/ martes 9 de febrero de 2021

"Esencia del Alma", la satisfacción de ayudar a los más necesitados

Desde 2016, esta asociación civil ha buscado apoyar a las familias que viven en las zonas de mayor marginación de Cuautla y la región

Jacqueline era muy joven cuando supo lo que era ayudar a los demás. Lo supo a través de sus padres: cada ocho días, sus papás iban al zócalo de la ciudad, frente a la iglesia de Santiago Apóstol, y repartían comida entre la gente que pasaba por ahí. Después, visitaba la cárcel municipal, ubicada en esa época a solo unos metros, y entregaba alimento a quien se encontrara ahí. Cada ocho días, durante cinco años, Jacqueline acompañó a sus padres en estas jornadas.

Desde entonces, ha colaborado con instituciones públicas y particulares de carácter altruista. De 2014 a 2016 fue presidenta de la delegación cuautlense de la Cruz Roja Mexicana, una experiencia que volvió a dejar huella.

“Los principios de Henri Dunant (fundador de la Cruz Roja) te dejan tatuada, ahora son parte de mí”, reconoce.

Esencia del alma

Actualmente, Jacqueline Jiménez Longar está al frente de la asociación civil Esencia del Alma, fundada con la convicción de seguir apoyando a quienes lo necesitan. Desde la sede de la agrupación, ubicada en la colonia Cinco de febrero, las fundadoras se encargan de la búsqueda, administración y entrega de ropa que donan otros cuautlenses, así como la organización de talleres de autoempleo y la gestión de apoyos funcionales ante instancias gubernamentales.

“Lo que motivó la creación de Esencia del alma fue la unión de cinco mujeres que tenemos el mismo fin, pero queríamos ser reconocidas legalmente, porque todas hemos trabajado hacia el bien común en diferentes instancias e instituciones, pero nos unimos para tener una misma finalidad: ayudar a las personas que más lo necesitan, muchas veces con nuestros propios recursos, porque no tenemos ningún padrino”, explica Jacqueline.

En 2016, Jacqueline, Karina, María del Rosario, Laura y María Eugenia empezaron las labores de Esencia del alma, un proyecto benéfico que se ha esforzado por conservar el carácter altruista por encima de cualquier otro aspecto, algo que no siempre es fácil. Muchas veces, las asociaciones civiles se convierten en un escalón para quienes desean destacar y aspirar más tarde a un puesto de gobierno, lo que ha generado que se desconfíe de su trabajo. Este equipo, sin embargo, ha logrado demostrar lo contrario: que no se necesita estar en el gobierno para responder a las necesidades de la gente.

“Si el gobierno y la sociedad trabajamos de la mano vamos a llegar donde ellos no, porque podemos ser una extensión de ellos”, afirma Jiménez Longar.

En cinco años, el equipo ha visto los resultados de las acciones que se pueden generar cuando existe coordinación entre instancias gubernamentales y sociedad civil. Para ellas, se ha tratado de adentrarse a aquellas zonas de la región que pocos han pisado, que sólo unos cuantos saben de su existencia y que la gente vive ahí en condiciones de alta marginación.

“Hay colonias muy marginadas y olvidadas, y es ahí donde nosotras vamos. Después nos hablan, nos preguntan si tenemos más ropa. A veces volvemos a ir, a veces ellos vienen. Gracias a Dios, hemos tenido buena comunicación con todos los ayudantes municipales. Hemos repartido juguetes el Día del Niño, hemos entregado comida, despensas. Cuando nos preguntan qué ganamos, es la satisfacción de ayudar a la gente”, dice Rosario Longar.

Las fundadoras se encargan de la búsqueda, administración y entrega de ropa que donan otros cuautlenses.

Haciendo frente a la pandemia

En cinco años de historia, con muchas ganas de trabajar, Esencia del alma tuvo que detener parcialmente sus actividades a causa de la pandemia del Covid-19. Ha sido una temporada difícil, pero en la que el trabajo ha continuado ajustándose a las disposiciones de la nueva normalidad. De mayo a julio, el grupo logró entregar cerca de tres mil prendas de ropa en varias comunidades de la zona. Sin embargo, el comedor comunitario, que beneficiaba a unas treinta personas, tuvo que cerrar.

