/ lunes 11 de mayo de 2020

El derecho a la información durante la pandemia

Para superar la pandemia de Covid-19 requerimos de un insumo igual de importante que los medicamentos y respiradores y es la información veraz y oportuna. Gracias a que tenemos acceso a información de origen científico es que sabemos ahora que por su estructura molecular el coronavirus es sensible al jabón y que basta lavarse las manos con frecuencia para desactivarlo; que se transmite a través de las gotitas de saliva que emiten las personas infectadas al hablar, toser o estornudar y de ahí la importancia de usar cubrebocas; que el virus penetra a través de las mucosas de los ojos, nariz y boca por lo que hay que evitar tocarse la cara con las manos.

Sabemos también que el 80% de los infectados no desarrollará síntomas pero serán un agente incontrolable de contagio, por eso la importancia de quedarse en casa. Finalmente, sabemos también que pueden ocurrir otras afectaciones como problemas cardiacos, trombosis y derrames cerebrales por lo que hay que estar muy atentos a síntomas diferentes a los respiratorios.

Además de esta información, que ya es de dominio público, resulta fundamental para nosotros saber cómo se encuentra el contagio en nuestro entorno inmediato. Sin entrar en la discusión si el Modelo Centinela utilizado por el gobierno federal es correcto o no solamente quisiera decir que es eso, un modelo, y que tendrán que realizarse muchos estudios para saber si los datos fueron interpretados correctamente. Sin embargo, esos datos pueden ser tremendamente útiles en este momento si se entregan a la población de manera correcta. Imaginemos que las autoridades nos informan con toda oportunidad de un caso de Covid-19 entre nuestros compañeros de trabajo, entre nuestros familiares o entre nuestros vecinos, con eso nos otorgarían un tiempo muy valioso para cuidarnos.

Actualmente en Morelos contamos de manera diaria con el número de casos confirmados divididos en cuatro categorías: defunciones, recuperados, en aislamiento y en hospitalización. También conocemos la existencia de padecimientos previos en los casos confirmados pero no existe forma de darles seguimiento para saber si fueron relevantes o no para el desenlace del paciente. Igualmente nos informan en qué instituciones se encuentran hospitalizados.

A nivel de municipio solamente contamos con tres datos: casos confirmados, recuperados y defunciones. No existe una base de datos estatal que permita darle seguimiento a los casos ni tampoco elucidar la dinámica de estos parámetros. La base de datos federal, bastante completa y de acceso libre, no se encuentra desagregada por municipio, por lo que es imposible cruzar la información.

La ausencia de información en un formato útil puede detonar en las personas dos comportamientos extremos, diferentes, pero igual de peligrosos. En un extremo se puede generar una psicosis que se exprese en acaparamiento de alimentos o medicamentos y discriminación, rechazo e inclusive violencia contra personas con otras enfermedades diferentes a COVID-19 o contra personal de servicios de salud. En el otro extremo, se puede propagar la impresión de que el riesgo es menor o peor aún, que está controlado, y que eso lleve a las personas a relajar las medidas de cuidado personal. Anoche, por ejemplo, fue necesario suspender una boda en una colonia popular de Cuernavaca que pretendía reunir a 100 personas en pleno pico de la pandemia. Cada una de esas personas, de contagiarse, hubiera contagiado a 406 personas más en los siguientes quince días. Suficiente para colapsar el frágil sistema hospitalario estatal.

Los puntos de mayor riesgo son claros. Los mercados, supermercados y mercados ambulantes así como otros establecimientos esenciales. Igualmente delicado es el transporte público por la dificultad de mantener distanciamiento social. Finalmente, los barrios y colonias populares donde su tejido social ha sido resistente a las implantación de las medidas preventivas. Sin la información de los contagios desagregada a nivel de cuadra o, al menos, de colonia, las personas somos tremendamente vulnerables al contagio, a la enfermedad y a la muerte. Negarnos el derecho a la información útil, veraz y oportuna en medio de la pandemia podría ocasionar un daño irreversible a muchas familias. Cada día que pasa es una oportunidad perdida.


