Michelle Onofre

  / martes 10 de septiembre de 2019

Incongruencia criminal

“En la lucha contra la corrupción todos los caminos conducen a Peña” podría ser el eslogan del intento que el actual gobierno realiza para limpiar la imagen que el pueblo tiene de la clase política en general.

Los ciudadanos tienen en mente al político mexicano como una especie que nace infectada por el virus de la deshonestidad y la hipocresía.

Odebretch, “La Estafa Maestra” y muchos pecados más, empañan la anterior administración dirigida por Enrique Peña Nieto, lejano se ve ya el tiempo en que siendo Presidente de México, tomaba la batuta de la llamada “Alianza para el Gobierno Abierto” una iniciativa internacional formada por 70 países en búsqueda de promover la transparencia y la rendición de cuentas; ese 24 de Septiembre de 2014 en la ciudad de Nueva York, Peña Nieto sentado al lado de Barack Obama, textualmente refrendó su compromiso para luchar contra con la corrupción y el empoderamiento de la ciudadanía, sobra decir incumplió, el paso por la historia de México habrá de colocarlo como uno de los Presidentes más corruptos y eso es ya mucho decir.

Días después de esa simulación diplomática por parte de EPN, el escándalo de su “Casa Blanca” le estalló en la cara, la residencia ubicada en la calle Sierra Gorda 150 de Lomas de Chapultepec y valuada en 7 millones de dólares (cerca de 140 millones de pesos al tipo de cambio actual) representaba el primero de muchos escándalos y excesos vinculados al entonces mandatario mexicano, quedaba evidenciada la causa del “amor” que Peña tenía a Grupo Higa, su constructora favorita desde la época como gobernador mexiquense, la fallida explicación ofrecida por su pareja sexenal (la gaviota) solo sirvió para calentar aún más los ánimos de la población y en el colmo de la impotencia y juego sucio, la periodista Carmen Aristegui pagó la osadía de dar a conocer la punta del iceberg.

Confiando tal vez en la amnesia crónica de buena parte de los mexicanos, el 18 de Julio de 2016 justo durante el acto de promulgación de las leyes para dar vida al Sistema Nacional Anticorrupción, Peña se disculpó con un pueblo que ya no creyó en sus razones ni en su inocencia, el dinero invertido para mejorar su imagen sencillamente se había ido por el caño del desagüe, como sus aspiraciones y el “prestigio” de su partido.

Hoy la lucha contra la corrupción parece, al menos en su etapa incipiente, tomar un rumbo definido, la Unidad de inteligencia financiera trabaja a marchas forzadas para desenredar la enorme madeja de vicios que significó la llamada "Estafa Maestra", el ex director de operaciones de la CFE durante los periodos panistas, Néstor Félix Moreno se encuentra en jaque por enriquecimiento ilícito a pesar del repentino apoyo de un juez para evitar su reencarcelamiento, cuando se tenía sentencia de ocho años de prisión.

Además el cerco se va cerrando para Emilio Lozoya a pesar de los esfuerzos de don Javier Coello Trejo, su flamante abogado. Juan Collado también es asunto que irá creciendo y dará tema en las próximas semanas, pero a todo esto, ¿en donde está Enrique Peña Nieto?

El artífice principal de todo el andamiaje de corrupción que sirvió para uno de los más descarados saqueos a nuestro país, no ha sido molestado y ese es el pendiente para López Obrador, toda lucha e intento pierde legitimidad si no toca la parte más alta de la escalera ¿o no era así como éstas se barrían?

Recién salió a la luz pública un simple ejemplo de los excesos con los cuales Peña se manejaba, la hipocresía quedó de manifiesto cuando AMLO dio a conocer con infografías y facturas como sustento, la opulencia criminal en los vuelos presidenciales, con gastos como 47 mil pesos destinados a rastrillos “para una suave afeitada”, o 70 mil pesos de nuestros bolsillos en gel (para mantener el copete en su lugar) 36 mil pesos en esponjas lustradoras de calzado y muchos detalles más; ofende recordar la grosera cifra de $1,291.00 pesos, incongruencia criminal que identificó su gobierno.

Habrá que investigar quienes fueron los pasajeros cómplices que cotidianamente compartieron, disfrutaron y brindaron su generoso silencio.