“Al principio nos costó mucho trabajo cerrar el comedor comunitario, porque las personas se quedaron sin recibir sus alimentos durante cinco, seis meses. Lo que más nos ha dolido es eso, pero también aprovechamos para hacer el cambio de instalaciones y para donar la ropa que entregamos. Se dice fácil, pero era como la repartición de los panes, porque parecía que no se terminaba: sacábamos y sacábamos y se volvía a reproducir”, recuerda Jacqueline.

No es que se sufra haciéndolo. De hecho, es un trabajo en el que, cuando hacen falta manos, han buscado involucrar a sus familias y así expandir el equipo al menos temporalmente.

“Mis hijos ya son grandes y cuando hay alguna entrega que pueda unir los vas integrando, porque a veces sí es difícil que tu familia entienda que te vas a una comunidad donde a lo mejor te puede pasar algo, porque siempre hay un riesgo, así que se vamos integrándolos para que sepan lo que hacemos”, comenta Laura Sanders.

En cierta ocasión, Rosario y Jacqueline acudieron a la localidad de Mixtlalcingo, en el municipio de Yecapixtla y una de las de mayor rezago en la región, para ofrecer su ayuda. En menos de cinco minuto, las mujeres se vieron rodeadas por un grupo de cerca de 20 personas, todos hombres “y no con cara de buenos amigos”, recuerda ella.

“No supimos qué hacer, empezamos el diálogo con el jefe del lugar y preguntaron a qué íbamos. Les dijimos que íbamos a ayudar. Preguntaron por parte de qué partido, de dónde eramos. El caso es que ahorita te puedo decir que esa localidad se llama Nueva Esperanza y somos madrinas del lugar. Hemos buscado apoyarlos, cuando en ese momento pensamos que no saldríamos vivas”, narra.

“Para todas ha sido difícil llegar a las comunidades, pero gracias a los ayudantes municipales hemos podido hacerlo. Se nos ha dificultado a veces por la casa, la familia, pero hemos logrado el objetivo: ayudar, dar de lo que tenemos, que la gente sea apoyada, aunque seguimos necesitamos manos, ropa y juguetes, que ya viene el Día del Niño”, agrega Karina Longar.

Con el semáforo en rojo, las cinco mujeres esperan que la situación de salud en el estado mejore pronto y que las autoridades permitan volver a abrir las puertas del comedor comunitario, así como de poner en marcha otros proyectos sociales. Además, las instalaciones de la asociación serán sede de nuevos talleres implementados en colaboración con el Instituto de Capacitación para el Trabajo del Estado de Morelos.

Asociación Civil

Desde la sede de Esencia del Alma, en la colonia cinco de febrero del municipio de Cuautla, Jaqueline, Karina, María del Rosario, Laura y María Eugenia administran y entregan los apoyos que gestiona esta asociación civil fundada en 2016 como un proyecto altruista que busca ver por quienes nadie ve: la gente que vive en las zonas más marginadas de la región, donde hace falta ropa, alimento y actividades que permitan a sus habitantes mejorar sus condiciones de vida.

Hace cinco años, este grupo de mujeres inició las actividades de una asociación que ha sabido conservar el carácter altruista por encima de cualquier otro aspecto, algo que no siempre es fácil, sobre todo a la hora de mantener limpio un nombre y el interés primigenio de siempre ver por los demás. Como dice su lema: uno no es lo que tiene, sino lo que da.

En este tiempo, el equipo ha visto los resultados de las acciones que se pueden generar cuando existe coordinación entre instancias gubernamentales y sociedad civil. Para ellas, se ha tratado de adentrarse a aquellas zonas de la región que pocos han pisado.

Con muchas ganas de trabajar, Esencia del alma tuvo que detener parcialmente sus actividades a causa de la pandemia del Covid-19. Ha sido una temporada difícil, pero en la que el trabajo ha continuado ajustándose a las disposiciones de la nueva normalidad. De mayo a julio, el grupo logró entregar cerca de tres mil prendas de ropa en varias comunidades de la zona. Pero su comedor comunitario, uno de sus principales proyectos, donde la gente puede conseguir comida a un costo simbólico de 15 pesos, tuvo que cerrar.

Con el semáforo en rojo, las cinco mujeres esperan que la situación de salud en el estado mejore pronto y que las autoridades permitan volver a abrir las puertas del comedor comunitario, así como de poner en marcha otros proyectos sociales. Además, las instalaciones de la asociación serán sede de nuevos talleres implementados en colaboración con el Instituto de Capacitación para el Trabajo del Estado de Morelos.

