/ sábado 30 de noviembre de 2019

[Especial] Morelos, anfitrión de reclamos y marchas

Contra Carrillo Olea y el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad se han traducido en la renuncia a la gubernatura y de las leyes: José Martínez Cruz

La ciudad de Cuernavaca se ha vestido en blanco en más de una ocasión. El blanco es el color que reina cuando la gente sale a las calles a exigir seguridad, justicia y paz. Desde la década de 1970, estas acciones se han convertido en la única opción que tienen los ciudadanos cuando las autoridades dejan de escuchar. Las marchas no se escuchan: se ven.

Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad

En 2011, el estado de Morelos gestó una de las movilizaciones sociales más grandes que se han registrado en los últimos tiempos, cuando el poeta Javier Sicilia llamó a los mexicanos a manifestarse en contra de la violencia causada por los grupos criminales y por el Estado, ante el asesinato de su hijo Juan Francisco. Ocho años después, el poeta ha dado a conocer su propósito de volver a marchar a la Ciudad de México, nuevamente por un reclamo de paz y seguridad.

De acuerdo con el activista José Martínez Cruz, de la Comisión Independiente de Derechos Humanos de Morelos (CIDH), el movimiento de Javier Sicilia, al que él mismo se unió, devino en la promulgación de la Ley General de Víctimas. Es decir, Martínez considera que las marchas ciudadanas sí son capaces de lograr resultados visibles, siempre que sus programas de lucha sean válidos.

"Este tipo de movilizaciones muestra que en efecto hay posibilidades de que se cristalicen en leyes, en instituciones, en prácticas de respeto a los derechos humanos, aunque no todas las movilizaciones tienen el mismo signo y orientación", explica.

En 2015, el trabajo realizado por la CIDH fue un factor clave para que el gobierno federal decretara la alerta de género en ocho municipios del estado. Y el propio Martínez reconoce que las marchas que las mujeres morelenses organizaron en aquel momento tuvieron mucho que ver en el decreto de la Secretaría de Gobernación.

Marchas del ayer

Los primeros morelenses que se atrevieron a marchar lo hicieron en la década de 1970. En aquel momento, el reclamo venía de la clase trabajadora que buscaba la creación de sindicatos independientes, conseguir mejoras salariales y contratos colectivos.

Sin embargo, las marchas que redefinieron los alcances que podrían tener las movilizaciones multitudinarias fueron las que organizó, en 1997, el entonces senador perredista Graco Ramírez, en su afán por destituir al gobernador priísta Jorge Carrillo Olea. Su afán continuó en 1996, con una segunda marcha, y finalmente con una tercera en 1997. Una vez que Carrillo Olea fue orillado a abandonar el cargo, el senador siguió adelante y, convertido en gobernador en el sexenio 2012-2018, él mismo tuvo que enfrentarse al reclamo ciudadano: en 2017, activistas y líderes se unieron para crear un frente que marchó a la Ciudad de México para exigir seguridad y el rescate financiero de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM), entre otros temas.

Marchas de hoy

Aunque las redes sociales han supuesto una nueva forma de hacerse oír, el acto de marchar para protestar sigue estando presente en Morelos. Hace un año, César Mejía participó en la organización de una marcha estudiantil que exigió soluciones a la crisis que atraviesa la UAEM. Se esperaba la participación de unas tres mil personas, pero llegaron casi 15 mil.

"Las marchas son importantes porque vivimos con gobiernos que no escuchan a la ciudadanía, con representantes que no toman en cuenta a los ciudadanos para tomar decisiones, así que marchar es un símbolo de hartazgo también; cuando las cosas no están bien, el ciudadano debe dejar lo que está haciendo para manifestar su hartazgo", expresa el joven de 21 años.

La ciudad de Cuernavaca se ha vestido en blanco en más de una ocasión. El blanco es el color que reina cuando la gente sale a las calles a exigir seguridad, justicia y paz. Desde la década de 1970, estas acciones se han convertido en la única opción que tienen los ciudadanos cuando las autoridades dejan de escuchar. Las marchas no se escuchan: se ven.

Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad

En 2011, el estado de Morelos gestó una de las movilizaciones sociales más grandes que se han registrado en los últimos tiempos, cuando el poeta Javier Sicilia llamó a los mexicanos a manifestarse en contra de la violencia causada por los grupos criminales y por el Estado, ante el asesinato de su hijo Juan Francisco. Ocho años después, el poeta ha dado a conocer su propósito de volver a marchar a la Ciudad de México, nuevamente por un reclamo de paz y seguridad.

De acuerdo con el activista José Martínez Cruz, de la Comisión Independiente de Derechos Humanos de Morelos (CIDH), el movimiento de Javier Sicilia, al que él mismo se unió, devino en la promulgación de la Ley General de Víctimas. Es decir, Martínez considera que las marchas ciudadanas sí son capaces de lograr resultados visibles, siempre que sus programas de lucha sean válidos.

"Este tipo de movilizaciones muestra que en efecto hay posibilidades de que se cristalicen en leyes, en instituciones, en prácticas de respeto a los derechos humanos, aunque no todas las movilizaciones tienen el mismo signo y orientación", explica.

En 2015, el trabajo realizado por la CIDH fue un factor clave para que el gobierno federal decretara la alerta de género en ocho municipios del estado. Y el propio Martínez reconoce que las marchas que las mujeres morelenses organizaron en aquel momento tuvieron mucho que ver en el decreto de la Secretaría de Gobernación.

Marchas del ayer

Los primeros morelenses que se atrevieron a marchar lo hicieron en la década de 1970. En aquel momento, el reclamo venía de la clase trabajadora que buscaba la creación de sindicatos independientes, conseguir mejoras salariales y contratos colectivos.

Sin embargo, las marchas que redefinieron los alcances que podrían tener las movilizaciones multitudinarias fueron las que organizó, en 1997, el entonces senador perredista Graco Ramírez, en su afán por destituir al gobernador priísta Jorge Carrillo Olea. Su afán continuó en 1996, con una segunda marcha, y finalmente con una tercera en 1997. Una vez que Carrillo Olea fue orillado a abandonar el cargo, el senador siguió adelante y, convertido en gobernador en el sexenio 2012-2018, él mismo tuvo que enfrentarse al reclamo ciudadano: en 2017, activistas y líderes se unieron para crear un frente que marchó a la Ciudad de México para exigir seguridad y el rescate financiero de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM), entre otros temas.

Marchas de hoy

Aunque las redes sociales han supuesto una nueva forma de hacerse oír, el acto de marchar para protestar sigue estando presente en Morelos. Hace un año, César Mejía participó en la organización de una marcha estudiantil que exigió soluciones a la crisis que atraviesa la UAEM. Se esperaba la participación de unas tres mil personas, pero llegaron casi 15 mil.

"Las marchas son importantes porque vivimos con gobiernos que no escuchan a la ciudadanía, con representantes que no toman en cuenta a los ciudadanos para tomar decisiones, así que marchar es un símbolo de hartazgo también; cuando las cosas no están bien, el ciudadano debe dejar lo que está haciendo para manifestar su hartazgo", expresa el joven de 21 años.

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