Twitter: @michelleonofre

“En la lucha contra la corrupción todos los caminos conducen a Peña” podría ser el eslogan del intento que el actual gobierno realiza para limpiar la imagen que el pueblo tiene de la clase política en general.

Los ciudadanos tienen en mente al político mexicano como una especie que nace infectada por el virus de la deshonestidad y la hipocresía.

Odebretch, “La Estafa Maestra” y muchos pecados más, empañan la anterior administración dirigida por Enrique Peña Nieto, lejano se ve ya el tiempo en que siendo Presidente de México, tomaba la batuta de la llamada “Alianza para el Gobierno Abierto” una iniciativa internacional formada por 70 países en búsqueda de promover la transparencia y la rendición de cuentas; ese 24 de Septiembre de 2014 en la ciudad de Nueva York, Peña Nieto sentado al lado de Barack Obama, textualmente refrendó su compromiso para luchar contra con la corrupción y el empoderamiento de la ciudadanía, sobra decir incumplió, el paso por la historia de México habrá de colocarlo como uno de los Presidentes más corruptos y eso es ya mucho decir.

Días después de esa simulación diplomática por parte de EPN, el escándalo de su “Casa Blanca” le estalló en la cara, la residencia ubicada en la calle Sierra Gorda 150 de Lomas de Chapultepec y valuada en 7 millones de dólares (cerca de 140 millones de pesos al tipo de cambio actual) representaba el primero de muchos escándalos y excesos vinculados al entonces mandatario mexicano, quedaba evidenciada la causa del “amor” que Peña tenía a Grupo Higa, su constructora favorita desde la época como gobernador mexiquense, la fallida explicación ofrecida por su pareja sexenal (la gaviota) solo sirvió para calentar aún más los ánimos de la población y en el colmo de la impotencia y juego sucio, la periodista Carmen Aristegui pagó la osadía de dar a conocer la punta del iceberg.

Confiando tal vez en la amnesia crónica de buena parte de los mexicanos, el 18 de Julio de 2016 justo durante el acto de promulgación de las leyes para dar vida al Sistema Nacional Anticorrupción, Peña se disculpó con un pueblo que ya no creyó en sus razones ni en su inocencia, el dinero invertido para mejorar su imagen sencillamente se había ido por el caño del desagüe, como sus aspiraciones y el “prestigio” de su partido.

Hoy la lucha contra la corrupción parece, al menos en su etapa incipiente, tomar un rumbo definido, la Unidad de inteligencia financiera trabaja a marchas forzadas para desenredar la enorme madeja de vicios que significó la llamada "Estafa Maestra", el ex director de operaciones de la CFE durante los periodos panistas, Néstor Félix Moreno se encuentra en jaque por enriquecimiento ilícito a pesar del repentino apoyo de un juez para evitar su reencarcelamiento, cuando se tenía sentencia de ocho años de prisión.

Además el cerco se va cerrando para Emilio Lozoya a pesar de los esfuerzos de don Javier Coello Trejo, su flamante abogado. Juan Collado también es asunto que irá creciendo y dará tema en las próximas semanas, pero a todo esto, ¿en donde está Enrique Peña Nieto?

El artífice principal de todo el andamiaje de corrupción que sirvió para uno de los más descarados saqueos a nuestro país, no ha sido molestado y ese es el pendiente para López Obrador, toda lucha e intento pierde legitimidad si no toca la parte más alta de la escalera ¿o no era así como éstas se barrían?

Recién salió a la luz pública un simple ejemplo de los excesos con los cuales Peña se manejaba, la hipocresía quedó de manifiesto cuando AMLO dio a conocer con infografías y facturas como sustento, la opulencia criminal en los vuelos presidenciales, con gastos como 47 mil pesos destinados a rastrillos “para una suave afeitada”, o 70 mil pesos de nuestros bolsillos en gel (para mantener el copete en su lugar) 36 mil pesos en esponjas lustradoras de calzado y muchos detalles más; ofende recordar la grosera cifra de $1,291.00 pesos, incongruencia criminal que identificó su gobierno.

Habrá que investigar quienes fueron los pasajeros cómplices que cotidianamente compartieron, disfrutaron y brindaron su generoso silencio.


Twitter: @michelleonofre

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