Araceli Mendoza

  / sábado 10 de marzo de 2018

Cristo de Temaca

Por Araceli Mendoza

La Secretaría de Cultura celebró el centenario de Juan José Arreola. La obra publicada de éste no es muy extensa, pero la experiencia que comunica es extraordinariamente variada; está colmada de símbolos poéticos mediante los cuales transmite su universo personal. Quiero compartir con ustedes este poema de Alfredo Placencia. Frases que a Juan José Arreola le causaron una motivación, para memorizarlas y sentirlas, y creo que de verdad fue tan fuerte todo este poema que se adentró en todo lo relacionado a la literatura. Poema “Cristo de Temaca”.

Un poema que sirvió a Juan José Arreola, espero te sirva a ti también.

Hay que ver las palabras que nos dicen y a que nos lleva la armonía de las mismas.

Juan José Arreola fue conocido por toda una generación como uno de los escritores más indefinibles y apasionantes de la cultura mexicana, su legado y aún sólida presencia en la cultura nacional, sigue vigente a casi 100 años de su natalicio.

El autor confesaba que nunca terminó la educación primaria. Por lo que, así como aprendió el francés con sólo ver películas, adquirió fuera de los salones de clase una asombrosa cultura literaria, a la par de desempeñar los más singulares oficios, como vendedor de tepache, criador fracasado de gallinas, vendedor de zapatos, recitador de cuentos en plazas públicas y, más adelante, profesor de francés, traductor, impresor y corrector de pruebas en el Fondo de Cultura Económica.

Juan José Arreola instaba a sus alumnos a adquirir un estilo propio a partir de hallar un ritmo y un compás en el lenguaje. El sonido de las palabras era el primer paso, después seguía la incursión en la escritura. Esto último requería que se reescribieran una y otra vez los textos.

Arreola implementa el “taller literario”, el cual no existía en nuestro país. Desde 1964, cuando impartió su primer taller, muchos de los que acudían sabían que con aquellas lecturas en voz alta lo que trataba de transmitir era el cultivo de una sensibilidad especial ante el lenguaje...

Hay en la peña de Temaca un Cristo. Yo, que su rara perfección he visto, jurar puedo que lo pintó Dios mismo con su dedo.

En vano corre la impiedad maldita y ante el portento la contienda entabla. El Cristo aquel parece que medita y parece que habla.

¡Oh…! qué Cristo Éste que amándome en la peña he visto… cuando se ve, sin ser un visionario, ¿por qué luego se piensa en el Calvario? Se le advierte la sangre que destila, se le pueden contar todas las venas y en la apagada luz de su pupila se traduce lo enorme de sus penas.

En la espinada frente, en el costado abierto y en sus heridas todas, ¿quién no siente que allí está un Dios agonizante o muerto.

¡Oh, qué Cristo, Dios santo! Sus pupilas miran con tal piedad y de tal modo, que las horas más negras son tranquilas y es mentira el dolor. Se puede todo.

Quehaydenuevoviejo760@yahoo.com.mx

Por Araceli Mendoza

La Secretaría de Cultura celebró el centenario de Juan José Arreola. La obra publicada de éste no es muy extensa, pero la experiencia que comunica es extraordinariamente variada; está colmada de símbolos poéticos mediante los cuales transmite su universo personal. Quiero compartir con ustedes este poema de Alfredo Placencia. Frases que a Juan José Arreola le causaron una motivación, para memorizarlas y sentirlas, y creo que de verdad fue tan fuerte todo este poema que se adentró en todo lo relacionado a la literatura. Poema “Cristo de Temaca”.

Un poema que sirvió a Juan José Arreola, espero te sirva a ti también.

Hay que ver las palabras que nos dicen y a que nos lleva la armonía de las mismas.

Juan José Arreola fue conocido por toda una generación como uno de los escritores más indefinibles y apasionantes de la cultura mexicana, su legado y aún sólida presencia en la cultura nacional, sigue vigente a casi 100 años de su natalicio.

El autor confesaba que nunca terminó la educación primaria. Por lo que, así como aprendió el francés con sólo ver películas, adquirió fuera de los salones de clase una asombrosa cultura literaria, a la par de desempeñar los más singulares oficios, como vendedor de tepache, criador fracasado de gallinas, vendedor de zapatos, recitador de cuentos en plazas públicas y, más adelante, profesor de francés, traductor, impresor y corrector de pruebas en el Fondo de Cultura Económica.

Juan José Arreola instaba a sus alumnos a adquirir un estilo propio a partir de hallar un ritmo y un compás en el lenguaje. El sonido de las palabras era el primer paso, después seguía la incursión en la escritura. Esto último requería que se reescribieran una y otra vez los textos.

Arreola implementa el “taller literario”, el cual no existía en nuestro país. Desde 1964, cuando impartió su primer taller, muchos de los que acudían sabían que con aquellas lecturas en voz alta lo que trataba de transmitir era el cultivo de una sensibilidad especial ante el lenguaje...

Hay en la peña de Temaca un Cristo. Yo, que su rara perfección he visto, jurar puedo que lo pintó Dios mismo con su dedo.

En vano corre la impiedad maldita y ante el portento la contienda entabla. El Cristo aquel parece que medita y parece que habla.

¡Oh…! qué Cristo Éste que amándome en la peña he visto… cuando se ve, sin ser un visionario, ¿por qué luego se piensa en el Calvario? Se le advierte la sangre que destila, se le pueden contar todas las venas y en la apagada luz de su pupila se traduce lo enorme de sus penas.

En la espinada frente, en el costado abierto y en sus heridas todas, ¿quién no siente que allí está un Dios agonizante o muerto.

¡Oh, qué Cristo, Dios santo! Sus pupilas miran con tal piedad y de tal modo, que las horas más negras son tranquilas y es mentira el dolor. Se puede todo.

Quehaydenuevoviejo760@yahoo.com.mx

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