/ martes 12 de mayo de 2020

Tiempos de pestilencia

México ha rebasado los 3 mil 500 decesos y los 35 mil casos confirmados por Cov id-19. La epidemia transcurre entre políticos, quienes desean que al país le vaya mal, un presidente diciendo todo va muy bien y el resto de los mexicanos sin tener idea sobre cómo nos irá al final.

El historiador Antonio Molero Sañudo comentó que la receta para hacer frente a las pandemias sigue siendo la misma desde la Edad Media, el distanciamiento social de los albores del siglo XIV.

La temible peste bubónica entre 1347 y 1353 mató a una de cada tres personas que habitaban en el viejo continente, pero esa desprevenida humanidad instintivamente se refugió en sus casas, tal como se orienta hoy en día; el confinamiento domiciliario parece ser la manera más efectiva de evitar la transmisión.

En aquellos tiempos también se hacía con las mismas complicaciones, polarización política, traslado de culpas, incluso se dijo en un principio que los judíos eran causantes de la desgracia, los infames pogromos se multiplicaron rápidamente, el día de hoy este tipo de linchamientos suele ser mediático y los afectados somos todos los mexicanos sin importar etnia, condición social o ideológica; no solo estamos sufriendo la monotonía del encierro o la incertidumbre de las salidas necesarias, nuestra mente se está saturando de la rencorosa contaminación procurada por todos los frentes políticos de eficaz entrega a domicilio.

La violencia política se ha disparado en el país durante estos tiempos de crisis, la solidaridad, que en otros tiempos críticos para México se había tomado como estandarte y era motivo de orgullo nacional hoy sencillamente no existe, estamos divididos entre “chairos” y “fifís”.

Estamos entre quienes creen que el virus es una farsa, otros tomando todas las medidas de prevención u apostando a la confabulación genocida más grande en la historia de la humanidad, ni eso, ni el “homicidio doloso” en hospitales merece ser considerado, pero refleja parte del momento psicológico de algunos sectores de la población.

Lo anterior resulta de la guerra por el poder, a nadie le importó mantener condiciones homogéneas para buscar la estabilidad social necesaria hacia un ambiente sólido antes de enfrentar la crisis.

La pandemia ha expuesto fracturas de nuestra sociedad, los mezquinos tiran antifaces y se lanzan al unísono, todos contra todos en busca de sus objetivos personales; en la semana hubo descalificaciones contra la estrategia que el gobierno federal.

Atestiguamos la “resurrección” de actores políticos más por un necesario relevo que por convicción verdadera, tuvimos por ejemplo al exsecretario de salud, el priísta José Narro, asumiéndose por decreto personal como poseedor de la realidad y con la amnesia necesaria para lanzar una descalificación a los dichos y cifras de López-Gatell.

Así, los Lozano, los Calderón, se han sentado en la banca como otros para tomar un respiro, mientras la figura de Narro toma la titularidad antes del desgaste normal; el ex rector afirma que México no estaba preparado para enfrentar la pandemia, pero sería bueno saber cuántos países lo estaban, eso no lo mencionó, como también olvidó decir si durante su paso por la Secretaría de Salud si estuvimos listos.

Mientras eso pasa, AMLO afirma que la 4T avanza decidida, pero no percibe pasos tambaleantes tras los problemas en el talón que un padecimiento llamado Barttlet ocasiona.

Urge una tregua, los amotinamientos a mitad de la tormenta nunca han tenido un final feliz, quienes manejan los destinos de este país deben enfundar sus armas por el bien colectivo, ya habrá tiempo para culpar al neoliberalismo de todas las desgracias pasadas o presentes o para formar frentes de agraviados y nostálgicos que busquen presionar el abandono de la silla presidencial para reinstalar modelos más afines, esta semana viene un nuevo plan de reactivación económica, esperemos sea el bueno.

Hoy, cuando nos asomamos a la calle y vemos miles de personas que no respetan el distanciamiento y salen sin una necesidad real o perturbados que atacan física y verbalmente al personal médico, reflexionamos si es producto de la desinformación, del encono y la descalificación.

La resiliencia de la que México ha demostrado ser capaz a través de su historia se encuentra en su momento más incierto, hoy quise solo escribir sobre esa necesaria cordura, la polarización en nuestro país ha demostrado tener una tasa de reproducción mucho más elevada que el coronavirus, estamos en tiempos de pestilencia politiquera y es necesario ver las banderas blancas ondeando en el panorama nacional, eso podría representar vidas humanas ¿valdrá la pena?

