/ viernes 20 de septiembre de 2019

Renace la Torre Latino

Las afectaciones que sufrió fueron graves, dejando gran cantidad de escombros y secuelas posteriores en la infraestructura

A dos años del catastrófico sismo de 7.1 grados de magnitud que sacudió como nunca antes se había visto al estado de Morelos, afectando a más de 23 000 inmuebles en todos los municipios del estado y dejando un saldo de 74 víctimas mortales en nuestro estado y más de 12 millones de damnificados en todo el país, según Reuters, los saldos de reconstrucción no se han cubierto del todo y cientos de personas, aún sin casa, siguen manifestándose en las calles en busca de ser escuchadas por el gobierno del país.

El caos y el pánico que reinaron durante el minuto y medio que duró el sismo siguieron estando presente en las semanas e incluso meses posteriores al siniestro; la atmósfera de daño e incertidumbre aún no se ha aclarado para aquellas familias que se vieron obligadas a abandonar sus hogares y habitar en las calles de la ciudad, en refugios y hogares temporales. El sismo cimbró no solo paredes y edificios, sino la paz y tranquilidad de miles de personas afectadas, entre ellos, los habitantes de la famosa Torre Latinoamericana, quienes dejaron bajo los escombros sus pertenencias, sueños y recuerdos más entrañables.

El 19 de septiembre del 2017 fue un hito, un caos, un estado de emergencia civil y el foco de mira para los países de todo el mundo. La atmósfera de catástrofe llegó hasta los oídos del Vaticano, donde se mantuvieron en todo momento las plegarias en pro de las víctimas fallecidas y las familias de los afectados. Ese día, recuerda Teresa Gómez Virgen, fue uno de los más difíciles que ha experimentado en toda su vida. Recuerda de manera borrosa haber estado esa tarde en casa de su hermana y no en su departamento, que colapsó estrepitosamente en el primer piso de la torre Latino, dejando a su perrita hundida entre los escombros para luego ser rescatada por los vecinos. Cuando llegaron las autoridades de protección civil permitieron a las personas retirar documentos importantes y medicinas del interior de los departamentos. Con lágrimas en los ojos, Teresa vio como toda su casa quedó en ruinas, sin embargo, lo más importante, ella estaba bien y su perrita con vida. Con llanto y angustia los familiares y amigos de Teresa la recibieron, y agradecieron su ausencia en el departamento durante el incidente. Más adelante, nos relata, decenas de personas llegaron al lugar para ofrecerles apoyo con víveres y alimentos, por lo que hasta hoy se siente profundamente agradecida.

Esta es solo una de las historias que resurgieron de los escombros en aquella tarde fatídica, sin hablar de aquellas otras que se quedaron atrapadas bajo las losetas y el concreto de los muros, sin salir nunca a la luz. Las afectaciones que sufrió la Torre Latinoamericana fueron graves, incluyendo la caída de la torre principal del edificio y cinco pisos que se derrumbaron, dejando gran cantidad de escombros y secuelas posteriores en la infraestructura del edificio.

José Antonio Gumler, administrador y presidente de la mesa directiva de la Torre Latinoamericana, nos comenta que a pesar de haber recibido apoyo por parte de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (SEDATU) para la remoción de casi el 50% los escombros y camiones de carga por parte del Municipio, los principales recursos económicos fueron puestos por ellos mismos.

Para retirar los escombros tardaron varios meses; incluso solicitaron apoyo del Municipio.

Las principales labores de reconstrucción que se han hecho son la reparación de las instalaciones de gas, agua y luz, y la rehabilitación de los departamentos una vez obtenidos los permisos por parte de protección civil para rehabilitar el edificio. Se comenzó a trabajar con el cuerpo B del edificio y con la parte central, zonas donde ya habitan familias; la parte que da hacia la Avenida Morelos aún está en proceso de reconstrucción. En lo que respecta a la caída del torreón principal, se planea reconstruir a largo plazo dos pisos de departamentos y un mirador.

