/ jueves 17 de agosto de 2023

La retórica histórica | 'Recordamos a la mensajería más antigua de México'

Todavía recuerdo aquel olor dulce del pegamento (cera) que se le coloca sobre los sellos postales. Cuando fui por primera vez a la oficina del servicio postal de mi localidad, tenía 12 años. A mi corta edad, se preguntarán qué tipo de misiva podría enviar una niña. Sin embargo, llevaba una férrea encomienda. Tenía que consignar una carta a una persona del extranjero como parte de una tarea que me había encargado mi maestro de inglés.

Pero no todo quedaba en remitir la carta. Si el destinatario me respondía en un par de semanas, el maestro había prometido a sus pupilos, regalar un punto extra para el examen. Así que yo en especial, estaba ilusionada con la idea de que una persona extraña, de otro país, de otra cultura, de otra lengua y seguramente de otra religión me contestara en su lengua.

Pasaron semanas, hasta que por fin un buen día cuando llegué de la escuela mi madre me dio la buena noticia de que había llegado la tan esperada correspondencia.

Corrí a mi recámara y mis manos temblorosas se apresuraron frenéticamente a abrir el sobre. De pronto, comencé a leer las primeras líneas que decían lo siguiente: Dear Evelia, I´m so happy to receive your letter (Querida Evelia, estoy feliz de recibir tu carta).

Mi felicidad estaba concretada. Pues Peter, mi amigo “Penpal” o amigo por correspondencia me había ayudado a conseguir mi punto extra. Recuerdo que se trataba de un hombre italiano que tenía una fábrica de ropa para hombre. Así que esa fue la única vez que intercambiamos esquelas.

Los años pasan. Pero dicen que recordar es volver a vivir. Por eso, compartí esta memoria con los lectores. La experiencia que se vivía cuando enviábamos una carta. Cuando todavía no nos alcanzaba la era digital.

Tal vez muchos o muchas de ustedes recibieron una carta de amor. Y de inmediato se trasladarán a aquel instante en que su corazón se aceleró al tener en sus manos aquella epístola. O las cartas que recibiste de tu mejor amiga que se fue a trabajar a otra ciudad. Incluso, la felicidad de tus clientes cuando recibieron los productos que con tanto cariño elaboraste.

Lo cierto es que el Servicio Postal Mexicano fue una de las maneras que teníamos para recibir o enviar mensajes u objetos.

De acuerdo a datos históricos, en México, el Servicio Postal tiene sus orígenes en un decreto del rey Felipe II, quien eligió en 1579 a Olivares como el correo mayor de Ostas y Postas de la Nueva España.

Empero fue hasta el siglo XVIII cuando se establecieron oficialmente los buzones y se mantuvieron algunas rutas postales.

En aquel tiempo, una carta tardaba aproximadamente dos meses en viajar de la Nueva España a la Península Ibérica. Ahora bien, el trabajo de los carteros es el alma del servicio postal.

En la actualidad, los enormes avances tecnológicos han transformado las telecomunicaciones, provocando que lo virtual esté reemplazando a lo físico. Pareciera que, con el uso de los dispositivos y la diversidad de tecnologías, las personas se están alejando cada vez más y más.

Aunque siempre es bueno resaltar que el Servicio Postal Mexicano se ha adaptado a los cambios digitales y hoy en día cuenta con una página web desde la cual puedes revisar el estado de tus paquetes o envíos. Es decir, nos brinda un servicio que está a la vanguardia y en la medida de sus posibilidades.

No se puede saber a ciencia cierta si la milenaria costumbre de inspirarse para plasmar los pensamientos más íntimos en papel a través de una carta, introducirlas en un sobre, llevarlas al buzón y esperar una respuesta, vaya a llegar a su fin. Pero considero que jamás se perderá la enorme apreciación de ver las palabras plasmadas a mano, en contraste con las super pantallas de los dispositivos electrónicos

Pues el valor agregado de una carta reside en la vocación y el sentimiento. Es una parte de nosotros que físicamente y para siempre dejamos hechas en tinta y papel.

Antes de concluir queremos felicitar al Servicio Postal Mexicano por conmemorar el 37 aniversario de su existencia. Enhorabuena a quienes resisten ante los mensajeros instantáneos.