Jacqueline era muy joven cuando supo lo que era ayudar a los demás. Lo supo a través de sus padres: cada ocho días, sus papás iban al zócalo de la ciudad, frente a la iglesia de Santiago Apóstol, y repartían comida entre la gente que pasaba por ahí. Después, visitaba la cárcel municipal, ubicada en esa época a solo unos metros, y entregaba alimento a quien se encontrara ahí. Cada ocho días, durante cinco años, Jacqueline acompañó a sus padres en estas jornadas.

Desde entonces, ha colaborado con instituciones públicas y particulares de carácter altruista. De 2014 a 2016 fue presidenta de la delegación cuautlense de la Cruz Roja Mexicana, una experiencia que volvió a dejar huella.

“Los principios de Henri Dunant (fundador de la Cruz Roja) te dejan tatuada, ahora son parte de mí”, reconoce.

Esencia del alma

Actualmente, Jacqueline Jiménez Longar está al frente de la asociación civil Esencia del Alma, fundada con la convicción de seguir apoyando a quienes lo necesitan. Desde la sede de la agrupación, ubicada en la colonia Cinco de febrero, las fundadoras se encargan de la búsqueda, administración y entrega de ropa que donan otros cuautlenses, así como la organización de talleres de autoempleo y la gestión de apoyos funcionales ante instancias gubernamentales.

“Lo que motivó la creación de Esencia del alma fue la unión de cinco mujeres que tenemos el mismo fin, pero queríamos ser reconocidas legalmente, porque todas hemos trabajado hacia el bien común en diferentes instancias e instituciones, pero nos unimos para tener una misma finalidad: ayudar a las personas que más lo necesitan, muchas veces con nuestros propios recursos, porque no tenemos ningún padrino”, explica Jacqueline.

En 2016, Jacqueline, Karina, María del Rosario, Laura y María Eugenia empezaron las labores de Esencia del alma, un proyecto benéfico que se ha esforzado por conservar el carácter altruista por encima de cualquier otro aspecto, algo que no siempre es fácil. Muchas veces, las asociaciones civiles se convierten en un escalón para quienes desean destacar y aspirar más tarde a un puesto de gobierno, lo que ha generado que se desconfíe de su trabajo. Este equipo, sin embargo, ha logrado demostrar lo contrario: que no se necesita estar en el gobierno para responder a las necesidades de la gente.

“Si el gobierno y la sociedad trabajamos de la mano vamos a llegar donde ellos no, porque podemos ser una extensión de ellos”, afirma Jiménez Longar.

En cinco años, el equipo ha visto los resultados de las acciones que se pueden generar cuando existe coordinación entre instancias gubernamentales y sociedad civil. Para ellas, se ha tratado de adentrarse a aquellas zonas de la región que pocos han pisado, que sólo unos cuantos saben de su existencia y que la gente vive ahí en condiciones de alta marginación.

“Hay colonias muy marginadas y olvidadas, y es ahí donde nosotras vamos. Después nos hablan, nos preguntan si tenemos más ropa. A veces volvemos a ir, a veces ellos vienen. Gracias a Dios, hemos tenido buena comunicación con todos los ayudantes municipales. Hemos repartido juguetes el Día del Niño, hemos entregado comida, despensas. Cuando nos preguntan qué ganamos, es la satisfacción de ayudar a la gente”, dice Rosario Longar.

Las fundadoras se encargan de la búsqueda, administración y entrega de ropa que donan otros cuautlenses.

Haciendo frente a la pandemia

En cinco años de historia, con muchas ganas de trabajar, Esencia del alma tuvo que detener parcialmente sus actividades a causa de la pandemia del Covid-19. Ha sido una temporada difícil, pero en la que el trabajo ha continuado ajustándose a las disposiciones de la nueva normalidad. De mayo a julio, el grupo logró entregar cerca de tres mil prendas de ropa en varias comunidades de la zona. Sin embargo, el comedor comunitario, que beneficiaba a unas treinta personas, tuvo que cerrar.

