/ jueves 14 de noviembre de 2019

Saquean la historia en Morelos

En exclusiva con El Sol de Cuernavaca, Víctor Hugo Valencia Valera, reconoce el robo de piezas históricas y obras de arte sacro


Hay robo de arte sacro en Morelos, no tanto como en otras entidades, pero también aquí existe, y lo mismo de otras piezas y documentos históricos, reconoce el director del Centro INAH Morelos, Víctor Hugo Valencia Valera, quien inicia su tercera estancia como representante del Instituto Nacional de Antropología e Historia en la entidad y charla en exclusiva con El Sol de Cuernavaca y El Sol de Cuautla.

Hay un mercado negro en que las piezas históricas tienen un valor relativo, advierte a pregunta directa sobre el saqueo de bienes históricos, mucho más extendido en el arte sacro que en las piezas arqueológicas y otros documentos históricos. “La fe ha cambiado y ahora hay quienes se meten a las Iglesias a robar, y por encargo”, refiere mientras recuerda que incluso han tirado las puertas de madera, algunas de alto valor artístico e histórico, para hacerse del arte sacro que tiene valor en el mercado negro.

Y el Instituto tiene una primera estrategia para enfrentar el problema: “Necesitamos hacer un inventario de los bienes”, que ya ha iniciado y para lo que se requiere, también, la concurrencia de las comunidades, “a su modo, no importa”, acota, pero lo importante es tener un registro del patrimonio de arte sacro en el estado para poder detectar operaciones en ese mercado negro que existe y es ilegal, pero no se puede combatir sin un listado completo de los bienes que se están protegiendo. “Si no tenemos inventarios, todos esos bienes se pueden comercializar”, asegura, es una forma de protegerlos. “Si no están inventariados esos bienes históricos que vienen del siglo XVI al XIX por cuestión de ley, que son esculturas, oleos, pinturas de caballete, circulan en el mercado de las antigüedades, y son objetos medio de lujo” y que incluye retablos, Cabreras y autores de fama del siglo XVII y que ni siquiera se muestran, “son piezas que hoy son de museos”, advierte.

Asegura que debe buscarse también la participación de la comunidad para que se den cuenta del patrimonio que tienen.

Hemos también buscado que las Iglesias y la comunidad tengan sistemas de seguridad, porque hay un mercado muy especial para piezas de arte sacro, “no es del conocimiento de la comunidad cómo se comercializan estas piezas estofadas o de autores renombrados que merecen tener una atención y un cuidado”. Las agencias de las fiscalías y las procuradurías han tenido necesidad de especializarse y el INAH se ha acercado a ellas dándoles cursos, porque el material sacro es objeto de especialistas, señala; “tiene que haber un historiador del arte para decir que una pieza es importante por esto y entonces se requiere una asesoría especializada… no todo es investigación estrictamente policiaca, es de conocimiento y de valoración”, subraya.

Pero con todo, también es necesario valorar el coleccionismo de los particulares, “no hay que satanizarlo, muchos de las colecciones que tenemos en México de arte sacro, son gracias a ellos, esos que encuentras en la Ciudad de México o en Puebla o aquí en Morelos, también hay que darles un lugar, diciéndoles que no cometan actos ilegales; pero muchas de las colecciones que hay, están en México porque ellos tienen otra visión y se han mantenido”. A los coleccionistas que tienen un especial aprecio y respeto por los bienes culturales que son las piezas que están en las iglesias y los conventos, hay que revalorarlos, asegura.

Sobre otro tipo de piezas, como el arte prehispánico, Valencia Valera señala, “afortunadamente el elemento arqueológico está muy protegido”, aunque reconoce que en México hay abundancia de estas piezas. En Morelos, “donde es riquísimo el Valle de Amilpas en riqueza natural, de agua y etcétera, la gente se encuentra piezas en los barbechos y al cavar cualquier cosa, afortunadamente sí está muy protegido, pero a veces no se entiende que el que uno tenga en su casa 40, 60 u 80 piezas, es un delito federal porque se presta al comercio”.

Hay un mercado ilegal y lo estamos viendo con los últimos concursos de ventas en Europa, los franceses ofreciendo piezas mayas y el INAH litigando, pero por cuestiones de cada ley y cada reglamentación jurídica, otros países no permiten la detención y consignación de los responsables, explica. Sin embargo, existen las leyes para evitar sacar piezas arqueológicas del país y están muy protegidas, subraya y advierte, lo que sí ha pasado es que la gente, al enterarse de que tienen un valor, comienza a venderlas: “es muy dado el tráfico entre San Andrés Tuxtla y el puerto de Veracruz, vas en la carretera y te están vendiendo piezas prehispánicas, algunas falsas, reproducciones muy bien hechas y otras totalmente originales, porque este país tiene una riqueza cultural impresionante”, y recuerda que el INAH ha registrado más de 60 mil sitios arqueológicos en México que ya cuentan con respaldos e inventarios digitales.

Muchos de los sitios y piezas que se tienen en el país son producto del rescate, de obras del metro, de excavaciones para presas, no necesariamente son producto de investigación, sino del desarrollo de infraestructura, reconoce y ha tratado de proteger inventariando, y motivando a los propietarios a registrar sus piezas para que sean legales. Así ha logrado completar un padrón de coleccionistas superior a los 60 mil.

