos en la Revolución Mexicana al lograr tras la derrota del gobierno federal, la renuncia de Victoriano Huerta y el paso libre de las tropas constitucionalistas hacia la capital de México. Dicho lo anterior que resalta la grandeza militar de Ángeles, también destaca lo absurdo de su fusilamiento, que quien lo diría, ordenado por Venustiano Carranza, el jefe revolucionario al que tanto ayudó con su triunfo en Zacatecas. Y sigo recordando lo que no hay que olvidar. En estos días, cuando se conmemora el 23 Aniversario luctuoso del doctor Juan Rueda Ortiz, (fallecido en 1999), un español de excepción, que durante el exilio masivo de republicanos que huían del fascismo franquista, llega, como varios más, a enriquecer la vida académica a México. Cabe recordar que Rueda Ortiz, huye de España a Francia en 1939, cuando cae la República Española y triunfa el franquismo. De París, sale a México ese mismo año, mediante una visa otorgada por Gilberto Bosques Saldívar, el diplomático mexicano recién nombrado por el Presidente de México, don Lázaro Cárdenas del Río, cónsul general en París. La trayectoria de Rueda Ortiz, de verdad, seduce. Verán por qué. Nacido en 1911 en Andalucía, España y fallecido aquí en Cuernavaca casi 88 años después, fue en su patria de origen un militante anarquista y anarco sindicalista que participó, junto a su padre, en importantes mítines estudiantiles y obreros a favor de la República sin dejar sus estudios de magisterio que cursó en la Escuela Normal de Valencia. Se licencia en Filosofía y Letras en Granada y se doctora en la Universidad de Madrid, España. Con el tiempo, sumó a sus actividades académicas, tanto en España como en México, las letras tamtp como periodista pero también como escritor. Fue autor de 42 libros, destacado poeta, creador y mecenas cultural en ésta, su patria de adopción. Ya en en el exilio, continuó imparable trabajando sin descuidar lo que pasaba en España. Rueda Ortiz voluntariamente participó en el cuidado de los 456 niños y niñas españoles huérfanos que pese a que habían desembarcaron en Veracruz dos años antes de que él llegara a México, se acercó a formar parte del “Comité de Ayuda a los Niños del Pueblo Español” y estuvo atento en la preparación y educación de los mismos. Más tarde escribiría en su honor, varios poemas, entre ellos El Barco de las Velas. En 1940 se nacionaliza mexicano y prosigue imparable con sus actividades políticas-intelectuales de gran relevancia. Funda el Instituto Mexicano de Ciencias y Humanidades, participa activamente en los trabajos de la Legión de Honor Nacional de México y prosigue los trabajos como miembro de la Academia Nacional de Historia y Geografía. Funda asimismo la Asociación Mexicana de Periodismo Científico; trae a México la Asociación de Escritores y Artistas Españoles y su fallecimiento ocurre en medio de tanta actividad cuando se desempeñaba como vicepresidente de la Benemérita Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística a nivel nacional. Hoy su nombre quedó en la Academia de Letras Juan Rueda Ortiz ya que al morir, su alumna, luego esposa y al final su viuda, María del Socorro Cortés Mayorga, prosigue con el legado que dejó en Cuernavaca su esposo y mentor. Y hasta el lunes.

Queridos lectores, ya se habrán dado cuenta que esta columna que tanto quiero se las escribo como periodista que soy, pero también como historiadora que también lo soy y lo hago al recordar el propósito que movió al griego Heródoto (484-425 a.C) al que se le atribuye ser el primer historiador, que dijo: “se escribe como un medio de evitar el olvido de aquello que merece ser recordado”. En tal sentido, añado a lo ya escrito del general Felipe Ángeles, que la Batalla de Zacatecas del 23 de junio de 1914, es considerada como la operación modelo de la ciencia militar. La toma de Zacatecas, queridos amigos, fue el hecho histórico que otorgó a Felipe Ángeles, el calificativo del mejor artillero de México y aunque conjugó admirablemente en el campo de batalla la acción de los hombres y la precisión de su artillería, quizá lo más importante a decir de varios historiadores, es que en esa batalla, Ángeles cambió el rumbo de los acontecimientos en la Revolución Mexicana al lograr tras la derrota del gobierno federal, la renuncia de Victoriano Huerta y el paso libre de las tropas constitucionalistas hacia la capital de México. Dicho lo anterior que resalta la grandeza militar de Ángeles, también destaca lo absurdo de su fusilamiento, que quien lo diría, ordenado por Venustiano Carranza, el jefe revolucionario al que tanto ayudó con su triunfo en Zacatecas. Y sigo recordando lo que no hay que olvidar. En estos días, cuando se conmemora el 23 Aniversario luctuoso del doctor Juan Rueda Ortiz, (fallecido en 1999), un español de excepción, que durante el exilio masivo de republicanos que huían del fascismo franquista, llega, como varios más, a enriquecer la vida académica a México. Cabe recordar que Rueda Ortiz, huye de España a Francia en 1939, cuando cae la República Española y triunfa el franquismo. De París, sale a México ese mismo año, mediante una visa otorgada por Gilberto Bosques Saldívar, el diplomático mexicano recién nombrado por el Presidente de México, don Lázaro Cárdenas del Río, cónsul general en París. La trayectoria de Rueda Ortiz, de verdad, seduce. Verán por qué. Nacido en 1911 en Andalucía, España y fallecido aquí en Cuernavaca casi 88 años después, fue en su patria de origen un militante anarquista y anarco sindicalista que participó, junto a su padre, en importantes mítines estudiantiles y obreros a favor de la República sin dejar sus estudios de magisterio que cursó en la Escuela Normal de Valencia. Se licencia en Filosofía y Letras en Granada y se doctora en la Universidad de Madrid, España. Con el tiempo, sumó a sus actividades académicas, tanto en España como en México, las letras tamtp como periodista pero también como escritor. Fue autor de 42 libros, destacado poeta, creador y mecenas cultural en ésta, su patria de adopción. Ya en en el exilio, continuó imparable trabajando sin descuidar lo que pasaba en España. Rueda Ortiz voluntariamente participó en el cuidado de los 456 niños y niñas españoles huérfanos que pese a que habían desembarcaron en Veracruz dos años antes de que él llegara a México, se acercó a formar parte del “Comité de Ayuda a los Niños del Pueblo Español” y estuvo atento en la preparación y educación de los mismos. Más tarde escribiría en su honor, varios poemas, entre ellos El Barco de las Velas. En 1940 se nacionaliza mexicano y prosigue imparable con sus actividades políticas-intelectuales de gran relevancia. Funda el Instituto Mexicano de Ciencias y Humanidades, participa activamente en los trabajos de la Legión de Honor Nacional de México y prosigue los trabajos como miembro de la Academia Nacional de Historia y Geografía. Funda asimismo la Asociación Mexicana de Periodismo Científico; trae a México la Asociación de Escritores y Artistas Españoles y su fallecimiento ocurre en medio de tanta actividad cuando se desempeñaba como vicepresidente de la Benemérita Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística a nivel nacional. Hoy su nombre quedó en la Academia de Letras Juan Rueda Ortiz ya que al morir, su alumna, luego esposa y al final su viuda, María del Socorro Cortés Mayorga, prosigue con el legado que dejó en Cuernavaca su esposo y mentor. Y hasta el lunes.

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