/ sábado 15 de diciembre de 2018

Matlacxóchitl en Huaxtepec

La historia antigua de Huaxtepec está aún por escribirse en muchas dimensiones

La historia antigua de Huaxtepec está aún por escribirse en muchas dimensiones, el avance del asentamiento en las últimas seis décadas ha representado para la localidad, la pérdida de un porcentaje altísimo de su patrimonio arqueológico. La velocidad de la urbanización en la localidad ha superado la capacidad de investigación y en muchos casos, será preciso partir de los pocos vestigios que han sobrevivido de manera indirecta y no por el ánimo original de la investigación, como es el caso de los petrograbados que subsistieron a la construcción del Centro Vacacional Oaxtepec.

El Centro Vacacional Adolfo López Mateos del Instituto Mexicano del Seguro Social Oaxtepec fue inaugurado el 27 de noviembre de 1964 entre el sonido del teponaxtle y la chirimía, tras varios años de construcción de un proyecto hercúleo marcado por un estado robusto y un ejercicio del poder político centralizado en la figura presidencial. (S/A 1964:168)

Durante su edificación no se realizaron trabajos arqueológicos, a pesar de los elementos de prueba que se tenían para ese momento, los cuales habían verificado la existencia de evidentes elementos de carácter arqueológico (Palacios 1930) que hubieran bastado para emprender una investigación arqueológica de gran calado. El propio presidente de la República Adolfo López Mateos de cualquier manera, habría encomendado reunir todo aquello que se tuviera como noticia histórica de Oaxtepec al cronista don Valentín López González hacia 1963 y éste, hizo su trabajo.

Don Valentín no sólo conocía el trabajo de Palacios, sino que desde la década de 1950 había realizado directamente prospecciones en estos espacios donde identificó mucho de lo referido por el autor de 1930. Nuestro cronista asumió y cumplió el encargo para posteriormente ser denunciante y triste testigo de la destrucción de los contextos arqueológicos durante el proceso de construcción del Centro Vacacional (López 1998:66), sin que de cualquier manera el proceso se detuviera o se implementara rescate arqueológico alguno.

En aquel momento, por decisiones del IMSS, se cortaron brutalmente tres grandes petrograbados arqueológicos, desde el lugar original donde habían sido elaborados siglos atrás, en las inmediaciones de la falla llamada La Malinche, para ser trasladados hasta el área perimetral de la cúpula geodésica. El traslado fue penoso según cuenta don Valentín, y su ubicación final pasó a formar parte del decorado y magnificación de un pasado que se sintetizaba en algunos espacios escultóricos que aún se pueden observar en el lugar. La arquitectura y el proyecto sígnico escultórico del Centro Vacacional está marcado por la monumentalidad y la devoción a la figura presidencial, al grado que colocarle el nombre del presidente a este centro vacacional. Seguramente en aquel momento les pareció prudente trasladar estos elementos de origen previo a la invasión española al nuevo proyecto arquitectónico, para fundamentar la profundidad histórica del lugar en que estaban construyendo, y para dar legitimidad al proyecto, a costa de una destrucción inmensa e irreversible.

Sin mucho concierto respecto a su significado, las tres piezas yacen delimitadas por pequeñas verjas, alrededor de la cúpula geodésica sin cédula informativa y mostrando abiertamente los efectos del torpe proceso de desprendimiento y esculpidos posteriores para dotarles de un aspecto más regular a algunas caras para darles aspectos más simétricos. El presidente de la república habría inaugurado el lugar, y las autoridades del IMSS habrían presentado con orgullo aquellas piezas, sin que nadie reparara en la triste realidad de lo acaecido.

Del saqueo denunciado por don Valentín en el sitio, solamente se tiene noticia de algunas piezas al interior de una colección de artefactos arqueológicos denominada Lagner, cuyas piezas al parecer son de ese lugar, sin embargo, poco ha sido lo que se ha podido recuperar.

Etnohistóricamente referido, se tiene conocimiento que en las inmediaciones del Centro Vacacional Adolfo López Mateos se localizaba el antiguo altepetl de Huaxtepetl que fue cabecera de tributación durante el período Posclásico Tardío (1376-1521 de nuestra era) bajo el poder la organización político-militar de la Triple Alianza (Excan Tlahtoloyan). De hecho, este espacio en general, junto con el que ocupa el Balneario El Bosque, al norte de éste, son considerados como el espacio que ocupó el xochiteipancalli o jardín de Moctezuma en el siglo XV (Morales 2004:360).

