/ sábado 5 de enero de 2019

Al interior de la pirámide de Teopanzolco

El gran sismo de septiembre de 2017 afectó de manera considerable los edificios prehispánicos de la zona arqueológica de Teopanzolco

El gran sismo de septiembre de 2017 afectó de manera considerable los edificios prehispánicos de la zona arqueológica de Teopanzolco. La estructura más dañada fue el Gran Basamento, donde ocurrieron desplomes, agrietamientos de las paredes y de las esquinas, asentamientos dentro del núcleo de la construcción y, en general, quedó en riesgo la estabilidad de toda la construcción.

El Gran Basamento es un monumento emblemático de la zona arqueológica y también uno de los pocos vestigios prehispánicos de la arquitectura posclásica de este tipo que se conservan en pie. Sus características arquitectónicas son comparadas con las del Templo Mayor de Tenochtitlan, el de Tlatelolco o de Tenayuca, entre otros. La peculiaridad de estos edificios consiste en tener en la parte superior dos templos, llamados con frecuencia gemelos, a los que se accedía por doble escalinata flanqueada por alfardas.

Pared norte del templo interior


La idea de crear este tipo de monumentos surgió en el posclásico temprano, siendo el primero de ellos el de Tenayuca. En aquél lugar ubicado en el actual municipio de Tlalnepantla, Edo. de México, los grupos chichimecas guiados desde el norte por Xólotl establecieron su “altépetl”. Se supone que este hecho tuvo lugar en el año 1100 de n.e. y fue cuando se construyó el primer basamento con dos templos a los que se subía por la escalinata propia para cada uno de ellos. La idea era novedosa y después, el bisnieto de Xólotl, Quinantzin, trasladó este estilo a Texcoco. Con frecuencia, se les llamaba templos gemelos. Enfrente de los templos había una explanada para realizar los sacrificios propios para cada uno de los dioses que habitaban en los templos. La idea de este tipo de construcción no es muy clara. Los investigadores difieren en sus interpretaciones, sobre todo a raíz del encuentro de este tipo de construcción en el Templo Mayor de Tenochtitlan, posterior a la construcción del de Tenayuca.

El arqueólogo Matos Moctezuma, explorador del Templo Mayor de Tenochtitlan, considera que los dos templos representaban dos cerros: el de Huitzilopochtli correspondía al cerro de Coatepec, y el de Tláloc al de Tonacatepetl. El primero se relaciona con el nacimiento del dios Huitzilopochtli y el segundo tiene carácter agrícola, de fertilidad y cosechas. El investigador considera que Templo Mayor era el centro de la cosmovisión mexica de donde partían los cuatro rumbos del universo. Por otro lado, el investigador Michael Graulich no coincide con esta interpretación céntrica, porque considera que el Templo Mayor no se ubicaba en el centro de los cuatro rumbos del universo, que eran marcados por las calzadas que conducían hacia él, ya que quedaba a un lado de la intersección de las mismas.

Esquina sureste del templo interior y restos de la pilastra/ Fotos Bárbara Konieczna y Georgia Y. Bravo López


David Carrasco tiene otra visión del significado de los templos gemelos. El autor adopta la idea de Esther Pasztory, quien sustenta que este tipo de construcciones es de origen azteca, quienes querían legitimar su continuidad histórica con los de Tollan, Chollolan y Teotihuacán, y de adoptar los dioses de su cosmovisión, sobre todo a Tláloc, a su panteón y legitimar lo guerrero que les caracterizaba, con Huitzilopochtli. El mismo autor Carrasco opina

…los templos gemelos no solo son reflejo de las montañas cósmicas gemelas y del simbolismo asociado a ellas sino también del ascenso histórico de Huitzilopochtli a su pueblo por la pirámide social y simbólica de Anáhuac hasta la encumbrada posición que alcanzaron...

De las construcciones con los templos gemelos que se conservan en pie, solo encontramos en Teopanzolco y en Templo Mayor. Su apariencia y uso cuando estaba en funciones se puede reproducir a través de las descripciones de los cronistas españoles para Templo Mayor, lo que en caso de Teopanzolco se puede aplicar por analogía, ya que no tenemos ningún documento que nos podrá referir a este asentamiento prehispánico.

