/ sábado 2 de febrero de 2019

Tradición y música en Totolapan

El Tlacuache

La música, es uno elementos que está presente en todo el territorio mexicano, pues no sólo deleita los oídos, también es símbolo de identidad para algunos grupos sociales. Por ejemplo, el mariachi, el son jarocho o el huapango, son solo algunos de los géneros musicales reconocidos. En el caso del estado de Morelos, la música de viento también ha jugado un papel fundamental en la construcción del imaginario social.

En el poblado de Totolapan, las bandas de música de viento y sus miembros tienen una presencia significativa, pues un número considerable de sus habitantes son músicos. La investigadora Georgina Flores (2014), señalan que existen un aproximado de 350 músicos en dicho poblado, de los cuales, mucho de ellos, adquirieron el gusto y aprendieron a tocar un instrumento musical a partir del conocimiento transmitido de generación en generación.

El presente texto tiene por objetivo mostrar la presencia e importancia que tiene la música en las comunidades originarias en el estado de Morelos, como en el caso de Totolapan no sólo en términos económicos, sino también en la construcción de la identidad y el papel que juega en la construcción de redes sociales entre distintos pueblos.

Ensamble instrumental en el atrio de la iglesia de San Mateo, Chalcattzingo. 2008/ Fotografías Miguel Morayta Mendoza

Totolapan se localiza en el noroeste del estado de Morelos, en las faldas del corredor biológico Ajusco Chichinautzin, barrera natural que lo separa de las poblaciones del Estado de México. Mientras que, en Morelos, limita con los poblados de Atlatlahucan, Tlayacapan y Tlalnepantla.

Este poblado, es una comunidad originaria, donde labran las tierras durante el temporal y en ellas siembran maíz, pepino, calabaza, aguacate, tomate verde y durazno. La agricultura es una de las principales actividades económicas; sin embargo, como señala don Osvaldo:

Era la base económica del municipio, pero los altos costos para sembrar por ejemplo el jitomate, se ha elevado muchísimo. -Debido a eso ya hay otras fuentes de empleo- […] como la albañilería, el comercio y los músicos. Hay muchas bandas y ya se volvió algo importante para el pueblo”. (Don Osvaldo, Totolapan, 2018).

De manera que, los totolapenses han buscado alternativas para diversificar sus estrategias de supervivencia y la música ha resultado ser una de ellas, aunque es importante mencionar que dicha actividad laboral la combinan con alguna otra, por ejemplo, la albañilería. Actualmente, existen varias agrupaciones “o bandas” que están conformadas por familiares y amigos oriundos del pueblo. Los cuales, de manera constante son invitados y en algunos casos contratados para tocar en su propio pueblo en los municipios aledaños.

Banda en la feria del quinto vienes, atrio del Convento de San Guillermo en Totolapan 2018

Hace algunos años eran pocas bandas las que existían, ahora ya hay muchas bandas y por lo menos dos tocadas si tienen. Salimos mucho fuera de la comunidad. El que más demanda es el Estado de México y la ciudad de México, hablamos del Ajusco, Topilejo, Juchitepec, hasta la parte de Chalma. Vamos a bailes, carnavales, ferias, fiestas religiosas y particulares. (Don Osvaldo, noviembre, 2018).

Esta relación con el Estado de México y la actual Ciudad de México, se ha construido desde épocas prehispánicas, formando ejes articuladores de carácter regionalizado. Los ejes económicos y el sistema veneracional han configurado este carácter, en diferentes formas, hasta el día de hoy. Así lo hemos comprendido en las investigaciones que realizamos en el equipo regional Morelos, del programa nacional de etnografía de las regiones indígenas.

Los recuerdos entre los totolapenses, los sitúan en la década de 1950, cuando la música en Totolapan comenzó a tener auge. Algunos de los primeros músicos conformaron la orquesta llamada Rio Rosa, la cual estaba a cargo del maestro Baldomero Rosa. A esa orquesta se fueron sumando los hijos y los nietos.

