/ lunes 28 de diciembre de 2020

Reformular las coaliciones

A la hora de medir la congruencia de los partidos y sistemas de partidos, para su incongruencia existen factores político-estratégicos (regionalización de las estrategias de las élites políticas y coordinación del electorado).

Si bien para la permanencia de los partidos pequeños, el mejor funcionamiento y avance en votos de los medianos y grandes opositores al partido en el poder, las alianzas estratégicas constituyen un arma para arribar a los comicios con mejores perspectivas de triunfo o al menos obtener un mayor número de posiciones ejecutivas y/o legislativas.

Para el electorado, representa la búsqueda de la consecución de sus objetivos y de mayores posiciones de poder, pero no necesariamente la verdadera representación de todos los sectores sociales, ni siquiera a nivel ideológico muchas veces.

Así, bajo esta perspectiva, el voto estratégico bien puede emitirse a favor de un partido político, dejando de lado al candidato en turno, la ideología, el triunfo mismo de la posición, en aras de obtener el número suficiente de votos para disponer de un eventual aliado tanto en el Legislativo como en futuras elecciones que brinde su respaldo a quienes lo salvan de la desaparición.

El salvamento, como hemos dicho antes, lo mismo puede venir del régimen como de otros partidos políticos, sacrificando resultados inmediatos.

Por eso es importante analizar este planteamiento más a fondo, muy particularmente en zonas concretas de nuestra región como centro y Sudamérica.

Para América del Norte, destaca el caso mexicano que, después del quiebre o fracaso (del modelo 1996 que, introdujo al arreglo constitucional y legal) entre otras variables a los órganos electorales autónomos y, al cabo de las elecciones presidenciales de 2018, la coalición liderada por Morena venció con la compañía de sus aliados primigenios (PT y la primera generación del PES), hoy se dispone a robustecer su alianza electoral con otras piezas del sistema de partidos.

Dispone de un entramado satelital de partidos que, esperan no sólo su primer turno en el escenario político, sino más aún: la reformulación de aliados con partidos que, formalmente son opositores y en la política de la realidad son parte de las alternativas (maruchan) con que el lopezobradorismo pretende refrescar su oferta electoral para continuar el desahogo de su agenda (lo que eso signifique) y, de ser posible, lograr ser parte de la diversidad regional de la élite política en 2021.

Facebook: Daniel Adame Osorio

Instagram: @danieladameosorio

Twitter: @Danieldao1

A la hora de medir la congruencia de los partidos y sistemas de partidos, para su incongruencia existen factores político-estratégicos (regionalización de las estrategias de las élites políticas y coordinación del electorado).

Si bien para la permanencia de los partidos pequeños, el mejor funcionamiento y avance en votos de los medianos y grandes opositores al partido en el poder, las alianzas estratégicas constituyen un arma para arribar a los comicios con mejores perspectivas de triunfo o al menos obtener un mayor número de posiciones ejecutivas y/o legislativas.

Para el electorado, representa la búsqueda de la consecución de sus objetivos y de mayores posiciones de poder, pero no necesariamente la verdadera representación de todos los sectores sociales, ni siquiera a nivel ideológico muchas veces.

Así, bajo esta perspectiva, el voto estratégico bien puede emitirse a favor de un partido político, dejando de lado al candidato en turno, la ideología, el triunfo mismo de la posición, en aras de obtener el número suficiente de votos para disponer de un eventual aliado tanto en el Legislativo como en futuras elecciones que brinde su respaldo a quienes lo salvan de la desaparición.

El salvamento, como hemos dicho antes, lo mismo puede venir del régimen como de otros partidos políticos, sacrificando resultados inmediatos.

Por eso es importante analizar este planteamiento más a fondo, muy particularmente en zonas concretas de nuestra región como centro y Sudamérica.

Para América del Norte, destaca el caso mexicano que, después del quiebre o fracaso (del modelo 1996 que, introdujo al arreglo constitucional y legal) entre otras variables a los órganos electorales autónomos y, al cabo de las elecciones presidenciales de 2018, la coalición liderada por Morena venció con la compañía de sus aliados primigenios (PT y la primera generación del PES), hoy se dispone a robustecer su alianza electoral con otras piezas del sistema de partidos.

Dispone de un entramado satelital de partidos que, esperan no sólo su primer turno en el escenario político, sino más aún: la reformulación de aliados con partidos que, formalmente son opositores y en la política de la realidad son parte de las alternativas (maruchan) con que el lopezobradorismo pretende refrescar su oferta electoral para continuar el desahogo de su agenda (lo que eso signifique) y, de ser posible, lograr ser parte de la diversidad regional de la élite política en 2021.

Facebook: Daniel Adame Osorio

Instagram: @danieladameosorio

Twitter: @Danieldao1

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