Ubicación de los muros del templo interior


Desde la limpieza y reconstrucción del Gran Basamento de Teopanzolco, han pasado casi cien años. En el año 1921, José Reygadas Vertiz y Manuel Gamio exploraron el cerro llamado Mogote y se encontraron que, debajo de la tierra y piedras sueltas que lo cubría, había una construcción que ameritaba ser descubierta y reconstruida según los elementos todavía conservados. Así, el cerro del mogote se convirtió en una construcción imponente, con muros de dos templos en su cima. Al limpiar el edificio, se notaba claramente que había dos etapas constructivas, una cubriendo la otra. Los arqueólogos decidieron cavar dos fosos para dejar expuesto el antiguo basamento con los templos y la construcción más reciente que lo cubría hasta una altura de 5 m. Ya en una ocasión anterior hemos escrito que había ciertas alteraciones en la reconstrucción, pero el hecho de que se trataba de dos etapas constructivas era indiscutible.

Otros elementos arquitectónicos excavados en Teopanzolco son, por ejemplo, una casa habitación que se descubrió por debajo de la plataforma sur de la plaza, así como los hallazgos de los desplantes de los muros de las construcciones hallados por abajo del piso de la plaza principal de Teopanzolco, todos ellos mostraron que en época prehispánica había dos fases de ocupación de este asentamiento, ambas correspondientes al posclásico medio e inicio del posclásico tardío. No había evidencias de una ocupación más temprana.

Los daños causados por el terremoto de 2017 implicaron que se tuviera que estabilizar el núcleo del Gran Basamento. La exploración del pozo de sondeo inició en la sección que ocupa el espacio entre los dos templos. En primer lugar, se aseguraron las paredes de los templos para evitar cualquier riesgo de colapso. Desde el inicio de la excavación se vio que el núcleo estaba en muy mal estado de conservación. Las grandes piedras que lo conformaban estaban sueltas, sin que hubiera algo de tierra entre ellas que las “amarrara” y permitiera su estabilidad. Conforme avanzaba la excavación era inminente asegurar las paredes de la misma, para que no hubiera desplomes. A la profundidad de dos metros se detectó la parte superior de una esquina que correspondía a una construcción más antigua que había en el interior de la subestructura. Los muros de esta construcción continuaron hasta la profundidad de cuatro metros, y se prolongaban en dirección norte, donde arriba se encontraba templo de Tláloc.

Corte del Gran Basamento de lado norte


Como el objetivo era estabilizar el núcleo de la subestructura, se procedió con la excavación del espacio que ocupaba el templo de Tláloc, pero ya con la certeza que había en sus profundidades una construcción más antigua. De esta suerte, a los cuatro metros de profundidad se pudo ver que el muro descubierto previamente daba vuelta y conformaba un espacio cerrado con una entrada que se ubicaba enfrente de lo que es el espacio de la escalinata que conduce a los templos de arriba.

Sin entrar en detalles de exploración, describiremos en que consistió nuestro hallazgo. Sin duda, se trata de un cuarto correspondiente a un templo. Por su ubicación y, en caso de que se tratase de uno de los templos gemelos, correspondería al templo de Tláloc. Está ubicado al interior de la subestructura con su piso de estuco a la profundidad de cuatro metros, tomando como referencia el piso de los templos visibles en la parte superior. Los muros del templo tienen altura de dos metros, con un grosor de cuarenta centímetros y están hechos de lajas y piedras alargadas recortadas, unidas con argamasa. Al interior, las paredes muestran huellas de carbón y pequeños fragmentos de estuco, lo que podría implicar que había fuego al interior o hubo un incendio. Adosada al muro este del templo estaba una banqueta de cincuenta centímetros de altura, la cual no estaba continua a lo largo de la pared, tal como está la banqueta en el templo superior.

La pared exterior, correspondiente a la esquina sureste del templo, conserva más restos del estucado, aunque también estaban en muy mal estado de conservación. Asimismo, en aquella parte se encontraron restos de una pilastra que debía sostener el techo, en el lado sur de ella se encontró el estuco mejor conservado.