Algunas estructuras piramidales y elementos arquitectónicos arqueológicos son aún visibles en la localidad y han sido parcialmente reconstruidas por agentes no en todos los casos identificados, dentro de la historia de la arqueología regional del siglo XX y XXI. Al noreste del Centro Vacacional se encuentran El Púlpito que es la única de estas zonas que ha sido parcialmente investigada por arqueológicas del INAH, así como la gran pirámide denominada Las Escalerillas, las cuales se conservan dentro del proyecto inmobiliario del Fraccionamiento Lomas de Cocoyoc. Al sur, se encuentra un montículo piramidal en la colonia La Alejandra, en riesgo de destrucción total inminente. Al norte, en la Colonia Santa Rosa existe otra estructura piramidal expuesta al público al lado de la iglesia de esta localidad. Al este, se encuentra una pirámide de planta circular dentro del balneario El Bosque, en condiciones de conservación muy precarias, prácticamente al punto del colapso. Ninguno de estos sitios se encuentra bajo la administración del INAH, y cada caso presenta distintas problemáticas de propiedad de la tierra donde se asientan.

La ocupación humana en Huaxtepec es tan antigua como el Preclásico Medio Temprano (1200-900 años antes de nuestra era). Esto lo sabemos con precisión porque en 1969 Grennes-Ravitz (1974) comenzó una serie de excavaciones en el lugar, las cuales fueron suspendidas por los trabajos precisamente de ampliación del centro vacacional. Sin embargo, ahí se reportaron figurillas cerámicas asociadas precisamente a este momento.

Esta ocupación temprana en el lugar se complementó con los resultados de las investigaciones posteriormente realizadas en la Zona Arqueológica km 27.5, pertenecientes fundamentalmente al Preclásico Tardío (400-150 años antes de nuestra era) (Canto y Cruz 2006; Canto et al. 2010), esta zona se localiza en el perímetro sur del Parque Acuático Oaxtepec y presentaba dos montículos, sobre el derecho de vía de la carretera Cuautla-Oaxtepec.

Entre los años 2016 y 2017 se llevó a cabo un Salvamento Arqueológico en algunos de los procesos constructivos que ha efectuado el Parque Acuático Six Flags Hurricane Harbor, ubicando interesantes contextos arqueológicos de una comunidad que vivió durante el período Posclásico Tardío y vivió el proceso de invasión española.

Al interior de las instalaciones del Centro Vacacional, en las inmediaciones del jardín que estuvo cercano al hotel El Emperador, aún se localizan tres petrograbados in situ, esto es, en su lugar original. Uno representa una fecha calendárica 13 tochtli, que indica el año 1466 de nuestra era, según se puede observar en el Códice Mendoza; su solución plástica está cercana al estilo escultórico mexica del período imperial (1450 de nuestra era) (Umberger 2007:169) y podría estar marcando el nacimiento de Moctezuma Xocoyotzin quien nació precisamente en ese año y años más tarde tendría amplios intereses y ejercicio del poder en la zona. El segundo es de distinta factura al primero, pero claramente se observa que representa el pendiente llamado epcololli, el cual portan sistemáticamente Quetzalcóatl y Xólotl; asociado a éste, en una faceta colindante de la roca madre, se localiza el tercer petrograbado con elementos solares (cfr. Gómez 2011:47), en éste se representa un signo Ollin Tonatiuh o sol en movimiento, el cual está bordeado en su sección baja, con un diseño radial de plumas. Es altamente probable que este signo solar haya sido la representación de un chimalli o escudo, arriba del cual se puede observar aún, un caracol cortado o ehecacozcatl, signo asociado también con Quetzalcóatl.

De los tres petrograbados que se encuentran ex situ, esto es, fuera de su lugar original, colocados en las inmediaciones de la Cúpula Geodésica, uno de ellos, presenta una solución técnicamente análoga a la del epcololli y el chimalli, y se trata del rostro de un ave, que representa con alta probabilidad, un ejemplar perteneciente a la Familia Strigidae, un tecolote o búho, con la representación de plumas ornamentales en la cabeza que semejan orejas, por lo que puede pertenecer al género Bubo o al Otus (Corona 2014:22), este es el diseño que sirve de identificación comercial e institucional actualmente, al propio Centro Vacacional.

Los otros dos petrograbados están claramente correlacionados entre sí, y por su solución plástica, seguramente pertenecen al mismo período histórico.

El primero muestra dos personajes, y un numeral calendárico al centro, uno de ellos es masculino y muestra un pie deforme, mientras que el segundo es femenino y muestra una en su mano una flor. El segundo petrograbado muestra a un personaje también con un pie deforme, una sonaja o acocote en una mano, y está asociado a una olla aparentemente de pulque, en el pecho muestra un pendiente con la forma aparentemente de un oyohualli, el cual era un pendiente en forma de gota elaborado regularmente de concha madreperla, y estaba sígnicamente asociado a deidades de la música, este último personaje ha sido interpretado como un bebedor de pulque. (cfr. Palacios 1930; Rivas 1996; Lambert 2009; Gómez 2011:47-50).

