/ miércoles 26 de mayo de 2021

El voto por legisladores

El Congreso de Morelos pide auxilio a gritos. La institución ha sido vilipendiada por los integrantes de sus más recientes legislaturas, en una aparente competencia inversa para ver cuál es la peor de la historia. Los episodios de parálisis frecuentes contrastan ampliamente con los de francas diarreas legislativas en que se aprueban leyes, reformas y ordenamientos inoperantes con impactos sociales más bien negativos; la repartición de espacios de poder, favores políticos y hasta (dicen mucho pero comprueban poco) millones de pesos, han sido las líneas del Legislativo hace ya demasiados años.

Si las anteriores legislaturas fueron ejemplo de corrupción, ésta parece serlo de vicio y vileza. Pese a que uno por uno sus integrantes podrían decirse salvos, la LIV Legislatura como colegiado ha demostrado todos los trastornos que uno podría pensar en un órgano multicéfalo que, lejos de la virtud de un gabinete de expertos bienintencionados, se ha convertido en el monstruo paralítico que tenemos que alimentar.

El rescate tendría que darse, según todo apunta, en la siguiente legislatura cuyos integrantes habrán de definir los votos de los morelenses el 6 de junio próximo. Y aunque las contiendas por las legislaturas son comúnmente poco atractivas, en el caso de esta elección resulta especialmente preocupante la escasa participación de los morelenses en la parte fundamental de la campaña, que es enterarse de las propuestas de los candidatos a la legislatura. Un fenómeno que puede explicarse por la ignorancia general de lo que hace el Poder Legislativo (probablemente porque hace muchos años dejó de hacerlo en Morelos), misma que resulta ejemplar incluso en la mayoría de los candidatos a diputaciones locales.

Al poder legislativo le corresponde la elaboración y actualización de las normas de convivencia en el estado; también es el representante del pueblo y en tal sentido fiscaliza y controla la acción del gobierno. Así que los candidatos que ofrecen la construcción de obra pública, la dotación de apoyos directos, la gestión de recursos, estarían trastocando, desde el inicio, la función para la que se han postulado. Probablemente ocurra que quienes se postulan para diputados realmente querrían ser alcaldes o gobernadores, pero no dieron para tanto; o quizá piensan que la elaboración de leyes, la fiscalización y control del gobierno y la representación popular no resultan a la gente tan atractivas como pudiera ser tapar un bache o poner luminarias en las calles.

El que de inicio se esté renunciando a la función primordial de los legisladores debiera preocuparnos especialmente porque tenemos un marco jurídico que hace agua por todos lados. En otras ocasiones nos hemos referido a la urgencia de una reforma del estado profunda que permita el fortalecimiento de la democracia local, pero también el funcionamiento adecuado del gobierno y sus instituciones. Esta urgencia es evidente para miles de morelenses que esperarían el trabajo responsable de quienes tendrían que legislar, propuestas de largo alcance que permitan ofrecer el andamiaje sobre el que Morelos deberá construir su desarrollo. La experiencia enseña que difícilmente hará leyes quien quiere tapar baches.

@martinellito

dmartinez@elsoldecuernavaca.com.mx

El Congreso de Morelos pide auxilio a gritos. La institución ha sido vilipendiada por los integrantes de sus más recientes legislaturas, en una aparente competencia inversa para ver cuál es la peor de la historia. Los episodios de parálisis frecuentes contrastan ampliamente con los de francas diarreas legislativas en que se aprueban leyes, reformas y ordenamientos inoperantes con impactos sociales más bien negativos; la repartición de espacios de poder, favores políticos y hasta (dicen mucho pero comprueban poco) millones de pesos, han sido las líneas del Legislativo hace ya demasiados años.

Si las anteriores legislaturas fueron ejemplo de corrupción, ésta parece serlo de vicio y vileza. Pese a que uno por uno sus integrantes podrían decirse salvos, la LIV Legislatura como colegiado ha demostrado todos los trastornos que uno podría pensar en un órgano multicéfalo que, lejos de la virtud de un gabinete de expertos bienintencionados, se ha convertido en el monstruo paralítico que tenemos que alimentar.

El rescate tendría que darse, según todo apunta, en la siguiente legislatura cuyos integrantes habrán de definir los votos de los morelenses el 6 de junio próximo. Y aunque las contiendas por las legislaturas son comúnmente poco atractivas, en el caso de esta elección resulta especialmente preocupante la escasa participación de los morelenses en la parte fundamental de la campaña, que es enterarse de las propuestas de los candidatos a la legislatura. Un fenómeno que puede explicarse por la ignorancia general de lo que hace el Poder Legislativo (probablemente porque hace muchos años dejó de hacerlo en Morelos), misma que resulta ejemplar incluso en la mayoría de los candidatos a diputaciones locales.

Al poder legislativo le corresponde la elaboración y actualización de las normas de convivencia en el estado; también es el representante del pueblo y en tal sentido fiscaliza y controla la acción del gobierno. Así que los candidatos que ofrecen la construcción de obra pública, la dotación de apoyos directos, la gestión de recursos, estarían trastocando, desde el inicio, la función para la que se han postulado. Probablemente ocurra que quienes se postulan para diputados realmente querrían ser alcaldes o gobernadores, pero no dieron para tanto; o quizá piensan que la elaboración de leyes, la fiscalización y control del gobierno y la representación popular no resultan a la gente tan atractivas como pudiera ser tapar un bache o poner luminarias en las calles.

El que de inicio se esté renunciando a la función primordial de los legisladores debiera preocuparnos especialmente porque tenemos un marco jurídico que hace agua por todos lados. En otras ocasiones nos hemos referido a la urgencia de una reforma del estado profunda que permita el fortalecimiento de la democracia local, pero también el funcionamiento adecuado del gobierno y sus instituciones. Esta urgencia es evidente para miles de morelenses que esperarían el trabajo responsable de quienes tendrían que legislar, propuestas de largo alcance que permitan ofrecer el andamiaje sobre el que Morelos deberá construir su desarrollo. La experiencia enseña que difícilmente hará leyes quien quiere tapar baches.

@martinellito

dmartinez@elsoldecuernavaca.com.mx

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