Todavía recuerdo aquel olor dulce del pegamento (cera) que se le coloca sobre los sellos postales. Cuando fui por primera vez a la oficina del servicio postal de mi localidad, tenía 12 años. A mi corta edad, se preguntarán qué tipo de misiva podría enviar una niña. Sin embargo, llevaba una férrea encomienda. Tenía que consignar una carta a una persona del extranjero como parte de una tarea que me había encargado mi maestro de inglés.

Pero no todo quedaba en remitir la carta. Si el destinatario me respondía en un par de semanas, el maestro había prometido a sus pupilos, regalar un punto extra para el examen. Así que yo en especial, estaba ilusionada con la idea de que una persona extraña, de otro país, de otra cultura, de otra lengua y seguramente de otra religión me contestara en su lengua.

Pasaron semanas, hasta que por fin un buen día cuando llegué de la escuela mi madre me dio la buena noticia de que había llegado la tan esperada correspondencia.

Corrí a mi recámara y mis manos temblorosas se apresuraron frenéticamente a abrir el sobre. De pronto, comencé a leer las primeras líneas que decían lo siguiente: Dear Evelia, I´m so happy to receive your letter (Querida Evelia, estoy feliz de recibir tu carta).

Mi felicidad estaba concretada. Pues Peter, mi amigo “Penpal” o amigo por correspondencia me había ayudado a conseguir mi punto extra. Recuerdo que se trataba de un hombre italiano que tenía una fábrica de ropa para hombre. Así que esa fue la única vez que intercambiamos esquelas.

Los años pasan. Pero dicen que recordar es volver a vivir. Por eso, compartí esta memoria con los lectores. La experiencia que se vivía cuando enviábamos una carta. Cuando todavía no nos alcanzaba la era digital.

Tal vez muchos o muchas de ustedes recibieron una carta de amor. Y de inmediato se trasladarán a aquel instante en que su corazón se aceleró al tener en sus manos aquella epístola. O las cartas que recibiste de tu mejor amiga que se fue a trabajar a otra ciudad. Incluso, la felicidad de tus clientes cuando recibieron los productos que con tanto cariño elaboraste.

Lo cierto es que el Servicio Postal Mexicano fue una de las maneras que teníamos para recibir o enviar mensajes u objetos.

De acuerdo a datos históricos, en México, el Servicio Postal tiene sus orígenes en un decreto del rey Felipe II, quien eligió en 1579 a Olivares como el correo mayor de Ostas y Postas de la Nueva España.

Empero fue hasta el siglo XVIII cuando se establecieron oficialmente los buzones y se mantuvieron algunas rutas postales.

En aquel tiempo, una carta tardaba aproximadamente dos meses en viajar de la Nueva España a la Península Ibérica. Ahora bien, el trabajo de los carteros es el alma del servicio postal.

En la actualidad, los enormes avances tecnológicos han transformado las telecomunicaciones, provocando que lo virtual esté reemplazando a lo físico. Pareciera que, con el uso de los dispositivos y la diversidad de tecnologías, las personas se están alejando cada vez más y más.

Aunque siempre es bueno resaltar que el Servicio Postal Mexicano se ha adaptado a los cambios digitales y hoy en día cuenta con una página web desde la cual puedes revisar el estado de tus paquetes o envíos. Es decir, nos brinda un servicio que está a la vanguardia y en la medida de sus posibilidades.

No se puede saber a ciencia cierta si la milenaria costumbre de inspirarse para plasmar los pensamientos más íntimos en papel a través de una carta, introducirlas en un sobre, llevarlas al buzón y esperar una respuesta, vaya a llegar a su fin. Pero considero que jamás se perderá la enorme apreciación de ver las palabras plasmadas a mano, en contraste con las super pantallas de los dispositivos electrónicos

Pues el valor agregado de una carta reside en la vocación y el sentimiento. Es una parte de nosotros que físicamente y para siempre dejamos hechas en tinta y papel.

Antes de concluir queremos felicitar al Servicio Postal Mexicano por conmemorar el 37 aniversario de su existencia. Enhorabuena a quienes resisten ante los mensajeros instantáneos.