Cipactli representado en el Códice Magliabechiano


A pesar que en diferentes ocasiones han sido abordados académicamente los signos representados en estos petrograbados desde hace décadas, aún se encuentra pendiente un análisis que los investigue en conjunto y desarrolle registros adecuados de estos.

Por ahora, nos centraremos particularmente en el petrograbado de los dos personajes. Sobre éste existen interpretaciones previas. Desde el trabajo de Palacios (1930) se ha llegado a considerar que el numeral incluido en esta piedra es el de 10 flor, y que por ello debería considerarse a la figura femenina como la deidad Matlacxóchitl que significa literalmente Diez Flor. Esta misma idea que se repite parcialmente en Rivas (1996).

La interpretación de esta deidad Matlacxóchitl deriva de lo registrado en las Relaciones Geográficas del siglo XVI de Huaxtepec, donde se indica que en esta localidad aparte de la deidad Quilaztli, “…tenían otro ídolo que llamaban matlac suchil, que quiere decir diez rosas, el cual tenía por tequio venir a tiempos de noche por las calles, y dar voces y alaridos, diciendo que ya era tiempo que saliesen a la guerra, porque les había de suceder bien. Y que luego se apercibían a la guerra, y que iba con ellos a la guerra… Y que a este ídolo que no le sacrificaban ninguna cosa, más de que iban a él los enfermos de perlesía y de otras enfermedades graves, los cuales le ofrecían pulque y cosas de comer.” (Acuña 1985:203)

Un análisis más detenido del petrograbado nos muestra que no se puede interpretar al margen de su vínculo con el petrograbado del bebedor de pulque y al otro más que yace aún en La Malinche, en un punto muy cercano a donde se aprecia que fueron arrancados estos dos que se encuentran ahora acompañando a la cúpula geodésica. Su orientación y posición relacional debió importar en su significación funcional y eso nos fue arrebatado cuando se decidió desprenderlos de su lugar original. En ese punto existen hasta la fecha, una cantidad importante de veneros de agua, que emergen entre los intersticios de las piedras cercanas a las que fueron elegidas para los petrograbados. Su vínculo general contextual de los petrograbados, sería precisamente el de este sitio con manantiales y profusa vegetación.

Por otro lado, el signo numeral que se encuentra entre los dos personajes no es una flor, sino un signo calendárico, se trata de cipactli, y el numeral no es diez, sino doce. En todos los registros previos, esto no se había alcanzado a distinguir con claridad y los dibujos realizados se prestaban a mucha confusión.

Por un lado, el personaje de la izquierda es una mujer con falda y un quechquemitl, presenta un tocado con plumas largas, orejera y una banda en la cabeza que remata con dos largos tramos detrás su nuca. Su falda lleva una ancha y larga faja que, tras su anudado en la cintura, cuelga en un par de largos remates que terminan en dos elementos circulares con festones. La mano izquierda se encuentra detallada al grado de observarse sus uñas y se flexiona a la altura de la cintura, mientras que en la mano derecha porta una flor que avanza hacia el personaje masculino, en ambas muñecas lleva adornos y sus pies están descalzos y posición de avance. De su boca emerge una vírgula compleja con roleos hacia abajo y hacia arriba.

Por su lado, el personaje de la izquierda, muestra braguero con un remate volado hacia atrás. En la cabeza porta un tocado con menos plumas que la mujer y un bien delineado adorno de papel, porta, además, una banda en la cabeza, también un bezote aparentemente, y una gran orejera con pendientes, en ambos brazos muestra ajorcas en los bíceps, y en las muñecas muestra claramente un brazalete en una de ellas, mientras que en la otra no es fácil de observar. En su mano izquierda porta un ayacachtli o sonaja, adornada con plumas o elementos vegetales, así como un gran elemento al parecer vegetal, quizá una gran flor u hoja. En la mano derecha quizá portaba un sahumador, pero actualmente la piedra está rota en este punto. De su boca también emerge una gran vírgula de la palabra, distinta a la de la mujer, con roleos hacia arriba y abajo y un elemento trilobulado hacia arriba. Es importante mencionar que muestra el pie derecho con una deformidad, análogo a la representación del mismo pie en el caso del petrograbado del bebedor de pulque. Es poco factible que se trate de un error en la solución técnica de la representación del ser humano, pues se puede advertir cómo el petrograbado destaca incluso el maléolo de la tibia en ambos pies, prueba de la intención del detalle de este elemento anatómico, además, los pies están descalzos y el personaje parece estar en oposición de avance.

