/ miércoles 24 de junio de 2020

"El mundillo político de los 50 era nauseabundo": Enrique Serna

El escritor estuvo a punto de abandonar la novela que hoy lo ha hecho ganador del Premio Xavier Villaurrutia de Escritores para Escritores 2019

Enrique Serna estuvo a punto de abandonar la novela que hoy lo ha hecho ganador del Premio Xavier Villaurrutia de Escritores para Escritores 2019. Convencido de que escribir bajo los influjos aspiracionales de obtener un galardón merma la capacidad creativa, el narrador y ensayista cuenta a EL SOL DE MÉXICO lo que significó para él publicar El vendedor del silencio (2019, Alfaguara), la historia de uno de los personajes más fascinantes y perturbadores del periodismo mexicano: Carlos Denegri, el hombre que, con revolver en mano, se sentía por encima de Luis Echeverría y era conocido como “el mejor y el más vil de los periodistas”.

¿Por qué esta novela resulta tan importante en su carrera?

Anuncian la convocatoria del Premio de Ensayo Pedro Henríquez Ureña

Fue un libro que me llevó muchos años escribir, tanto por la investigación como por la escritura propiamente dicha. En algunos momentos estuve tentado de abandonarla porque tenía muchos baches creativos. Creí que la abortaría. Pero por fortuna fui encontrando mi camino. Y aún después de terminarla, estaba muy dudoso sobre su valor hasta que empecé a tener respuesta de parte de los lectores y de la crítica.

¿Qué es lo que más le fascinó de un hombre que fue un verdadero cáncer para el periodismo mexicano?

Me asombró que hubiera podido existir un personaje tan poderoso y al mismo tiempo tan vulnerable. Porque Denegri era un hombre intoxicado de poder, tanto en el ejercicio de su profesión como en sus relaciones conyugales, pero tenía una íntima desgarradura que lo empujaba hacia el abismo, hacia el precipicio y la autodestrucción, incluso con mayor fuerza que su ambición. Me pareció interesante escribir una novela desde la conciencia de este personaje y así contar ese proceso de destrucción. Denegri fue una celebridad, pero vivió su triunfo como un fracaso.

Denegri reprodujo los mecanismos políticos de ese México dominado por el PRI. ¿Su novela nos deja alguna lección de cómo hoy no se debe hacer periodismo?

Los contextos son muy diferentes. Hoy ya no existe esa censura férrea que sí había en los años 50, cuando el periodismo era cooptado por el gobierno. Alguna vez Julio Scherer llamó a Denegri “el mejor y el más vil de los periodistas”; hoy ya no podemos decir lo mismo. Ahora los mejores periodistas son los que guardan distancia ante el poder, conservan su independencia y escriben para la sociedad en lugar de hacerlo para un solo amo. En los tiempos de Denegri, los principales columnistas del país recibían línea directa desde Gobernación. Lo que tuvo Denegri fue un enorme talento de usufructuar esta posición de vocero de la presidencia.

¿Cómo conoció la historia de Carlos Denegri?

La conocí hace tiempo a través de muchas pláticas. Me di cuenta de que había una gran leyenda sobre este personaje, pero todo eran fragmentos dispersos, así que me di a la tarea de embonarlos en un rompecabezas literario. Para eso tuve que hacer un fuerte trabajo de investigación y recabé más testimonios para descubrir cosas que no se sabían de Denegri. Y luego complementé todo eso con elementos de ficción, sobre todo cuando me enfrenté a los episodios íntimos del personaje.


Su novela también aborda ese machismo patológico que subyugó a la sociedad mexicana de la primera mitad del siglo XX. Un machismo que aún tiene resonancia en nuestros días…

Claro, era la época de los charros cantores. Denegri era charro. Había un patrón de conducta en muchos personajes de ese tiempo, como Maximino Ávila Camacho. Eran personajes que veían una mujer y, aunque fuera casada, le mandaban una escolta para secuestrarla, como ahora lo hacen los narcos cuando ven a una muchacha bonita. Ese era el modus operandi. Denegri es un imitador de estos personajes, pero con un talón de Aquiles: el alcoholismo. Además de ciertos traumas que venía arrastrando desde la infancia y que fueron muy importantes para la evolución del personaje.

