Michelle Onofre

  / martes 3 de diciembre de 2019

El primer año

Cumplidos los primeros 365 días del arribo a la presidencia de Andrés Manuel López Obrador, se recuerda aguerrido como candidato y como oposición, atacado por gobiernos hasta el odio enfermizo mostrado por Vicente Fox, pero después de dos partidos y tres elecciones AMLO logró su objetivo, la promesa cumplida a sí mismo no es lo importante sino lo que consuma en favor de sus gobernados, marcando su lugar en nuestra historia.

Paralelo a la fiesta del Zócalo de la CDMX, tuvieron lugar en distintas ciudades del país, manifestaciones de rechazo a la política del gobierno federal, puntualizando en la inseguridad, los apoyos asistencialistas, recortes diversas áreas y el costo de los energéticos, según datos de prensa nacional en Mérida más de 400 personas marcharon del Paseo Montejo al Monumento a la Patria, en Morelia 500 personas hicieron lo mismo caminando de la fuente de las “tarascas” al palacio de gobierno, en el Estado de Veracruz se contaron también algunas ciudades como Jalapa con 200 ciudadanos inconformes, Córdoba con 100 personas y 400 más en el puerto, en Cd. Juárez unos 300 manifestantes, en el puente internacional Córdoba-Américas que limita con El Paso TX se reunieron unas 200 personas entre asociaciones civiles y militantes panistas, también hubo movimientos en Tamaulipas sin precisar cifras, en Guadalajara se dieron cita más de 1000 personas.

Cuernavaca tampoco fue la excepción con más de 250 personas se concentraron en la glorieta de Tlaltenango protestando contra los gobiernos federal y estatal, ya reunidos en el “Calvario” la Asociación “Gustavo Salgado” prefirió no participar debido a que detectó la intromisión de partidos políticos, algo común en estos casos.

En la ciudad de México en el Zócalo Nacional cada quien da sus números pero en el Monumento a la Revolución marcharon alrededor de cinco mil personas en contra, frente a los 250 mil asistentes; las cifras importan poco, sea como sea deben tomarse en cuenta las luces y sombras de un gobierno que ha tenido un inicio atípico y no hablo del escaso crecimiento económico (eso si es común y tradicional en todos los arranques de las administraciones desde Zedillo) me refiero a la enorme polarización de la que todos somos culpables, gobierno, partidos y gobernados, los problemas existen nadie lo niega pero pocos aportan al menos de manera positiva.

La inseguridad es el peor flagelo, cada vez que conocemos de una ejecución o de algún asalto, sin lugar a dudas nos olvidamos del crecimiento económico o de la recesión y nuestras prioridades sufren un cambio de rumbo.

Hemos llegado al primero año de lo que se dijo sería una transformación, la llamada 4T ha tenido aciertos y no se pueden dejar de lado, es la primera vez que el ataque frontal a la corrupción parece no ser un simple discurso, igualmente de reconocerse, dejamos de tener gobiernos acostumbrados al dispendio, a la frivolidad, poniendo sal en la llaga de la desigualdad social, administraciones como la peñista, cuya especialidad fue el saqueo.

Tal vez sea pronto para dar resultados contundentes, pero 365 días son suficientes para la administración; por lo cual la comprensión se debe enfocar en la estrategia y no en las explicaciones.

El pasado cuenta pero no limita y debe dejar de mencionarlo hasta que él mismo ofrezca los resultados prometidos y esperados, sólo entonces podrá gritar con autoridad legítima que hizo las cosas diferentes.

Las bases podrían ir por buen camino a pesar del golpeteo que una oposición borrada y “moralmente derrotada” propina minuto a minuto, a esperar resultados y a festejar o protestar por el primer año de gobierno lopezobradorista, en una sana democracia ambos manifiestos deben ser bien recibidos.

Cumplidos los primeros 365 días del arribo a la presidencia de Andrés Manuel López Obrador, se recuerda aguerrido como candidato y como oposición, atacado por gobiernos hasta el odio enfermizo mostrado por Vicente Fox, pero después de dos partidos y tres elecciones AMLO logró su objetivo, la promesa cumplida a sí mismo no es lo importante sino lo que consuma en favor de sus gobernados, marcando su lugar en nuestra historia.

Paralelo a la fiesta del Zócalo de la CDMX, tuvieron lugar en distintas ciudades del país, manifestaciones de rechazo a la política del gobierno federal, puntualizando en la inseguridad, los apoyos asistencialistas, recortes diversas áreas y el costo de los energéticos, según datos de prensa nacional en Mérida más de 400 personas marcharon del Paseo Montejo al Monumento a la Patria, en Morelia 500 personas hicieron lo mismo caminando de la fuente de las “tarascas” al palacio de gobierno, en el Estado de Veracruz se contaron también algunas ciudades como Jalapa con 200 ciudadanos inconformes, Córdoba con 100 personas y 400 más en el puerto, en Cd. Juárez unos 300 manifestantes, en el puente internacional Córdoba-Américas que limita con El Paso TX se reunieron unas 200 personas entre asociaciones civiles y militantes panistas, también hubo movimientos en Tamaulipas sin precisar cifras, en Guadalajara se dieron cita más de 1000 personas.

Cuernavaca tampoco fue la excepción con más de 250 personas se concentraron en la glorieta de Tlaltenango protestando contra los gobiernos federal y estatal, ya reunidos en el “Calvario” la Asociación “Gustavo Salgado” prefirió no participar debido a que detectó la intromisión de partidos políticos, algo común en estos casos.

En la ciudad de México en el Zócalo Nacional cada quien da sus números pero en el Monumento a la Revolución marcharon alrededor de cinco mil personas en contra, frente a los 250 mil asistentes; las cifras importan poco, sea como sea deben tomarse en cuenta las luces y sombras de un gobierno que ha tenido un inicio atípico y no hablo del escaso crecimiento económico (eso si es común y tradicional en todos los arranques de las administraciones desde Zedillo) me refiero a la enorme polarización de la que todos somos culpables, gobierno, partidos y gobernados, los problemas existen nadie lo niega pero pocos aportan al menos de manera positiva.

La inseguridad es el peor flagelo, cada vez que conocemos de una ejecución o de algún asalto, sin lugar a dudas nos olvidamos del crecimiento económico o de la recesión y nuestras prioridades sufren un cambio de rumbo.

Hemos llegado al primero año de lo que se dijo sería una transformación, la llamada 4T ha tenido aciertos y no se pueden dejar de lado, es la primera vez que el ataque frontal a la corrupción parece no ser un simple discurso, igualmente de reconocerse, dejamos de tener gobiernos acostumbrados al dispendio, a la frivolidad, poniendo sal en la llaga de la desigualdad social, administraciones como la peñista, cuya especialidad fue el saqueo.

Tal vez sea pronto para dar resultados contundentes, pero 365 días son suficientes para la administración; por lo cual la comprensión se debe enfocar en la estrategia y no en las explicaciones.

El pasado cuenta pero no limita y debe dejar de mencionarlo hasta que él mismo ofrezca los resultados prometidos y esperados, sólo entonces podrá gritar con autoridad legítima que hizo las cosas diferentes.

Las bases podrían ir por buen camino a pesar del golpeteo que una oposición borrada y “moralmente derrotada” propina minuto a minuto, a esperar resultados y a festejar o protestar por el primer año de gobierno lopezobradorista, en una sana democracia ambos manifiestos deben ser bien recibidos.

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