/ lunes 10 de octubre de 2022

Lo prometido: El Manifiesto de Zapata (I)

Pero antes, permítanme una corrección por el respeto que me merecen queridos lectores. Aclaro: Los restos que se encontraron en la caja de madera que llevaba en una placa el nombre de Mariano Matamoros, biológicamente y de acuerdo a la información que se dio al momento de abrirla en 2010, eran los restos de una mujer.

Y de tenerse la certeza que fueran los del héroe, la palabra correcta para definirlo sería transgénero, no transexual. Pero reitero, si Matamoros fue mujer, ya lo trataremos en otros artículos con más investigación. Lo importante es que: Hombre o Mujer, fue un gran personaje de la Independencia de México que mereció todos los homenajes que se le hicieron. Y ahora sí, les escribiré el texto del manifiesto que el 25 de abril de 1918, el General Emiliano Zapata firmó un año antes de morir y que lo rescató de Londres para devolverlo a Morelos, el entonces gobernador, General Jorge Carrillo Olea en 1998. Y como aún, desde esa fecha no se ha hecho público su contenido y dado que dos buenos amigos me dieron sendas copias del original, lo comparto con ustedes en dos partes para pasarlo íntegro por este medio. Va la primera parte:

Manifiesto de Zapata a los mexicanos.

“Estrechamente unidos por el ideal común y por la necesidad de conservar incólume los principios, amenazados de muerte por la tiranía de Carranza, no menos que por las asechanzas e intrigas de la reacción; creemos que el primero y el más alto de nuestros deberes es corresponder a la confianza que el pueblo mexicano ha depositado en nosotros, al encomendar a nuestras armas la defensa de sus libertades y el logro efectivo de sus reivindicaciones. Ha llegado, por lo mismo, el momento de formular ante él nuestra profesión, clara y precisa, y de hacer franca manifestación de nuestros anhelos y de nuestros propósitos. ¿A dónde va la Revolución? ¿Qué se proponen los hijos de los pueblos levantados en armas? La Revolución se propone: redimir a la raza indígena, devolviéndole sus tierras, y por lo mismo, su libertad; conseguir que el trabajador de los campos, el actual esclavo de las haciendas, se convierta en hombre libre y dueño de sus destinos por medio de la pequeña propiedad; mejorar la condición económica, intelectual y moral del obrero de las ciudades, protegiéndolo contra la opresión del capitalista; abolir la dictadura y conquistar amplias y efectivas libertades políticas para el pueblo mexicano. Tal es en esencia el programa de la Revolución; pero para desarrollarlo, para fijar puntos de detalle, para obtener la solución adecuada a cada problema y para no olvidar las condiciones especiales de ciertas comarcas o las peculiares necesidades de determinados grupos de habitantes, es preciso contar con el acuerdo de todos los revolucionarios del país y conocer la opinión de cada uno de ellos. En cada región del país se hacen sentir necesidades especiales y para cada una de aquellas hay y debe de haber soluciones adaptables a las condiciones propias del medio. Por eso no intentamos el absurdo de imponer un criterio fijo y uniforme sino que al pretender la mejoría de condición para el indio y para el proletariado -aspiración suprema de la Revolución-, queremos que los jefes que representen los diversos estados o comarcas de la República, se hagan intérpretes de los deseos, de las necesidades y de las aspiraciones de la colectividad respectiva, y de esta suerte, mediante una mutua y fraternal comunicación de ideas, se elabore el programa de la Revolución, en el que estén condensados los anhelos de todos, previstas y satisfechas las necesidades locales y asentado sólidamente el cimiento para la reconstrucción de nuestra nacionalidad.

A la inversa de Carranza que ha impuesto su arbitrariedad y su personalidad mezquina sobre la conciencia revolucionaria, nosotros pretendemos que ésta sea la que haga valer, la que impere, la que regule y domine los dominios de la patria, ante la cual desaparezcan las pequeñas ambiciones y los bastardos intereses. Y para evitar que una nueva facción exclusivista o nuevos personajes absorbentes ejerzan preponderancia o influencia excesiva sobre el resto de la Revolución, hemos acordado adoptar el siguiente procedimiento de aplicación fácil y sencilla: - al ocupar las fuerzas revolucionarias la capital de la República se celebrará una junta a la que concurrirán los jefes revolucionarios de todo el país, sin distinción de facciones o banderías. En esa junta se cambiarán impresiones, harán valer su opinión todos los revolucionarios y cada cual manifestará cuáles son sus especiales aspiraciones y cuáles las necesidades propias de la región en que opere…”.