Registro de Palacios de lo que él denominó como “Diosa Matlactxóchitl, en relieve. Huaxtepec.” (Tomado de Palacios 193020)


La imagen de la izquierda podría o no ser la deidad local de Huaxtepec llamada Matlacxóchitl o Diez Flor, pero en todo caso, no lo sería con dependencia al numeral que se encuentra entre ellos, sino porque estaríamos vinculando la información etnohistórica con lo que se aprecia en la figura femenina petrograbada, toda vez que esta imagen en efecto, porta una flor. Podría también tratarse de la deidad de Xochiquetzalli, consorte de Xochipilli como afirma Rivas (1996), y tener así un vínculo del llamado complejo Xochipilli con la deidad Xólotl, vinculada con la deformidad (Rosado 39-42), cuestión presente en el personaje masculino del mismo petrograbado y en el bebedor de pulque que debió estar en las inmediaciones de éste. Otra opción de interpretación es que el registro calendárico 12 cipactli sea el nombre de esta mujer.

El hombre por su parte podría ser nanahuatzin como sugiere Rivas (1996), o solamente un guerrero con elementos del atuendo que describe también las Relaciones Geográficas cuando indican que “…los valientes y que iban con las armas […], los cuales llevaban grandes plumerías y mucho oro y piedras de mucho valor, y bezotes y orejeras de oro o de piedras preciosas…” (Acuña 1985:204), pero al parecer, un elemento de gran significación es la deformidad en el pie. Si Matlacxóchitl era una deidad local que curaba de la perlesía o parálisis, este bien parecería ser el vínculo de estas imágenes.

En general podría tratarse de un ritual en presencia de esta deidad femenina asociada a la flor, y un hombre con esta afectación de la deformidad, donde ambos cantan o recitan, en presencia de este momento calendárico del 12 cipactli. El signo de cipactli se reconoce fácilmente por los elementos que representan la dureza de la piel de este ser sobrenatural, que se representa regularmente en múltiples códices, con cuchillos de pedernal, además de la presencia de colmillos y la piel escamosa. En un ejercicio por asociar los colores presentes para cipactli en el Códice Magliabechiano, para hacer más claro este ejercicio identificatorio, impusimos los mismos colores del códice a los elementos presentes en el petrograbado de Huaxtepec.

Costado derecho del petrograbado con los dos personajes, es notorio como fue desbastado con martelina en un costado, para otorgarle un aspecto uniforme


Cuando el año solar, el de 365 días, empezaba con el portador caña en uno de los cuatro modelos anuales del calendario indígena del Posclásico Tardío, se partía entonces desde el primer día que era precisamente el día 1 cipactli, así entonces, el día 12 cipactli sería en este caso, el primer día de la décima veintena llamada entre los mexica Xócotl huetzi “cae el fruto”, y también huey miccaílhuitl “gran fiesta de los muertos”. Esta festividad de esta veintena coincide con los meses actuales de agosto y septiembre y estaba dedicada a un ritual vinculado con los guerreros muertos en batalla fundamentalmente. (Johansson 2005:166 y ss.; 2003:195 y ss.)

Si el referente calendárico presente en el petrograbado está haciendo alusión a esta veintena, éste enmarcaría un ritual local que en Huaxtepec se realizaba en ese momento, con la presencia de una deidad local llamada Matlacxóchitl, que asistía a aquellos aquejados de perlesía, como eventualmente se encontraba el sujeto masculino parcialmente, debido a su deformidad en el pie derecho. Más allá de que, también en Huaxtepec se verificara la festividad dedicada a los guerreros muertos en batalla como en otras partes del Altiplano Central.

Bibliografía

Acuña, René

1985 Relaciones Geográficas del siglo XVI: México. Tomo I. Vol.6. Instituto de Investigaciones Antropológicas. Universidad Nacional Autónoma de México. México.

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2006 Rescate arqueológico Oaxtepec-Cuautla sitio km 27.5, Morelos. En Memoria del IV Congreso Interno del Centro INAH Morelos. Giselle Canto et al. (coordinadores), pp. 53-69, INAH, México.

Canto Aguilar, Giselle; Eréndira Cruz Alegría; Aiko Paola Lázaro Yamashiro; Georgia Yris Bravo López; Alejandro Jacob Maldonado Reséndiz; Carmen Gómez Blancas y Eduardo Corona M.

2010 Rescate Arqueológico Oaxtepec-Cuautla: Sitio Km. 27.5. Informe Final. Archivo de la Coordinación de Arqueología, INAH, Ciudad de México.

Corona, Eduardo Martínez

2014 Relieves con motivos zoomorfos en Xochicalco, Morelos. Archaeobios. No. 8, Vol. 1:17-25.

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2011 Altepetl de Huaxtepec. Modificaciones territoriales desde el siglo XVI. INAH, México.

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Johansson K., Patrick

2003 El día de muertos en el mundo náhuatl prehispánico. Estudios de Cultura Náhuatl. No. 34:167-203.

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Lambert, Arnaud F.