¿Qué opina del estereotipo que se ha hecho a lo largo de los años del periodista bohemio, alcohólico, seductor, destructivo y mujeriego? ¿Es vigente?

El modus operandi de Carlos Denegri no ha desaparecido. A finales del sexenio pasado, el gobierno de Enrique Peña Nieto se gastó 3 mil millones de dólares en sobornos a periodistas y en gastos publicitarios que no sirvieron de nada porque no pudo sostener en el poder al PRI. Pero yendo directamente a la pregunta, ese tipo de periodistas ya no son los que marcan la práctica de una época: ahora son la escoria de su profesión. Sin duda siguen en la vida pública, pero ya no tienen esa gran influencia que sí tenían personajes como Denegri. Hoy, en la era de las redes sociales, ya es muy difícil manipular a la opinión pública. En tiempos de Denegri, ni siquiera la televisión o la radio eran importantes.

¿Cómo percibe la relación entre el gobierno de AMLO y el gremio periodístico?

Es una relación de toma y daca. Hay muchos periódicos que están en contra suya. Y aunque él responde en las mañaneras, creo que debería responder más con hechos que con palabras o con insultos. Polarizar es su estrategia para sostenerse en el poder. Y eso es muy peligroso porque ahora que debemos estar unidos para enfrentar esta pandemia, resulta que el país está separado en dos bandos que se detestan.

¿Se puede sentir nostalgia por el pasado cuando éste estuvo plagado de corrupción, machismo y autoritarismo de un solo partido?

Aunque no me tocó vivirla, yo siento nostalgia por la época pero desde otro punto de vista. El México de los 40 y 50 fue una época maravillosa en la vida nocturna. Fue el momento de la ranchera y el bolero, con una Ciudad de México muy nocturna y cosmopolita por los efectos de la Segunda Guerra Mundial. Todo eso hace que la recuerde así, pero desde el punto de vista político no cabe ninguna nostalgia. Era verdaderamente nauseabundo el mundillo político de aquella época en la que había impunidad absoluta para la corrupción.


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Enrique Serna estuvo a punto de abandonar la novela que hoy lo ha hecho ganador del Premio Xavier Villaurrutia de Escritores para Escritores 2019. Convencido de que escribir bajo los influjos aspiracionales de obtener un galardón merma la capacidad creativa, el narrador y ensayista cuenta a EL SOL DE MÉXICO lo que significó para él publicar El vendedor del silencio (2019, Alfaguara), la historia de uno de los personajes más fascinantes y perturbadores del periodismo mexicano: Carlos Denegri, el hombre que, con revolver en mano, se sentía por encima de Luis Echeverría y era conocido como “el mejor y el más vil de los periodistas”.

¿Por qué esta novela resulta tan importante en su carrera?

Anuncian la convocatoria del Premio de Ensayo Pedro Henríquez Ureña

Fue un libro que me llevó muchos años escribir, tanto por la investigación como por la escritura propiamente dicha. En algunos momentos estuve tentado de abandonarla porque tenía muchos baches creativos. Creí que la abortaría. Pero por fortuna fui encontrando mi camino. Y aún después de terminarla, estaba muy dudoso sobre su valor hasta que empecé a tener respuesta de parte de los lectores y de la crítica.

¿Qué es lo que más le fascinó de un hombre que fue un verdadero cáncer para el periodismo mexicano?

Me asombró que hubiera podido existir un personaje tan poderoso y al mismo tiempo tan vulnerable. Porque Denegri era un hombre intoxicado de poder, tanto en el ejercicio de su profesión como en sus relaciones conyugales, pero tenía una íntima desgarradura que lo empujaba hacia el abismo, hacia el precipicio y la autodestrucción, incluso con mayor fuerza que su ambición. Me pareció interesante escribir una novela desde la conciencia de este personaje y así contar ese proceso de destrucción. Denegri fue una celebridad, pero vivió su triunfo como un fracaso.

