/ martes 28 de febrero de 2023

Flor Molina: Expresión a través de la escultura

Su encuentro con el arte inició cuando tenía más de 20 años; sus obras viajan por México y parte de EU

Flor Molina encontró en la escultura una forma natural de expresión. La artista es un claro ejemplo de que todo llega en su momento, que los sueños se hacen realidad y no es cuestión de edad.

Originaria de la Costa Chica de Guerrero, y actualmente radicada en Cuernavaca, Flor ha destacado por su talento y la majestuosidad de sus obras realizadas a través de las técnicas de barro en las que principalmente plasma sus raíces afrodescendientes.

Flor nunca tuvo un acercamiento al arte y ni siquiera sabía que existía esa carrera profesional, en realidad lo descubrió cuando tenía más de 20 años y quedó fascinada con este mundo.

“Una ocasión, un pintor me preguntó si conocía a alguien que posara para pintura y de inmediato dije que yo; me dejó su teléfono, le llamé y empecé a modelar al desnudo, y desde la primera vez me felicitó, me dijo que lo hice muy bien y profesionalmente; quizás es algo que ya traigo, quizás mi sangre afrodescendiente me ayudó”, expresó Flor Molina.

Las esculturas suelen tener rasgos muy marcados, rostros grandes, nariz ancha y labios gruesos. / Agustín Espinoza | El Sol de Cuernavaca

Así fue como conoció el arte y tuvo la oportunidad de trabajar con varios artistas, entre ellos el escultor chileno Víctor Hugo Núñez, que fue su maestro, mentor y quien la llevó por el camino de la escultura.

“Me llamaba mucho la atención cuando veía mi maestro Víctor Hugo a hacer escultura, y en una ocasión dije, me gustaría hacer esto, y él dijo que cuando terminara mi sesión de posar, me integrara a la clase, y gracias a él, ahorita soy escultura”.

Su primera obra fue un torito con siete patas, llamado Cleto en la toreada, el cual es alusivo a las fiestas que hacen en la Costa Chica, basado en un muñeco de trapo que amarran al toro, y cuando éste brinca se desintegra el muñeco, pero ella lo hace con su propia interpretación.

En su obra, principalmente plasma seres que nos permiten conocer más sobre sus raíces, su cultura y su vida. Sus esculturas suelen tener rasgos muy marcados, rostros grandes, nariz ancha y labios gruesos.

“Gracias a la vida y a mis orígenes es que trabajo con esos rasgos; mi madre era negra y mi padre indígena. Como afrodescendiente lo traigo en la sangre y lo plasmó así, de forma natural, no me cuesta trabajo. Esos volúmenes en las caderas, en los senos, es algo que me sale orgánicamente porque lo tengo registrado desde que era niña”, afirma la artista.

Otra de sus grandes inspiraciones es el mar, ya que fue parte fundamental de su vida, principalmente durante su infancia. Además, considera que su madre le heredó el gusto por el barro, ya que ella se dedicaba a la realización de comales de barro.

“Mi niñez fue agua, mi pueblo está a 20 minutos del mar, yo de niña crecí bajo las palmeras, cerca de arroyos. No tengo problema para jugar y hacer mezclas de animales, es algo muy natural y bonito. Mi madre hacía comales de barro y ese fue mi primer acercamiento a este material”.

La artista menciona que para sus esculturas nunca hace bocetos, en realidad parte de la nada, todas de abajo hacia arriba y no sabe en qué va a terminar.

“El resultado siempre es una sorpresa para mí. Lo que hago es jugar, dejarme llevar, quizás es lo que traigo en mis sueños y despierta del inconsciente; en ocasiones si parto desde una idea, pero al final no queda como lo pensé, sino algo mejor, yo creo que el barro me habla y me dice hazlo así, seguramente mis manos entienden el idioma del barro”, detalla.


Flor Molina trabaja con el barro de alta temperatura, y ella lo realiza personalmente, compra una parte en la Ciudad de México y otra en Morelos, asimismo, utiliza periódico y fibra sintética, ya que todo surge de una mezcla de varios materiales para que sea manejable

“Es un barro fuerte porque puedo hacer piezas de grandes dimensiones. También los engobes son pigmentos químicos de alta temperatura y se preparan con barro”.

En su obra, principalmente plasma seres que nos permiten conocer más sobre sus raíces. / Agustín Espinoza | El Sol de Cuernavaca


Un talento que guardó durante varios años

“Es algo increíble haber descubierto este talento, y a veces me pregunto por qué lo descubrí tarde, pero pensándolo bien creo que el tiempo fue justo, porque veo que he logrado mucho en poco tiempo. Amo tanto trabajar la escultura, y se ve reflejado en mi trabajo, lo disfruto, me rejuvenece y me da vida, empecé en el momento justo y exacto”.

En más de 10 años de trayectoria, Flor Molina ha participado en diversas exposiciones colectivas y también ha realizado exposiciones individuales. Su obra se ha expuesto en lugares como el Museo de la Ciudad de Cuernavaca (Mucic), el Museo de Arte Indígena Contemporáneo y en el Centro Cultural Acapulco, entre otros.

Su trabajo se ha exportado a países como Estados Unidos y España, y se puede encontrar en galerías tanto en México como en Búfalo, N.Y. USA y en exposición de obra permanente en la colección del Instituto de Cultura de la Embajada de México en Washington, DC. y en la exposición de obra permanente en la colección del Consulado General de México en Frankfurt, Alemania.

Flor está satisfecha y contenta porque considera que ha dado pasos seguros en su camino,No importa la edad, luchen por lo que quieren, jóvenes no se detengan, sean constantes en lo que están haciendo. El arte no es fácil, hay que tener constancia para lograr su objetivo y salir adelante”.