La entrada al templo estaba en el lado poniente y la escalinata de acceso era la misma que actualmente está visible en la subestructura, y que en un primer momento sirvió para acceder al templo en el interior de la subestructura y que después fue ampliada y prolongada en una etapa constructiva posterior para acceder a los templos superiores.

Durante la excavación no se detectaron piedras que podrían corresponder a la techumbre. Posiblemente el techo era de material perecedero y no se conservó, o se quemó. Llaman la atención algunas concentraciones de carbón al nivel del piso y debajo de él, tanto al interior como al exterior del templo.

El templo tuvo que estar elevado sobre un basamento de cuatro metros de altura, a partir del piso del foso. Consideramos que es la construcción más antigua de Teopanzolco, de hecho la primera de este tipo en este sitio. Su temporalidad debe corresponder a los inicios del periodo posclásico medio, alrededor de año 1150 de n. e. Según esta cronología, la construcción sería contemporánea con la de Tenayuca, la primera de este tipo en el Altiplano Central. Nos atrevemos a afirmar, hasta que no salgan nuevos datos, que los mexicas se basaron en este patrón arquitectónico para construir el Templo Mayor de Tenochtitlan. La fecha más antigua que se tiene de Templo Mayor corresponde a la segunda fase constructiva, y es el glifo 2 conejo, año 1360 de n.e. Aunque se encontraran vestigios más antiguos de Templo Mayor, de su primera etapa constructiva, esos de todas maneras serían posteriores a las evidencias de Teopanzolco y Tenayuca.

Por otro lado, están todavía pendientes los trabajos de estabilizar el núcleo del basamento del lado sur, donde está el templo de Huitzilopochtli. Estas excavaciones podrían arrojar más información acerca de esta primera construcción que está al interior del basamento.

Cabe señalar que por el momento no se puede apreciar este hallazgo ya que, por protección, tuvo que ser cubierto para evitar su deterioro así como no desestabilizar la subestructura y los templos superiores.

Para leer más:

  • Carrasco David - Templo Mayor- The aztec visión of place en Religions of Mesoamerica, 1990,
  • Graulich Michel - “El simbolismo del Templo Mayor de México y sus relaciones con Cacaxtla y Teotihuacan”, 2001
  • Matos Moctezuma Eduardo - “Vida y muerte en el Templo Mayor” 1986

El gran sismo de septiembre de 2017 afectó de manera considerable los edificios prehispánicos de la zona arqueológica de Teopanzolco. La estructura más dañada fue el Gran Basamento, donde ocurrieron desplomes, agrietamientos de las paredes y de las esquinas, asentamientos dentro del núcleo de la construcción y, en general, quedó en riesgo la estabilidad de toda la construcción.

El Gran Basamento es un monumento emblemático de la zona arqueológica y también uno de los pocos vestigios prehispánicos de la arquitectura posclásica de este tipo que se conservan en pie. Sus características arquitectónicas son comparadas con las del Templo Mayor de Tenochtitlan, el de Tlatelolco o de Tenayuca, entre otros. La peculiaridad de estos edificios consiste en tener en la parte superior dos templos, llamados con frecuencia gemelos, a los que se accedía por doble escalinata flanqueada por alfardas.

Pared norte del templo interior


La idea de crear este tipo de monumentos surgió en el posclásico temprano, siendo el primero de ellos el de Tenayuca. En aquél lugar ubicado en el actual municipio de Tlalnepantla, Edo. de México, los grupos chichimecas guiados desde el norte por Xólotl establecieron su “altépetl”. Se supone que este hecho tuvo lugar en el año 1100 de n.e. y fue cuando se construyó el primer basamento con dos templos a los que se subía por la escalinata propia para cada uno de ellos. La idea era novedosa y después, el bisnieto de Xólotl, Quinantzin, trasladó este estilo a Texcoco. Con frecuencia, se les llamaba templos gemelos. Enfrente de los templos había una explanada para realizar los sacrificios propios para cada uno de los dioses que habitaban en los templos. La idea de este tipo de construcción no es muy clara. Los investigadores difieren en sus interpretaciones, sobre todo a raíz del encuentro de este tipo de construcción en el Templo Mayor de Tenochtitlan, posterior a la construcción del de Tenayuca.