En aquel entonces solo había dos bandas de entre 10 y 12 músicos. Estas bandas eran: la banda de los Nava o de Guadalupe Nava y la Banda de los Nolasco o de Irene Nolasco, de las cuales nacieron la mayoría de los músicos de Totolapan y que a su vez formaron otras bandas, grupos de mariachis o conjuntos musicales” (Flores y Martínez, 2013: 142).

Años después se conformó la segunda orquesta, conformada con los elementos que habían desertado de la primera. Sin embargo, cuando las orquestas dejaron de estar en el auge, ésta orquesta comenzó a conformar la primera banda de Totolapan. Para ello, los músicos tuvieron a adaptarse a la nueva demanda de la sociedad y comenzaron a presentarse en escenarios con cantantes. Porque entonces no se pensaba en la banda como para la serenata. Pero comenzaron a convivir y a presentarse con grandes artistas y a compartir con otras bandas famosas, como la del Recodo (Don Osvaldo, noviembre, 2018).

El surgimiento y la multiplicación de las nuevas bandas en Totolapan fue un proceso lento, que en las últimas décadas del siglo XX se aceleró de una forma considerable pues de acuerdo con los registros de las autoras Georgina Flores Mercado y Araceli Martínez Vergara, hasta el 2013, existían 30 agrupaciones musicales en Totolapan.

Atrio de la iglesia de San Mateo en la fiesta patronal, Chalcatzingo

Sin embargo, hoy en día existe preocupación sobre la continuidad de la misma, pues algunos de los integrantes de estas agrupaciones se percatan que los niños y los jóvenes se interesan poco por esta actividad, algunos se involucran, pero no completamente, pues prefieren estudiar una carrera universitaria.

En esos años -posteriores a la década de 1950- salieron muchos músicos, sobre todo los niños y los jóvenes tenían curiosidad por aprender, quizás -para- ser famosos. Ahora ya paró un poco, porque los jóvenes están estudiando o trabajando, pero ya pocos se interesan por aprender la música. (Don Osvaldo, noviembre, 2018).

En ese sentido, la música es una herencia que se ha ido transmitiendo de una generación a otra. Incluso fueron aprendizajes que se compartieron entre los integrantes de la propia familia como señala Flores y Martínez (2013:143) “estas dos banas la banda del barrio de abajo del pueblo y del barrio de la ora banda estaban formadas principalmente por familias. Los lazos de parentesco era lo que definía la posibilidad de adscripción a la banda. Por ello se les identificaba no sólo por su ubicación en el pueblo sino por sus apellidos”.

Atrio de la iglesia de San Mateo en la fiesta patronal, Chalcatzingo

Actualmente, Don Osvaldo observa que los niños y los jóvenes muestran poco interés por aprender a tocar algún instrumento musical. Por ejemplo, la banda de la que forma parte, está conformada por algunos familiares como sus hermanos y amigos. Sus hijas y sobrinos no se han integrado del todo a la banda, pero si algunos otros jóvenes que forman parte de la familia de alguno de los integrantes, lo cual les hace mantener la esperanza de que dichos saberes continuarán vigentes entre las nuevas generaciones.

La banda de música “La Moreleña” de la que don Osvaldo forma parte, no solo labora dentro del municipio de Totolapan, también son contratados o invitados para asistir a otros poblados del Estado de México, Puebla, Morelos y la Ciudad de México. De manera que, a través de la música, algunos de los totolapenses han tenido la oportunidad de conocer otros lugares y personas, con quienes han establecido relaciones de amistad, compañerismo e incluso compadrazgo.

Las bandas son invitadas para participar y amenizar distintos eventos que van de la mano con el clico de vida de las personas: bautizos, bodas, cargos cívicos y religiosos a desempeñar y desde luego en la muerte. Además, estas bandas también asisten a carnavales, bailes populares, fiestas particulares, fiestas cívicas y religiosas. Su participación también es significativa en los jaripeos o en “en los toros” como le suelen llamar en los pueblos de la región nororiente, pues como la propia gente dice: “sin toros y sin música no hay fiesta”.

