/ jueves 6 de agosto de 2020

Cosen peluches para sobrevivir en Gaza

Una pareja de discapacitados palestinos se mantiene apenas a flote con la venta de disfraces y muñecos de felpa durante la pandemia

PALESTINA. Con sus diestras manos, Nihad y Zeinab Jarboa cosen en su hogar peluches y disfraces de colores, una actividad que antes de marzo permitía subsistir a este matrimonio de palestinos discapacitados de la Franja de Gaza, pero sus magros ingresos se han desplomado luego del brote de coronavirus en el mundo.

Nihad Jarboa, de 37 años, sufre una discapacidad motora desde la infancia, mientras que a su mujer Zeinab, de 35, le amputaron ambos pies hace cinco años después de sufrir una enfermedad extraña tras el parto de su segundo hijo.

Estando ambos en silla de ruedas, sus posibilidades de encontrar trabajo eran muy reducidas en Gaza, un territorio empobrecido tras años de conflicto.

Por eso, los Jarboa se dedican a coser peluches y disfraces inspirados en personajes de dibujos animados desde su domicilio en el campo de refugiados de Rafah, en el sur de la Franja de Gaza.

“Vendíamos unos 20 o 30 peluches al mes, a unos 10 shekels la unidad (unos 66 pesos)”, explica Nihad Jarboa a la agencia AFP. “También organizábamos espectáculos de disfraces en guarderías o escuelas y pedíamos 20 shekels (132 pesos) por cada uno de ellos”, añade.

“Pero todo esto se paró con el coronavirus”, lamenta el palestino.

AFP

La Franja de Gaza no ha sufrido hasta ahora un gran impacto del brote de Covid-19, con 78 casos detectados, y sólo un muerto, según los datos oficiales.

Pero en el enclave, que sufre un bloqueo israelí desde hace más de una década, adoptaron un estricto confinamiento desde marzo ante la pandemia, que hundió la economía, con el cierre de escuelas y mezquitas y la prohibición de actividades y concentraciones en la calle.

VIDA DECENTE

En este territorio prácticamente encerrado entre Egipto, Israel y el mar Mediterráneo, los niveles de paro superan el 50 por ciento y los de pobreza se sitúan en 53 por ciento, comenta Maher Al Tabaa, especialista y economista en la Cámara de comercio e industria de Gaza.

“La pandemia del coronavirus agravó la situación económica y los niveles de paro y pobreza deberían aumentar”, advierte Al Tabaa, quien recuerda que 80 por ciento de los gazatíes dependen de la ayuda alimentaria internacional.

Aunque se relajaron las medidas para frenar el virus, los Jarboa sólo recibieron dos peticiones para organizar espectáculos y desde marzo su actividad comercial cayó aproximadamente 75 por ciento.

“No abandonaremos, aunque sea difícil”, sostiene Zeina Jarboa, mientras prepara té en la única habitación de su casa.

AFP

“La situación se ha vuelto más difícil con el brote de coronavirus”, pero “tengo la voluntad de superar este desafío”, afirma esta joven, quien desea que sus hijos “tengan una vida decente”.

Este matrimonio, como casi la mitad de los habitantes de Gaza, recibe ayuda financiera de la Agencia de la ONU para los Refugiados Palestinos.

“Pero esto no es suficiente para comprar comida”, lamenta Zeina, mientras cose un disfraz del Pato Donald.

Hay más de 700 mil refugiados palestinos después de que los expulsaron de sus tierras entre abril y agosto de 1948 tras la creación del Estado de Israel.



Te recomendamos el podcast ⬇️

Spotify

Apple Podcasts

Google Podcasts

Acast



Lee también otros contenidos de Normal ⬇️

PALESTINA. Con sus diestras manos, Nihad y Zeinab Jarboa cosen en su hogar peluches y disfraces de colores, una actividad que antes de marzo permitía subsistir a este matrimonio de palestinos discapacitados de la Franja de Gaza, pero sus magros ingresos se han desplomado luego del brote de coronavirus en el mundo.

Nihad Jarboa, de 37 años, sufre una discapacidad motora desde la infancia, mientras que a su mujer Zeinab, de 35, le amputaron ambos pies hace cinco años después de sufrir una enfermedad extraña tras el parto de su segundo hijo.

Estando ambos en silla de ruedas, sus posibilidades de encontrar trabajo eran muy reducidas en Gaza, un territorio empobrecido tras años de conflicto.

