/ jueves 29 de octubre de 2020

Mon Laferte: Hay un nuevo camino contra la desigualdad

Tras la recientes votaciones por una nueva Constituciónen su país, la cantante chilena Mon Laferte pide dar prioridad a temas como la educación

Criada en una zona marginal de Viña del Mar y obligada a renunciar a sus estudios por llevar dinero a casa, la cantautora chilena Mon Laferte sabe de lo que habla cuando llega a su mesa el tema de la desigualdad social, el mayor cáncer que dejó la dictadura de Augusto Pinochet.

Ahora que casi el 80 por ciento de la sociedad chilena votó a favor de revocar la constitución del viejo régimen, para redactar otra que sí garantice los derechos humanos y la equidad social, la intérprete de 37 años se muestra satisfecha con la decisión que ha tomado su país, aunque tiene claro que aún queda mucho por hacer en una América Latina donde, al concluir la pandemia, habrá ocho nuevos multimillonarios y 52 millones de pobres más, según estimaciones de la Oxfam.

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“Mi familia es de clase trabajadora y he vivido en carne propia las injusticias sociales de Chile. Mi infancia y mi adolescencia fueron complicadas: no tuve salud, no tuve educación y no pude estudiar la carrera universitaria que quería porque tuve que trabajar desde muy pequeña para ayudar a mi madre y a mi hermana; éramos tres mujeres solas. Por eso creo que el tema prioritario de la nueva Constitución de Chile y de todos los tratados internacionales debe ser la educación, porque ésta es la base de todo”, comparte Mon Laferte en una conferencia vía Zoom a propósito del concierto que ofrecerá el próximo 5 de noviembre a las 20:00 horas a través de la plataforma StreamTime.

Igual que a millones de chilenos, a Norma Montserrat —su nombre real— el nombre de Augusto Pinochet le trae un mal sabor de boca. Fueron más de 40 mil los muertos, torturados, desaparecidos y censurados por el militar que aseguraba que los derechos humanos eran "una invención marxista". Y aunque Mon está feliz porque muy pronto se formará una asamblea constituyente en Chile, sabe que la desigualad no es un problema que se solucione únicamente desde las cámaras legislativas.

“No soy una experta en el tema, pero América Latina, no sólo Chile, sigue siendo una región de muchas desigualdades. Hasta el día de hoy sigo frecuentando el barrio donde crecí, la población Alejandro Navarrete, en el sector Gómez Carreño de Viña del Mar, y la verdad es que no veo que haya muchos avances. Es una localidad de bloques rojos de interés social donde se decía que ahí terminaba la civilización para que empezara el bosque. De niña yo jugaba en el cerro, y ahora ya no queda nada de ese cerro: en su lugar hay edificios residenciales enormes. Lo único que teníamos en ese barrio, nos lo quitaron. Creo que no hay mejor ejemplo de desigualdad”, comparte la cantante.

Consciente de que la fama es efímera, Laferte asegura que su trabajo nunca ha estado en función de los números. Fue una artista que empezó desde abajo, cantando en los camiones y en los bares de Chile. Incluso renunció a una academia musical profesional por la necesidad de llevar dinero a su casa. No se toma tan en serio los discos de platino o de diamante que tiene en su casa de México, donde actualmente reside. “Lástima que no son de diamantes verdad, si no, tendría mucha plata”, bromea con esa sencillez que la caracteriza, muy confiada de que el paso que ha dado Chile deja muchas enseñanzas a la región latinoamericana.

“Lo vimos reflejado en las votaciones del plebiscito: sólo tres comunas de la capital del barrio alto fueron las que votaron en contra de la nueva constitución. El resto de mi país votó a favor. Está muy claro quiénes fueron los favorecidos por la constitución de Pinochet”, afirma. “Ahora son los jóvenes los que levantan la voz, los que iniciaron el estallido social con las protestas por el alza de tarifas del metro. Estamos ante una generación sin miedo, no como la de mi madre, que tenía pavor porque le tocó la dictadura. Yo misma nací en la dictadura, pero poco a poco nos hemos quitado todos esos terrores”.