En relación a ésta última, asisten a las diversas ferias y fiestas patronales por lo que acompañan en las procesiones, veladas y serenatas en honor a los “santitos”. Por ejemplo, en Totolapan, a lo largo del ciclo festivo anual, cuentan con diversas celebraciones religiosas en las que la música está presente. Pues se entiende que, tanto la música como el estruendo de los cohetes son las señales de que “se está de fiesta”.

En Totolapan, por ejemplo, en la celebración del año nuevo, como en el día de la Candelaria, en la feria del quinto viernes en honor al Cristo Aparecido, en la festividad de San Isidro Labrador, en los días de muertos, así como el 12 de diciembre en honor a la Virgen de Guadalupe y la Navidad, son solo algunas de las festividades en las que la música está presente como ofrenda para los “santitos” y también para el gozo del pueblo.

Los Totolapenses guardan una relación muy cercana con sus santitos y de manera particular el 21 de noviembre celebran a Santa Cecilia, la patrona de los músicos. En dicha festividad se reúnen las distintas agrupaciones de música como son bandas de viento, mariachis y las rondallas que, desde la madrugada y a lo largo del día acompañan a la imagen con su música.

La música, además de ser una fuente de ingresos económicos para las familias de Totolapan, también representa un medio a través del cual, han tejido redes sociales que poco a poco se han ido consolidando a través de compartir gustos semejantes por la música, pero sobre todo por compartir valores y principios en su forma de vivir. Por ejemplo, su devoción y cariño por alguna imagen religiosa como lo es el Cristo Aparecido.

Atrio de la iglesia de San Mateo, Chalcatzingo

Un ejemplo concreto lo encontramos en el caso de la banda “La Moreleña”, que ha establecido lazos profundos con una banda de Tenango del Aire, quienes en muestra de su amistad les otorgaron una imagen religiosa del santito que veneran en Tenango.

En una tocada, nos tocó estar en un baile y nos tomaron varias fotos con la cámara de rollo. En una –foto- no salía nada y le dije a mis hijos, ésta hay que tirarla, porque no sale nada. Entonces mi hija me dijo, no la tires papá, ahí sale una imagen y curiosamente era la imagen del Señor de la Misericordia. Entonces les contamos a nuestros amigos de Tenango y ellos no nos creían, entonces en la siguiente tocada se la enseñamos y así, ellos no regalaron un cuadro grande donde dice “El señor de la Misericordia, dedicado para la banda “La Moreleña”. Desde entonces los invitamos a la feria del quinto viernes, a la que vienen año con año. (Don Osvaldo, noviembre, 2018).

El intercambio musical que se da entre los estados de Morelos, Estado de México y la propia Ciudad de México es constante. Este intercambio se da por medio de los encuentros en las tocadas, es por eso que la autora Georgina Flores (2014), propone que se ha construido una región sociomusical, que está forjada a partir de las vivencias de los propios músicos de las relaciones que construyen, como es el caso de la banda “La Moreleña”.

De manera que, la música tienen como objetivo deleitar los oídos y alegrar o acompañar a las personas en algún momento en particular, además de formar parte de los rituales y ceremonias de los pueblos originarios; sin embargo, la organización y las vivencias que las personas construyen en torno a la misma, ha permitido que se acerquen, que convivan y que compartan saberes, experiencias, gustos y devociones, a tal grado que forjan puentes de comunicación constante en las que no sólo hablan de las próximas tocadas, también, de la vida cotidiana, así como de prácticas y valores que los amarran como parte de su red social de apoyo.

Bibliografía:

  • Flores Mercado Georgina y Martínez Vergara Araceli (2013), Músicos y campesinos. Memoria colectiva de la música y las bandas de viento en Totolapan Morelos, Libertad bajo palabra Ed. y PACMyC, Morelos, México.
  • Flores Mercado Bertha Georgina (2014), “Memoria colectiva, región sociomusical y bandas de viento en Totolapan, Morelos”, Cuicuilco, vol. 21, núm. 61, septiembre-diciembre, México, pp. 189-210.