“Yo creo que el barro me habla y me dice: 'hazlo así'; seguramente mis manos entienden el idioma del barro”.

Flor Molina encontró en la escultura una forma natural de expresión. La artista es un claro ejemplo de que todo llega en su momento, que los sueños se hacen realidad y no es cuestión de edad.

Originaria de la Costa Chica de Guerrero, y actualmente radicada en Cuernavaca, Flor ha destacado por su talento y la majestuosidad de sus obras realizadas a través de las técnicas de barro en las que principalmente plasma sus raíces afrodescendientes.

Flor nunca tuvo un acercamiento al arte y ni siquiera sabía que existía esa carrera profesional, en realidad lo descubrió cuando tenía más de 20 años y quedó fascinada con este mundo.

“Una ocasión, un pintor me preguntó si conocía a alguien que posara para pintura y de inmediato dije que yo; me dejó su teléfono, le llamé y empecé a modelar al desnudo, y desde la primera vez me felicitó, me dijo que lo hice muy bien y profesionalmente; quizás es algo que ya traigo, quizás mi sangre afrodescendiente me ayudó”, expresó Flor Molina.

Las esculturas suelen tener rasgos muy marcados, rostros grandes, nariz ancha y labios gruesos. / Agustín Espinoza | El Sol de Cuernavaca

Así fue como conoció el arte y tuvo la oportunidad de trabajar con varios artistas, entre ellos el escultor chileno Víctor Hugo Núñez, que fue su maestro, mentor y quien la llevó por el camino de la escultura.

“Me llamaba mucho la atención cuando veía mi maestro Víctor Hugo a hacer escultura, y en una ocasión dije, me gustaría hacer esto, y él dijo que cuando terminara mi sesión de posar, me integrara a la clase, y gracias a él, ahorita soy escultura”.

Su primera obra fue un torito con siete patas, llamado Cleto en la toreada, el cual es alusivo a las fiestas que hacen en la Costa Chica, basado en un muñeco de trapo que amarran al toro, y cuando éste brinca se desintegra el muñeco, pero ella lo hace con su propia interpretación.

En su obra, principalmente plasma seres que nos permiten conocer más sobre sus raíces, su cultura y su vida. Sus esculturas suelen tener rasgos muy marcados, rostros grandes, nariz ancha y labios gruesos.

“Gracias a la vida y a mis orígenes es que trabajo con esos rasgos; mi madre era negra y mi padre indígena. Como afrodescendiente lo traigo en la sangre y lo plasmó así, de forma natural, no me cuesta trabajo. Esos volúmenes en las caderas, en los senos, es algo que me sale orgánicamente porque lo tengo registrado desde que era niña”, afirma la artista.

Otra de sus grandes inspiraciones es el mar, ya que fue parte fundamental de su vida, principalmente durante su infancia. Además, considera que su madre le heredó el gusto por el barro, ya que ella se dedicaba a la realización de comales de barro.

“Mi niñez fue agua, mi pueblo está a 20 minutos del mar, yo de niña crecí bajo las palmeras, cerca de arroyos. No tengo problema para jugar y hacer mezclas de animales, es algo muy natural y bonito. Mi madre hacía comales de barro y ese fue mi primer acercamiento a este material”.

La artista menciona que para sus esculturas nunca hace bocetos, en realidad parte de la nada, todas de abajo hacia arriba y no sabe en qué va a terminar.

“El resultado siempre es una sorpresa para mí. Lo que hago es jugar, dejarme llevar, quizás es lo que traigo en mis sueños y despierta del inconsciente; en ocasiones si parto desde una idea, pero al final no queda como lo pensé, sino algo mejor, yo creo que el barro me habla y me dice hazlo así, seguramente mis manos entienden el idioma del barro”, detalla.


Flor Molina trabaja con el barro de alta temperatura, y ella lo realiza personalmente, compra una parte en la Ciudad de México y otra en Morelos, asimismo, utiliza periódico y fibra sintética, ya que todo surge de una mezcla de varios materiales para que sea manejable

“Es un barro fuerte porque puedo hacer piezas de grandes dimensiones. También los engobes son pigmentos químicos de alta temperatura y se preparan con barro”.

En su obra, principalmente plasma seres que nos permiten conocer más sobre sus raíces. / Agustín Espinoza | El Sol de Cuernavaca


Un talento que guardó durante varios años

“Es algo increíble haber descubierto este talento, y a veces me pregunto por qué lo descubrí tarde, pero pensándolo bien creo que el tiempo fue justo, porque veo que he logrado mucho en poco tiempo. Amo tanto trabajar la escultura, y se ve reflejado en mi trabajo, lo disfruto, me rejuvenece y me da vida, empecé en el momento justo y exacto”.

En más de 10 años de trayectoria, Flor Molina ha participado en diversas exposiciones colectivas y también ha realizado exposiciones individuales. Su obra se ha expuesto en lugares como el Museo de la Ciudad de Cuernavaca (Mucic), el Museo de Arte Indígena Contemporáneo y en el Centro Cultural Acapulco, entre otros.

Su trabajo se ha exportado a países como Estados Unidos y España, y se puede encontrar en galerías tanto en México como en Búfalo, N.Y. USA y en exposición de obra permanente en la colección del Instituto de Cultura de la Embajada de México en Washington, DC. y en la exposición de obra permanente en la colección del Consulado General de México en Frankfurt, Alemania.

Flor está satisfecha y contenta porque considera que ha dado pasos seguros en su camino,No importa la edad, luchen por lo que quieren, jóvenes no se detengan, sean constantes en lo que están haciendo. El arte no es fácil, hay que tener constancia para lograr su objetivo y salir adelante”.

“Yo creo que el barro me habla y me dice: 'hazlo así'; seguramente mis manos entienden el idioma del barro”.

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