El apoyo que han recibido por parte del Gobierno Federal ha sido casi nulo, pues las autoridades les indicaron que no tenían los recursos necesarios para apoyarlos, dejándolos con más de 140 toneladas atoradas en el quinto piso del edificio, con peligro de colapsar y poniendo en riesgo la integridad de los trabajadores. Gumler expresó su decepción ante la falta de apoyo por parte del Gobierno y manifestó que la mayor parte de los recursos han sido otorgados por una empresa privada morelense que les brindó un crédito de apoyo. Actualmente están solicitando apoyo al gobierno del Presidente Andrés Manuel López Obrador, cuyos representantes mencionaron hace poco que ofrecerán fondos de apoyo destinados a las zonas afectadas que no fueron atendidas. Se necesita una enorme cantidad de dinero para volver a reconstruir el edificio en su totalidad, aproximadamente entre 18 y 20 millones de pesos, por lo que forzosamente se requieren apoyos externos. El edificio no cuenta con los fondos suficientes para cubrir con todos los gastos, tan sólo antes del sismo se contaba con un fondo de 150 mil pesos para contingencias, monto que naturalmente ya fue rebasado.

A pesar de que el Fondo de Desastres Naturales (FONDEN) apoyó con 13 mil pesos a 13 familias que se vieron afectadas, dejaron a un lado a 49 departamentos dañados que requerían de manera más urgente el apoyo. De igual manera, la ayuda que recibieron por parte del Gobierno del Estado fue nula, del que recibieron nada más y nada menos que seis tinacos, solamente eso.

Nadie hubiera esperado que aquella fatídica tarde en la que se estaban cumpliendo 32 años del terremoto del 85, se viera envuelta repentinamente en caos, estruendos y nubes de polvo. Así fue para algunas personas de la tercera edad que se encontraban en sus departamentos en el momento del colapso, algunas en cama, atoradas entre los escombros y sin poder salir hasta que llegó en su auxilio personal de Protección Civil, con el pánico a flor de piel ante el aviso del posible derrumbe del edificio. Muchas familias tuvieron la suerte de no encontrarse en sus departamentos durante el terremoto, la mayoría estaban en el trabajo o en las escuelas, pero para aquellas que tuvieron el infortunio de experimentar en carne y hueso el derrumbe de sus hogares, nos cuentan que nunca antes en sus vidas habían experimentado una sensación tan fuerte de terror y pánico. No se diga de aquellas personas que al llegar a casa encontraron, ahí donde antes solía haber paredes, cimientos derrumbados. Afortunadamente todos los vecinos vivieron para contarlo.

Vecinos del lugar fueron olvidados por las autoridades, tras el siniestro.

A pesar de la catástrofe, hubo grupos de personas que aprovechándose de la situación irrumpieron durante dos meses seguidos en las unidades del edificio para saquear y robar las pocas pertenencias de las familias. Con todo y que los vecinos de la comunidad y trabajadores del edificio se organizaron para instalar un alumbrado temporal en la zona y detener entre todos a los ladrones, los robos no cesaron pronto, incluso con el apoyo de la policía y cuerpos de seguridad. Esta situación crítica fue unas de las que más afectaron a los vecinos de la comunidad.

La Torre Latinoamericana permaneció inhabitada durante más de doce meses y no fue hasta finales del año pasado que las personas volvieron a habitar uno de los cuerpos del edificio, siendo hasta ahora que comienzan a habitarse las demás áreas del inmueble. El incidente afectó de manera extrema el valor comercial de los departamentos y el costo de las rentas, muchos de ellos se vendieron a la mitad de su precio, pasando de costar 1 millón 500 mil a 500 mil pesos. Las rentas se devaluaron de 9 mil a 4 mil pesos. A pesar de esto, con las nuevas labores de reconstrucción se ha logrado recuperar en algún porcentaje su antiguo valor.

Es importante mencionar que el próximo mes se festejará el 70 aniversario de la Torre Latinoamericana, se trata de una oportunidad idónea parar conmemorar todos los años que el edificio se ha mantenido de pie, a pesar de los temblores y percances del tiempo.