Coordinador editorial: Luis Miguel Morayta Mendoza

La música, es uno elementos que está presente en todo el territorio mexicano, pues no sólo deleita los oídos, también es símbolo de identidad para algunos grupos sociales. Por ejemplo, el mariachi, el son jarocho o el huapango, son solo algunos de los géneros musicales reconocidos. En el caso del estado de Morelos, la música de viento también ha jugado un papel fundamental en la construcción del imaginario social.

En el poblado de Totolapan, las bandas de música de viento y sus miembros tienen una presencia significativa, pues un número considerable de sus habitantes son músicos. La investigadora Georgina Flores (2014), señalan que existen un aproximado de 350 músicos en dicho poblado, de los cuales, mucho de ellos, adquirieron el gusto y aprendieron a tocar un instrumento musical a partir del conocimiento transmitido de generación en generación.

El presente texto tiene por objetivo mostrar la presencia e importancia que tiene la música en las comunidades originarias en el estado de Morelos, como en el caso de Totolapan no sólo en términos económicos, sino también en la construcción de la identidad y el papel que juega en la construcción de redes sociales entre distintos pueblos.

Ensamble instrumental en el atrio de la iglesia de San Mateo, Chalcattzingo. 2008/ Fotografías Miguel Morayta Mendoza

Totolapan se localiza en el noroeste del estado de Morelos, en las faldas del corredor biológico Ajusco Chichinautzin, barrera natural que lo separa de las poblaciones del Estado de México. Mientras que, en Morelos, limita con los poblados de Atlatlahucan, Tlayacapan y Tlalnepantla.

Este poblado, es una comunidad originaria, donde labran las tierras durante el temporal y en ellas siembran maíz, pepino, calabaza, aguacate, tomate verde y durazno. La agricultura es una de las principales actividades económicas; sin embargo, como señala don Osvaldo:

Era la base económica del municipio, pero los altos costos para sembrar por ejemplo el jitomate, se ha elevado muchísimo. -Debido a eso ya hay otras fuentes de empleo- […] como la albañilería, el comercio y los músicos. Hay muchas bandas y ya se volvió algo importante para el pueblo”. (Don Osvaldo, Totolapan, 2018).

De manera que, los totolapenses han buscado alternativas para diversificar sus estrategias de supervivencia y la música ha resultado ser una de ellas, aunque es importante mencionar que dicha actividad laboral la combinan con alguna otra, por ejemplo, la albañilería. Actualmente, existen varias agrupaciones “o bandas” que están conformadas por familiares y amigos oriundos del pueblo. Los cuales, de manera constante son invitados y en algunos casos contratados para tocar en su propio pueblo en los municipios aledaños.

Banda en la feria del quinto vienes, atrio del Convento de San Guillermo en Totolapan 2018

Hace algunos años eran pocas bandas las que existían, ahora ya hay muchas bandas y por lo menos dos tocadas si tienen. Salimos mucho fuera de la comunidad. El que más demanda es el Estado de México y la ciudad de México, hablamos del Ajusco, Topilejo, Juchitepec, hasta la parte de Chalma. Vamos a bailes, carnavales, ferias, fiestas religiosas y particulares. (Don Osvaldo, noviembre, 2018).

Esta relación con el Estado de México y la actual Ciudad de México, se ha construido desde épocas prehispánicas, formando ejes articuladores de carácter regionalizado. Los ejes económicos y el sistema veneracional han configurado este carácter, en diferentes formas, hasta el día de hoy. Así lo hemos comprendido en las investigaciones que realizamos en el equipo regional Morelos, del programa nacional de etnografía de las regiones indígenas.

Los recuerdos entre los totolapenses, los sitúan en la década de 1950, cuando la música en Totolapan comenzó a tener auge. Algunos de los primeros músicos conformaron la orquesta llamada Rio Rosa, la cual estaba a cargo del maestro Baldomero Rosa. A esa orquesta se fueron sumando los hijos y los nietos.

