/ domingo 25 de abril de 2021

Un deshonroso tercer lugar

Según datos de la Organización Mundial de la Salud, se han documentado a la fecha más de 144 millones de casos de COVIV-19 y más de 3 millones de muertes en el mundo, siendo la peor semana en la pandemia la que recien termina, con más de cinco millones de casos y 83 mil muertes.

México, junto con Estados Unidos, Brasil, la India y el Reino Unido, es el tercero de los cinco países con mayor número de decesos acumulados, aportando entre todos el 48 por ciento de los muertos por COVID-19 de todo el mundo durante la pandemia.

Lo que estos cinco países tienen en común es que desde el principio de la pandemia, hace un año, sus gobiernos optaron por no seguir las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud y no realizaron confinamientos iniciales o los levantaron de manera prematura. Tampoco reforzaron de manera enérgica el uso de cubrebocas ni restringieron las actividades de alto riesgo. Ninguno de esos países cerró sus fronteras y optaron por no hacer pruebas diagnósticas masivas lo que impidió cortar las redes de transmisión del virus de manera oportuna.

El no haber contenido el contagio llevó a que en todos y cada uno de estos países colapsara su sistema sanitario con el inevitable incremento en la tasa de mortalidad.

El razonamiento detrás de esa decisión se basa en una lógica simple. Si no contenemos el contagio, más pronto alcanzaremos la inmunidad de rebaño por lo que tendremos una ventaja competitiva contra los países que desaceleren su economía. Desafortunadamente, este razonamiento tiene dos fallas de fondo, una ética y la otra biológica.

La ética es que para que esa inmunidad de rebaño se alcance, 3 de cada 100 enfermos de COVID-19 van a perder la batalla contra el virus, dejando millones de familias lastimadas en lo emocional y en lo económico por lo que el gobierno habrá fallado en su obligación de proteger la salud y la vida de sus gobernados.

La biológica es que el virus cuenta con un arsenal desconocido para nosotros de herramientas que están ocultas pero que podrán entrar en acción por la acumulación de mutaciones. Para que las mutaciones se acumulen, el virus debe estarse replicando activamente. Cuando un gobierno decide no contener el contagio, el principal beneficiario es el virus, pues con cada persona infectada le damos millones de nuevas oportunidades para mutar.

Por lo tanto, no debiera sorprendernos que las nuevas variantes producidas por mutaciones provengan precisamente de esos país, la variante inglesa que arrasa Europa, la brasileña que causas estragos en América del Sur y la más reciente, la india, que ha llevado a ese país a reportar más de 300 mil nuevos nuevos casos en las últimas 24 horas, la tercera parte del total mundial.

A pesar del medio millón de muertos acumulados a la fecha, en México estamos todavía muy lejos de la inmunidad de rebaño con menos del 5% de la población con su esquema de vacunación contra COVID-19 completo. La reapertura sin sustento técnico de las actividades en nuestro país con la finalidad de promover la movilidad durante las vacaciones así como para apuntalar las campañas electorales podría llevarnos una tercera ola todavía más severa de la que tuvimos en enero.

Ante la inacción del gobierno queda en nuestras manos protegernos para reducir la tasa de transmisión del virus. Cabe recordar que las nuevas variantes son más contagiosas, atacan con mayor severidad a niños y jóvenes y también es posible que no reconozcan la inmunidad provocada por las vacunas. Mientras tanto, si pueden vacunarse, háganlo. La mejor vacuna es la disponible.


Información adicional de éste y otros temas de interés visiten http://reivindicandoapluton.blogspot.mx o https://www.facebook.com/BValderramaB/

Según datos de la Organización Mundial de la Salud, se han documentado a la fecha más de 144 millones de casos de COVIV-19 y más de 3 millones de muertes en el mundo, siendo la peor semana en la pandemia la que recien termina, con más de cinco millones de casos y 83 mil muertes.

México, junto con Estados Unidos, Brasil, la India y el Reino Unido, es el tercero de los cinco países con mayor número de decesos acumulados, aportando entre todos el 48 por ciento de los muertos por COVID-19 de todo el mundo durante la pandemia.

Lo que estos cinco países tienen en común es que desde el principio de la pandemia, hace un año, sus gobiernos optaron por no seguir las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud y no realizaron confinamientos iniciales o los levantaron de manera prematura. Tampoco reforzaron de manera enérgica el uso de cubrebocas ni restringieron las actividades de alto riesgo. Ninguno de esos países cerró sus fronteras y optaron por no hacer pruebas diagnósticas masivas lo que impidió cortar las redes de transmisión del virus de manera oportuna.

El no haber contenido el contagio llevó a que en todos y cada uno de estos países colapsara su sistema sanitario con el inevitable incremento en la tasa de mortalidad.

El razonamiento detrás de esa decisión se basa en una lógica simple. Si no contenemos el contagio, más pronto alcanzaremos la inmunidad de rebaño por lo que tendremos una ventaja competitiva contra los países que desaceleren su economía. Desafortunadamente, este razonamiento tiene dos fallas de fondo, una ética y la otra biológica.

La ética es que para que esa inmunidad de rebaño se alcance, 3 de cada 100 enfermos de COVID-19 van a perder la batalla contra el virus, dejando millones de familias lastimadas en lo emocional y en lo económico por lo que el gobierno habrá fallado en su obligación de proteger la salud y la vida de sus gobernados.

La biológica es que el virus cuenta con un arsenal desconocido para nosotros de herramientas que están ocultas pero que podrán entrar en acción por la acumulación de mutaciones. Para que las mutaciones se acumulen, el virus debe estarse replicando activamente. Cuando un gobierno decide no contener el contagio, el principal beneficiario es el virus, pues con cada persona infectada le damos millones de nuevas oportunidades para mutar.

Por lo tanto, no debiera sorprendernos que las nuevas variantes producidas por mutaciones provengan precisamente de esos país, la variante inglesa que arrasa Europa, la brasileña que causas estragos en América del Sur y la más reciente, la india, que ha llevado a ese país a reportar más de 300 mil nuevos nuevos casos en las últimas 24 horas, la tercera parte del total mundial.

A pesar del medio millón de muertos acumulados a la fecha, en México estamos todavía muy lejos de la inmunidad de rebaño con menos del 5% de la población con su esquema de vacunación contra COVID-19 completo. La reapertura sin sustento técnico de las actividades en nuestro país con la finalidad de promover la movilidad durante las vacaciones así como para apuntalar las campañas electorales podría llevarnos una tercera ola todavía más severa de la que tuvimos en enero.

Ante la inacción del gobierno queda en nuestras manos protegernos para reducir la tasa de transmisión del virus. Cabe recordar que las nuevas variantes son más contagiosas, atacan con mayor severidad a niños y jóvenes y también es posible que no reconozcan la inmunidad provocada por las vacunas. Mientras tanto, si pueden vacunarse, háganlo. La mejor vacuna es la disponible.


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