Brenda Valderrama

  / lunes 21 de enero de 2019

Suave Patria

La cantidad de energía en el universo es constante y solamente se transforma. Los fenómenos naturales más impactantes, por más diversos que nos parezcan, poseen una característica común que es la liberación súbita de dicha energía. La energía almacenada en la corteza terrestre se libera como ondas sísmicas. La energía almacenada en la temperatura de los océanos se libera como huracanes. La energía almacenada en el magma se libera como erupción volcánica. La energía almacenada en la biomasa se libera como incendio.

Los humanos primitivos entendieron que la liberación controlada de esa energía almacenada en la naturaleza podía ser utilizada para fines útiles y comenzaron a aprovecharla de forma rudimentaria. El dominio de la tecnología, aunque lento siempre en la dirección correcta, permitió que nuestro aprovechamiento de la energía fuera más eficiente y el desarrollo de la máquina de vapor en el siglo XIX donde se libera la energía almacenada en el carbón para generar trabajo marca un punto de quiebre para la humanidad y comenzamos no solamente a aprovechar la energía almacenada en la naturaleza sino a almacenarla nosotros mismos de manera artificial.

A partir de entonces se desarrollan, de manera paralela, un marco teórico para entender estas transformaciones llamado termodinámica y su aplicación práctica que es la ingeniería. Las leyes de la termodinámica son universales e inexorables. Lo que pasó este fin de semana en Tlahuelilpan, Hidalgo, se explica por las leyes de la termodinámica como una liberación súbita, descontrolada y masiva de la energía almacenada de manera artificial en un ducto de gasolina.

Esta no es la primera vez, y posiblemente tampoco sea la última, donde la energía almacenada de manera artificial se libera de forma descontrolada generando daños profundos. Recordemos la explosión de los reactores nucleares de la planta de generación de electricidad de Chernobyl, en la entonces Unión Soviética el 26 de abril de 1986, que ocasionó la muerte de al menos 30 mil personas. La cortina de la presa hidroeléctrica más grande de Europa en su momento, localizada en Vajont, Italia, sufrió el 9 de octubre de 1963 un derrumbe del bosque dentro del embalse ocasionó una ola de 250 metros de altura que destruyó el pueblo de Longarone y las pequeñas villas de Pirago, Rivalta, Villanova y Faè, perdiendo la vida unas 2 mil personas.

El ser productores de petróleo ha sido de enorme provecho para nuestro país y durante muchos años no solamente garantizó nuestra autonomía energética sino que fue la principal fuente de ingresos para la nación. Pero eso está cambiando. Las reservas de petróleo y su calidad están disminuyendo. El riesgo asociado a su almacenamiento y transporte se eleva. Todo esto con un enorme costo social.

Nuestra dependencia como sociedad de la energía es irreversible. Todo lo que nos rodea y nos genera una mejor calidad de vida depende, en mayor o menor medida, de la transformación de la energía. Las tragedias deben ser entendidas como un recordatorio que almacenar energía, no importa que tan cuidadosos o precavidos seamos, puede sufrir fallas y que las consecuencias son devastadoras. Los países que lo entendieron avanzaron hacia las energías renovables en un marco de generación distribuida reduciendo riesgos y maximizando el beneficio. ¿Lo estamos entendiendo nosotros?

Cierro con las palabras de Ramón López Velarde: Suave Patria…el Niño Dios te escrituró un establo y los veneros del petróleo el diablo.


Información adicional sobre éste y otros temas de interés http://reivindicandoapluton.blogspot.mx

La cantidad de energía en el universo es constante y solamente se transforma. Los fenómenos naturales más impactantes, por más diversos que nos parezcan, poseen una característica común que es la liberación súbita de dicha energía. La energía almacenada en la corteza terrestre se libera como ondas sísmicas. La energía almacenada en la temperatura de los océanos se libera como huracanes. La energía almacenada en el magma se libera como erupción volcánica. La energía almacenada en la biomasa se libera como incendio.

Los humanos primitivos entendieron que la liberación controlada de esa energía almacenada en la naturaleza podía ser utilizada para fines útiles y comenzaron a aprovecharla de forma rudimentaria. El dominio de la tecnología, aunque lento siempre en la dirección correcta, permitió que nuestro aprovechamiento de la energía fuera más eficiente y el desarrollo de la máquina de vapor en el siglo XIX donde se libera la energía almacenada en el carbón para generar trabajo marca un punto de quiebre para la humanidad y comenzamos no solamente a aprovechar la energía almacenada en la naturaleza sino a almacenarla nosotros mismos de manera artificial.

A partir de entonces se desarrollan, de manera paralela, un marco teórico para entender estas transformaciones llamado termodinámica y su aplicación práctica que es la ingeniería. Las leyes de la termodinámica son universales e inexorables. Lo que pasó este fin de semana en Tlahuelilpan, Hidalgo, se explica por las leyes de la termodinámica como una liberación súbita, descontrolada y masiva de la energía almacenada de manera artificial en un ducto de gasolina.

Esta no es la primera vez, y posiblemente tampoco sea la última, donde la energía almacenada de manera artificial se libera de forma descontrolada generando daños profundos. Recordemos la explosión de los reactores nucleares de la planta de generación de electricidad de Chernobyl, en la entonces Unión Soviética el 26 de abril de 1986, que ocasionó la muerte de al menos 30 mil personas. La cortina de la presa hidroeléctrica más grande de Europa en su momento, localizada en Vajont, Italia, sufrió el 9 de octubre de 1963 un derrumbe del bosque dentro del embalse ocasionó una ola de 250 metros de altura que destruyó el pueblo de Longarone y las pequeñas villas de Pirago, Rivalta, Villanova y Faè, perdiendo la vida unas 2 mil personas.

El ser productores de petróleo ha sido de enorme provecho para nuestro país y durante muchos años no solamente garantizó nuestra autonomía energética sino que fue la principal fuente de ingresos para la nación. Pero eso está cambiando. Las reservas de petróleo y su calidad están disminuyendo. El riesgo asociado a su almacenamiento y transporte se eleva. Todo esto con un enorme costo social.

Nuestra dependencia como sociedad de la energía es irreversible. Todo lo que nos rodea y nos genera una mejor calidad de vida depende, en mayor o menor medida, de la transformación de la energía. Las tragedias deben ser entendidas como un recordatorio que almacenar energía, no importa que tan cuidadosos o precavidos seamos, puede sufrir fallas y que las consecuencias son devastadoras. Los países que lo entendieron avanzaron hacia las energías renovables en un marco de generación distribuida reduciendo riesgos y maximizando el beneficio. ¿Lo estamos entendiendo nosotros?

Cierro con las palabras de Ramón López Velarde: Suave Patria…el Niño Dios te escrituró un establo y los veneros del petróleo el diablo.


Información adicional sobre éste y otros temas de interés http://reivindicandoapluton.blogspot.mx

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