GRITAR LAS INJUSTICIAS

Mon Laferte no es cómplice del silencio. Hace casi un año, durante la entrega de los Latin Grammy en Las Vegas, utilizó su cuerpo como vehículo de protesta. En sus senos escribió: “En Chile torturan, violan y matan”, en alusión a las represiones policiales que ocurrieron durante el estallido social que buscó la destitución del expresidente Sebastián Piñera. Además, en su cuello se colgó un pañuelo verde, símbolo internacional del movimiento feminista. Los reflectores cayeron sobre ella como nunca. En su país hubo hasta quienes la tildaron de revoltosa, pero a Mon poco le importó: ya no quiere que Chile sea el país de la impunidad.

“Aquello que hice fue un grito desesperado”, dice Laferte, quien siempre ha denunciado cualquier violación a los derechos humanos, aunque esta vez asegura que no utilizará la entrega de los Latin Grammy 2020 —que se realizará el 19 de noviembre— como vitrina para exponer su descontento social. “Hay muchas cosas que quisiera gritar, pero sería burdo esperar cada premiación para hacer una protesta. No necesariamente se debe tener una alfombra roja para aportar un granito de arena. Yo soy feminista y sigo luchando por causas justas y no todas han tenido difusión. De hecho, esta vez decidí no estar presente físicamente (en los Latin Grammy); vale la pena seguir cuidándose un poco más”, comenta.

La cantante asegura que seguirá de cerca a los movimientos feministas de todo el mundo porque la violencia es algo que ha sufrido a lo largo de su vida: “Nunca he contado muchas de mis experiencias personales, pero la violencia es un tema que me ha tocado directamente en todas mis edades, en la infancia y ha seguido presente en mi adultez. Por supuesto que voy a gritar, voy a salir a las marchas y haré todo lo necesario para cambiar esta mentalidad (machista) en la que vivimos”.






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Criada en una zona marginal de Viña del Mar y obligada a renunciar a sus estudios por llevar dinero a casa, la cantautora chilena Mon Laferte sabe de lo que habla cuando llega a su mesa el tema de la desigualdad social, el mayor cáncer que dejó la dictadura de Augusto Pinochet.

Ahora que casi el 80 por ciento de la sociedad chilena votó a favor de revocar la constitución del viejo régimen, para redactar otra que sí garantice los derechos humanos y la equidad social, la intérprete de 37 años se muestra satisfecha con la decisión que ha tomado su país, aunque tiene claro que aún queda mucho por hacer en una América Latina donde, al concluir la pandemia, habrá ocho nuevos multimillonarios y 52 millones de pobres más, según estimaciones de la Oxfam.

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“Mi familia es de clase trabajadora y he vivido en carne propia las injusticias sociales de Chile. Mi infancia y mi adolescencia fueron complicadas: no tuve salud, no tuve educación y no pude estudiar la carrera universitaria que quería porque tuve que trabajar desde muy pequeña para ayudar a mi madre y a mi hermana; éramos tres mujeres solas. Por eso creo que el tema prioritario de la nueva Constitución de Chile y de todos los tratados internacionales debe ser la educación, porque ésta es la base de todo”, comparte Mon Laferte en una conferencia vía Zoom a propósito del concierto que ofrecerá el próximo 5 de noviembre a las 20:00 horas a través de la plataforma StreamTime.

Igual que a millones de chilenos, a Norma Montserrat —su nombre real— el nombre de Augusto Pinochet le trae un mal sabor de boca. Fueron más de 40 mil los muertos, torturados, desaparecidos y censurados por el militar que aseguraba que los derechos humanos eran "una invención marxista". Y aunque Mon está feliz porque muy pronto se formará una asamblea constituyente en Chile, sabe que la desigualad no es un problema que se solucione únicamente desde las cámaras legislativas.