“Al principio nos costó mucho trabajo cerrar el comedor comunitario, porque las personas se quedaron sin recibir sus alimentos durante cinco, seis meses. Lo que más nos ha dolido es eso, pero también aprovechamos para hacer el cambio de instalaciones y para donar la ropa que entregamos. Se dice fácil, pero era como la repartición de los panes, porque parecía que no se terminaba: sacábamos y sacábamos y se volvía a reproducir”, recuerda Jacqueline.

No es que se sufra haciéndolo. De hecho, es un trabajo en el que, cuando hacen falta manos, han buscado involucrar a sus familias y así expandir el equipo al menos temporalmente.

“Mis hijos ya son grandes y cuando hay alguna entrega que pueda unir los vas integrando, porque a veces sí es difícil que tu familia entienda que te vas a una comunidad donde a lo mejor te puede pasar algo, porque siempre hay un riesgo, así que se vamos integrándolos para que sepan lo que hacemos”, comenta Laura Sanders.

En cierta ocasión, Rosario y Jacqueline acudieron a la localidad de Mixtlalcingo, en el municipio de Yecapixtla y una de las de mayor rezago en la región, para ofrecer su ayuda. En menos de cinco minuto, las mujeres se vieron rodeadas por un grupo de cerca de 20 personas, todos hombres “y no con cara de buenos amigos”, recuerda ella.

“No supimos qué hacer, empezamos el diálogo con el jefe del lugar y preguntaron a qué íbamos. Les dijimos que íbamos a ayudar. Preguntaron por parte de qué partido, de dónde eramos. El caso es que ahorita te puedo decir que esa localidad se llama Nueva Esperanza y somos madrinas del lugar. Hemos buscado apoyarlos, cuando en ese momento pensamos que no saldríamos vivas”, narra.

“Para todas ha sido difícil llegar a las comunidades, pero gracias a los ayudantes municipales hemos podido hacerlo. Se nos ha dificultado a veces por la casa, la familia, pero hemos logrado el objetivo: ayudar, dar de lo que tenemos, que la gente sea apoyada, aunque seguimos necesitamos manos, ropa y juguetes, que ya viene el Día del Niño”, agrega Karina Longar.

Con el semáforo en rojo, las cinco mujeres esperan que la situación de salud en el estado mejore pronto y que las autoridades permitan volver a abrir las puertas del comedor comunitario, así como de poner en marcha otros proyectos sociales. Además, las instalaciones de la asociación serán sede de nuevos talleres implementados en colaboración con el Instituto de Capacitación para el Trabajo del Estado de Morelos.

Asociación Civil

Desde la sede de Esencia del Alma, en la colonia cinco de febrero del municipio de Cuautla, Jaqueline, Karina, María del Rosario, Laura y María Eugenia administran y entregan los apoyos que gestiona esta asociación civil fundada en 2016 como un proyecto altruista que busca ver por quienes nadie ve: la gente que vive en las zonas más marginadas de la región, donde hace falta ropa, alimento y actividades que permitan a sus habitantes mejorar sus condiciones de vida.

Hace cinco años, este grupo de mujeres inició las actividades de una asociación que ha sabido conservar el carácter altruista por encima de cualquier otro aspecto, algo que no siempre es fácil, sobre todo a la hora de mantener limpio un nombre y el interés primigenio de siempre ver por los demás. Como dice su lema: uno no es lo que tiene, sino lo que da.

En este tiempo, el equipo ha visto los resultados de las acciones que se pueden generar cuando existe coordinación entre instancias gubernamentales y sociedad civil. Para ellas, se ha tratado de adentrarse a aquellas zonas de la región que pocos han pisado.

Con muchas ganas de trabajar, Esencia del alma tuvo que detener parcialmente sus actividades a causa de la pandemia del Covid-19. Ha sido una temporada difícil, pero en la que el trabajo ha continuado ajustándose a las disposiciones de la nueva normalidad. De mayo a julio, el grupo logró entregar cerca de tres mil prendas de ropa en varias comunidades de la zona. Pero su comedor comunitario, uno de sus principales proyectos, donde la gente puede conseguir comida a un costo simbólico de 15 pesos, tuvo que cerrar.

Con el semáforo en rojo, las cinco mujeres esperan que la situación de salud en el estado mejore pronto y que las autoridades permitan volver a abrir las puertas del comedor comunitario, así como de poner en marcha otros proyectos sociales. Además, las instalaciones de la asociación serán sede de nuevos talleres implementados en colaboración con el Instituto de Capacitación para el Trabajo del Estado de Morelos.

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