/ martes 14 de diciembre de 2021

México ha dejado de aplaudir

Nuestro país ha transitado por la conquista, la colonia, la Independencia, las intervenciones, la Revolución, en fin, muchos que costaron sangre y lágrimas, a pesar de lo hermoso del territorio con sus montañas, bosques, llanuras y litorales.

Tal vez sean los tragos amargos, acumulados y aderezados con la grandeza de esta bella nación lo que nos ha generado una enorme necesidad de contar con ídolos populares, quienes nos pongan en claro y recuerden la calidad de guerreros formidables por el simple hecho de ser mexicanos.

Aquí los ídolos están ligados a deportes específicos como el boxeo o futbol, también la música y al cine; cuentan con una procedencia en común, emergen del mismo pueblo que los traslada desde la humildad original hasta los mismos cuernos de la luna, así sucedió con deportistas como Raúl “ratón” Macías, Rubén “Púas” Olivares, Salvador Sánchez y Julio César Chávez o con las glorias del cine y la música como Jorge Negrete, Pedro Infante, José Alfredo Jiménez y Javier Solís.

La pléyade en nuestro país de grandes figuras dentro de disciplinas deportivas y artísticas suele ser amplia, no alcanza este espacio para mencionar nombres, sin embargo la etiqueta de verdadero ídolo la alcanzan pocos; en música se perdió al último, a los 81 años Vicente Fernández “El Charro de Huentitán” murió el pasado domingo 12 de diciembre a las 6:15 a.m.

Vano resulta describir la vida del cantante, hablar de sus orígenes, logros o anécdotas está de más, el pueblo conoce perfectamente a sus ídolos, camina junto a ellos, canta a dueto, sufre y ríe en sus películas, nadie le va a contar a un mexicano sobre su “Chente”.

La fecha del deceso no pudo ser más significativa, la guadalupana está grabada en la identidad de nuestro país, en su cultura, en sus creencias y el destino quiso que Vicente trascendiera precisamente un día así.

La música ranchera es el sello distintivo para México, fue pensada así en los albores del siglo pasado, por lo tanto “Qué de raro tiene” ver a un Vicente Fernández tan representativo para todo un pueblo; ahí quedan sus conciertos en la Plaza México, en el Estadio Azteca, los 219 mil asistentes a un concierto al Zócalo capitalino y millones de discos vendidos son muestra clara de la conexión al público.

Después de su despedida oficial, tuvo una última y breve aparición en la perla tapatía en marzo de 2020 durante una presentación de Alejandro Fernández, precisamente antes de entrar a un largo confinamiento pandémico del que muchos ya no volvieron, Don Vicente se retiró a “Los tres Potrillos”, fue precisamente en ese lugar durante el mes de agosto del presente año cuando sufrió una caída que le afectó las vértebras 3 y 4 razón por la cual fue hospitalizado, el 20 de agosto cuando se dio a conocer que padecía “Síndrome de Guillain-Barré” derivando en una falla orgánica y causa de su muerte.

El síndrome en cuestión no tiene un origen identificado ni una cura hasta el momento, ese padecimiento le arrebató la vida al “Rey” de la música ranchera, Vicente Fernández Gómez, quien seguirá ahora el rumbo natural de los ídolos del pueblo, convertirse en leyenda. Sus canciones y su recuerdo seguirán acompañando las alegrías y tristezas del pueblo que le vio nacer.

México ha dejado de aplaudir para llorar la partida de nuestro querido “Chente”, ¿quién no? En compañía de su familia, de sus amigos, en los mejores momentos y en los peores, ha entonado sus canciones, queda el consuelo de saber que seguramente y a través de su legado le seguirá cantando al mundo.


Nuestro país ha transitado por la conquista, la colonia, la Independencia, las intervenciones, la Revolución, en fin, muchos que costaron sangre y lágrimas, a pesar de lo hermoso del territorio con sus montañas, bosques, llanuras y litorales.

Tal vez sean los tragos amargos, acumulados y aderezados con la grandeza de esta bella nación lo que nos ha generado una enorme necesidad de contar con ídolos populares, quienes nos pongan en claro y recuerden la calidad de guerreros formidables por el simple hecho de ser mexicanos.

Aquí los ídolos están ligados a deportes específicos como el boxeo o futbol, también la música y al cine; cuentan con una procedencia en común, emergen del mismo pueblo que los traslada desde la humildad original hasta los mismos cuernos de la luna, así sucedió con deportistas como Raúl “ratón” Macías, Rubén “Púas” Olivares, Salvador Sánchez y Julio César Chávez o con las glorias del cine y la música como Jorge Negrete, Pedro Infante, José Alfredo Jiménez y Javier Solís.

La pléyade en nuestro país de grandes figuras dentro de disciplinas deportivas y artísticas suele ser amplia, no alcanza este espacio para mencionar nombres, sin embargo la etiqueta de verdadero ídolo la alcanzan pocos; en música se perdió al último, a los 81 años Vicente Fernández “El Charro de Huentitán” murió el pasado domingo 12 de diciembre a las 6:15 a.m.

Vano resulta describir la vida del cantante, hablar de sus orígenes, logros o anécdotas está de más, el pueblo conoce perfectamente a sus ídolos, camina junto a ellos, canta a dueto, sufre y ríe en sus películas, nadie le va a contar a un mexicano sobre su “Chente”.

La fecha del deceso no pudo ser más significativa, la guadalupana está grabada en la identidad de nuestro país, en su cultura, en sus creencias y el destino quiso que Vicente trascendiera precisamente un día así.

La música ranchera es el sello distintivo para México, fue pensada así en los albores del siglo pasado, por lo tanto “Qué de raro tiene” ver a un Vicente Fernández tan representativo para todo un pueblo; ahí quedan sus conciertos en la Plaza México, en el Estadio Azteca, los 219 mil asistentes a un concierto al Zócalo capitalino y millones de discos vendidos son muestra clara de la conexión al público.

Después de su despedida oficial, tuvo una última y breve aparición en la perla tapatía en marzo de 2020 durante una presentación de Alejandro Fernández, precisamente antes de entrar a un largo confinamiento pandémico del que muchos ya no volvieron, Don Vicente se retiró a “Los tres Potrillos”, fue precisamente en ese lugar durante el mes de agosto del presente año cuando sufrió una caída que le afectó las vértebras 3 y 4 razón por la cual fue hospitalizado, el 20 de agosto cuando se dio a conocer que padecía “Síndrome de Guillain-Barré” derivando en una falla orgánica y causa de su muerte.

El síndrome en cuestión no tiene un origen identificado ni una cura hasta el momento, ese padecimiento le arrebató la vida al “Rey” de la música ranchera, Vicente Fernández Gómez, quien seguirá ahora el rumbo natural de los ídolos del pueblo, convertirse en leyenda. Sus canciones y su recuerdo seguirán acompañando las alegrías y tristezas del pueblo que le vio nacer.

México ha dejado de aplaudir para llorar la partida de nuestro querido “Chente”, ¿quién no? En compañía de su familia, de sus amigos, en los mejores momentos y en los peores, ha entonado sus canciones, queda el consuelo de saber que seguramente y a través de su legado le seguirá cantando al mundo.


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