Denegri reprodujo los mecanismos políticos de ese México dominado por el PRI. ¿Su novela nos deja alguna lección de cómo hoy no se debe hacer periodismo?

Los contextos son muy diferentes. Hoy ya no existe esa censura férrea que sí había en los años 50, cuando el periodismo era cooptado por el gobierno. Alguna vez Julio Scherer llamó a Denegri “el mejor y el más vil de los periodistas”; hoy ya no podemos decir lo mismo. Ahora los mejores periodistas son los que guardan distancia ante el poder, conservan su independencia y escriben para la sociedad en lugar de hacerlo para un solo amo. En los tiempos de Denegri, los principales columnistas del país recibían línea directa desde Gobernación. Lo que tuvo Denegri fue un enorme talento de usufructuar esta posición de vocero de la presidencia.

¿Cómo conoció la historia de Carlos Denegri?

La conocí hace tiempo a través de muchas pláticas. Me di cuenta de que había una gran leyenda sobre este personaje, pero todo eran fragmentos dispersos, así que me di a la tarea de embonarlos en un rompecabezas literario. Para eso tuve que hacer un fuerte trabajo de investigación y recabé más testimonios para descubrir cosas que no se sabían de Denegri. Y luego complementé todo eso con elementos de ficción, sobre todo cuando me enfrenté a los episodios íntimos del personaje.


Su novela también aborda ese machismo patológico que subyugó a la sociedad mexicana de la primera mitad del siglo XX. Un machismo que aún tiene resonancia en nuestros días…

Claro, era la época de los charros cantores. Denegri era charro. Había un patrón de conducta en muchos personajes de ese tiempo, como Maximino Ávila Camacho. Eran personajes que veían una mujer y, aunque fuera casada, le mandaban una escolta para secuestrarla, como ahora lo hacen los narcos cuando ven a una muchacha bonita. Ese era el modus operandi. Denegri es un imitador de estos personajes, pero con un talón de Aquiles: el alcoholismo. Además de ciertos traumas que venía arrastrando desde la infancia y que fueron muy importantes para la evolución del personaje.

¿Qué opina del estereotipo que se ha hecho a lo largo de los años del periodista bohemio, alcohólico, seductor, destructivo y mujeriego? ¿Es vigente?

El modus operandi de Carlos Denegri no ha desaparecido. A finales del sexenio pasado, el gobierno de Enrique Peña Nieto se gastó 3 mil millones de dólares en sobornos a periodistas y en gastos publicitarios que no sirvieron de nada porque no pudo sostener en el poder al PRI. Pero yendo directamente a la pregunta, ese tipo de periodistas ya no son los que marcan la práctica de una época: ahora son la escoria de su profesión. Sin duda siguen en la vida pública, pero ya no tienen esa gran influencia que sí tenían personajes como Denegri. Hoy, en la era de las redes sociales, ya es muy difícil manipular a la opinión pública. En tiempos de Denegri, ni siquiera la televisión o la radio eran importantes.

¿Cómo percibe la relación entre el gobierno de AMLO y el gremio periodístico?

Es una relación de toma y daca. Hay muchos periódicos que están en contra suya. Y aunque él responde en las mañaneras, creo que debería responder más con hechos que con palabras o con insultos. Polarizar es su estrategia para sostenerse en el poder. Y eso es muy peligroso porque ahora que debemos estar unidos para enfrentar esta pandemia, resulta que el país está separado en dos bandos que se detestan.

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Aunque no me tocó vivirla, yo siento nostalgia por la época pero desde otro punto de vista. El México de los 40 y 50 fue una época maravillosa en la vida nocturna. Fue el momento de la ranchera y el bolero, con una Ciudad de México muy nocturna y cosmopolita por los efectos de la Segunda Guerra Mundial. Todo eso hace que la recuerde así, pero desde el punto de vista político no cabe ninguna nostalgia. Era verdaderamente nauseabundo el mundillo político de aquella época en la que había impunidad absoluta para la corrupción.


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