Poco a poco, los vecinos han ido ocupando sus departamentos.

A dos años del catastrófico sismo de 7.1 grados de magnitud que sacudió como nunca antes se había visto al estado de Morelos, afectando a más de 23 000 inmuebles en todos los municipios del estado y dejando un saldo de 74 víctimas mortales en nuestro estado y más de 12 millones de damnificados en todo el país, según Reuters, los saldos de reconstrucción no se han cubierto del todo y cientos de personas, aún sin casa, siguen manifestándose en las calles en busca de ser escuchadas por el gobierno del país.

El caos y el pánico que reinaron durante el minuto y medio que duró el sismo siguieron estando presente en las semanas e incluso meses posteriores al siniestro; la atmósfera de daño e incertidumbre aún no se ha aclarado para aquellas familias que se vieron obligadas a abandonar sus hogares y habitar en las calles de la ciudad, en refugios y hogares temporales. El sismo cimbró no solo paredes y edificios, sino la paz y tranquilidad de miles de personas afectadas, entre ellos, los habitantes de la famosa Torre Latinoamericana, quienes dejaron bajo los escombros sus pertenencias, sueños y recuerdos más entrañables.

El 19 de septiembre del 2017 fue un hito, un caos, un estado de emergencia civil y el foco de mira para los países de todo el mundo. La atmósfera de catástrofe llegó hasta los oídos del Vaticano, donde se mantuvieron en todo momento las plegarias en pro de las víctimas fallecidas y las familias de los afectados. Ese día, recuerda Teresa Gómez Virgen, fue uno de los más difíciles que ha experimentado en toda su vida. Recuerda de manera borrosa haber estado esa tarde en casa de su hermana y no en su departamento, que colapsó estrepitosamente en el primer piso de la torre Latino, dejando a su perrita hundida entre los escombros para luego ser rescatada por los vecinos. Cuando llegaron las autoridades de protección civil permitieron a las personas retirar documentos importantes y medicinas del interior de los departamentos. Con lágrimas en los ojos, Teresa vio como toda su casa quedó en ruinas, sin embargo, lo más importante, ella estaba bien y su perrita con vida. Con llanto y angustia los familiares y amigos de Teresa la recibieron, y agradecieron su ausencia en el departamento durante el incidente. Más adelante, nos relata, decenas de personas llegaron al lugar para ofrecerles apoyo con víveres y alimentos, por lo que hasta hoy se siente profundamente agradecida.

Esta es solo una de las historias que resurgieron de los escombros en aquella tarde fatídica, sin hablar de aquellas otras que se quedaron atrapadas bajo las losetas y el concreto de los muros, sin salir nunca a la luz. Las afectaciones que sufrió la Torre Latinoamericana fueron graves, incluyendo la caída de la torre principal del edificio y cinco pisos que se derrumbaron, dejando gran cantidad de escombros y secuelas posteriores en la infraestructura del edificio.

José Antonio Gumler, administrador y presidente de la mesa directiva de la Torre Latinoamericana, nos comenta que a pesar de haber recibido apoyo por parte de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (SEDATU) para la remoción de casi el 50% los escombros y camiones de carga por parte del Municipio, los principales recursos económicos fueron puestos por ellos mismos.

Para retirar los escombros tardaron varios meses; incluso solicitaron apoyo del Municipio.

Las principales labores de reconstrucción que se han hecho son la reparación de las instalaciones de gas, agua y luz, y la rehabilitación de los departamentos una vez obtenidos los permisos por parte de protección civil para rehabilitar el edificio. Se comenzó a trabajar con el cuerpo B del edificio y con la parte central, zonas donde ya habitan familias; la parte que da hacia la Avenida Morelos aún está en proceso de reconstrucción. En lo que respecta a la caída del torreón principal, se planea reconstruir a largo plazo dos pisos de departamentos y un mirador.

