/ jueves 14 de septiembre de 2017

Son, mucho amor jarocho: herencia que goza de cabal salud

Fusión de ritmos indígenas, españoles y africanos dieron origen a la expresión tradicional veracruzana

Convertido en un símbolo no sólo del estado de Veracruz sino de todo México, el son jarocho ha prevalecido en el gusto de las personas a lo largo de varias generaciones y ha resistido el embate de la “música comercial”.

Los orígenes del son jarocho, considerado como la música tradicional veracruzana, se remontan al siglo XVIII en donde la música venida de España adquiere un carácter muy peculiar al mezclarse con las influencias africanas que pululaban la cuenca del caribe en esas épocas y el sustrato indígena que poblaba originalmente estas tierras. Con una base instrumental de arpa, jaranas, requintos, panderos, cajones, quijadas de burro y hasta violines además de un tejido rítmico, la antifonía, la improvisación, y el uso de onomatopeyas, el son jarocho representa la fusión de las tres herencias culturales de Veracruz.

El investigador de la Universidad Veracruzana y musicólogo tlacotalpeño, Rafael Figueroa Hernández da cuenta de las transformaciones que a lo largo de las décadas ha tenido este género musical. Aclara que en la actualidad el movimiento jaranero goza de cabal salud debido a representantes “del camino marcado por las modificaciones de Andrés Huesca y Lino Chávez al son jarocho en los años cuarenta” pero que han sabido mantener un cierto grado de originalidad.

“En este rubro podemos incluir a grupos como el TlenHuicani desde Xalapa, sin duda uno de los grupos más conocidos y reconocidos a nivel mundial, debido al apoyo que han recibido de la Universidad Veracruzana de la cual forman parte, y a la Negra Graciana, intérprete del arpa cuyo estilo nos remite a un interesante punto medio entre la manera tradicional del son jarocho y la corriente urbana de interpretarlo”.

Para Alberto de la Rosa, fundador y director artístico del grupo folklórico TlenHuicani, la música jarocha goza de cabal salud al grado de que aún existen cientos de grupos en la entidad que componen, interpretan y aprenden este género musical a lo largo de toda la geografía veracruzana y fuera de las fronteras.

Foto Alberto Delgado

 

“Nosotros somos veracruzanos y esa esa música es nuestra herencia, nuestros ancestros tocaban, cantaban y bailaban esa música y nosotros también lo podemos hacer”, expresa quien ha llevado este género musical a 64 países y tocado ante audiencias que terminan reconociéndolo.

En entrevista, el músico galardonado señaló que aunque si hubo una época en la que la música tradicional folklórica veracruzana parecía destinada a convertirse en una “pieza de museo”, el impulso de artistas y creadores logró mantenerla en el gusto de los jóvenes músicos al grado de que hoy existe la confianza en que el son y el huapango serán también la música de las nuevas generaciones.

 “Si hubo un tiempo en que esta música eran piezas de museo pero hoy por hoy podemos decir que en las calles tocamos sones como La Bamba, los fortalecemos y se los enseñamos a los niños y jóvenes”.

El arpista veracruzano reconoce que otro de los grandes triunfos que ha tenido la música jarocha es pasar de ser parte del acompañamiento de un ballet folklórico o la ambientación en un acto político, a encabezar un concierto y llenar teatros y recintos culturales en todo el país. “Hace 30 o 40 años nadie pensaba en un concierto de son jarocho y los músicos sólo aspiraban a tocar en restaurantes o eventos sociales entre las mesas pero con todo lo que ha logrado la música ha dado la oportunidad de presentaciones estelares”, indicó.

De la Rosa hoy se siente orgulloso de que la música veracruzana -de la que es parte- se escuche en los sitios más remotos de la geografía mexicana y se haya convertido junto con el mariachi en un símbolo de la cultura musical de nuestro país. “Hoy el son se canta, se baila y se reconoce en todas partes como parte de la identidad cultural mexicana y como una de las principales aportaciones de Veracruz”, concluyó.