Por eso, los Jarboa se dedican a coser peluches y disfraces inspirados en personajes de dibujos animados desde su domicilio en el campo de refugiados de Rafah, en el sur de la Franja de Gaza.

“Vendíamos unos 20 o 30 peluches al mes, a unos 10 shekels la unidad (unos 66 pesos)”, explica Nihad Jarboa a la agencia AFP. “También organizábamos espectáculos de disfraces en guarderías o escuelas y pedíamos 20 shekels (132 pesos) por cada uno de ellos”, añade.

“Pero todo esto se paró con el coronavirus”, lamenta el palestino.

AFP

La Franja de Gaza no ha sufrido hasta ahora un gran impacto del brote de Covid-19, con 78 casos detectados, y sólo un muerto, según los datos oficiales.

Pero en el enclave, que sufre un bloqueo israelí desde hace más de una década, adoptaron un estricto confinamiento desde marzo ante la pandemia, que hundió la economía, con el cierre de escuelas y mezquitas y la prohibición de actividades y concentraciones en la calle.

VIDA DECENTE

En este territorio prácticamente encerrado entre Egipto, Israel y el mar Mediterráneo, los niveles de paro superan el 50 por ciento y los de pobreza se sitúan en 53 por ciento, comenta Maher Al Tabaa, especialista y economista en la Cámara de comercio e industria de Gaza.

“La pandemia del coronavirus agravó la situación económica y los niveles de paro y pobreza deberían aumentar”, advierte Al Tabaa, quien recuerda que 80 por ciento de los gazatíes dependen de la ayuda alimentaria internacional.

Aunque se relajaron las medidas para frenar el virus, los Jarboa sólo recibieron dos peticiones para organizar espectáculos y desde marzo su actividad comercial cayó aproximadamente 75 por ciento.

“No abandonaremos, aunque sea difícil”, sostiene Zeina Jarboa, mientras prepara té en la única habitación de su casa.

AFP

“La situación se ha vuelto más difícil con el brote de coronavirus”, pero “tengo la voluntad de superar este desafío”, afirma esta joven, quien desea que sus hijos “tengan una vida decente”.

Este matrimonio, como casi la mitad de los habitantes de Gaza, recibe ayuda financiera de la Agencia de la ONU para los Refugiados Palestinos.

“Pero esto no es suficiente para comprar comida”, lamenta Zeina, mientras cose un disfraz del Pato Donald.

Hay más de 700 mil refugiados palestinos después de que los expulsaron de sus tierras entre abril y agosto de 1948 tras la creación del Estado de Israel.



Te recomendamos el podcast ⬇️

Spotify

Apple Podcasts

Google Podcasts

Acast



Lee también otros contenidos de Normal ⬇️

Local

[Especial 19] Infraestructura educativa se puso a prueba: Ineiem

Pese a que se afirma que 90% de inmuebles han concluido la rehabilitación, no hay cifras exactas de cuántas escuelas faltan

Local

Latente, el peligro en Cuautla

Se estima que son alrededor de 200 los inmuebles ubicados en el primer cuadro de la ciudad que requieren de supervisión

Local

La fe no se detuvo pese al 19S

El sismo fue una muestra de unidad por parte de las comunidades que participaron también en el resguardo de monumentos históricos: INAH

Finanzas

TikTok presenta queja contra gobierno de Trump para evitar prohibición en EU

TikTok, con más de 100 millones de usuarios en EU, dijo que la prohibición "destruiría irreversiblemente" el negocio de la app en ese país

Sociedad

Sismos de 5.2 y 4.6 grados sacuden Chiapas; se descartan daños

El secretario de Seguridad, Alfonso Durazo, descartó daños y víctimas que lamentar

Local

[Especial 19S] Aún hay 700 desplazados

Elecciones, cambio de Gobierno y pandemia, hicieron olvidar promesas de reconstrucción en Morelos

Local

[Especial 19S] Sobrevive Torre Latinoamericana a falta de apoyos

A tres años del 19S se ha invertido un millón de pesos en su reconstrucción sin la ayuda de las autoridades

Local

[Especial 19S]Por concluir, trabajos en Tlayacapan

El municipio continúa trabajando con autoridades federales para que puedan acceder a recursos del Programa Nacional de Reconstrucción

Local

[Especial19S] Se convierten carpas en su única vivienda

Jojutla revela marcadas discrepancias al caminar por las calles de la llamada zona cero