El arqueólogo Matos Moctezuma, explorador del Templo Mayor de Tenochtitlan, considera que los dos templos representaban dos cerros: el de Huitzilopochtli correspondía al cerro de Coatepec, y el de Tláloc al de Tonacatepetl. El primero se relaciona con el nacimiento del dios Huitzilopochtli y el segundo tiene carácter agrícola, de fertilidad y cosechas. El investigador considera que Templo Mayor era el centro de la cosmovisión mexica de donde partían los cuatro rumbos del universo. Por otro lado, el investigador Michael Graulich no coincide con esta interpretación céntrica, porque considera que el Templo Mayor no se ubicaba en el centro de los cuatro rumbos del universo, que eran marcados por las calzadas que conducían hacia él, ya que quedaba a un lado de la intersección de las mismas.

Esquina sureste del templo interior y restos de la pilastra/ Fotos Bárbara Konieczna y Georgia Y. Bravo López


David Carrasco tiene otra visión del significado de los templos gemelos. El autor adopta la idea de Esther Pasztory, quien sustenta que este tipo de construcciones es de origen azteca, quienes querían legitimar su continuidad histórica con los de Tollan, Chollolan y Teotihuacán, y de adoptar los dioses de su cosmovisión, sobre todo a Tláloc, a su panteón y legitimar lo guerrero que les caracterizaba, con Huitzilopochtli. El mismo autor Carrasco opina

…los templos gemelos no solo son reflejo de las montañas cósmicas gemelas y del simbolismo asociado a ellas sino también del ascenso histórico de Huitzilopochtli a su pueblo por la pirámide social y simbólica de Anáhuac hasta la encumbrada posición que alcanzaron...

De las construcciones con los templos gemelos que se conservan en pie, solo encontramos en Teopanzolco y en Templo Mayor. Su apariencia y uso cuando estaba en funciones se puede reproducir a través de las descripciones de los cronistas españoles para Templo Mayor, lo que en caso de Teopanzolco se puede aplicar por analogía, ya que no tenemos ningún documento que nos podrá referir a este asentamiento prehispánico.

Ubicación de los muros del templo interior


Desde la limpieza y reconstrucción del Gran Basamento de Teopanzolco, han pasado casi cien años. En el año 1921, José Reygadas Vertiz y Manuel Gamio exploraron el cerro llamado Mogote y se encontraron que, debajo de la tierra y piedras sueltas que lo cubría, había una construcción que ameritaba ser descubierta y reconstruida según los elementos todavía conservados. Así, el cerro del mogote se convirtió en una construcción imponente, con muros de dos templos en su cima. Al limpiar el edificio, se notaba claramente que había dos etapas constructivas, una cubriendo la otra. Los arqueólogos decidieron cavar dos fosos para dejar expuesto el antiguo basamento con los templos y la construcción más reciente que lo cubría hasta una altura de 5 m. Ya en una ocasión anterior hemos escrito que había ciertas alteraciones en la reconstrucción, pero el hecho de que se trataba de dos etapas constructivas era indiscutible.

Otros elementos arquitectónicos excavados en Teopanzolco son, por ejemplo, una casa habitación que se descubrió por debajo de la plataforma sur de la plaza, así como los hallazgos de los desplantes de los muros de las construcciones hallados por abajo del piso de la plaza principal de Teopanzolco, todos ellos mostraron que en época prehispánica había dos fases de ocupación de este asentamiento, ambas correspondientes al posclásico medio e inicio del posclásico tardío. No había evidencias de una ocupación más temprana.

Los daños causados por el terremoto de 2017 implicaron que se tuviera que estabilizar el núcleo del Gran Basamento. La exploración del pozo de sondeo inició en la sección que ocupa el espacio entre los dos templos. En primer lugar, se aseguraron las paredes de los templos para evitar cualquier riesgo de colapso. Desde el inicio de la excavación se vio que el núcleo estaba en muy mal estado de conservación. Las grandes piedras que lo conformaban estaban sueltas, sin que hubiera algo de tierra entre ellas que las “amarrara” y permitiera su estabilidad. Conforme avanzaba la excavación era inminente asegurar las paredes de la misma, para que no hubiera desplomes. A la profundidad de dos metros se detectó la parte superior de una esquina que correspondía a una construcción más antigua que había en el interior de la subestructura. Los muros de esta construcción continuaron hasta la profundidad de cuatro metros, y se prolongaban en dirección norte, donde arriba se encontraba templo de Tláloc.