2009 The Oaxtepec Megalith, Morelos, Mexico: A Re-Examination. American Indian Rock Art. Vol. 35: 147-160.

López González, Valentín

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2004 Jardines prehispánicos de México en las crónicas de Indias. Archivo Español de Arte. Vol. 77, No. 308:351-373.

Palacios, Enrique Juan

1930 Huaxtepec y sus reliquias arqueológicas. Secretaría de Educación Pública, (Contribución al XXIV Congreso de Americanistas-Hamburgo), México.

Rivas Castro, Francisco

1996 Representaciones iconográficas del acocotli en grabados de Huaxtepec, Morelos; Ixtapantongo, Estado de México y San Diego, Yucatán. Cuadernos de Arquitectura Mesoamericana. No. 30:55-63.

Rosado Pascual; Javier

2017 La representación de Xólotl en los Códices del centro de México. En Conflicto, Negociación y Resistencias en las Américas. Isazkun Álvarez Cuartero (editora). Pp. 31-45. Ediciones Universidad de Salamanca, Salamanca.

S/A

1964 Documentos para la historia de un gobierno, Adolfo López Mateos. Presidente de la República. Temas 137-142. Editorial La Justica, México.

Umberger, Emily


1996 Aztec Presence and Material Remains in the Outer Provinces. En Aztec Imperial Strategies. (Frances Berdan et al. coordinadores). Pp. 151-180. Dumbarton Oaks Research Library and Collection. Washington D. C.

La historia antigua de Huaxtepec está aún por escribirse en muchas dimensiones, el avance del asentamiento en las últimas seis décadas ha representado para la localidad, la pérdida de un porcentaje altísimo de su patrimonio arqueológico. La velocidad de la urbanización en la localidad ha superado la capacidad de investigación y en muchos casos, será preciso partir de los pocos vestigios que han sobrevivido de manera indirecta y no por el ánimo original de la investigación, como es el caso de los petrograbados que subsistieron a la construcción del Centro Vacacional Oaxtepec.

El Centro Vacacional Adolfo López Mateos del Instituto Mexicano del Seguro Social Oaxtepec fue inaugurado el 27 de noviembre de 1964 entre el sonido del teponaxtle y la chirimía, tras varios años de construcción de un proyecto hercúleo marcado por un estado robusto y un ejercicio del poder político centralizado en la figura presidencial. (S/A 1964:168)

Durante su edificación no se realizaron trabajos arqueológicos, a pesar de los elementos de prueba que se tenían para ese momento, los cuales habían verificado la existencia de evidentes elementos de carácter arqueológico (Palacios 1930) que hubieran bastado para emprender una investigación arqueológica de gran calado. El propio presidente de la República Adolfo López Mateos de cualquier manera, habría encomendado reunir todo aquello que se tuviera como noticia histórica de Oaxtepec al cronista don Valentín López González hacia 1963 y éste, hizo su trabajo.

Don Valentín no sólo conocía el trabajo de Palacios, sino que desde la década de 1950 había realizado directamente prospecciones en estos espacios donde identificó mucho de lo referido por el autor de 1930. Nuestro cronista asumió y cumplió el encargo para posteriormente ser denunciante y triste testigo de la destrucción de los contextos arqueológicos durante el proceso de construcción del Centro Vacacional (López 1998:66), sin que de cualquier manera el proceso se detuviera o se implementara rescate arqueológico alguno.

En aquel momento, por decisiones del IMSS, se cortaron brutalmente tres grandes petrograbados arqueológicos, desde el lugar original donde habían sido elaborados siglos atrás, en las inmediaciones de la falla llamada La Malinche, para ser trasladados hasta el área perimetral de la cúpula geodésica. El traslado fue penoso según cuenta don Valentín, y su ubicación final pasó a formar parte del decorado y magnificación de un pasado que se sintetizaba en algunos espacios escultóricos que aún se pueden observar en el lugar. La arquitectura y el proyecto sígnico escultórico del Centro Vacacional está marcado por la monumentalidad y la devoción a la figura presidencial, al grado que colocarle el nombre del presidente a este centro vacacional. Seguramente en aquel momento les pareció prudente trasladar estos elementos de origen previo a la invasión española al nuevo proyecto arquitectónico, para fundamentar la profundidad histórica del lugar en que estaban construyendo, y para dar legitimidad al proyecto, a costa de una destrucción inmensa e irreversible.

Sin mucho concierto respecto a su significado, las tres piezas yacen delimitadas por pequeñas verjas, alrededor de la cúpula geodésica sin cédula informativa y mostrando abiertamente los efectos del torpe proceso de desprendimiento y esculpidos posteriores para dotarles de un aspecto más regular a algunas caras para darles aspectos más simétricos. El presidente de la república habría inaugurado el lugar, y las autoridades del IMSS habrían presentado con orgullo aquellas piezas, sin que nadie reparara en la triste realidad de lo acaecido.

