/ sábado 15 de agosto de 2020

Gorditas Uninter

Pocas veces he probado una tinga preparada con tal cálculo, que encaje de manera precisa con las notas que le dan los frijolitos refritos a una gordita de aceite recién salida del aceite.

Tampoco unos champiñones guisados de tal manera que predominen al sabor de la masa doraditas. Menos, un chicharrón en salsa tan exquisito que le proponga yo al cocinero que me haga aunque sea medio litro para llevar.

Tampoco un picadillo tan bueno como en algunos tiempos lo guisaba mi madre, antes de que dejara de usar el picante y el aceite sin pensar en la salud de mi papá.

Incluso la masa parece condimentada, porque al salir del aceite, así solita, solo con crema , queso y salsa, Rica la gloria.

Por eso decidí regresar en lunes, miércoles, viernes o sábado a buscar las Gorditas Uninter, como las conocen los universitarios, a pesar que se encuentran retiraditas de la calle San Gerónimo.

Por eso hoy sin empacho, los invito a que se den una vuelta a Tlaltenango, justo en la calle de la cancha deportiva, frente a la Iglesia, para que se deleitan como yo con una de esas obras de arte.

Si no son mucho de las gordas, pídanse una quesadilla de queso Oaxaca, de pollito con papas o de pata, si, de pata, que tiene el sabor pozolero por arriba y por abajo, para chuparse los dedos.

Entre otras de las cosas extremadamente buenas de esta establecimiento, es que además, saldrán con la cartera llena, porque aquí se demuestra que el sabor no depende del dinero, sino del placer de sentarse en un banquito y escuchar las historias de la colonia.

No les digo más, mejor que hable el sabor…

Pocas veces he probado una tinga preparada con tal cálculo, que encaje de manera precisa con las notas que le dan los frijolitos refritos a una gordita de aceite recién salida del aceite.

Tampoco unos champiñones guisados de tal manera que predominen al sabor de la masa doraditas. Menos, un chicharrón en salsa tan exquisito que le proponga yo al cocinero que me haga aunque sea medio litro para llevar.

Tampoco un picadillo tan bueno como en algunos tiempos lo guisaba mi madre, antes de que dejara de usar el picante y el aceite sin pensar en la salud de mi papá.

Incluso la masa parece condimentada, porque al salir del aceite, así solita, solo con crema , queso y salsa, Rica la gloria.

Por eso decidí regresar en lunes, miércoles, viernes o sábado a buscar las Gorditas Uninter, como las conocen los universitarios, a pesar que se encuentran retiraditas de la calle San Gerónimo.

Por eso hoy sin empacho, los invito a que se den una vuelta a Tlaltenango, justo en la calle de la cancha deportiva, frente a la Iglesia, para que se deleitan como yo con una de esas obras de arte.

Si no son mucho de las gordas, pídanse una quesadilla de queso Oaxaca, de pollito con papas o de pata, si, de pata, que tiene el sabor pozolero por arriba y por abajo, para chuparse los dedos.

Entre otras de las cosas extremadamente buenas de esta establecimiento, es que además, saldrán con la cartera llena, porque aquí se demuestra que el sabor no depende del dinero, sino del placer de sentarse en un banquito y escuchar las historias de la colonia.

No les digo más, mejor que hable el sabor…

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