/ jueves 16 de abril de 2020

El Pacto por Morelos en el futuro inmediato

Poco a poco, durante los últimos días encontramos más noticias, opiniones y decisiones institucionales que abordan las preocupaciones de lo que será el postCOVID-19.

Todos aceptamos que la realidad nos rebasó; la contingencia pasó por encima de nuestras capacidades institucionales y prácticas sociales. Mucho de lo que aún seguimos discutiendo es la forma como se previeron y se tomaron las decisiones en el pasado.

En otro plano, el presente, todos los días recibimos información de cómo actúan las personas y nuestras instituciones en la cotidianidad para atender sus necesidades o resolver sus problemas. La realidad nos muestra la multiplicidad de aspectos del quehacer humano, que deben combinarse de forma yuxtapuesta a las indicaciones de esta contingencia.

Mucho del pasado sigue latente en el presente, vamos y venimos para reconfigurarlo y adaptarlo porque en las decisiones que se han tomado se observa la carga cultural y nuestras creencias, pero también la incompetencia y la omisión institucional.

Todos hemos seguido las recomendaciones de nuestras autoridades (independientemente del nivel) y hemos tenido que reordenar nuestras prioridades en el presente y las del futuro inmediato; por eso exigimos información, responsabilidad y certeza de las instituciones.

Sólo por mencionar el aspecto de la salud pública, ahora mismo hay autoridades que se comienzan a preparar para la siguiente fase: reconvirtiendo hospitales, contratando personal médico, comprando bolsas para cadáveres e indagando sobre la capacidad de los panteones.

Mientras tanto, observamos que el gobierno del estado de Morelos ha llegado tarde todo el tiempo por falta de liderazgo y la contingencia hace más dramática esta situación. Por ejemplo: nuestro proceso de reconversión de hospitales fue un montaje publicitario; nuestra provisión de insumos médicos o la elaboración de protocolos es inexistente en los hospitales del sector salud; y los planes de apoyo económico son diseñados sin entender el problema de la contingencia. Así podríamos continuar…

Lanzar un “Pacto por Morelos” desde el Gobierno implica un compromiso serio que parta de verdaderos esfuerzos por reconocer los errores cometidos y los que siguen cometiendo. No es honesto lanzar un llamado a los demás, cuando quien lo lanza ha sido parte de los malos resultados.

Recién acaba de recomendar el FMI que México debería aplicar una “política fiscal agresiva en la emergencia que facilite una recuperación más rápida”, pero honestamente yo no estaría a favor de que ocurriera esto en Morelos, cuando existen serias sospechas de quiénes se benefician realmente de los recursos públicos del Estado.

La misma Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) ha señalado al corazón del gobierno estatal como beneficiario, a pesar de que nos dijeron en repetidas ocasiones “no les voy a fallar”.

Personas, familias e instituciones hemos adaptado nuestras prácticas sociales alrededor de una sola causa: cuidar nuestra vida y de forma paralela, preservar la continuidad de todo lo que ello implica en nuestra salud, alimentación, educación, ingresos, empleo y seguridad.

Para mirar hacia delante debemos reconciliarnos con el pasado cercano, lo que implica que la autoridad debe decir la verdad y reconocer todas omisiones hasta ahora cometidas, ya que de lo que se trata es mejorar nuestras capacidades institucionales.

Hablar del futuro inmediato cada vez se vuelve más común y necesario.


Twitter/Facebook: @CzarArenas

Poco a poco, durante los últimos días encontramos más noticias, opiniones y decisiones institucionales que abordan las preocupaciones de lo que será el postCOVID-19.

Todos aceptamos que la realidad nos rebasó; la contingencia pasó por encima de nuestras capacidades institucionales y prácticas sociales. Mucho de lo que aún seguimos discutiendo es la forma como se previeron y se tomaron las decisiones en el pasado.

En otro plano, el presente, todos los días recibimos información de cómo actúan las personas y nuestras instituciones en la cotidianidad para atender sus necesidades o resolver sus problemas. La realidad nos muestra la multiplicidad de aspectos del quehacer humano, que deben combinarse de forma yuxtapuesta a las indicaciones de esta contingencia.

Mucho del pasado sigue latente en el presente, vamos y venimos para reconfigurarlo y adaptarlo porque en las decisiones que se han tomado se observa la carga cultural y nuestras creencias, pero también la incompetencia y la omisión institucional.

Todos hemos seguido las recomendaciones de nuestras autoridades (independientemente del nivel) y hemos tenido que reordenar nuestras prioridades en el presente y las del futuro inmediato; por eso exigimos información, responsabilidad y certeza de las instituciones.

Sólo por mencionar el aspecto de la salud pública, ahora mismo hay autoridades que se comienzan a preparar para la siguiente fase: reconvirtiendo hospitales, contratando personal médico, comprando bolsas para cadáveres e indagando sobre la capacidad de los panteones.

Mientras tanto, observamos que el gobierno del estado de Morelos ha llegado tarde todo el tiempo por falta de liderazgo y la contingencia hace más dramática esta situación. Por ejemplo: nuestro proceso de reconversión de hospitales fue un montaje publicitario; nuestra provisión de insumos médicos o la elaboración de protocolos es inexistente en los hospitales del sector salud; y los planes de apoyo económico son diseñados sin entender el problema de la contingencia. Así podríamos continuar…

Lanzar un “Pacto por Morelos” desde el Gobierno implica un compromiso serio que parta de verdaderos esfuerzos por reconocer los errores cometidos y los que siguen cometiendo. No es honesto lanzar un llamado a los demás, cuando quien lo lanza ha sido parte de los malos resultados.

Recién acaba de recomendar el FMI que México debería aplicar una “política fiscal agresiva en la emergencia que facilite una recuperación más rápida”, pero honestamente yo no estaría a favor de que ocurriera esto en Morelos, cuando existen serias sospechas de quiénes se benefician realmente de los recursos públicos del Estado.

La misma Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) ha señalado al corazón del gobierno estatal como beneficiario, a pesar de que nos dijeron en repetidas ocasiones “no les voy a fallar”.

Personas, familias e instituciones hemos adaptado nuestras prácticas sociales alrededor de una sola causa: cuidar nuestra vida y de forma paralela, preservar la continuidad de todo lo que ello implica en nuestra salud, alimentación, educación, ingresos, empleo y seguridad.

Para mirar hacia delante debemos reconciliarnos con el pasado cercano, lo que implica que la autoridad debe decir la verdad y reconocer todas omisiones hasta ahora cometidas, ya que de lo que se trata es mejorar nuestras capacidades institucionales.

Hablar del futuro inmediato cada vez se vuelve más común y necesario.


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