Del saqueo denunciado por don Valentín en el sitio, solamente se tiene noticia de algunas piezas al interior de una colección de artefactos arqueológicos denominada Lagner, cuyas piezas al parecer son de ese lugar, sin embargo, poco ha sido lo que se ha podido recuperar.

Etnohistóricamente referido, se tiene conocimiento que en las inmediaciones del Centro Vacacional Adolfo López Mateos se localizaba el antiguo altepetl de Huaxtepetl que fue cabecera de tributación durante el período Posclásico Tardío (1376-1521 de nuestra era) bajo el poder la organización político-militar de la Triple Alianza (Excan Tlahtoloyan). De hecho, este espacio en general, junto con el que ocupa el Balneario El Bosque, al norte de éste, son considerados como el espacio que ocupó el xochiteipancalli o jardín de Moctezuma en el siglo XV (Morales 2004:360).

Algunas estructuras piramidales y elementos arquitectónicos arqueológicos son aún visibles en la localidad y han sido parcialmente reconstruidas por agentes no en todos los casos identificados, dentro de la historia de la arqueología regional del siglo XX y XXI. Al noreste del Centro Vacacional se encuentran El Púlpito que es la única de estas zonas que ha sido parcialmente investigada por arqueológicas del INAH, así como la gran pirámide denominada Las Escalerillas, las cuales se conservan dentro del proyecto inmobiliario del Fraccionamiento Lomas de Cocoyoc. Al sur, se encuentra un montículo piramidal en la colonia La Alejandra, en riesgo de destrucción total inminente. Al norte, en la Colonia Santa Rosa existe otra estructura piramidal expuesta al público al lado de la iglesia de esta localidad. Al este, se encuentra una pirámide de planta circular dentro del balneario El Bosque, en condiciones de conservación muy precarias, prácticamente al punto del colapso. Ninguno de estos sitios se encuentra bajo la administración del INAH, y cada caso presenta distintas problemáticas de propiedad de la tierra donde se asientan.

La ocupación humana en Huaxtepec es tan antigua como el Preclásico Medio Temprano (1200-900 años antes de nuestra era). Esto lo sabemos con precisión porque en 1969 Grennes-Ravitz (1974) comenzó una serie de excavaciones en el lugar, las cuales fueron suspendidas por los trabajos precisamente de ampliación del centro vacacional. Sin embargo, ahí se reportaron figurillas cerámicas asociadas precisamente a este momento.

Esta ocupación temprana en el lugar se complementó con los resultados de las investigaciones posteriormente realizadas en la Zona Arqueológica km 27.5, pertenecientes fundamentalmente al Preclásico Tardío (400-150 años antes de nuestra era) (Canto y Cruz 2006; Canto et al. 2010), esta zona se localiza en el perímetro sur del Parque Acuático Oaxtepec y presentaba dos montículos, sobre el derecho de vía de la carretera Cuautla-Oaxtepec.

Entre los años 2016 y 2017 se llevó a cabo un Salvamento Arqueológico en algunos de los procesos constructivos que ha efectuado el Parque Acuático Six Flags Hurricane Harbor, ubicando interesantes contextos arqueológicos de una comunidad que vivió durante el período Posclásico Tardío y vivió el proceso de invasión española.

Al interior de las instalaciones del Centro Vacacional, en las inmediaciones del jardín que estuvo cercano al hotel El Emperador, aún se localizan tres petrograbados in situ, esto es, en su lugar original. Uno representa una fecha calendárica 13 tochtli, que indica el año 1466 de nuestra era, según se puede observar en el Códice Mendoza; su solución plástica está cercana al estilo escultórico mexica del período imperial (1450 de nuestra era) (Umberger 2007:169) y podría estar marcando el nacimiento de Moctezuma Xocoyotzin quien nació precisamente en ese año y años más tarde tendría amplios intereses y ejercicio del poder en la zona. El segundo es de distinta factura al primero, pero claramente se observa que representa el pendiente llamado epcololli, el cual portan sistemáticamente Quetzalcóatl y Xólotl; asociado a éste, en una faceta colindante de la roca madre, se localiza el tercer petrograbado con elementos solares (cfr. Gómez 2011:47), en éste se representa un signo Ollin Tonatiuh o sol en movimiento, el cual está bordeado en su sección baja, con un diseño radial de plumas. Es altamente probable que este signo solar haya sido la representación de un chimalli o escudo, arriba del cual se puede observar aún, un caracol cortado o ehecacozcatl, signo asociado también con Quetzalcóatl.

