/ domingo 17 de abril de 2022

Millennials pierden fe en el catolicismo

El número de jóvenes que no creen en la religión se duplicó de 2010 a 2020, revelan datos del Inegi

La generación millennial –personas que nacieron entre 1981 y 1996– pierden cada vez más la fe católica ya que en 10 años se duplicó el número de jóvenes que ya no creen en esta religión al pasar de un millón 545 mil 400 en 2010 a tres millones 61 mil 407 en 2020 de acuerdo con datos de los últimos dos censos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi)

Los motivos que han generado este detrimento de la fe católica, y el crecimiento de partidarios del ateísmo y agnosticismo, van desde los constantes casos de pederastia de los padres de las iglesias alrededor del mundo; la doble moral de los mayores que predican con el mal ejemplo a lo que dictan las doctrinas; la incursión de nuevas prácticas religiosas; la deconstrucción y el pensamiento crítico de los jóvenes entorno a la fe, entre otros.

Para Elio Masferrer Kan, antropólogo de las religiones, la reducción de fieles creyentes responde a que existe una nueva construcción de relación de la gente con lo sagrado. Destaca que en las entidades del país se ve muy claro en las encuestas que alrededor del 25 por ciento de los jóvenes no creen en nada.

“Después viene una franja de gente que cree en seres superiores, cree en Dios, pero no tiene una adscripción confesional; y que tiene una estrategia de exploración de lo sagrado en función de tener su propia definición de lo sagrado, no quiere decir que no crean en nada. Entonces ahí es donde aparece el concepto de las espiritualidades y aparece la oferta como el budismo, grupos de la nueva era y los grupos esotéricos, etcétera, pero en definitiva si están en un grupo esotérico creen en seres superiores. Entonces, una cosa son los no creyentes crudos y después hay una gama amplia que ve con mucha desconfianza a las iglesias y después hay jóvenes que están en las iglesias”, destacó.

DIOS NO LA CURÓ

La tarde que su hija, una bebé de apenas un año con tres meses, fue hospitalizada inició el viacrucis para Alejandra Jiménez.

Tras varios estudios le diagnosticaron histiocitosis, una enfermedad similar al cáncer. Eso la llevó a perder la fe en la religión católica. “Perdí la fe, la esperanza, porque todo el mundo me decía: ‘Por algo pasan las cosas’; ‘solo Dios sabe porqué le mandó eso’. Me molestaba. Luego decían ‘Dios la va a curar’. De ahí dejé de creer, porque para mí, Dios no la curó. Le curó el medicamento y la doctora”, platica.

Otro caso es el de Luis Ernesto Morales, de 33 años de edad, quien abandonó las prácticas religiosas del catolicismo.

Al igual que a Alejandra se le inculcó desde pequeño el dogma, pero a sus apenas 14 años su fe comenzó a desmoronarse. Su ingresó a la preparatoria No. 8 de la UNAM contribuyó a cuestionar sus creencias, luego de cursar clases de lógica; leer las obras del escritor y caricaturista Eduardo del Río, mejor conocido como Rius –que hablan de la religión–, y más. Fue así que trataba de convencer a sus cercanos de la inexistencia de un ser supremo.

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Felipe Monroy, periodista especializado en religiones, explicó que hay distintos tipos de ateísmo. Uno es el apostólicamente ateo, que trata de convencer a los demás del ateísmo que son adultos arriba de los 40 años o jóvenes. El segundo ateísmo es una especie de agnosticismo crítico en donde se cuestiona la funcionalidad de las instituciones religiosas.

“Ahí es donde se encuentra la gran mayoría de la gente, incluso aquellos que se pueden identificar con cierta religión–que sean católicos por tradición o por herencia, o cristianos evangélicos o incluso también algunos judíos o musulmanes, es decir, tienen todavía una herencia fuerte religiosa–, pero cuestionan que las instituciones no satisfagan dolores de la sociedad”, aseguró.

