Omnipresente

Mirar hacia adentro

Rodolfo Candelas

  · martes 28 de enero de 2020

Sin lugar a dudas, el personaje cultural morelense más representativo es el Chinelo; tal es su arraigo en el estado, que acompaña nuestras vidas en todo tipo de celebraciones: culturales, sociales, religiosas, educativas y hasta políticas. Cualquier morelense, en cuanto escucha los primeros acordes de sus sones, recoge los brazos a la altura del pecho y comienza a bailar el brinco del Chinelo. Prácticamente cada localidad de Morelos cuenta por lo menos con una comparsa. Su figura es reproducida en todo tipo de materiales por nuestros artesanos: talla en madera, cartonería, alfarería, plumaria, joyería, etc; e incorporada en las piezas de un sinnúmero de artistas, que trabajan con este símbolo en grabado, pintura, video, performance, dibujo, instalaciones y fotografía. El Chinelo es omnipresente, ha pasado de ser únicamente un personaje de Carnaval a ser símbolo de esta tierra y como tal es mitificado y resignificado de acuerdo a las necesidades de quienes la habitamos, e incluso de nuestros estados vecinos, pues existen comparsas en varias alcaldías de la Ciudad de México, en muchos municipios guerrerenses, del Estado de México y de Puebla. Tal es su belleza, carisma y capacidad de brindar alegría.

He visto comparsas de Chinelos, algo deslucidas, desfilar por las calles del centro de la Ciudad de México y otras por el centro de Coyoacán, brincando al son de otras músicas, pues las bandas contratadas no conocían los sones de Chinelo, cuya notación musical debemos a Don Brígido Santamaría Morales. En una ocasión, llevé un disco con los sones de Chinelos a una playa oaxaqueña, como regalo a un amigo, quien lo puso en el estéreo de su palapa. Allí se encontraba sentado un surfista suizo muy joven, que en cuanto escuchó la trompeta que con un breve solo marca el inicio de estos sones, saltó de su asiento y con el gesto característico de llevarse las manos al pecho y dar brinquitos, comenzó a bailar; sorprendido y sonriente, le pregunté que cuándo había estado en Morelos, a lo que respondió que nunca. Le pregunté que entonces en dónde había visto a los Chinelos y me respondió sin dejar de bailar que nunca los había visto y que no sabía qué eran. Me quedé desconcertado y le pregunté entonces porqué bailaba así esa música, a lo que me respondió que así es como se baila esta música en el Carnaval de Suiza. El desconcierto me impidió preguntarle más, cuando quise saber la localidad donde se llevaba a cabo el carnaval en el que bailan como bailamos en Morelos y con la misma música, ya había dejado la playa.

Nos adentramos en la temporada de brincos de Chinelo y Carnavales, la fiesta que le dio nacimiento y sentido a esta expresión cultural que, de tan amada, todos queremos señalar como originaria de nuestra localidad y darle una historia y un contexto local. A brincar a gusto, que mañana vamos a querer y ya no va a haber.

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