/ sábado 24 de agosto de 2019

No se enchile… ¡agarre piedras!

Castrando Ando

Lo mío lo mío, son los tacos. Por eso estoy inmerso en una búsqueda permanente de esos sabores, olores y texturas, que inspiren a chuparse los dedos, como la recomendación de esta semana que está de súper lujo.

Ya sé que la babacoa de res es muy común, pero cuando la preparan con cariño, esmero y la complementan con una barra de salsas de otro nivel, ya estamos hablando de los Tacos de Edgar.

Nota al margen: comienzan a sonar las trompetas de “Suavecito” de Laura León. No es jalada, si te la imaginas se antoja más.

Para empezar pide dos con todo, de inmediato vas a escuchar la voz “del Mario” preguntando -nomás porque también es bien castroso- ¿con cilantro y cebolla?, tu acéptale la cortesía, sólo es preámbulo del regaño que te dará unos minutos después.

Con Edgar los tacos son solo surtidos pero eso si, bien light. La carne finamente picada se calienta a vapor, igual que las tortillas que tienen el tamaño ideal: son más grandes que las de pastor y resistentes, para aguantar el embate de la carne, que en cuanto levantan el plástico que la cubre, te inunda con su perfume intenso y sabroso.

En los tacos de Edgar todo está bien higiénico, al grado de que Mario, no duda en regañar a medio mundo, si no toman con la cuchara –de forma apropiada- ya sea los limones, los rábanos o por supuesto las salsas.

Para el momento de pedir los siguientes dos con tocho debes considerar una Casera bien helodia, y quemar las naves con un chorro de limón, un toque de sal y una buena cucharada de picante.

Como en toda buena taquería, entre la variedad de salsas no puede faltar la verde de aguacate, que es básica; una roja picosa y regañona, y como en este caso, la estrella de la noche: una salsita a base de chile manzano y cebolla milimétricamente picados, que me hace hasta doler las orejas.

De entre los tacos de barbacoa hay muchos que están aceptables, pero los de Edgar cumplen con varios de los requisitos básicos de un señor taco: lo primero es el sabor de la carne bañada en un jugo saladito y bien condimentado; después vienen la limpieza y el buen trato, además de que son tacos chonchos, rellenos y por si no fuera suficiente, baratos.

Como no hay quinto malo y ya hasta estas saltando de enchilado, hay que pedir el de salida, que además te da la oportunidad de apreciar los movimientos estudiados y perfeccionados de Edgar para servir unos de los mejores tacos de barbacha y escuchar cuando se alburea al Mario que sigue en chinga empaquetando los pedidos para llevar.

Por cierto que el Edgar también es sonidero, de esos que mezclan en fiestas perronas de la Ciudá de México y que mandan saludos a muchas personalidades, entre ellas a Rosa, la que vende mangos.

Los Tacos de Edgar están en Lomas de Ahuatlán, en contra esquina de las oficinas del SAPAC y como toda buena taquería acaba temprano, así que te conviene llegar cuando están abriendo a las 6 de la tarde y no perder de vista que a las 10:30 de la noche –regularmente- ya se acabaron.


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Lo mío lo mío, son los tacos. Por eso estoy inmerso en una búsqueda permanente de esos sabores, olores y texturas, que inspiren a chuparse los dedos, como la recomendación de esta semana que está de súper lujo.

Ya sé que la babacoa de res es muy común, pero cuando la preparan con cariño, esmero y la complementan con una barra de salsas de otro nivel, ya estamos hablando de los Tacos de Edgar.

Nota al margen: comienzan a sonar las trompetas de “Suavecito” de Laura León. No es jalada, si te la imaginas se antoja más.

Para empezar pide dos con todo, de inmediato vas a escuchar la voz “del Mario” preguntando -nomás porque también es bien castroso- ¿con cilantro y cebolla?, tu acéptale la cortesía, sólo es preámbulo del regaño que te dará unos minutos después.

Con Edgar los tacos son solo surtidos pero eso si, bien light. La carne finamente picada se calienta a vapor, igual que las tortillas que tienen el tamaño ideal: son más grandes que las de pastor y resistentes, para aguantar el embate de la carne, que en cuanto levantan el plástico que la cubre, te inunda con su perfume intenso y sabroso.

En los tacos de Edgar todo está bien higiénico, al grado de que Mario, no duda en regañar a medio mundo, si no toman con la cuchara –de forma apropiada- ya sea los limones, los rábanos o por supuesto las salsas.

Para el momento de pedir los siguientes dos con tocho debes considerar una Casera bien helodia, y quemar las naves con un chorro de limón, un toque de sal y una buena cucharada de picante.

Como en toda buena taquería, entre la variedad de salsas no puede faltar la verde de aguacate, que es básica; una roja picosa y regañona, y como en este caso, la estrella de la noche: una salsita a base de chile manzano y cebolla milimétricamente picados, que me hace hasta doler las orejas.

De entre los tacos de barbacoa hay muchos que están aceptables, pero los de Edgar cumplen con varios de los requisitos básicos de un señor taco: lo primero es el sabor de la carne bañada en un jugo saladito y bien condimentado; después vienen la limpieza y el buen trato, además de que son tacos chonchos, rellenos y por si no fuera suficiente, baratos.

Como no hay quinto malo y ya hasta estas saltando de enchilado, hay que pedir el de salida, que además te da la oportunidad de apreciar los movimientos estudiados y perfeccionados de Edgar para servir unos de los mejores tacos de barbacha y escuchar cuando se alburea al Mario que sigue en chinga empaquetando los pedidos para llevar.

Por cierto que el Edgar también es sonidero, de esos que mezclan en fiestas perronas de la Ciudá de México y que mandan saludos a muchas personalidades, entre ellas a Rosa, la que vende mangos.

Los Tacos de Edgar están en Lomas de Ahuatlán, en contra esquina de las oficinas del SAPAC y como toda buena taquería acaba temprano, así que te conviene llegar cuando están abriendo a las 6 de la tarde y no perder de vista que a las 10:30 de la noche –regularmente- ya se acabaron.


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