Rescate de mascotas es una labor titánica

Llevar a la casa a un perro o gato abandonado es un proceso que implica mucha responsabilidad y, además, una inversión económica

Emmanuel Ruiz | El Sol de Cuautla

  · miércoles 25 de enero de 2023

Para las mascotas sin hogar la vida puede convertirse en una pesadilla o terminarse en un abrir y cerrar de ojos / Agustín Espinoza | El Sol de Cuernavaca

Más allá de llevar a la casa a un perro o un gato abandonado en la calle, la adopción de mascotas es un proceso de varios pasos que implica una gran responsabilidad por parte de quien decide recibir en casa una boca más que alimentar, cuya salud hay que cuidar en todo momento. En Morelos, la balanza no ha logrado el equilibrio: se siguen adoptando muchas menos mascotas que las que se rescatan.

Hasta abril pasado, se calculaba que en México había un promedio de 25 millones de perros y gatos en situación de calle. Para las mascotas sin hogar la vida puede convertirse en una pesadilla o terminarse en un abrir y cerrar de ojos, padeciendo enfermedades de las que nadie se hace cargo y expuestos a perder la vida en un atropellamiento. Movidas por buenas intenciones, cada vez son más las personas que deciden llevarse a casa a un perro o gato abandonado, pero no siempre es ahí cuando termina el sufrimiento de los animales.

“Cada semana recibimos entre cincuenta y cien reportes de animales abandonados, de los cuales probablemente podamos resguardar a uno”, dice Violeta Rivera Domínguez, presidente de la asociación civil Amigos de los Perros Morelos (APM), un colectivo que hace 10 años asumió la tarea de velar por el bienestar animal en el estado, principalmente en la región oriente.

El titular de la Dirección de Salud del municipio de Ayala dijo que el bienestar animal se convirtió en una preocupación relevante no sólo para los colectivos animalistas, sino también para las autoridades. / Agustín Espinoza | El Sol de Cuernavaca

El largo camino de la adopción

Tras recoger un gatito o perrito en casa, ya sea temporal o permanentemente, el siguiente paso es cuidar su estado de salud. De acuerdo con Rivera Domínguez, las pautas esenciales consisten en aplicar las vacunas necesarias, desparasitarlos y esterilizarlos, como una medida eficaz para inhibir la sobrepoblación de animales en las calles, donde también se convierten en agentes de contagio de enfermedades parasitarias.

“Por nuestra parte, nos encargamos de esterilizarlos, vacunarlos y desparasitarlos, porque mucha gente adopta y, si no están esterilizados, siempre hay un motivo para que salga embarazada, si es hembra, o embarace a alguien, si es macho”, explica la activista.

Ser un dueño responsable

Aunque las cuotas pueden variar, dependiendo del peso del animal y de si es en una veterinaria particular o con el apoyo de una asociación civil, el protocolo básico, que incluye las vacunas, la desparasitación y la esterilización, puede rebasar los dos mil pesos por mascota, una suma que podría llevar a cualquier persona a pensarlo dos veces antes de decidir hacerse cargo de un animal, sin tener en cuenta los casos en que los animales son rescatados con heridas graves o enfermedades que requieren de tratamientos especiales. Por eso, haber logrado mil adopciones en cuatro años, en la central ubicada en la tienda de Petco de Plaza Averanda, en Cuernavaca, es todo un logro para los integrantes de APM.

A la hora de dejar a los animales bajo el cuidado de una nueva familia, los ciudadanos se integran a un nuevo proceso que puede ser muy riguroso, en favor de la salud de la mascota: para asegurarse de que la calidad de vida del perro o gato realmente mejorará, las asociaciones civiles realizan un seguimiento postadopción, en el que los dueños deben mantener al tanto al colectivo del estado de salud de la mascota al menos por un tiempo.“Tratamos de no molestar mucho a la gente, pero también de estar en constante comunicación con la familia, que nos faciliten fotos y otros materiales, al menos una vez al mes, en lo que la familia se va adaptando”, detalla Rivera Domínguez.

Por su parte, APM entrega a perros y gatos esterilizados, vacunados, desparasitados y en buen estado de salud.

Pocas adopciones

Araceli Redondo, representante de la asociación civil Conciencia Animal Cuernavaca, comentó que 2022 fue un año difícil para las rescatadoras: "No entendemos qué pasó, cerramos el año con solo cinco adopciones", cifra que ha desalentado a las personas que con mucha esperanza e ilusión promueven la adopción de los animales sin hogar. Una cifra muy similar tuvo Iris Mireiva, de Las huellitas de Mireiva, rescatista independiente que durante todo el año logró colocar en un hogar seguro a siete perritos; sin embargo, asegura que todos los días recibe mensajes de gente que reporta más perros en situación de calle; calcula que al día por lo menos son cinco.

El colectivo Rescatando en Cuerna informó que tiene a su cargo a más de 40 perros y el porcentaje de adopción fue menor al cinco por ciento.

Prácticas crueles

De acuerdo con Iván Valega Ruiz, titular de la Dirección de Salud en el municipio de Ayala, el bienestar animal se convirtió en una preocupación relevante no sólo para los colectivos animalistas, sino también para las autoridades, a tal grado que, según afirma, el sacrificio masivo de perros hallados en las calles, antiguamente realizado por las perreras municipales, es una práctica del pasado. En su lugar, los ayuntamientos han optado por fortalecer las campañas de concientización entre la ciudadanía y las campañas de esterilizaciones gratuitas o a bajo costo.

“Eso ya se desechó, por una cuestión ambiental, de ecología, y por protección animal también. Hace años había, incluso, pistolas eléctricas que las perreras utilizaban para sacrificar perros, pero es una práctica que quedó en desuso hará unos 10 o 15 años”, afirma el funcionario, quien ha impulsado la realización de talleres de adiestramiento canino en Ayala y busca llevar a la realidad un proyecto por demás ambicioso: entrenar a perros ayalenses en la detección de cáncer, algo que ya ocurre en otros países del mundo, y generalizar el uso de microchips de identificación animal, como ya ocurre en Holanda.

“Yo creo que es la cultura, pero esa práctica sería muy bueno implementarla acá, con el apoyo de los legisladores locales. Tendría que trabajarse con asociaciones para elaborar un reglamento o ley, pero lo veo difícil”, expone Valega Ruiz.

Con información de Valeria Díaz


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