/ martes 7 de enero de 2020

Las protestas y el presidente

La visita de Andrés Manuel López Obrador a Morelos, mucho más protocolaria que ejecutiva revivió en los medios la oposición de comunidades de la región oriente del estado a la operación de la central termoeléctrica de Huexca y con ello una de las más notorias contradicciones del lopezobradorismo que durante su campaña apoyo la oposición a megaproyectos de desarrollo y ya en el gobierno ofreció su respaldo a la operación de los mismos.

Cierto que el país no podría costear la pérdida de 25 mil millones de pesos que, de acuerdo a la información oficial es lo que se significaría no operar la termoeléctrica; pero también lo es que cancelar el proyecto de nuevo aeropuerto de la Ciudad de México, de acuerdo con las corredurías que analizaron el impacto, es de 120 mil millones, lo que haría ver que a la administración de López Obrador no le preocupan especialmente los costos de determinaciones antieconómicas, sino más bien el peso y alcance políticos de la cancelación o autorización de los proyectos.

Es probable que la oposición a la termoeléctrica esté fundada más en dogmas que en ciencia, como algunos especialistas han advertido al subrayar los beneficios de la planta y el bajo impacto ecológico que tendría su operación. Aún así, la expresión de oponerse a un proyecto es una posición legítima (lo sabe el presidente) que debe respetarse como cualquier otro derecho ciudadano. También es cierto que, como señalan los opositores a la termoeléctrica en una de sus múltiples precampañas, durante un mitin en Yecapixtla, López Obrador subrayó: “Yo aquí quiero expresarles que nosotros vamos a defender con todo lo que podamos a los pueblos, que no queremos ese gasoducto, esa termoeléctrica, y no queremos tampoco las minas que nada más van a destruir el territorio y van a contaminar las aguas… México no es territorio de conquista, no es para que vengan los extranjeros aquí a apropiarse de todo”.

Es probable que mucho del respaldo a la candidatura de López Obrador y los triunfos de su partido en la región oriente hayan derivado de esa posición de ruptura con los proyectos que, gracias a sus encendidos discursos, fueron identificados como símbolo de la corrupción, del entreguismo y del servilismo con que se pretendía caracterizar a los anteriores gobiernos. Pero ese López Obrador se ha desvanecido: la termoeléctrica va, pero también van las minas y otras inversiones extranjeras, algunas menos lesivas al ambiente que otras, pero todas criticadas por el López Obrador de hace poco más de un lustro. Cómo cambia la gente.

Las escenas de reclamo al presidente vistas ayer en Ayala son normales frente a un líder social que, ya en el Ejecutivo, ha decepcionado a quienes representó alguna vez. Un presidente debe ver por la estabilidad y el desarrollo económico a través de la promoción, apoyo y respaldo a proyectos de infraestructura y producción que resulten viables y sustentables, en ese sentido, López Obrador hace lo que debe, pero no lo explicó nunca a quienes por él votaron, a quienes le convirtieron en el símbolo de la disrupción política en México. Eso le faltó al presidente.

@martinellito

dmartinez@elsoldecuernavaca.com.mx

La visita de Andrés Manuel López Obrador a Morelos, mucho más protocolaria que ejecutiva revivió en los medios la oposición de comunidades de la región oriente del estado a la operación de la central termoeléctrica de Huexca y con ello una de las más notorias contradicciones del lopezobradorismo que durante su campaña apoyo la oposición a megaproyectos de desarrollo y ya en el gobierno ofreció su respaldo a la operación de los mismos.

Cierto que el país no podría costear la pérdida de 25 mil millones de pesos que, de acuerdo a la información oficial es lo que se significaría no operar la termoeléctrica; pero también lo es que cancelar el proyecto de nuevo aeropuerto de la Ciudad de México, de acuerdo con las corredurías que analizaron el impacto, es de 120 mil millones, lo que haría ver que a la administración de López Obrador no le preocupan especialmente los costos de determinaciones antieconómicas, sino más bien el peso y alcance políticos de la cancelación o autorización de los proyectos.

Es probable que la oposición a la termoeléctrica esté fundada más en dogmas que en ciencia, como algunos especialistas han advertido al subrayar los beneficios de la planta y el bajo impacto ecológico que tendría su operación. Aún así, la expresión de oponerse a un proyecto es una posición legítima (lo sabe el presidente) que debe respetarse como cualquier otro derecho ciudadano. También es cierto que, como señalan los opositores a la termoeléctrica en una de sus múltiples precampañas, durante un mitin en Yecapixtla, López Obrador subrayó: “Yo aquí quiero expresarles que nosotros vamos a defender con todo lo que podamos a los pueblos, que no queremos ese gasoducto, esa termoeléctrica, y no queremos tampoco las minas que nada más van a destruir el territorio y van a contaminar las aguas… México no es territorio de conquista, no es para que vengan los extranjeros aquí a apropiarse de todo”.

Es probable que mucho del respaldo a la candidatura de López Obrador y los triunfos de su partido en la región oriente hayan derivado de esa posición de ruptura con los proyectos que, gracias a sus encendidos discursos, fueron identificados como símbolo de la corrupción, del entreguismo y del servilismo con que se pretendía caracterizar a los anteriores gobiernos. Pero ese López Obrador se ha desvanecido: la termoeléctrica va, pero también van las minas y otras inversiones extranjeras, algunas menos lesivas al ambiente que otras, pero todas criticadas por el López Obrador de hace poco más de un lustro. Cómo cambia la gente.

Las escenas de reclamo al presidente vistas ayer en Ayala son normales frente a un líder social que, ya en el Ejecutivo, ha decepcionado a quienes representó alguna vez. Un presidente debe ver por la estabilidad y el desarrollo económico a través de la promoción, apoyo y respaldo a proyectos de infraestructura y producción que resulten viables y sustentables, en ese sentido, López Obrador hace lo que debe, pero no lo explicó nunca a quienes por él votaron, a quienes le convirtieron en el símbolo de la disrupción política en México. Eso le faltó al presidente.

@martinellito

dmartinez@elsoldecuernavaca.com.mx

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