De los tres petrograbados que se encuentran ex situ, esto es, fuera de su lugar original, colocados en las inmediaciones de la Cúpula Geodésica, uno de ellos, presenta una solución técnicamente análoga a la del epcololli y el chimalli, y se trata del rostro de un ave, que representa con alta probabilidad, un ejemplar perteneciente a la Familia Strigidae, un tecolote o búho, con la representación de plumas ornamentales en la cabeza que semejan orejas, por lo que puede pertenecer al género Bubo o al Otus (Corona 2014:22), este es el diseño que sirve de identificación comercial e institucional actualmente, al propio Centro Vacacional.

Los otros dos petrograbados están claramente correlacionados entre sí, y por su solución plástica, seguramente pertenecen al mismo período histórico.

El primero muestra dos personajes, y un numeral calendárico al centro, uno de ellos es masculino y muestra un pie deforme, mientras que el segundo es femenino y muestra una en su mano una flor. El segundo petrograbado muestra a un personaje también con un pie deforme, una sonaja o acocote en una mano, y está asociado a una olla aparentemente de pulque, en el pecho muestra un pendiente con la forma aparentemente de un oyohualli, el cual era un pendiente en forma de gota elaborado regularmente de concha madreperla, y estaba sígnicamente asociado a deidades de la música, este último personaje ha sido interpretado como un bebedor de pulque. (cfr. Palacios 1930; Rivas 1996; Lambert 2009; Gómez 2011:47-50).

Cipactli representado en el Códice Magliabechiano


A pesar que en diferentes ocasiones han sido abordados académicamente los signos representados en estos petrograbados desde hace décadas, aún se encuentra pendiente un análisis que los investigue en conjunto y desarrolle registros adecuados de estos.

Por ahora, nos centraremos particularmente en el petrograbado de los dos personajes. Sobre éste existen interpretaciones previas. Desde el trabajo de Palacios (1930) se ha llegado a considerar que el numeral incluido en esta piedra es el de 10 flor, y que por ello debería considerarse a la figura femenina como la deidad Matlacxóchitl que significa literalmente Diez Flor. Esta misma idea que se repite parcialmente en Rivas (1996).

La interpretación de esta deidad Matlacxóchitl deriva de lo registrado en las Relaciones Geográficas del siglo XVI de Huaxtepec, donde se indica que en esta localidad aparte de la deidad Quilaztli, “…tenían otro ídolo que llamaban matlac suchil, que quiere decir diez rosas, el cual tenía por tequio venir a tiempos de noche por las calles, y dar voces y alaridos, diciendo que ya era tiempo que saliesen a la guerra, porque les había de suceder bien. Y que luego se apercibían a la guerra, y que iba con ellos a la guerra… Y que a este ídolo que no le sacrificaban ninguna cosa, más de que iban a él los enfermos de perlesía y de otras enfermedades graves, los cuales le ofrecían pulque y cosas de comer.” (Acuña 1985:203)

Un análisis más detenido del petrograbado nos muestra que no se puede interpretar al margen de su vínculo con el petrograbado del bebedor de pulque y al otro más que yace aún en La Malinche, en un punto muy cercano a donde se aprecia que fueron arrancados estos dos que se encuentran ahora acompañando a la cúpula geodésica. Su orientación y posición relacional debió importar en su significación funcional y eso nos fue arrebatado cuando se decidió desprenderlos de su lugar original. En ese punto existen hasta la fecha, una cantidad importante de veneros de agua, que emergen entre los intersticios de las piedras cercanas a las que fueron elegidas para los petrograbados. Su vínculo general contextual de los petrograbados, sería precisamente el de este sitio con manantiales y profusa vegetación.

Por otro lado, el signo numeral que se encuentra entre los dos personajes no es una flor, sino un signo calendárico, se trata de cipactli, y el numeral no es diez, sino doce. En todos los registros previos, esto no se había alcanzado a distinguir con claridad y los dibujos realizados se prestaban a mucha confusión.

Por un lado, el personaje de la izquierda es una mujer con falda y un quechquemitl, presenta un tocado con plumas largas, orejera y una banda en la cabeza que remata con dos largos tramos detrás su nuca. Su falda lleva una ancha y larga faja que, tras su anudado en la cintura, cuelga en un par de largos remates que terminan en dos elementos circulares con festones. La mano izquierda se encuentra detallada al grado de observarse sus uñas y se flexiona a la altura de la cintura, mientras que en la mano derecha porta una flor que avanza hacia el personaje masculino, en ambas muñecas lleva adornos y sus pies están descalzos y posición de avance. De su boca emerge una vírgula compleja con roleos hacia abajo y hacia arriba.