Información adicional de éste y otros temas de interés visiten http://reivindicandoapluton.blogspot.mx

Para superar la pandemia de Covid-19 requerimos de un insumo igual de importante que los medicamentos y respiradores y es la información veraz y oportuna. Gracias a que tenemos acceso a información de origen científico es que sabemos ahora que por su estructura molecular el coronavirus es sensible al jabón y que basta lavarse las manos con frecuencia para desactivarlo; que se transmite a través de las gotitas de saliva que emiten las personas infectadas al hablar, toser o estornudar y de ahí la importancia de usar cubrebocas; que el virus penetra a través de las mucosas de los ojos, nariz y boca por lo que hay que evitar tocarse la cara con las manos.

Sabemos también que el 80% de los infectados no desarrollará síntomas pero serán un agente incontrolable de contagio, por eso la importancia de quedarse en casa. Finalmente, sabemos también que pueden ocurrir otras afectaciones como problemas cardiacos, trombosis y derrames cerebrales por lo que hay que estar muy atentos a síntomas diferentes a los respiratorios.

Además de esta información, que ya es de dominio público, resulta fundamental para nosotros saber cómo se encuentra el contagio en nuestro entorno inmediato. Sin entrar en la discusión si el Modelo Centinela utilizado por el gobierno federal es correcto o no solamente quisiera decir que es eso, un modelo, y que tendrán que realizarse muchos estudios para saber si los datos fueron interpretados correctamente. Sin embargo, esos datos pueden ser tremendamente útiles en este momento si se entregan a la población de manera correcta. Imaginemos que las autoridades nos informan con toda oportunidad de un caso de Covid-19 entre nuestros compañeros de trabajo, entre nuestros familiares o entre nuestros vecinos, con eso nos otorgarían un tiempo muy valioso para cuidarnos.

Actualmente en Morelos contamos de manera diaria con el número de casos confirmados divididos en cuatro categorías: defunciones, recuperados, en aislamiento y en hospitalización. También conocemos la existencia de padecimientos previos en los casos confirmados pero no existe forma de darles seguimiento para saber si fueron relevantes o no para el desenlace del paciente. Igualmente nos informan en qué instituciones se encuentran hospitalizados.

A nivel de municipio solamente contamos con tres datos: casos confirmados, recuperados y defunciones. No existe una base de datos estatal que permita darle seguimiento a los casos ni tampoco elucidar la dinámica de estos parámetros. La base de datos federal, bastante completa y de acceso libre, no se encuentra desagregada por municipio, por lo que es imposible cruzar la información.

La ausencia de información en un formato útil puede detonar en las personas dos comportamientos extremos, diferentes, pero igual de peligrosos. En un extremo se puede generar una psicosis que se exprese en acaparamiento de alimentos o medicamentos y discriminación, rechazo e inclusive violencia contra personas con otras enfermedades diferentes a COVID-19 o contra personal de servicios de salud. En el otro extremo, se puede propagar la impresión de que el riesgo es menor o peor aún, que está controlado, y que eso lleve a las personas a relajar las medidas de cuidado personal. Anoche, por ejemplo, fue necesario suspender una boda en una colonia popular de Cuernavaca que pretendía reunir a 100 personas en pleno pico de la pandemia. Cada una de esas personas, de contagiarse, hubiera contagiado a 406 personas más en los siguientes quince días. Suficiente para colapsar el frágil sistema hospitalario estatal.

Los puntos de mayor riesgo son claros. Los mercados, supermercados y mercados ambulantes así como otros establecimientos esenciales. Igualmente delicado es el transporte público por la dificultad de mantener distanciamiento social. Finalmente, los barrios y colonias populares donde su tejido social ha sido resistente a las implantación de las medidas preventivas. Sin la información de los contagios desagregada a nivel de cuadra o, al menos, de colonia, las personas somos tremendamente vulnerables al contagio, a la enfermedad y a la muerte. Negarnos el derecho a la información útil, veraz y oportuna en medio de la pandemia podría ocasionar un daño irreversible a muchas familias. Cada día que pasa es una oportunidad perdida.


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