/ jueves 11 de noviembre de 2021

Adrián Lebarón

“Las leyes, en consecuencia, y siguiendo en nuestro razonamiento el criterio de Spencer, o son entidades superiores a la capacidad moral y de comportamiento del hombre, o se ajustan al estado general de la naturaleza humana, es decir, son leyes “humanas”, aunque el Derecho y la Justicia representen metas superiores de comportamiento. Podemos, pues, estudiar una ley específica y descubrir en día determinada condición susceptible de mejorarse, de evolucionar. ¿No serán, acaso, esta clase de leyes las que mejor se respetan y obedecen?”.

Raúl Carrancá y Trujillo. Raúl Carrancá y Rivas. Derecho Penal Mexicano. Parte General. Pág. 85.


Conocí al buen Adrián Lebarón a instancias de mi querido amigo Miguel Sandoval que desde que tuve la oportunidad de trabajar a su lado hace ya algunos lustros siempre me ha sorprendido por su capacidad intelectual y operativa.

La empatía con la víctima de tan atroces delitos se dio de manera inmediata, ya que alguna ocasión otro gran camarada el abogado y mi maestro Carlos Armando Biebrich me comentó que los que nos han perseguido políticamente a través de “las garras del Estado”, siempre nos solidarizamos entre nosotros, y yo iría más allá, también existe un hermanamiento inmediato con todos aquellos que han perdido una hija, o hijo, como el que esto escribió.

Por eso desde el primer minuto que conversé con Adrián Lebarón abracé su causa, después de todo el amado José Manuel Martínez perdió la vida en un terrible accidente con un arma de fuego calibre veintidós, una pluma de defensa personal con un tiro, que no debió de estar entre nosotros si la Ley se respetara en México, pero claro está, nada comparable con “la masacre de la familia Lebarón” donde perdieron la vida, el 4 de noviembre de 2019, en Bavispe, Sonora, nueve integrantes mormones, entre ellos seis menores de edad, con armas de alto calibre que también son parte del “mercado negro” de una de las mayores atrocidades por tener como vecinos al país más poderoso, pero bélico por atonomasía, me refiero a los Estados Unidos de América.

Pero más me entusiasmó el saber que su lucha jurídica se esta dando por esa terrible antinomia que existe en la Ley Federal contra la Delincuencia Organizada y el Código Nacional de Procedimientos Penales, donde en la primera se pierde el principio garantista de la coadyuvancia como víctima en la investigación de las conductas tipificadas como delitos, es decir, siempre lo he manifestado en las aulas de las asesorías que imparto en la Facultad de Derecho, de la UNAM, con mis alumnos. Que un modelo de garantismo penal del Estado mexicano, no puede coexistir con una Ley especial que teóricamente atiende al funcionalismo radical alemán y su tan cuestionado: “Derecho Penal del Enemigo”.

Este es su debate que incluso ya se dio en el ámbito académico entre el máximo expositor del garantismo penal, el italiano, Luigi Ferrajoli, con Günter Jakobs, el gran teórico del delito alemán y que es el mayor exponente del: “Derecho Penal del Enemigo”, pero como también siempre le he dicho a mis apreciados alumnos, entre esos dos gigantes, se encuentra el Filósofo del Derecho Penal más grande de Latinoamérica, mi amigo, maestro y socio el Doctor Raúl Carrancá, que con su “Revisionismo” y “norma de cultura” académicamente esta por encima del italiano y del alemán.

Por lo antes descrito es que fue un deleite académico y de la práctica procesal del Derecho Penal mexicano, la reunión de trabajo que hace algunos días sostuvimos en la “ciudad de la eterna primavera”, con Adrián Lebarón, que por cierto aquí tiene muchos seguidores, también estuvo el famoso cineasta y abogado que creó: “Presunto Culpable”, Amir Galván, el Doctor Raúl Carrancá, José Garrigós, Rodrigo Carrancá y un servidor. Controvertir en los órganos procesales constitucionales del Estado mexicano, la retrograda Ley Federal contra la Delincuencia Organizada, es un hermoso, pero complicado reto que no me perderé jamás, con eso pondré un pequeño grano de arena para que se haga justicia por todos los desaparecidos por esta insulsa guerra que nadie puede frenar.


