Regreso a las aulas no es suficiente: UAEM

El retraso cognitivo y social que enfrentaron los menores durante el confinamiento se verá reflejado en la vida adulta

Katy Cárdenas | El Sol de Cuernavaca

  · domingo 23 de enero de 2022

La escuela fomenta al alumnado la resiliencia, empatía y otros valores para que se sientan en confianza / Agencia | Cuartoscuro

Al conmemorarse el Día Internacional de la Educación este 24 de enero, la investigadora del Centro de Investigación Transdisciplinar en Psicología de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM), Doris Castellanos Simons, reconoció que el encierro forzado que obligó la pandemia a niñas, niños y adolescentes y que los envió a las clases a distancia, trajo como consecuencia un retraso en el desarrollo no solo cognitivo de los menores, sino también en materia de socialización que podría verse reflejados al ser fenómenos complejos y no siempre se dará de la misma forma.

El regreso a las clases presenciales no basta para recuperar a los menores, sino la implementación de un programa de bienestar integral de los estudiantes, en donde docentes, orientadores, y toda la comunidad escolar se conviertan en escuchas y receptores que abonen a la salud mental de estos. Destacó que esta etapa implica un gran desafío que no será imposible, ya que no es válido decir que los menores no aprendieron nada, al contrario.

“Todos los estudios que se han desarrollado en 2020 y 2021, sí están alertando sobre la problemáticas relacionadas con el bienestar emocional de los niños y adolescentes, y todo eso por supuesto afectando también todo el desarrollo de habilidades académicas, aprendizaje formal. Todo esto ha dependido de varios factores, como la etapa del desarrollo, las edades, han tenido impacto diferente en sus edades; otro aspecto tiene mucho que ver con la situación socioeconómica, social y cultura”.

Relató que la UAEM y un conjunto de investigadores del Centro Trasdisciplinar en Psicología, realizaron estudios en más de 700 personas, entre ellos personas con con residencia en Cuernavaca, Jiutepec y Cuautla.

La salud mental de los menores fue alterada también por la recomposición que sufrieron las familias, nuevas asignaciones de roles, la pérdida de empleo de algunos integrantes, algunos padres que pudieron o no quedarse en sus casas, y la forma en que los adultos lidiaron con el estrés, ansiedad y depresión durante la pandemia.

Las manifestaciones en menores derivado de todo ello, se dio en forma de estados de ánimo ambivalentes, ansiedad, tristeza, depresión, estados de ánimo negativos, llanto frecuente, de lado contrario están aquellos en los que sus padres manifestaron que sus hijos no dejaron de ser felices.

“Los padres reportan muchas veces problemas de atención, de concentración en las tareas del aprendizaje, problemáticas de la memoria, en general se reporta una interrupción en el desarrollo de muchas habilidades cognitivas, muchas habilidades del aprendizaje, y toda esta problemática relacionada con la motivación, pérdida de motivación por aprender, de seguir las clases desde esa nueva modalidad, la imposibilidad de los padres por apoyar en este sentido a los hijos”.

Otro de las interrupciones que marcaron a los menores fue en el desarrollo social, pues en los más pequeños, que en su caso son los mismos “muchos padres te dicen es que él o ella es un bebé pandemia”, se observa un retraso en la interacción social, retraso en habilidades de juego.

La experta en psicología infantil en la educación, dijo que los menores registraron cambios en su vida ordinaria como alteraciones de sueño, insomnio, pesadillas, miedo a la hora de dormir; alteraciones en horarios de rutina, hábitos de alimentación, falta de actividad física, algunos comieron más otros menos; exposición al consumo de sustancias adictivas, a la violencia, a las pantallas y su dependencia a ellos; cambio de comportamientos, conductas regresivas, negación de retomar sus actividades académicas.

La resiliencia, como la capacidad para desarrollar habilidades y recursos de resiliencia, es algo que no todas las niñas, niños y adolescentes desarrollarán, dependerá mucho de su entorno el que la mayoría retomen su vida normal, pero habrá otros que podrían mostrar problemas de conducta. Algunos menores traerán consigo nuevas habilidades.

“En el estudio los padres de familia expresan que implementaron estrategias emergentes como gestiones lúdicas en familia, ver películas, involucraron a los menores en tareas del hogar como jardinería, manualidades, labores domésticas; momentos en el día para facilitar la expresión”, pero no todas lo llevaron a cabo, y otros incluso solicitaron apoyo de profesionales.

Apeló a que en las escuelas se lleven a cabo procesos de diagnósticos oportunos, periodos de adaptación, maestros que observen con mayor atención la salud mental de los menores.

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