/ lunes 6 de junio de 2022

En la informalidad y sin seguro social

Las personas sin un empleo formal enfrentan la mayor vulnerabilidad en cuanto al acceso a servicios de salud, "no me puedo enfermar", es el testimonio de una comerciante

“Yo no me puedo enfermar, tengo 5 hijos y soy madre soltera”, dijo Maricela Jaimes, comerciante informal del centro de Cuernavaca al ser cuestionada sobre qué pasaría si eso llegara a pasar.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en Morelos hay más de 557 mil trabajadores informales que representan el 65.5 por ciento de la fuerza laboral. Sin embargo, al igual que Maricela, muchos de los informales no cuentan con acceso a la seguridad social que supone un trabajo formal, como por ejemplo acudir al IMSS a solicitar incapacidad por enfermedad.

Y es que de la población laboralmente activa, específicamente la formal, tan sólo el 32.4 por ciento tiene acceso a seguridad y servicios sociales, según resultados recientes del Inegi recabados en la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo Nueva Edición (ENOEN).

Gastos no contemplados

Maricela es una comerciante preocupada por sus hijos que todos los días sale a las calles a trabajar para llevar dinero a casa. Antes de vender frituras y golosinas buscó un empleo formal que le diera mayor seguridad económica y de salud a ella y su familia, pero le “piden muchos requisitos”.

Por esa razón responde que "no hay tiempo para enfermarse", pues si ella no vende nadie más lo haría y, además, se quedaría junto con su familia sin poder comer ese día, pero también tendría que cubrir gastos nos contemplados.

“Me he gastado hasta 5 mil pesos en consultas y medicamentos cuando alguien de mi familia se enferma”, manifestó por su parte Lizbeth, una joven de 23 años que trabaja con su familia en un puesto ambulante de aguas frescas sobre Degollado, en el centro de Cuernavaca.

Dijo que los sueldos ofertados en el mundo laboral no les convienen y considera que vender a pie de banqueta resulta más beneficioso para su economía, aunque sabe que al no contar con un permiso del Ayuntamiento el desalojo es inminente.

Don Leobardo sí tiene permiso para lustrar zapatos en el kiosko de la capital, pero no deja de preocuparse por no enfermarse porque ausentarse de su trabajo significaría una pérdida mínima de 200 pesos.

Y al no contar con algún servicio de salud se ve en la necesidad de pagar consultas con doctores privados y los medicamentos requeridos: “Desgraciadamente nos vemos en la necesidad de solventar nosotros mismos nuestros propios gastos”.

Salarios que no alcanzan

Alejandro Jiménez cuenta con estudios superiores y cuenta que al egresar de la universidad acudió a diversas entrevistas laborales pero los sueldos lo desanimaban: “inicias con un salario de 5 mil pesos mensuales y se ve complicado cuando tienes que pagar renta, agua, luz y gas para tener una calidad de vida decente".

Él trabaja con su familia vendiendo refacciones para electrodomésticos y afirma que les va mal, aunque confía en que en algún momento las circunstancias favorezcan a los comerciantes y dejen de ser informales para tener la seguridad social.

Agregó que todos en su familia son conscientes de que deben ahorrar para su retiro, pues nadie los apoyará cuando llegue ese momento tan inevitable y deberán contar con la certeza de tener recursos para cubrir sus necesidades básicas.

El ahorro para el retiro

Al contemplar que la pobreza laboral en Morelos es superior al 51 por ciento según México, cómo vamos, ahorrar para el retiro se torna notoriamente inaccesible para cientos de familias.

Si bien existe la Comisión Nacional del Sistema de Ahorro para el Retiro (Consar), organismo que asesora para hacer aportaciones voluntarias y considerar tu retiro con la opción más cómoda y adecuada según tus necesidades, la realidad de los empleados informales es que al depender de la venta diaria y sin un sueldo fijo en mucho casos el retiro se hace imposible.

Además, al igual que el derecho a los servicios del IMSS, que abarcan atención médica, seguro de maternidad y ayuda en especie, protección contra accidentes y enfermedades por desempeñar el trabajo en cuestión, seguro de invalidez y muerte, la pensión es otra preocupación latente.

No obstante, todas y todos aquellos comerciantes informales que no cuentan con atención médica a través de algún tipo de programa federal, pueden recurrir al Seguro Popular para acceder al servicio pero deben cubrir ciertos requisitos para afiliarse, como presentar documentación oficial de identidad, ya sea acta de nacimiento, Clave Única de Registro de Población (CURP), entre otras.

Todos le entran al quite: empresarios

Al cuestionar a Antonio Sánchez Puron, presidente del Consejo Coordinador Empresarial del Estado de Morelos (CEE), ante el fenómeno del empleo informal, éste dijo que "todos le entran al quite".

Agregó: "Las edades en las que empiezan a autoemplearse o laborar de manera informal son desde los 12 años en adelante".

Asimismo, afirmó que sí existe un sector de la población con la mayoría de edad cuyas oportunidades en el sector formal son nulas, pues dicen contar con poca facilidad para encontrar un empleo.

Sánchez Puron aceptó observar en las calles de Cuernavaca una mayor presencia de comerciantes a partir de los 12 años en semáforos y espacios públicos, mismos que ofrecen distintas mercancías, pero refirió que hacer frente a la pandemia ha sido todo un reto extra para todos aquellos que de ser formales pasaron a ser informales.