 

 

 

Convertido en un símbolo no sólo del estado de Veracruz sino de todo México, el son jarocho ha prevalecido en el gusto de las personas a lo largo de varias generaciones y ha resistido el embate de la “música comercial”.

Los orígenes del son jarocho, considerado como la música tradicional veracruzana, se remontan al siglo XVIII en donde la música venida de España adquiere un carácter muy peculiar al mezclarse con las influencias africanas que pululaban la cuenca del caribe en esas épocas y el sustrato indígena que poblaba originalmente estas tierras. Con una base instrumental de arpa, jaranas, requintos, panderos, cajones, quijadas de burro y hasta violines además de un tejido rítmico, la antifonía, la improvisación, y el uso de onomatopeyas, el son jarocho representa la fusión de las tres herencias culturales de Veracruz.

El investigador de la Universidad Veracruzana y musicólogo tlacotalpeño, Rafael Figueroa Hernández da cuenta de las transformaciones que a lo largo de las décadas ha tenido este género musical. Aclara que en la actualidad el movimiento jaranero goza de cabal salud debido a representantes “del camino marcado por las modificaciones de Andrés Huesca y Lino Chávez al son jarocho en los años cuarenta” pero que han sabido mantener un cierto grado de originalidad.

“En este rubro podemos incluir a grupos como el TlenHuicani desde Xalapa, sin duda uno de los grupos más conocidos y reconocidos a nivel mundial, debido al apoyo que han recibido de la Universidad Veracruzana de la cual forman parte, y a la Negra Graciana, intérprete del arpa cuyo estilo nos remite a un interesante punto medio entre la manera tradicional del son jarocho y la corriente urbana de interpretarlo”.

Para Alberto de la Rosa, fundador y director artístico del grupo folklórico TlenHuicani, la música jarocha goza de cabal salud al grado de que aún existen cientos de grupos en la entidad que componen, interpretan y aprenden este género musical a lo largo de toda la geografía veracruzana y fuera de las fronteras.

Foto Alberto Delgado

 

“Nosotros somos veracruzanos y esa esa música es nuestra herencia, nuestros ancestros tocaban, cantaban y bailaban esa música y nosotros también lo podemos hacer”, expresa quien ha llevado este género musical a 64 países y tocado ante audiencias que terminan reconociéndolo.

En entrevista, el músico galardonado señaló que aunque si hubo una época en la que la música tradicional folklórica veracruzana parecía destinada a convertirse en una “pieza de museo”, el impulso de artistas y creadores logró mantenerla en el gusto de los jóvenes músicos al grado de que hoy existe la confianza en que el son y el huapango serán también la música de las nuevas generaciones.

 “Si hubo un tiempo en que esta música eran piezas de museo pero hoy por hoy podemos decir que en las calles tocamos sones como La Bamba, los fortalecemos y se los enseñamos a los niños y jóvenes”.

El arpista veracruzano reconoce que otro de los grandes triunfos que ha tenido la música jarocha es pasar de ser parte del acompañamiento de un ballet folklórico o la ambientación en un acto político, a encabezar un concierto y llenar teatros y recintos culturales en todo el país. “Hace 30 o 40 años nadie pensaba en un concierto de son jarocho y los músicos sólo aspiraban a tocar en restaurantes o eventos sociales entre las mesas pero con todo lo que ha logrado la música ha dado la oportunidad de presentaciones estelares”, indicó.

De la Rosa hoy se siente orgulloso de que la música veracruzana -de la que es parte- se escuche en los sitios más remotos de la geografía mexicana y se haya convertido junto con el mariachi en un símbolo de la cultura musical de nuestro país. “Hoy el son se canta, se baila y se reconoce en todas partes como parte de la identidad cultural mexicana y como una de las principales aportaciones de Veracruz”, concluyó.

 

 

 

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