“No soy una experta en el tema, pero América Latina, no sólo Chile, sigue siendo una región de muchas desigualdades. Hasta el día de hoy sigo frecuentando el barrio donde crecí, la población Alejandro Navarrete, en el sector Gómez Carreño de Viña del Mar, y la verdad es que no veo que haya muchos avances. Es una localidad de bloques rojos de interés social donde se decía que ahí terminaba la civilización para que empezara el bosque. De niña yo jugaba en el cerro, y ahora ya no queda nada de ese cerro: en su lugar hay edificios residenciales enormes. Lo único que teníamos en ese barrio, nos lo quitaron. Creo que no hay mejor ejemplo de desigualdad”, comparte la cantante.

Consciente de que la fama es efímera, Laferte asegura que su trabajo nunca ha estado en función de los números. Fue una artista que empezó desde abajo, cantando en los camiones y en los bares de Chile. Incluso renunció a una academia musical profesional por la necesidad de llevar dinero a su casa. No se toma tan en serio los discos de platino o de diamante que tiene en su casa de México, donde actualmente reside. “Lástima que no son de diamantes verdad, si no, tendría mucha plata”, bromea con esa sencillez que la caracteriza, muy confiada de que el paso que ha dado Chile deja muchas enseñanzas a la región latinoamericana.

“Lo vimos reflejado en las votaciones del plebiscito: sólo tres comunas de la capital del barrio alto fueron las que votaron en contra de la nueva constitución. El resto de mi país votó a favor. Está muy claro quiénes fueron los favorecidos por la constitución de Pinochet”, afirma. “Ahora son los jóvenes los que levantan la voz, los que iniciaron el estallido social con las protestas por el alza de tarifas del metro. Estamos ante una generación sin miedo, no como la de mi madre, que tenía pavor porque le tocó la dictadura. Yo misma nací en la dictadura, pero poco a poco nos hemos quitado todos esos terrores”.

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Mon Laferte no es cómplice del silencio. Hace casi un año, durante la entrega de los Latin Grammy en Las Vegas, utilizó su cuerpo como vehículo de protesta. En sus senos escribió: “En Chile torturan, violan y matan”, en alusión a las represiones policiales que ocurrieron durante el estallido social que buscó la destitución del expresidente Sebastián Piñera. Además, en su cuello se colgó un pañuelo verde, símbolo internacional del movimiento feminista. Los reflectores cayeron sobre ella como nunca. En su país hubo hasta quienes la tildaron de revoltosa, pero a Mon poco le importó: ya no quiere que Chile sea el país de la impunidad.

“Aquello que hice fue un grito desesperado”, dice Laferte, quien siempre ha denunciado cualquier violación a los derechos humanos, aunque esta vez asegura que no utilizará la entrega de los Latin Grammy 2020 —que se realizará el 19 de noviembre— como vitrina para exponer su descontento social. “Hay muchas cosas que quisiera gritar, pero sería burdo esperar cada premiación para hacer una protesta. No necesariamente se debe tener una alfombra roja para aportar un granito de arena. Yo soy feminista y sigo luchando por causas justas y no todas han tenido difusión. De hecho, esta vez decidí no estar presente físicamente (en los Latin Grammy); vale la pena seguir cuidándose un poco más”, comenta.

La cantante asegura que seguirá de cerca a los movimientos feministas de todo el mundo porque la violencia es algo que ha sufrido a lo largo de su vida: “Nunca he contado muchas de mis experiencias personales, pero la violencia es un tema que me ha tocado directamente en todas mis edades, en la infancia y ha seguido presente en mi adultez. Por supuesto que voy a gritar, voy a salir a las marchas y haré todo lo necesario para cambiar esta mentalidad (machista) en la que vivimos”.






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