“Yo no me puedo enfermar, tengo 5 hijos y soy madre soltera”, dijo Maricela Jaimes, comerciante informal del centro de Cuernavaca al ser cuestionada sobre qué pasaría si eso llegara a pasar.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en Morelos hay más de 557 mil trabajadores informales que representan el 65.5 por ciento de la fuerza laboral. Sin embargo, al igual que Maricela, muchos de los informales no cuentan con acceso a la seguridad social que supone un trabajo formal, como por ejemplo acudir al IMSS a solicitar incapacidad por enfermedad.

Y es que de la población laboralmente activa, específicamente la formal, tan sólo el 32.4 por ciento tiene acceso a seguridad y servicios sociales, según resultados recientes del Inegi recabados en la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo Nueva Edición (ENOEN).

Gastos no contemplados

Maricela es una comerciante preocupada por sus hijos que todos los días sale a las calles a trabajar para llevar dinero a casa. Antes de vender frituras y golosinas buscó un empleo formal que le diera mayor seguridad económica y de salud a ella y su familia, pero le “piden muchos requisitos”.

Por esa razón responde que "no hay tiempo para enfermarse", pues si ella no vende nadie más lo haría y, además, se quedaría junto con su familia sin poder comer ese día, pero también tendría que cubrir gastos nos contemplados.

“Me he gastado hasta 5 mil pesos en consultas y medicamentos cuando alguien de mi familia se enferma”, manifestó por su parte Lizbeth, una joven de 23 años que trabaja con su familia en un puesto ambulante de aguas frescas sobre Degollado, en el centro de Cuernavaca.

Dijo que los sueldos ofertados en el mundo laboral no les convienen y considera que vender a pie de banqueta resulta más beneficioso para su economía, aunque sabe que al no contar con un permiso del Ayuntamiento el desalojo es inminente.

Don Leobardo sí tiene permiso para lustrar zapatos en el kiosko de la capital, pero no deja de preocuparse por no enfermarse porque ausentarse de su trabajo significaría una pérdida mínima de 200 pesos.

Y al no contar con algún servicio de salud se ve en la necesidad de pagar consultas con doctores privados y los medicamentos requeridos: “Desgraciadamente nos vemos en la necesidad de solventar nosotros mismos nuestros propios gastos”.

Salarios que no alcanzan

Alejandro Jiménez cuenta con estudios superiores y cuenta que al egresar de la universidad acudió a diversas entrevistas laborales pero los sueldos lo desanimaban: “inicias con un salario de 5 mil pesos mensuales y se ve complicado cuando tienes que pagar renta, agua, luz y gas para tener una calidad de vida decente".

Él trabaja con su familia vendiendo refacciones para electrodomésticos y afirma que les va mal, aunque confía en que en algún momento las circunstancias favorezcan a los comerciantes y dejen de ser informales para tener la seguridad social.

Agregó que todos en su familia son conscientes de que deben ahorrar para su retiro, pues nadie los apoyará cuando llegue ese momento tan inevitable y deberán contar con la certeza de tener recursos para cubrir sus necesidades básicas.

El ahorro para el retiro

Al contemplar que la pobreza laboral en Morelos es superior al 51 por ciento según México, cómo vamos, ahorrar para el retiro se torna notoriamente inaccesible para cientos de familias.

Si bien existe la Comisión Nacional del Sistema de Ahorro para el Retiro (Consar), organismo que asesora para hacer aportaciones voluntarias y considerar tu retiro con la opción más cómoda y adecuada según tus necesidades, la realidad de los empleados informales es que al depender de la venta diaria y sin un sueldo fijo en mucho casos el retiro se hace imposible.

Además, al igual que el derecho a los servicios del IMSS, que abarcan atención médica, seguro de maternidad y ayuda en especie, protección contra accidentes y enfermedades por desempeñar el trabajo en cuestión, seguro de invalidez y muerte, la pensión es otra preocupación latente.

No obstante, todas y todos aquellos comerciantes informales que no cuentan con atención médica a través de algún tipo de programa federal, pueden recurrir al Seguro Popular para acceder al servicio pero deben cubrir ciertos requisitos para afiliarse, como presentar documentación oficial de identidad, ya sea acta de nacimiento, Clave Única de Registro de Población (CURP), entre otras.

Todos le entran al quite: empresarios

Al cuestionar a Antonio Sánchez Puron, presidente del Consejo Coordinador Empresarial del Estado de Morelos (CEE), ante el fenómeno del empleo informal, éste dijo que "todos le entran al quite".

Agregó: "Las edades en las que empiezan a autoemplearse o laborar de manera informal son desde los 12 años en adelante".

Asimismo, afirmó que sí existe un sector de la población con la mayoría de edad cuyas oportunidades en el sector formal son nulas, pues dicen contar con poca facilidad para encontrar un empleo.

Sánchez Puron aceptó observar en las calles de Cuernavaca una mayor presencia de comerciantes a partir de los 12 años en semáforos y espacios públicos, mismos que ofrecen distintas mercancías, pero refirió que hacer frente a la pandemia ha sido todo un reto extra para todos aquellos que de ser formales pasaron a ser informales.

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