En aquel entonces solo había dos bandas de entre 10 y 12 músicos. Estas bandas eran: la banda de los Nava o de Guadalupe Nava y la Banda de los Nolasco o de Irene Nolasco, de las cuales nacieron la mayoría de los músicos de Totolapan y que a su vez formaron otras bandas, grupos de mariachis o conjuntos musicales” (Flores y Martínez, 2013: 142).

Años después se conformó la segunda orquesta, conformada con los elementos que habían desertado de la primera. Sin embargo, cuando las orquestas dejaron de estar en el auge, ésta orquesta comenzó a conformar la primera banda de Totolapan. Para ello, los músicos tuvieron a adaptarse a la nueva demanda de la sociedad y comenzaron a presentarse en escenarios con cantantes. Porque entonces no se pensaba en la banda como para la serenata. Pero comenzaron a convivir y a presentarse con grandes artistas y a compartir con otras bandas famosas, como la del Recodo (Don Osvaldo, noviembre, 2018).

El surgimiento y la multiplicación de las nuevas bandas en Totolapan fue un proceso lento, que en las últimas décadas del siglo XX se aceleró de una forma considerable pues de acuerdo con los registros de las autoras Georgina Flores Mercado y Araceli Martínez Vergara, hasta el 2013, existían 30 agrupaciones musicales en Totolapan.

Atrio de la iglesia de San Mateo en la fiesta patronal, Chalcatzingo

Sin embargo, hoy en día existe preocupación sobre la continuidad de la misma, pues algunos de los integrantes de estas agrupaciones se percatan que los niños y los jóvenes se interesan poco por esta actividad, algunos se involucran, pero no completamente, pues prefieren estudiar una carrera universitaria.

En esos años -posteriores a la década de 1950- salieron muchos músicos, sobre todo los niños y los jóvenes tenían curiosidad por aprender, quizás -para- ser famosos. Ahora ya paró un poco, porque los jóvenes están estudiando o trabajando, pero ya pocos se interesan por aprender la música. (Don Osvaldo, noviembre, 2018).

En ese sentido, la música es una herencia que se ha ido transmitiendo de una generación a otra. Incluso fueron aprendizajes que se compartieron entre los integrantes de la propia familia como señala Flores y Martínez (2013:143) “estas dos banas la banda del barrio de abajo del pueblo y del barrio de la ora banda estaban formadas principalmente por familias. Los lazos de parentesco era lo que definía la posibilidad de adscripción a la banda. Por ello se les identificaba no sólo por su ubicación en el pueblo sino por sus apellidos”.

Atrio de la iglesia de San Mateo en la fiesta patronal, Chalcatzingo

Actualmente, Don Osvaldo observa que los niños y los jóvenes muestran poco interés por aprender a tocar algún instrumento musical. Por ejemplo, la banda de la que forma parte, está conformada por algunos familiares como sus hermanos y amigos. Sus hijas y sobrinos no se han integrado del todo a la banda, pero si algunos otros jóvenes que forman parte de la familia de alguno de los integrantes, lo cual les hace mantener la esperanza de que dichos saberes continuarán vigentes entre las nuevas generaciones.

La banda de música “La Moreleña” de la que don Osvaldo forma parte, no solo labora dentro del municipio de Totolapan, también son contratados o invitados para asistir a otros poblados del Estado de México, Puebla, Morelos y la Ciudad de México. De manera que, a través de la música, algunos de los totolapenses han tenido la oportunidad de conocer otros lugares y personas, con quienes han establecido relaciones de amistad, compañerismo e incluso compadrazgo.

Las bandas son invitadas para participar y amenizar distintos eventos que van de la mano con el clico de vida de las personas: bautizos, bodas, cargos cívicos y religiosos a desempeñar y desde luego en la muerte. Además, estas bandas también asisten a carnavales, bailes populares, fiestas particulares, fiestas cívicas y religiosas. Su participación también es significativa en los jaripeos o en “en los toros” como le suelen llamar en los pueblos de la región nororiente, pues como la propia gente dice: “sin toros y sin música no hay fiesta”.