El apoyo que han recibido por parte del Gobierno Federal ha sido casi nulo, pues las autoridades les indicaron que no tenían los recursos necesarios para apoyarlos, dejándolos con más de 140 toneladas atoradas en el quinto piso del edificio, con peligro de colapsar y poniendo en riesgo la integridad de los trabajadores. Gumler expresó su decepción ante la falta de apoyo por parte del Gobierno y manifestó que la mayor parte de los recursos han sido otorgados por una empresa privada morelense que les brindó un crédito de apoyo. Actualmente están solicitando apoyo al gobierno del Presidente Andrés Manuel López Obrador, cuyos representantes mencionaron hace poco que ofrecerán fondos de apoyo destinados a las zonas afectadas que no fueron atendidas. Se necesita una enorme cantidad de dinero para volver a reconstruir el edificio en su totalidad, aproximadamente entre 18 y 20 millones de pesos, por lo que forzosamente se requieren apoyos externos. El edificio no cuenta con los fondos suficientes para cubrir con todos los gastos, tan sólo antes del sismo se contaba con un fondo de 150 mil pesos para contingencias, monto que naturalmente ya fue rebasado.

A pesar de que el Fondo de Desastres Naturales (FONDEN) apoyó con 13 mil pesos a 13 familias que se vieron afectadas, dejaron a un lado a 49 departamentos dañados que requerían de manera más urgente el apoyo. De igual manera, la ayuda que recibieron por parte del Gobierno del Estado fue nula, del que recibieron nada más y nada menos que seis tinacos, solamente eso.

Nadie hubiera esperado que aquella fatídica tarde en la que se estaban cumpliendo 32 años del terremoto del 85, se viera envuelta repentinamente en caos, estruendos y nubes de polvo. Así fue para algunas personas de la tercera edad que se encontraban en sus departamentos en el momento del colapso, algunas en cama, atoradas entre los escombros y sin poder salir hasta que llegó en su auxilio personal de Protección Civil, con el pánico a flor de piel ante el aviso del posible derrumbe del edificio. Muchas familias tuvieron la suerte de no encontrarse en sus departamentos durante el terremoto, la mayoría estaban en el trabajo o en las escuelas, pero para aquellas que tuvieron el infortunio de experimentar en carne y hueso el derrumbe de sus hogares, nos cuentan que nunca antes en sus vidas habían experimentado una sensación tan fuerte de terror y pánico. No se diga de aquellas personas que al llegar a casa encontraron, ahí donde antes solía haber paredes, cimientos derrumbados. Afortunadamente todos los vecinos vivieron para contarlo.

Vecinos del lugar fueron olvidados por las autoridades, tras el siniestro.

A pesar de la catástrofe, hubo grupos de personas que aprovechándose de la situación irrumpieron durante dos meses seguidos en las unidades del edificio para saquear y robar las pocas pertenencias de las familias. Con todo y que los vecinos de la comunidad y trabajadores del edificio se organizaron para instalar un alumbrado temporal en la zona y detener entre todos a los ladrones, los robos no cesaron pronto, incluso con el apoyo de la policía y cuerpos de seguridad. Esta situación crítica fue unas de las que más afectaron a los vecinos de la comunidad.

La Torre Latinoamericana permaneció inhabitada durante más de doce meses y no fue hasta finales del año pasado que las personas volvieron a habitar uno de los cuerpos del edificio, siendo hasta ahora que comienzan a habitarse las demás áreas del inmueble. El incidente afectó de manera extrema el valor comercial de los departamentos y el costo de las rentas, muchos de ellos se vendieron a la mitad de su precio, pasando de costar 1 millón 500 mil a 500 mil pesos. Las rentas se devaluaron de 9 mil a 4 mil pesos. A pesar de esto, con las nuevas labores de reconstrucción se ha logrado recuperar en algún porcentaje su antiguo valor.

Es importante mencionar que el próximo mes se festejará el 70 aniversario de la Torre Latinoamericana, se trata de una oportunidad idónea parar conmemorar todos los años que el edificio se ha mantenido de pie, a pesar de los temblores y percances del tiempo.

Poco a poco, los vecinos han ido ocupando sus departamentos.

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