/ domingo 17 de octubre de 2021

Bien por la biotecnología, mal por la política

Hace apenas un año se publicaban los resultados de las pruebas clínicas de lo que serían las primeras vacunas contra Covid-19. La batalla era cerrada. Por un lado China apostaba a una vacuna convencional basada en el virus desactivado mientras que Estados Unidos y Alemania apostaban a una tecnología prometedora pero nunca antes probada, las plataformas de ARN mensajero. El resto de los países, incluyendo México, optaron por desarrollar tecnologías intermedias que van desde la producción de fragmentos del virus hasta la de partículas virales recombinantes.

Tan solo doce meses después, se han aplicado más de 6 mil millones de dosis de vacunas en todo el mundo con 47.5% de la población mundial con al menos una dosis.

Una vez pasados los primeros meses de consternación mundial, las capacidades de producción de medicamentos, dispositivos e insumos así como de vacunas concentradas en los países con mayor fuerza económica se dirigieron a satisfacer la demanda interna, de tal suerte que a la fecha el 75% de las vacunas aplicadas ha sido en países de ingresos altos y medios altos, incluyendo México, mientras que los países de más bajo recursos han recibido solamente el 0.41% del total.

Esto se debe a una variedad de factores. Desde el punto de vista tecnológico, desafortunadamente no se ha logrado desarrollar una vacuna efectiva que tolere almacenamiento a temperatura ambiente, por el contrario, la mayoría de las vacunas en el mercado requieren ultra baja congelación, una condición costosa y de difícil implementación en zonas de alta marginación.

A esto se suma la dificultad encontrada por la Organización de las Naciones Unidas para que los países productores destinen una proporción suficiente de la producción de vacunas para distribución gratuita en países de bajos recursos a través del mecanismo COVAX. En consecuencia, 112 países no han vacunado ni al 20% de su población.

Es en este contexto que la Organización Mundial de la Salud ha emitido una serie de declaraciones que han sido mal interpretadas por diferentes autoridades con respecto a la aplicación de refuerzos y a la vacunación de menores de edad.

Todas las vacunas, incluyendo las de Covid-19, ven disminuida de manera natural su capacidad de protección con el tiempo por lo que con cierta frecuencia requerirán la aplicación de refuerzos para mantener la cobertura mínima necesaria en la población. En el caso de Covid-19 los estudios sobre la duración de la inmunidad , tanto natural por infección como artificial por la aplicación de vacunas, se encuentra todavía en curso. Sin embargo, parece que no será de largo plazo y algunos países han comenzado a aplicar refuerzos en su población, particularmente en personas de edad avanzada o con padecimientos de alto riesgo.

Algunos han ido todavía más allá, aplicando dosis de refuerzo a la población abierta, entre estos se encuentran Israel, Uruguay, Chile, Islandia, y Turquía.

Por otro lado, para alcanzar la inmunidad de rebaño se debe alcanzar una cobertura mínima del 80% y eso se logra solamente vacunando menores de edad. Al momento, hay un par de vacunas aprobadas para su aplicación en el grupo de edad de 12 a 18 y al menos una de ellas ya solicitó la aprobación de emergencia para el grupo de 5 a 12 años. Mientras tanto, los estudios clínicos para población entre 6 meses y 5 años se encuentran en curso y publicarán resultados en las próximas semanas.

Retomando, la postura de la OMS como una organización multinacional ha sido la concientización de los países productores de vacunas para que, antes de incurrir en campañas masivas de aplicación de refuerzos o de aplicación a menores de edad, colaboren donando vacunas al mecanismo COVAX de forma que la disparidad en cobertura mínima de protección se reduzca a niveles aceptables.

Esto no implica de ninguna manera que la OMS no recomiende estas prácticas sino que, de manera responsable, nos hacer ver que la pandemia es global y que mientras que no se controle la tasa de transmisión del virus a nivel mundial seguiremos en riesgo.

La situación actual es sin duda un éxito para la biotecnología pero una asignatura pendiente para la política.

