/ martes 17 de octubre de 2023

El voto femenino en México: una lucha por la igualdad

¡Qué voten las viejas! Se puede leer en un encabezado de un periódico de hace setenta años más o menos. Un día histórico fue aquel 17 de octubre de 1953, cuando se reconoció que nosotras las mujeres podíamos votar a nivel federal, pero, sobre todo, también podíamos ser elegidas como candidatas a un puesto popular. El voto femenino en México ha tenido un largo y difícil camino para alcanzar la igualdad. Aún en el 2023 hay una gran resistencia a que las mujeres ocupemos cargos de elección popular, ¿será que el próximo año, la posibilidad de que sea una mujer la futura presidenta de México, nos ayude a eliminar esas brechas que perpetúan desigualdad en lo que corresponde a la vida política y pública de las mujeres en México? Durante siglos, las mujeres mexicanas fuimos discriminadas y relegadas a un segundo plano en la sociedad. No teníamos derecho al voto, no podíamos acceder a la educación superior, y se nos consideraba inferiores a los hombres en muchos aspectos.

El sistema patriarcal que aborrece la potencia de nosotras las mujeres, nos reprueba, nos señala, nos persigue en cuanto de libertades se trata, solamente por el hecho de vivir en un cuerpo femenino, nuestras ideas, cuerpas, relaciones sexo-afectivas, forma de vestir, trabajos que elegimos, están siempre en eterna “aprobación masculina” como un constante recordatorio de que; el espacio público no está hecho para nosotras.

En el siglo XIX, un grupo de mujeres mexicanas comenzaron a luchar por nuestros derechos, se organizaron, hicieron lobby, fundaron organizaciones para promover la educación femenina, la igualdad de derechos, y el voto femenino. La lucha fue lenta y difícil, pero finalmente lo lograron! En 1953, el gobierno mexicano otorgó a las mujeres el derecho al voto durante el sexenio de Lázaro Cárdenas, en el cual, en la Cámara de Diputados y en el Senado, comenzó a reconocerse el derecho al voto de las mujeres. (hubo ahí unas deudas en materia de decretos y reformas del señor Cárdenas, en relación a nuestro voto, pero eso lo platicamos después)

A partir de ese importante día, en las décadas siguientes, las mujeres mexicanas continuamos luchando por nuestros derechos. Logrando acceder a la educación superior y a ocupar puestos de liderazgo en el gobierno, la vida académica, artística, literaria, en la escena musical, los negocios, y la sociedad. Pero lo anterior no garantiza la igualdad de género pues como ya es bien sabido las mujeres seguimos ganando menos que los hombres por el mismo trabajo, y somos más “propensas” a sufrir violencias de género, hasta llegar a once feminicidios al día.

Porque aunque en la legislación de 1953 y en la actualidad esté estipulado el sufragio femenino y la conquista de nuevos derechos que impulsan o procuran concretar una vida libre de violencia para las niñas y mujeres en condiciones de igualdad de oportunidades, la configuración masculina en el poder, sigue colocando bardas misoginas-heteronormativas y violentas que impiden el avance pleno de nuestra ciudadanía y nuestras libertades, las cofradías masculinas patriarcales, en el fondo, son un eco del aquel encabezado que ridiculiza un ejercicio de nuestra autonomía e insisten en colocarnos en zulos oscuros que ellos llaman espacios privados, con grandes techos de cristal, cuestionando nuestro derecho a decidir, no solo en la cuestión de ser o no madre, sino en cada aspecto de nuestra vida, insisten en regular nuestras ideas, pensamientos y acciones, les tienen miedo a las mujeres en el poder, pues, como ya lo he dicho, pensarán estos ilustres patriarcales, que nosotras en el poder, haremos exactamente lo mismo que ellos han hecho. Pero la historia les muestra lo contrario, las mujeres que han impulsado grandes transformaciones, lo han hecho desdela palabra, y el affidamento, desde la empatía y el reconocimiento, desde la comunidad, la ternura y la potencia.