Por último, los millennials no tienen adhesión a ninguna identidad religiosa debido a la pluralidad de opciones.

La generación millennial –personas que nacieron entre 1981 y 1996– pierden cada vez más la fe católica ya que en 10 años se duplicó el número de jóvenes que ya no creen en esta religión al pasar de un millón 545 mil 400 en 2010 a tres millones 61 mil 407 en 2020 de acuerdo con datos de los últimos dos censos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi)

Los motivos que han generado este detrimento de la fe católica, y el crecimiento de partidarios del ateísmo y agnosticismo, van desde los constantes casos de pederastia de los padres de las iglesias alrededor del mundo; la doble moral de los mayores que predican con el mal ejemplo a lo que dictan las doctrinas; la incursión de nuevas prácticas religiosas; la deconstrucción y el pensamiento crítico de los jóvenes entorno a la fe, entre otros.

Para Elio Masferrer Kan, antropólogo de las religiones, la reducción de fieles creyentes responde a que existe una nueva construcción de relación de la gente con lo sagrado. Destaca que en las entidades del país se ve muy claro en las encuestas que alrededor del 25 por ciento de los jóvenes no creen en nada.

“Después viene una franja de gente que cree en seres superiores, cree en Dios, pero no tiene una adscripción confesional; y que tiene una estrategia de exploración de lo sagrado en función de tener su propia definición de lo sagrado, no quiere decir que no crean en nada. Entonces ahí es donde aparece el concepto de las espiritualidades y aparece la oferta como el budismo, grupos de la nueva era y los grupos esotéricos, etcétera, pero en definitiva si están en un grupo esotérico creen en seres superiores. Entonces, una cosa son los no creyentes crudos y después hay una gama amplia que ve con mucha desconfianza a las iglesias y después hay jóvenes que están en las iglesias”, destacó.

DIOS NO LA CURÓ

La tarde que su hija, una bebé de apenas un año con tres meses, fue hospitalizada inició el viacrucis para Alejandra Jiménez.

Tras varios estudios le diagnosticaron histiocitosis, una enfermedad similar al cáncer. Eso la llevó a perder la fe en la religión católica. “Perdí la fe, la esperanza, porque todo el mundo me decía: ‘Por algo pasan las cosas’; ‘solo Dios sabe porqué le mandó eso’. Me molestaba. Luego decían ‘Dios la va a curar’. De ahí dejé de creer, porque para mí, Dios no la curó. Le curó el medicamento y la doctora”, platica.

Otro caso es el de Luis Ernesto Morales, de 33 años de edad, quien abandonó las prácticas religiosas del catolicismo.

Al igual que a Alejandra se le inculcó desde pequeño el dogma, pero a sus apenas 14 años su fe comenzó a desmoronarse. Su ingresó a la preparatoria No. 8 de la UNAM contribuyó a cuestionar sus creencias, luego de cursar clases de lógica; leer las obras del escritor y caricaturista Eduardo del Río, mejor conocido como Rius –que hablan de la religión–, y más. Fue así que trataba de convencer a sus cercanos de la inexistencia de un ser supremo.

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Felipe Monroy, periodista especializado en religiones, explicó que hay distintos tipos de ateísmo. Uno es el apostólicamente ateo, que trata de convencer a los demás del ateísmo que son adultos arriba de los 40 años o jóvenes. El segundo ateísmo es una especie de agnosticismo crítico en donde se cuestiona la funcionalidad de las instituciones religiosas.

“Ahí es donde se encuentra la gran mayoría de la gente, incluso aquellos que se pueden identificar con cierta religión–que sean católicos por tradición o por herencia, o cristianos evangélicos o incluso también algunos judíos o musulmanes, es decir, tienen todavía una herencia fuerte religiosa–, pero cuestionan que las instituciones no satisfagan dolores de la sociedad”, aseguró.

Por último, los millennials no tienen adhesión a ninguna identidad religiosa debido a la pluralidad de opciones.

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