Corte del Gran Basamento de lado norte


Como el objetivo era estabilizar el núcleo de la subestructura, se procedió con la excavación del espacio que ocupaba el templo de Tláloc, pero ya con la certeza que había en sus profundidades una construcción más antigua. De esta suerte, a los cuatro metros de profundidad se pudo ver que el muro descubierto previamente daba vuelta y conformaba un espacio cerrado con una entrada que se ubicaba enfrente de lo que es el espacio de la escalinata que conduce a los templos de arriba.

Sin entrar en detalles de exploración, describiremos en que consistió nuestro hallazgo. Sin duda, se trata de un cuarto correspondiente a un templo. Por su ubicación y, en caso de que se tratase de uno de los templos gemelos, correspondería al templo de Tláloc. Está ubicado al interior de la subestructura con su piso de estuco a la profundidad de cuatro metros, tomando como referencia el piso de los templos visibles en la parte superior. Los muros del templo tienen altura de dos metros, con un grosor de cuarenta centímetros y están hechos de lajas y piedras alargadas recortadas, unidas con argamasa. Al interior, las paredes muestran huellas de carbón y pequeños fragmentos de estuco, lo que podría implicar que había fuego al interior o hubo un incendio. Adosada al muro este del templo estaba una banqueta de cincuenta centímetros de altura, la cual no estaba continua a lo largo de la pared, tal como está la banqueta en el templo superior.

La pared exterior, correspondiente a la esquina sureste del templo, conserva más restos del estucado, aunque también estaban en muy mal estado de conservación. Asimismo, en aquella parte se encontraron restos de una pilastra que debía sostener el techo, en el lado sur de ella se encontró el estuco mejor conservado.

La entrada al templo estaba en el lado poniente y la escalinata de acceso era la misma que actualmente está visible en la subestructura, y que en un primer momento sirvió para acceder al templo en el interior de la subestructura y que después fue ampliada y prolongada en una etapa constructiva posterior para acceder a los templos superiores.

Durante la excavación no se detectaron piedras que podrían corresponder a la techumbre. Posiblemente el techo era de material perecedero y no se conservó, o se quemó. Llaman la atención algunas concentraciones de carbón al nivel del piso y debajo de él, tanto al interior como al exterior del templo.

El templo tuvo que estar elevado sobre un basamento de cuatro metros de altura, a partir del piso del foso. Consideramos que es la construcción más antigua de Teopanzolco, de hecho la primera de este tipo en este sitio. Su temporalidad debe corresponder a los inicios del periodo posclásico medio, alrededor de año 1150 de n. e. Según esta cronología, la construcción sería contemporánea con la de Tenayuca, la primera de este tipo en el Altiplano Central. Nos atrevemos a afirmar, hasta que no salgan nuevos datos, que los mexicas se basaron en este patrón arquitectónico para construir el Templo Mayor de Tenochtitlan. La fecha más antigua que se tiene de Templo Mayor corresponde a la segunda fase constructiva, y es el glifo 2 conejo, año 1360 de n.e. Aunque se encontraran vestigios más antiguos de Templo Mayor, de su primera etapa constructiva, esos de todas maneras serían posteriores a las evidencias de Teopanzolco y Tenayuca.

Por otro lado, están todavía pendientes los trabajos de estabilizar el núcleo del basamento del lado sur, donde está el templo de Huitzilopochtli. Estas excavaciones podrían arrojar más información acerca de esta primera construcción que está al interior del basamento.

Cabe señalar que por el momento no se puede apreciar este hallazgo ya que, por protección, tuvo que ser cubierto para evitar su deterioro así como no desestabilizar la subestructura y los templos superiores.

Para leer más:

  • Carrasco David - Templo Mayor- The aztec visión of place en Religions of Mesoamerica, 1990,
  • Graulich Michel - “El simbolismo del Templo Mayor de México y sus relaciones con Cacaxtla y Teotihuacan”, 2001
  • Matos Moctezuma Eduardo - “Vida y muerte en el Templo Mayor” 1986

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