Y si bien los precios de las piezas los pone el mercado negro, se trata de convencer a la gente de que esa no es la vía, porque las piezas sacadas de su contexto pierden su valor independientemente del precio que tengan.


Hay robo de arte sacro en Morelos, no tanto como en otras entidades, pero también aquí existe, y lo mismo de otras piezas y documentos históricos, reconoce el director del Centro INAH Morelos, Víctor Hugo Valencia Valera, quien inicia su tercera estancia como representante del Instituto Nacional de Antropología e Historia en la entidad y charla en exclusiva con El Sol de Cuernavaca y El Sol de Cuautla.

Hay un mercado negro en que las piezas históricas tienen un valor relativo, advierte a pregunta directa sobre el saqueo de bienes históricos, mucho más extendido en el arte sacro que en las piezas arqueológicas y otros documentos históricos. “La fe ha cambiado y ahora hay quienes se meten a las Iglesias a robar, y por encargo”, refiere mientras recuerda que incluso han tirado las puertas de madera, algunas de alto valor artístico e histórico, para hacerse del arte sacro que tiene valor en el mercado negro.

Y el Instituto tiene una primera estrategia para enfrentar el problema: “Necesitamos hacer un inventario de los bienes”, que ya ha iniciado y para lo que se requiere, también, la concurrencia de las comunidades, “a su modo, no importa”, acota, pero lo importante es tener un registro del patrimonio de arte sacro en el estado para poder detectar operaciones en ese mercado negro que existe y es ilegal, pero no se puede combatir sin un listado completo de los bienes que se están protegiendo. “Si no tenemos inventarios, todos esos bienes se pueden comercializar”, asegura, es una forma de protegerlos. “Si no están inventariados esos bienes históricos que vienen del siglo XVI al XIX por cuestión de ley, que son esculturas, oleos, pinturas de caballete, circulan en el mercado de las antigüedades, y son objetos medio de lujo” y que incluye retablos, Cabreras y autores de fama del siglo XVII y que ni siquiera se muestran, “son piezas que hoy son de museos”, advierte.

Asegura que debe buscarse también la participación de la comunidad para que se den cuenta del patrimonio que tienen.

Hemos también buscado que las Iglesias y la comunidad tengan sistemas de seguridad, porque hay un mercado muy especial para piezas de arte sacro, “no es del conocimiento de la comunidad cómo se comercializan estas piezas estofadas o de autores renombrados que merecen tener una atención y un cuidado”. Las agencias de las fiscalías y las procuradurías han tenido necesidad de especializarse y el INAH se ha acercado a ellas dándoles cursos, porque el material sacro es objeto de especialistas, señala; “tiene que haber un historiador del arte para decir que una pieza es importante por esto y entonces se requiere una asesoría especializada… no todo es investigación estrictamente policiaca, es de conocimiento y de valoración”, subraya.

Pero con todo, también es necesario valorar el coleccionismo de los particulares, “no hay que satanizarlo, muchos de las colecciones que tenemos en México de arte sacro, son gracias a ellos, esos que encuentras en la Ciudad de México o en Puebla o aquí en Morelos, también hay que darles un lugar, diciéndoles que no cometan actos ilegales; pero muchas de las colecciones que hay, están en México porque ellos tienen otra visión y se han mantenido”. A los coleccionistas que tienen un especial aprecio y respeto por los bienes culturales que son las piezas que están en las iglesias y los conventos, hay que revalorarlos, asegura.

Sobre otro tipo de piezas, como el arte prehispánico, Valencia Valera señala, “afortunadamente el elemento arqueológico está muy protegido”, aunque reconoce que en México hay abundancia de estas piezas. En Morelos, “donde es riquísimo el Valle de Amilpas en riqueza natural, de agua y etcétera, la gente se encuentra piezas en los barbechos y al cavar cualquier cosa, afortunadamente sí está muy protegido, pero a veces no se entiende que el que uno tenga en su casa 40, 60 u 80 piezas, es un delito federal porque se presta al comercio”.

Hay un mercado ilegal y lo estamos viendo con los últimos concursos de ventas en Europa, los franceses ofreciendo piezas mayas y el INAH litigando, pero por cuestiones de cada ley y cada reglamentación jurídica, otros países no permiten la detención y consignación de los responsables, explica. Sin embargo, existen las leyes para evitar sacar piezas arqueológicas del país y están muy protegidas, subraya y advierte, lo que sí ha pasado es que la gente, al enterarse de que tienen un valor, comienza a venderlas: “es muy dado el tráfico entre San Andrés Tuxtla y el puerto de Veracruz, vas en la carretera y te están vendiendo piezas prehispánicas, algunas falsas, reproducciones muy bien hechas y otras totalmente originales, porque este país tiene una riqueza cultural impresionante”, y recuerda que el INAH ha registrado más de 60 mil sitios arqueológicos en México que ya cuentan con respaldos e inventarios digitales.

Muchos de los sitios y piezas que se tienen en el país son producto del rescate, de obras del metro, de excavaciones para presas, no necesariamente son producto de investigación, sino del desarrollo de infraestructura, reconoce y ha tratado de proteger inventariando, y motivando a los propietarios a registrar sus piezas para que sean legales. Así ha logrado completar un padrón de coleccionistas superior a los 60 mil.

Y si bien los precios de las piezas los pone el mercado negro, se trata de convencer a la gente de que esa no es la vía, porque las piezas sacadas de su contexto pierden su valor independientemente del precio que tengan.

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