Habrá que agradecerle, por supuesto, a las pioneras de que hoy, por ejemplo, podemos escribir los temas que nos interesan en un periódico como el sol de Cuernavaca, reconocer que con su trabajo abrieron brecha para que nuestra voz sea tomada en cuenta, construyeron caminos legislativos que potencian nuestras capacidades y las convierte en un derecho. Permítanme nombrar a algunas; Hermila Galindo: Maestra, periodista, y política. Fue una de las principales líderes del movimiento feminista en México. En 1917, propuso una reforma a la Constitución para otorgar a las mujeres el derecho al voto. Benita Galeana: Profesora y activista. Fue una de las fundadoras del Partido Feminista Mexicano. En 1923,fue electa diputada local en el estado de Morelos. Esther Chapa Tijerina: Abogada y periodista. Fue una de las principales defensoras del voto femenino en el Congreso de la Unión. Amalia González Caballero de Don Castillo: Política y activista. Fue una de las fundadoras del Partido Liberal Mexicano. En 1935, fue electa diputada federal. Elvia Carrillo Puerto: Maestra y política. Fue la primera mujer en ocupar un cargo de elección popular en México. En 1925, fue electa diputada local en el estado de Yucatán.

Que voten las viejas, porque de las viejas es este país y el mundo entero, que nos gobiernen las feministas, que se derrumbe el mito que nos han tatuado en la memoria histórica colectiva, esos dichos, que; juntas ni difuntas o que la gran enemiga de una mujer es otra mujer, lo dicen ellos, lo que con su silencio, palabra, obra y/u omisión legislativa, cotidiana y política, han establecido mecanismos llenos de violencia para gobernar sobre los otros y las otras, las que ocupan el estado para difundir el miedo y perpetúan las desigualdades, lo dicen ellos, que le temen a perder sus privilegios, los incapaces de sentir empatía, o dolor frente a las madres que buscan a sus hijas desaparecidas, los que creen que esas once mujeres asesinadas se lo ganan por andar en el espacio público, los que crean y recrean mecanismos de castigo para las otras, las locas, las sueltas, las que luchan por sus derechos, las que toman las calles, la conciencia y la memoria, gritando en las calles, ahora que estamos juntas, ahora que si nos ven, abajo el patriarcado se va a caer, se va a caer, porque le tengo un spoiler en la historia contemporánea, la América latina será feminista, o no sobrevivirá, que nos gobiernen las viejas y que nos gobiernen ya!


¡Qué voten las viejas! Se puede leer en un encabezado de un periódico de hace setenta años más o menos. Un día histórico fue aquel 17 de octubre de 1953, cuando se reconoció que nosotras las mujeres podíamos votar a nivel federal, pero, sobre todo, también podíamos ser elegidas como candidatas a un puesto popular. El voto femenino en México ha tenido un largo y difícil camino para alcanzar la igualdad. Aún en el 2023 hay una gran resistencia a que las mujeres ocupemos cargos de elección popular, ¿será que el próximo año, la posibilidad de que sea una mujer la futura presidenta de México, nos ayude a eliminar esas brechas que perpetúan desigualdad en lo que corresponde a la vida política y pública de las mujeres en México? Durante siglos, las mujeres mexicanas fuimos discriminadas y relegadas a un segundo plano en la sociedad. No teníamos derecho al voto, no podíamos acceder a la educación superior, y se nos consideraba inferiores a los hombres en muchos aspectos.

El sistema patriarcal que aborrece la potencia de nosotras las mujeres, nos reprueba, nos señala, nos persigue en cuanto de libertades se trata, solamente por el hecho de vivir en un cuerpo femenino, nuestras ideas, cuerpas, relaciones sexo-afectivas, forma de vestir, trabajos que elegimos, están siempre en eterna “aprobación masculina” como un constante recordatorio de que; el espacio público no está hecho para nosotras.

En el siglo XIX, un grupo de mujeres mexicanas comenzaron a luchar por nuestros derechos, se organizaron, hicieron lobby, fundaron organizaciones para promover la educación femenina, la igualdad de derechos, y el voto femenino. La lucha fue lenta y difícil, pero finalmente lo lograron! En 1953, el gobierno mexicano otorgó a las mujeres el derecho al voto durante el sexenio de Lázaro Cárdenas, en el cual, en la Cámara de Diputados y en el Senado, comenzó a reconocerse el derecho al voto de las mujeres. (hubo ahí unas deudas en materia de decretos y reformas del señor Cárdenas, en relación a nuestro voto, pero eso lo platicamos después)

A partir de ese importante día, en las décadas siguientes, las mujeres mexicanas continuamos luchando por nuestros derechos. Logrando acceder a la educación superior y a ocupar puestos de liderazgo en el gobierno, la vida académica, artística, literaria, en la escena musical, los negocios, y la sociedad. Pero lo anterior no garantiza la igualdad de género pues como ya es bien sabido las mujeres seguimos ganando menos que los hombres por el mismo trabajo, y somos más “propensas” a sufrir violencias de género, hasta llegar a once feminicidios al día.

