La mirada espiritual de la resurrección

Los discípulos se encuentran aterrados por el miedo, su vida peligra por la inminente persecución, sus ilusiones con el maestro quedaron clavadas en la cruz

Ramón Castro/Diócesis de Cuernavaca

  · miércoles 24 de abril de 2019

Obispo Ramón Castro Castro / Foto: Froylán Trujillo


Ante la horda de tragedias que laceran a nuestro pueblo, la mística cristiana de la pascua de la Resurrección nos presenta una mirada espiritual, que transforma el fracaso en la cruz en una recuperación vital del sentido. El paso de la muerte a la vida de nuestro redentor Jesucristo reconfigura la percepción de la realidad, nos permite colocarnos desde la mirada de la fe.

Los discípulos se encuentran aterrados por el miedo, su vida peligra por la inminente persecución, sus ilusiones con el maestro quedaron clavadas en la cruz, no hay cabida para poder pensar una posibilidad favorable de la realidad, viven en una constante situación adversa.

Sin embargo, esta es la noticia que tiene que ser pregonada: ha pasado algo inusitado para los discípulos que les ha devuelto la fe y los ha movilizado a poner todo su esfuerzo para anunciar la Buena Noticia. Ahora los que se encontraban encerrados a puerta cerrada, salen de sus miedos, para dar inicio a la misión encomendada por su maestro.

Así también nosotros los cristianos de este tiempo, ante una realidad que amenaza constantemente nuestra paz, tenemos el reto de recuperar la mirada del Cristo resucitado, aquel que sólo es reconocido por quienes lo buscan, porque sólo los que buscan la justicia y la paz, la encontrarán. Por tal motivo, hemos de salir presurosos como Pedro y Juan, pero suspicaces para no poner tanta la atención a la ausencia y a la fatalidad del sepulcro, sino más bien reaprender a mirar más allá del infortunio. Esta es la mirada de un cristiano, que aún mirando la cruenta realidad no se deja atemorizar por ella, sino que desde la fe sabe mirar desde la perspectiva de la esperanza, no se enfoca en la tragedia, más bien redirecciona sus ánimos para abrir nuevos horizontes no pensados. Por eso el resucitado les dice a las mujeres que van al sepulcro ¿Por qué buscan al que está vivo entre los muertos? Tenemos que aprender buscar la paz y la justicia no desde las estructuras obsoletas de muerte, sino emprender nuevos caminos de reconstrucción del tejido social, por eso el maestro los envía a que salgan a todos los lugares, es decir, nos invita a replantearnos nuevos senderos, abrir nuevas brechas de esperanza.

Nuestra labor pastoral está basada en este proceso pascual, acompañamos al pueblo de Dios herido y lastimado por las estructuras injustas del pecado, para hacerlos resurgir en Cristo, porque sólo él puede regenerar al ser humano, porque él mismo ha vivido en carne propia las consecuencias destructoras del pecado del mundo, las asumió como cordero inmolado, para así descender a las más profundidades del infierno, es decir, fue a la raíz de la maldad, para liberarnos de las ataduras del pecado, y luego entonces resurgir victorioso como luz del mundo, el aguijón de la muerte ya no tiene poder sobre él. Así también nosotros seguidores del Cristo resucitado, emprendemos día a día, este misterio de salvación.

Por ello lo decimos con toda claridad: En la iglesia católica estamos dispuestos a colaborar conjuntamente en lo que sea necesario para buscar estos caminos de paz y justicia que tanto anhelamos en nuestro México crucificado, creemos que sólo sanando de raíz podremos liberarnos de este calvario de tantos atropellos a la dignidad de nuestro pueblo. Estamos enteramente comprometidos a sumarnos a toda acción reconstructiva de nuestro país, decimos sí a las propuestas que nos permitan la pacificación nacional, pero enfatizamos nuestra postura de optar por procesos integrales desde las familias e instituciones educativas para hacer un relevo generacional de nuevos sujetos históricos que puedan empoderar una nueva forma de ciudadanía. Reconocemos que no será cuestión de un sexenio, sino de un compromiso nacional de redoblar esfuerzos en programas sociales que refuercen la familia y la educación del pueblo mexicano. Esta es nuestra pascua, pasar de la corrupción de lo antiguo, al renacimiento de una nueva mentalidad renovadora del espíritu nacional.

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