“Las leyes, en consecuencia, y siguiendo en nuestro razonamiento el criterio de Spencer, o son entidades superiores a la capacidad moral y de comportamiento del hombre, o se ajustan al estado general de la naturaleza humana, es decir, son leyes “humanas”, aunque el Derecho y la Justicia representen metas superiores de comportamiento. Podemos, pues, estudiar una ley específica y descubrir en día determinada condición susceptible de mejorarse, de evolucionar. ¿No serán, acaso, esta clase de leyes las que mejor se respetan y obedecen?”.

Raúl Carrancá y Trujillo. Raúl Carrancá y Rivas. Derecho Penal Mexicano. Parte General. Pág. 85.


Conocí al buen Adrián Lebarón a instancias de mi querido amigo Miguel Sandoval que desde que tuve la oportunidad de trabajar a su lado hace ya algunos lustros siempre me ha sorprendido por su capacidad intelectual y operativa.

La empatía con la víctima de tan atroces delitos se dio de manera inmediata, ya que alguna ocasión otro gran camarada el abogado y mi maestro Carlos Armando Biebrich me comentó que los que nos han perseguido políticamente a través de “las garras del Estado”, siempre nos solidarizamos entre nosotros, y yo iría más allá, también existe un hermanamiento inmediato con todos aquellos que han perdido una hija, o hijo, como el que esto escribió.

Por eso desde el primer minuto que conversé con Adrián Lebarón abracé su causa, después de todo el amado José Manuel Martínez perdió la vida en un terrible accidente con un arma de fuego calibre veintidós, una pluma de defensa personal con un tiro, que no debió de estar entre nosotros si la Ley se respetara en México, pero claro está, nada comparable con “la masacre de la familia Lebarón” donde perdieron la vida, el 4 de noviembre de 2019, en Bavispe, Sonora, nueve integrantes mormones, entre ellos seis menores de edad, con armas de alto calibre que también son parte del “mercado negro” de una de las mayores atrocidades por tener como vecinos al país más poderoso, pero bélico por atonomasía, me refiero a los Estados Unidos de América.

Pero más me entusiasmó el saber que su lucha jurídica se esta dando por esa terrible antinomia que existe en la Ley Federal contra la Delincuencia Organizada y el Código Nacional de Procedimientos Penales, donde en la primera se pierde el principio garantista de la coadyuvancia como víctima en la investigación de las conductas tipificadas como delitos, es decir, siempre lo he manifestado en las aulas de las asesorías que imparto en la Facultad de Derecho, de la UNAM, con mis alumnos. Que un modelo de garantismo penal del Estado mexicano, no puede coexistir con una Ley especial que teóricamente atiende al funcionalismo radical alemán y su tan cuestionado: “Derecho Penal del Enemigo”.

Este es su debate que incluso ya se dio en el ámbito académico entre el máximo expositor del garantismo penal, el italiano, Luigi Ferrajoli, con Günter Jakobs, el gran teórico del delito alemán y que es el mayor exponente del: “Derecho Penal del Enemigo”, pero como también siempre le he dicho a mis apreciados alumnos, entre esos dos gigantes, se encuentra el Filósofo del Derecho Penal más grande de Latinoamérica, mi amigo, maestro y socio el Doctor Raúl Carrancá, que con su “Revisionismo” y “norma de cultura” académicamente esta por encima del italiano y del alemán.

Por lo antes descrito es que fue un deleite académico y de la práctica procesal del Derecho Penal mexicano, la reunión de trabajo que hace algunos días sostuvimos en la “ciudad de la eterna primavera”, con Adrián Lebarón, que por cierto aquí tiene muchos seguidores, también estuvo el famoso cineasta y abogado que creó: “Presunto Culpable”, Amir Galván, el Doctor Raúl Carrancá, José Garrigós, Rodrigo Carrancá y un servidor. Controvertir en los órganos procesales constitucionales del Estado mexicano, la retrograda Ley Federal contra la Delincuencia Organizada, es un hermoso, pero complicado reto que no me perderé jamás, con eso pondré un pequeño grano de arena para que se haga justicia por todos los desaparecidos por esta insulsa guerra que nadie puede frenar.


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