Por su lado, el personaje de la izquierda, muestra braguero con un remate volado hacia atrás. En la cabeza porta un tocado con menos plumas que la mujer y un bien delineado adorno de papel, porta, además, una banda en la cabeza, también un bezote aparentemente, y una gran orejera con pendientes, en ambos brazos muestra ajorcas en los bíceps, y en las muñecas muestra claramente un brazalete en una de ellas, mientras que en la otra no es fácil de observar. En su mano izquierda porta un ayacachtli o sonaja, adornada con plumas o elementos vegetales, así como un gran elemento al parecer vegetal, quizá una gran flor u hoja. En la mano derecha quizá portaba un sahumador, pero actualmente la piedra está rota en este punto. De su boca también emerge una gran vírgula de la palabra, distinta a la de la mujer, con roleos hacia arriba y abajo y un elemento trilobulado hacia arriba. Es importante mencionar que muestra el pie derecho con una deformidad, análogo a la representación del mismo pie en el caso del petrograbado del bebedor de pulque. Es poco factible que se trate de un error en la solución técnica de la representación del ser humano, pues se puede advertir cómo el petrograbado destaca incluso el maléolo de la tibia en ambos pies, prueba de la intención del detalle de este elemento anatómico, además, los pies están descalzos y el personaje parece estar en oposición de avance.

Registro de Palacios de lo que él denominó como “Diosa Matlactxóchitl, en relieve. Huaxtepec.” (Tomado de Palacios 193020)


La imagen de la izquierda podría o no ser la deidad local de Huaxtepec llamada Matlacxóchitl o Diez Flor, pero en todo caso, no lo sería con dependencia al numeral que se encuentra entre ellos, sino porque estaríamos vinculando la información etnohistórica con lo que se aprecia en la figura femenina petrograbada, toda vez que esta imagen en efecto, porta una flor. Podría también tratarse de la deidad de Xochiquetzalli, consorte de Xochipilli como afirma Rivas (1996), y tener así un vínculo del llamado complejo Xochipilli con la deidad Xólotl, vinculada con la deformidad (Rosado 39-42), cuestión presente en el personaje masculino del mismo petrograbado y en el bebedor de pulque que debió estar en las inmediaciones de éste. Otra opción de interpretación es que el registro calendárico 12 cipactli sea el nombre de esta mujer.

El hombre por su parte podría ser nanahuatzin como sugiere Rivas (1996), o solamente un guerrero con elementos del atuendo que describe también las Relaciones Geográficas cuando indican que “…los valientes y que iban con las armas […], los cuales llevaban grandes plumerías y mucho oro y piedras de mucho valor, y bezotes y orejeras de oro o de piedras preciosas…” (Acuña 1985:204), pero al parecer, un elemento de gran significación es la deformidad en el pie. Si Matlacxóchitl era una deidad local que curaba de la perlesía o parálisis, este bien parecería ser el vínculo de estas imágenes.

En general podría tratarse de un ritual en presencia de esta deidad femenina asociada a la flor, y un hombre con esta afectación de la deformidad, donde ambos cantan o recitan, en presencia de este momento calendárico del 12 cipactli. El signo de cipactli se reconoce fácilmente por los elementos que representan la dureza de la piel de este ser sobrenatural, que se representa regularmente en múltiples códices, con cuchillos de pedernal, además de la presencia de colmillos y la piel escamosa. En un ejercicio por asociar los colores presentes para cipactli en el Códice Magliabechiano, para hacer más claro este ejercicio identificatorio, impusimos los mismos colores del códice a los elementos presentes en el petrograbado de Huaxtepec.

Costado derecho del petrograbado con los dos personajes, es notorio como fue desbastado con martelina en un costado, para otorgarle un aspecto uniforme


Cuando el año solar, el de 365 días, empezaba con el portador caña en uno de los cuatro modelos anuales del calendario indígena del Posclásico Tardío, se partía entonces desde el primer día que era precisamente el día 1 cipactli, así entonces, el día 12 cipactli sería en este caso, el primer día de la décima veintena llamada entre los mexica Xócotl huetzi “cae el fruto”, y también huey miccaílhuitl “gran fiesta de los muertos”. Esta festividad de esta veintena coincide con los meses actuales de agosto y septiembre y estaba dedicada a un ritual vinculado con los guerreros muertos en batalla fundamentalmente. (Johansson 2005:166 y ss.; 2003:195 y ss.)

Si el referente calendárico presente en el petrograbado está haciendo alusión a esta veintena, éste enmarcaría un ritual local que en Huaxtepec se realizaba en ese momento, con la presencia de una deidad local llamada Matlacxóchitl, que asistía a aquellos aquejados de perlesía, como eventualmente se encontraba el sujeto masculino parcialmente, debido a su deformidad en el pie derecho. Más allá de que, también en Huaxtepec se verificara la festividad dedicada a los guerreros muertos en batalla como en otras partes del Altiplano Central.

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