Daniel Martínez

  / miércoles 7 de noviembre de 2018

Los partidos en crisis

A unos días de definir a su dirigencia estatal, los panistas morelenses están hechos bolas entre la continuidad al precipicio que les ofrece Juan Carlos Martínez Terrazas, o la apuesta a las glorias de su pasado que encarna, más o menos, Adrián Rivera Pérez. Pelean por un membrete de oxidada estructura cuya crisis es evidente hasta en su representación en el Congreso del Estado, reducida a una diputada que no parece figurar ni entre más enormes deficiencias de una Legislatura que, en sus primeras semanas ha quedado mucho a deber. La pasión con la que los dos candidatos a la dirigencia se disputan la posición no es proporcional con la escasa importancia relativa que la misma tiene, por lo menos en este momento, en este escenario.

Acaso sea comparable la disputa con la que protagonizan en el PRI las huestes de Alberto Martínez contra los fieles a Jorge Meade Ocaranza, otro pasional enfrentamiento que ha despertado muchos más arrebatos de los que merece la dirigencia del tricolor en Morelos desde hace muchos años. Los priistas tampoco parecen tener un rumbo, una definición clara del futuro como oposición y su espacio legislativo ha servido a su única representante, Rosalina Mazari Espín, para brillar en solitario. También los priistas están hechos bolas.

Y en el PRD no se andan con certezas tampoco, entre desaparecer, refundarse o refundirse, los perredistas mantienen una disputa entre los de la presunta izquierda moderada y los fifís de izquierda. Tampoco hay mucho que pelear en términos de la representación del PRD, pero también ahí se gestan odios en la disputa por el cargo que aún tiene Matías Quiroz.

Lástima porque el estado requiere de los partidos tradicionales para favorecer una transición en la que impere el diálogo político. Cierto que corresponde a los electores decidir el futuro de los partidos políticos, pero también lo es que, dados los recientes resultados electorales, es necesario civilizar o domesticar una transición que tiene mucho de odio político, mucho de revisionismo y poco de proyecto político a favor de los ciudadanos.

El sistema político de México está fundado en los partidos, muchos años llevó construir un régimen pluripartidista. Muy poco ayuda a la estabilidad del sistema la debilidad de los partidos. Las crisis que enfrentan en sus dirigencias el PRI, PAN y PRD, son pésimas señales para la reconstrucción de la República, proceso que ha iniciado y para el que el diálogo entre fuerzas políticas es urgente. Reforzar las representaciones políticas aún en el sólo discurso es un tema urgente. Los contrapesos que pueden significar los partidos de oposición, aún marginados en los espacios de representación, resultan indispensables para la defensa de los ciudadanos, para el freno al poder absoluto que corrompe absolutamente.

De la crisis, por cierto, no escapa tampoco Morena, con todo y sus triunfos electorales, sobre todo ahora que tiene que transitar de ser una oposición vociferante a un partido político que preste ideología y proyecto de gobierno al Ejecutivo a través del legislativo. Tampoco el PT y Encuentro Social que parecen estar más preocupados por ser voceros y aplaudidores del Ejecutivo que en presentarse como sus contrapesos, en una ignorancia criminal de la función republicana.

A lo mejor los resultados que obtuvo el Partido Demócrata en los Estados Unidos en la elección de este martes pudieran dar alguna esperanza. Para empezar, los partidos tienen que resolver su institucionalidad, luego recuperar sus proyectos y propuestas, y mientras lo hacen, elaborar un discurso para presentarse como alternativas políticas reales. Y deben hacerlo pronto.


Twitter: @martinellito

Correo electrónico: dmartinez@elsoldecuernavaca.com.mx

A unos días de definir a su dirigencia estatal, los panistas morelenses están hechos bolas entre la continuidad al precipicio que les ofrece Juan Carlos Martínez Terrazas, o la apuesta a las glorias de su pasado que encarna, más o menos, Adrián Rivera Pérez. Pelean por un membrete de oxidada estructura cuya crisis es evidente hasta en su representación en el Congreso del Estado, reducida a una diputada que no parece figurar ni entre más enormes deficiencias de una Legislatura que, en sus primeras semanas ha quedado mucho a deber. La pasión con la que los dos candidatos a la dirigencia se disputan la posición no es proporcional con la escasa importancia relativa que la misma tiene, por lo menos en este momento, en este escenario.

Acaso sea comparable la disputa con la que protagonizan en el PRI las huestes de Alberto Martínez contra los fieles a Jorge Meade Ocaranza, otro pasional enfrentamiento que ha despertado muchos más arrebatos de los que merece la dirigencia del tricolor en Morelos desde hace muchos años. Los priistas tampoco parecen tener un rumbo, una definición clara del futuro como oposición y su espacio legislativo ha servido a su única representante, Rosalina Mazari Espín, para brillar en solitario. También los priistas están hechos bolas.

Y en el PRD no se andan con certezas tampoco, entre desaparecer, refundarse o refundirse, los perredistas mantienen una disputa entre los de la presunta izquierda moderada y los fifís de izquierda. Tampoco hay mucho que pelear en términos de la representación del PRD, pero también ahí se gestan odios en la disputa por el cargo que aún tiene Matías Quiroz.

Lástima porque el estado requiere de los partidos tradicionales para favorecer una transición en la que impere el diálogo político. Cierto que corresponde a los electores decidir el futuro de los partidos políticos, pero también lo es que, dados los recientes resultados electorales, es necesario civilizar o domesticar una transición que tiene mucho de odio político, mucho de revisionismo y poco de proyecto político a favor de los ciudadanos.

El sistema político de México está fundado en los partidos, muchos años llevó construir un régimen pluripartidista. Muy poco ayuda a la estabilidad del sistema la debilidad de los partidos. Las crisis que enfrentan en sus dirigencias el PRI, PAN y PRD, son pésimas señales para la reconstrucción de la República, proceso que ha iniciado y para el que el diálogo entre fuerzas políticas es urgente. Reforzar las representaciones políticas aún en el sólo discurso es un tema urgente. Los contrapesos que pueden significar los partidos de oposición, aún marginados en los espacios de representación, resultan indispensables para la defensa de los ciudadanos, para el freno al poder absoluto que corrompe absolutamente.

De la crisis, por cierto, no escapa tampoco Morena, con todo y sus triunfos electorales, sobre todo ahora que tiene que transitar de ser una oposición vociferante a un partido político que preste ideología y proyecto de gobierno al Ejecutivo a través del legislativo. Tampoco el PT y Encuentro Social que parecen estar más preocupados por ser voceros y aplaudidores del Ejecutivo que en presentarse como sus contrapesos, en una ignorancia criminal de la función republicana.

A lo mejor los resultados que obtuvo el Partido Demócrata en los Estados Unidos en la elección de este martes pudieran dar alguna esperanza. Para empezar, los partidos tienen que resolver su institucionalidad, luego recuperar sus proyectos y propuestas, y mientras lo hacen, elaborar un discurso para presentarse como alternativas políticas reales. Y deben hacerlo pronto.


Twitter: @martinellito

Correo electrónico: dmartinez@elsoldecuernavaca.com.mx

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