Y hasta el próximo lunes.


Pero antes, permítanme una corrección por el respeto que me merecen queridos lectores. Aclaro: Los restos que se encontraron en la caja de madera que llevaba en una placa el nombre de Mariano Matamoros, biológicamente y de acuerdo a la información que se dio al momento de abrirla en 2010, eran los restos de una mujer.

Y de tenerse la certeza que fueran los del héroe, la palabra correcta para definirlo sería transgénero, no transexual. Pero reitero, si Matamoros fue mujer, ya lo trataremos en otros artículos con más investigación. Lo importante es que: Hombre o Mujer, fue un gran personaje de la Independencia de México que mereció todos los homenajes que se le hicieron. Y ahora sí, les escribiré el texto del manifiesto que el 25 de abril de 1918, el General Emiliano Zapata firmó un año antes de morir y que lo rescató de Londres para devolverlo a Morelos, el entonces gobernador, General Jorge Carrillo Olea en 1998. Y como aún, desde esa fecha no se ha hecho público su contenido y dado que dos buenos amigos me dieron sendas copias del original, lo comparto con ustedes en dos partes para pasarlo íntegro por este medio. Va la primera parte:

Manifiesto de Zapata a los mexicanos.

“Estrechamente unidos por el ideal común y por la necesidad de conservar incólume los principios, amenazados de muerte por la tiranía de Carranza, no menos que por las asechanzas e intrigas de la reacción; creemos que el primero y el más alto de nuestros deberes es corresponder a la confianza que el pueblo mexicano ha depositado en nosotros, al encomendar a nuestras armas la defensa de sus libertades y el logro efectivo de sus reivindicaciones. Ha llegado, por lo mismo, el momento de formular ante él nuestra profesión, clara y precisa, y de hacer franca manifestación de nuestros anhelos y de nuestros propósitos. ¿A dónde va la Revolución? ¿Qué se proponen los hijos de los pueblos levantados en armas? La Revolución se propone: redimir a la raza indígena, devolviéndole sus tierras, y por lo mismo, su libertad; conseguir que el trabajador de los campos, el actual esclavo de las haciendas, se convierta en hombre libre y dueño de sus destinos por medio de la pequeña propiedad; mejorar la condición económica, intelectual y moral del obrero de las ciudades, protegiéndolo contra la opresión del capitalista; abolir la dictadura y conquistar amplias y efectivas libertades políticas para el pueblo mexicano. Tal es en esencia el programa de la Revolución; pero para desarrollarlo, para fijar puntos de detalle, para obtener la solución adecuada a cada problema y para no olvidar las condiciones especiales de ciertas comarcas o las peculiares necesidades de determinados grupos de habitantes, es preciso contar con el acuerdo de todos los revolucionarios del país y conocer la opinión de cada uno de ellos. En cada región del país se hacen sentir necesidades especiales y para cada una de aquellas hay y debe de haber soluciones adaptables a las condiciones propias del medio. Por eso no intentamos el absurdo de imponer un criterio fijo y uniforme sino que al pretender la mejoría de condición para el indio y para el proletariado -aspiración suprema de la Revolución-, queremos que los jefes que representen los diversos estados o comarcas de la República, se hagan intérpretes de los deseos, de las necesidades y de las aspiraciones de la colectividad respectiva, y de esta suerte, mediante una mutua y fraternal comunicación de ideas, se elabore el programa de la Revolución, en el que estén condensados los anhelos de todos, previstas y satisfechas las necesidades locales y asentado sólidamente el cimiento para la reconstrucción de nuestra nacionalidad.

A la inversa de Carranza que ha impuesto su arbitrariedad y su personalidad mezquina sobre la conciencia revolucionaria, nosotros pretendemos que ésta sea la que haga valer, la que impere, la que regule y domine los dominios de la patria, ante la cual desaparezcan las pequeñas ambiciones y los bastardos intereses. Y para evitar que una nueva facción exclusivista o nuevos personajes absorbentes ejerzan preponderancia o influencia excesiva sobre el resto de la Revolución, hemos acordado adoptar el siguiente procedimiento de aplicación fácil y sencilla: - al ocupar las fuerzas revolucionarias la capital de la República se celebrará una junta a la que concurrirán los jefes revolucionarios de todo el país, sin distinción de facciones o banderías. En esa junta se cambiarán impresiones, harán valer su opinión todos los revolucionarios y cada cual manifestará cuáles son sus especiales aspiraciones y cuáles las necesidades propias de la región en que opere…”.

Y hasta el próximo lunes.