Para información adicional de éste y otros temas de interés visiten http://reivindicandoapluton.blogspot.mx o https://www.facebook.com/BValderramaB/

Hace apenas un año se publicaban los resultados de las pruebas clínicas de lo que serían las primeras vacunas contra Covid-19. La batalla era cerrada. Por un lado China apostaba a una vacuna convencional basada en el virus desactivado mientras que Estados Unidos y Alemania apostaban a una tecnología prometedora pero nunca antes probada, las plataformas de ARN mensajero. El resto de los países, incluyendo México, optaron por desarrollar tecnologías intermedias que van desde la producción de fragmentos del virus hasta la de partículas virales recombinantes.

Tan solo doce meses después, se han aplicado más de 6 mil millones de dosis de vacunas en todo el mundo con 47.5% de la población mundial con al menos una dosis.

Una vez pasados los primeros meses de consternación mundial, las capacidades de producción de medicamentos, dispositivos e insumos así como de vacunas concentradas en los países con mayor fuerza económica se dirigieron a satisfacer la demanda interna, de tal suerte que a la fecha el 75% de las vacunas aplicadas ha sido en países de ingresos altos y medios altos, incluyendo México, mientras que los países de más bajo recursos han recibido solamente el 0.41% del total.

Esto se debe a una variedad de factores. Desde el punto de vista tecnológico, desafortunadamente no se ha logrado desarrollar una vacuna efectiva que tolere almacenamiento a temperatura ambiente, por el contrario, la mayoría de las vacunas en el mercado requieren ultra baja congelación, una condición costosa y de difícil implementación en zonas de alta marginación.

A esto se suma la dificultad encontrada por la Organización de las Naciones Unidas para que los países productores destinen una proporción suficiente de la producción de vacunas para distribución gratuita en países de bajos recursos a través del mecanismo COVAX. En consecuencia, 112 países no han vacunado ni al 20% de su población.

Es en este contexto que la Organización Mundial de la Salud ha emitido una serie de declaraciones que han sido mal interpretadas por diferentes autoridades con respecto a la aplicación de refuerzos y a la vacunación de menores de edad.

Todas las vacunas, incluyendo las de Covid-19, ven disminuida de manera natural su capacidad de protección con el tiempo por lo que con cierta frecuencia requerirán la aplicación de refuerzos para mantener la cobertura mínima necesaria en la población. En el caso de Covid-19 los estudios sobre la duración de la inmunidad , tanto natural por infección como artificial por la aplicación de vacunas, se encuentra todavía en curso. Sin embargo, parece que no será de largo plazo y algunos países han comenzado a aplicar refuerzos en su población, particularmente en personas de edad avanzada o con padecimientos de alto riesgo.

Algunos han ido todavía más allá, aplicando dosis de refuerzo a la población abierta, entre estos se encuentran Israel, Uruguay, Chile, Islandia, y Turquía.

Por otro lado, para alcanzar la inmunidad de rebaño se debe alcanzar una cobertura mínima del 80% y eso se logra solamente vacunando menores de edad. Al momento, hay un par de vacunas aprobadas para su aplicación en el grupo de edad de 12 a 18 y al menos una de ellas ya solicitó la aprobación de emergencia para el grupo de 5 a 12 años. Mientras tanto, los estudios clínicos para población entre 6 meses y 5 años se encuentran en curso y publicarán resultados en las próximas semanas.

Retomando, la postura de la OMS como una organización multinacional ha sido la concientización de los países productores de vacunas para que, antes de incurrir en campañas masivas de aplicación de refuerzos o de aplicación a menores de edad, colaboren donando vacunas al mecanismo COVAX de forma que la disparidad en cobertura mínima de protección se reduzca a niveles aceptables.

Esto no implica de ninguna manera que la OMS no recomiende estas prácticas sino que, de manera responsable, nos hacer ver que la pandemia es global y que mientras que no se controle la tasa de transmisión del virus a nivel mundial seguiremos en riesgo.

La situación actual es sin duda un éxito para la biotecnología pero una asignatura pendiente para la política.

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