Porque aunque en la legislación de 1953 y en la actualidad esté estipulado el sufragio femenino y la conquista de nuevos derechos que impulsan o procuran concretar una vida libre de violencia para las niñas y mujeres en condiciones de igualdad de oportunidades, la configuración masculina en el poder, sigue colocando bardas misoginas-heteronormativas y violentas que impiden el avance pleno de nuestra ciudadanía y nuestras libertades, las cofradías masculinas patriarcales, en el fondo, son un eco del aquel encabezado que ridiculiza un ejercicio de nuestra autonomía e insisten en colocarnos en zulos oscuros que ellos llaman espacios privados, con grandes techos de cristal, cuestionando nuestro derecho a decidir, no solo en la cuestión de ser o no madre, sino en cada aspecto de nuestra vida, insisten en regular nuestras ideas, pensamientos y acciones, les tienen miedo a las mujeres en el poder, pues, como ya lo he dicho, pensarán estos ilustres patriarcales, que nosotras en el poder, haremos exactamente lo mismo que ellos han hecho. Pero la historia les muestra lo contrario, las mujeres que han impulsado grandes transformaciones, lo han hecho desdela palabra, y el affidamento, desde la empatía y el reconocimiento, desde la comunidad, la ternura y la potencia.

Habrá que agradecerle, por supuesto, a las pioneras de que hoy, por ejemplo, podemos escribir los temas que nos interesan en un periódico como el sol de Cuernavaca, reconocer que con su trabajo abrieron brecha para que nuestra voz sea tomada en cuenta, construyeron caminos legislativos que potencian nuestras capacidades y las convierte en un derecho. Permítanme nombrar a algunas; Hermila Galindo: Maestra, periodista, y política. Fue una de las principales líderes del movimiento feminista en México. En 1917, propuso una reforma a la Constitución para otorgar a las mujeres el derecho al voto. Benita Galeana: Profesora y activista. Fue una de las fundadoras del Partido Feminista Mexicano. En 1923,fue electa diputada local en el estado de Morelos. Esther Chapa Tijerina: Abogada y periodista. Fue una de las principales defensoras del voto femenino en el Congreso de la Unión. Amalia González Caballero de Don Castillo: Política y activista. Fue una de las fundadoras del Partido Liberal Mexicano. En 1935, fue electa diputada federal. Elvia Carrillo Puerto: Maestra y política. Fue la primera mujer en ocupar un cargo de elección popular en México. En 1925, fue electa diputada local en el estado de Yucatán.

Que voten las viejas, porque de las viejas es este país y el mundo entero, que nos gobiernen las feministas, que se derrumbe el mito que nos han tatuado en la memoria histórica colectiva, esos dichos, que; juntas ni difuntas o que la gran enemiga de una mujer es otra mujer, lo dicen ellos, lo que con su silencio, palabra, obra y/u omisión legislativa, cotidiana y política, han establecido mecanismos llenos de violencia para gobernar sobre los otros y las otras, las que ocupan el estado para difundir el miedo y perpetúan las desigualdades, lo dicen ellos, que le temen a perder sus privilegios, los incapaces de sentir empatía, o dolor frente a las madres que buscan a sus hijas desaparecidas, los que creen que esas once mujeres asesinadas se lo ganan por andar en el espacio público, los que crean y recrean mecanismos de castigo para las otras, las locas, las sueltas, las que luchan por sus derechos, las que toman las calles, la conciencia y la memoria, gritando en las calles, ahora que estamos juntas, ahora que si nos ven, abajo el patriarcado se va a caer, se va a caer, porque le tengo un spoiler en la historia contemporánea, la América latina será feminista, o no sobrevivirá, que nos gobiernen las viejas y que nos gobiernen ya!