En relación a ésta última, asisten a las diversas ferias y fiestas patronales por lo que acompañan en las procesiones, veladas y serenatas en honor a los “santitos”. Por ejemplo, en Totolapan, a lo largo del ciclo festivo anual, cuentan con diversas celebraciones religiosas en las que la música está presente. Pues se entiende que, tanto la música como el estruendo de los cohetes son las señales de que “se está de fiesta”.

En Totolapan, por ejemplo, en la celebración del año nuevo, como en el día de la Candelaria, en la feria del quinto viernes en honor al Cristo Aparecido, en la festividad de San Isidro Labrador, en los días de muertos, así como el 12 de diciembre en honor a la Virgen de Guadalupe y la Navidad, son solo algunas de las festividades en las que la música está presente como ofrenda para los “santitos” y también para el gozo del pueblo.

Los Totolapenses guardan una relación muy cercana con sus santitos y de manera particular el 21 de noviembre celebran a Santa Cecilia, la patrona de los músicos. En dicha festividad se reúnen las distintas agrupaciones de música como son bandas de viento, mariachis y las rondallas que, desde la madrugada y a lo largo del día acompañan a la imagen con su música.

La música, además de ser una fuente de ingresos económicos para las familias de Totolapan, también representa un medio a través del cual, han tejido redes sociales que poco a poco se han ido consolidando a través de compartir gustos semejantes por la música, pero sobre todo por compartir valores y principios en su forma de vivir. Por ejemplo, su devoción y cariño por alguna imagen religiosa como lo es el Cristo Aparecido.

Atrio de la iglesia de San Mateo, Chalcatzingo

Un ejemplo concreto lo encontramos en el caso de la banda “La Moreleña”, que ha establecido lazos profundos con una banda de Tenango del Aire, quienes en muestra de su amistad les otorgaron una imagen religiosa del santito que veneran en Tenango.

En una tocada, nos tocó estar en un baile y nos tomaron varias fotos con la cámara de rollo. En una –foto- no salía nada y le dije a mis hijos, ésta hay que tirarla, porque no sale nada. Entonces mi hija me dijo, no la tires papá, ahí sale una imagen y curiosamente era la imagen del Señor de la Misericordia. Entonces les contamos a nuestros amigos de Tenango y ellos no nos creían, entonces en la siguiente tocada se la enseñamos y así, ellos no regalaron un cuadro grande donde dice “El señor de la Misericordia, dedicado para la banda “La Moreleña”. Desde entonces los invitamos a la feria del quinto viernes, a la que vienen año con año. (Don Osvaldo, noviembre, 2018).

El intercambio musical que se da entre los estados de Morelos, Estado de México y la propia Ciudad de México es constante. Este intercambio se da por medio de los encuentros en las tocadas, es por eso que la autora Georgina Flores (2014), propone que se ha construido una región sociomusical, que está forjada a partir de las vivencias de los propios músicos de las relaciones que construyen, como es el caso de la banda “La Moreleña”.

De manera que, la música tienen como objetivo deleitar los oídos y alegrar o acompañar a las personas en algún momento en particular, además de formar parte de los rituales y ceremonias de los pueblos originarios; sin embargo, la organización y las vivencias que las personas construyen en torno a la misma, ha permitido que se acerquen, que convivan y que compartan saberes, experiencias, gustos y devociones, a tal grado que forjan puentes de comunicación constante en las que no sólo hablan de las próximas tocadas, también, de la vida cotidiana, así como de prácticas y valores que los amarran como parte de su red social de apoyo.

Bibliografía:

  • Flores Mercado Georgina y Martínez Vergara Araceli (2013), Músicos y campesinos. Memoria colectiva de la música y las bandas de viento en Totolapan Morelos, Libertad bajo palabra Ed. y PACMyC, Morelos, México.
  • Flores Mercado Bertha Georgina (2014), “Memoria colectiva, región sociomusical y bandas de viento en Totolapan, Morelos”, Cuicuilco, vol. 21, núm. 61, septiembre-diciembre, México, pp. 189-210.

Coordinador editorial: Luis Miguel Morayta Mendoza

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