México ha rebasado los 3 mil 500 decesos y los 35 mil casos confirmados por Cov id-19. La epidemia transcurre entre políticos, quienes desean que al país le vaya mal, un presidente diciendo todo va muy bien y el resto de los mexicanos sin tener idea sobre cómo nos irá al final.

El historiador Antonio Molero Sañudo comentó que la receta para hacer frente a las pandemias sigue siendo la misma desde la Edad Media, el distanciamiento social de los albores del siglo XIV.

La temible peste bubónica entre 1347 y 1353 mató a una de cada tres personas que habitaban en el viejo continente, pero esa desprevenida humanidad instintivamente se refugió en sus casas, tal como se orienta hoy en día; el confinamiento domiciliario parece ser la manera más efectiva de evitar la transmisión.

En aquellos tiempos también se hacía con las mismas complicaciones, polarización política, traslado de culpas, incluso se dijo en un principio que los judíos eran causantes de la desgracia, los infames pogromos se multiplicaron rápidamente, el día de hoy este tipo de linchamientos suele ser mediático y los afectados somos todos los mexicanos sin importar etnia, condición social o ideológica; no solo estamos sufriendo la monotonía del encierro o la incertidumbre de las salidas necesarias, nuestra mente se está saturando de la rencorosa contaminación procurada por todos los frentes políticos de eficaz entrega a domicilio.

La violencia política se ha disparado en el país durante estos tiempos de crisis, la solidaridad, que en otros tiempos críticos para México se había tomado como estandarte y era motivo de orgullo nacional hoy sencillamente no existe, estamos divididos entre “chairos” y “fifís”.

Estamos entre quienes creen que el virus es una farsa, otros tomando todas las medidas de prevención u apostando a la confabulación genocida más grande en la historia de la humanidad, ni eso, ni el “homicidio doloso” en hospitales merece ser considerado, pero refleja parte del momento psicológico de algunos sectores de la población.

Lo anterior resulta de la guerra por el poder, a nadie le importó mantener condiciones homogéneas para buscar la estabilidad social necesaria hacia un ambiente sólido antes de enfrentar la crisis.

La pandemia ha expuesto fracturas de nuestra sociedad, los mezquinos tiran antifaces y se lanzan al unísono, todos contra todos en busca de sus objetivos personales; en la semana hubo descalificaciones contra la estrategia que el gobierno federal.

Atestiguamos la “resurrección” de actores políticos más por un necesario relevo que por convicción verdadera, tuvimos por ejemplo al exsecretario de salud, el priísta José Narro, asumiéndose por decreto personal como poseedor de la realidad y con la amnesia necesaria para lanzar una descalificación a los dichos y cifras de López-Gatell.

Así, los Lozano, los Calderón, se han sentado en la banca como otros para tomar un respiro, mientras la figura de Narro toma la titularidad antes del desgaste normal; el ex rector afirma que México no estaba preparado para enfrentar la pandemia, pero sería bueno saber cuántos países lo estaban, eso no lo mencionó, como también olvidó decir si durante su paso por la Secretaría de Salud si estuvimos listos.

Mientras eso pasa, AMLO afirma que la 4T avanza decidida, pero no percibe pasos tambaleantes tras los problemas en el talón que un padecimiento llamado Barttlet ocasiona.

Urge una tregua, los amotinamientos a mitad de la tormenta nunca han tenido un final feliz, quienes manejan los destinos de este país deben enfundar sus armas por el bien colectivo, ya habrá tiempo para culpar al neoliberalismo de todas las desgracias pasadas o presentes o para formar frentes de agraviados y nostálgicos que busquen presionar el abandono de la silla presidencial para reinstalar modelos más afines, esta semana viene un nuevo plan de reactivación económica, esperemos sea el bueno.

Hoy, cuando nos asomamos a la calle y vemos miles de personas que no respetan el distanciamiento y salen sin una necesidad real o perturbados que atacan física y verbalmente al personal médico, reflexionamos si es producto de la desinformación, del encono y la descalificación.

La resiliencia de la que México ha demostrado ser capaz a través de su historia se encuentra en su momento más incierto, hoy quise solo escribir sobre esa necesaria cordura, la polarización en nuestro país ha demostrado tener una tasa de reproducción mucho más elevada que el coronavirus, estamos en tiempos de pestilencia politiquera y es necesario ver las banderas blancas ondeando en el panorama nacional, eso podría representar vidas humanas ¿valdrá la pena?

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