Nuestro Morelos

Mirar hacia adentro

Rodolfo Candelas | El Sol de Cuernavaca

  · martes 12 de mayo de 2020

Rodolfo Candelas | El Sol de Cuernavaca

Nuestro estado, a pesar de su pequeña extensión territorial, es muy heterogéneo natural y culturalmente. Es naturalmente diverso debido a lo inclinado de su paisaje, que se precipita desde las copas de los pinos del bosque de coníferas, hasta la tierra reventada por el calor de la selva baja caducifolia. Y lo es culturalmente, debido a que en su delimitación política confluyen varias importantes regiones culturales. Lo anterior, a pesar de ser la fuente de su riqueza cultural, dificulta la existencia de una identidad común y más o menos homogénea, y de un orgullo por el estado en general y no solamente por la comunidad (pueblo o ciudad) a la que pertenezcamos. Lo “morelense” en general, solamente se apuntala a través de personajes históricos como Emiliano Zapata y expresiones culturales como el Chinelo y algunos elementos de la cocina tradicional como el arroz y la cecina. Así, los morelenses no somos todos iguales, sino enriquecedoramente diferentes.

Creo que todo esto es una de las circunstancias que han dificultado que entre todos cuidemos de nuestro territorio, de la naturaleza que en el existe, y de la gente que lo habita. Tenemos, claro, comunidades con una fuerte identidad hacia su localidad, a las que a menudo se les identifican incluso como combativas por el hecho de la custodia que efectúan sobre su territorio y cultura, pero fuera de ellas esta salvaguardia se difumina.

Una prolongada situación de aislamiento debido a la COVID-19, puede llegar a atomizar aún más la fragmentada identidad en el estado, pues dificulta la celebración de rituales y festividades que trabajan directamente sobre la cohesión de los grupos sociales. Además, la angustia y el miedo que esta situación causa, puede llegar a exacerbar la sensación de “sálvese quien pueda” viendo cada quien, como se dice, para su santo. Yo creo que es tiempo de todo lo contrario.

Creo que es momento, como el nombre de esta columna lo indica, de voltear a ver hacia dentro de nosotros y encontrar lo que nos mantiene habitando este lugar, hacia lo con orgullo mostramos a quien nos visita de fuera, lo que le convidamos de comer, los lugares a los que le llevamos y las personas que queremos presentarle y, con esto en mente, mantener la sensación de gratitud por este lugar y quienes en él viven y se desarrollan. Tener una buena actitud hacia nuestro lugar garantiza que nuestras acciones vayan encaminadas a su mejoría y sustento. Mantener una emoción positiva hacia quienes comparten con nosotros este estado, nos hacen más proclives a colaborar entre nosotros y, de ser necesario, a prestar nuestra ayuda. Creo que de eso se trata esto, de que tenemos la oportunidad para reconocer las diferencias que existen entre nosotros y ver más allá de ellas y encontrar un nosotros más amplio, más libre y transparente. Es la oportunidad de experimentar que, a pesar de la adversidad, podemos ser más amables, más grandes y mejores.

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