/ viernes 2 de noviembre de 2018

Salieron los muertos y llegaron los vivos

Las personas acuden a los panteones para recibir a sus difuntos y a colocar ofrendas en las tumbas

El lugar más solitario se convirtió en unas horas en un centro de reunión, de fiesta y color. El olor a flores e incienso se agolpaba fuerte desde la puerta. Colores intensos, velas y tronidos de cohetes que hacían saltar por momentos. Entre tumbas, cruces y altares la gente llegó al panteón, y aquel lugar se transformó en una romería con rezos y música para sus difuntos.

El panteón comunal de Ocotepec revive desde un día antes, los primeros en ser colocados son los puestos de comida de tacos y tortas que complican aun más el tránsito y la vialidad.

Desde ayer por la mañana aquellas familias que perdieron a alguien este año, los llamados "nuevos", acuden desde que amanece para comenzar a llevar todas sus cosas de la ofrenda y hacer una especial en la tumba donde reposan los restos.

Don Miguel perdió a su madre y a su hermano este año, colocó una especie de carpa que adornó con flores, velas y papel mache sobre las dos tumbas, es una de las que más llama la atención de los visitantes. Confesó que fue un sacrificio que hizo pero la tradición lo demanda, y tuvo ayuda de su familia y otras personas que conocían a sus familiares.

"Así los nos inculcaron nuestros abuelos y padres y hoy tenemos que hacer lo mismo. Era una creencia de ellos, porque es una tradición especial, todo esto lo teníamos en la ofrenda en la casa pero ahora le toca aquí, hay que ponerles su cera para que les ilumine el camino".

El sentimiento está a flor de piel, es inevitable, uno no termina de acostumbrarse a la ausencia física, no importa si pasaron uno o más años, el recuerdo regresa casi instintivamente.

A la distancia, las notas del mariachi con "amor eterno" se escuchan y hace más vívido el momento. Algunas familias rodean las tumbas de su gente, todos en silencio, con la mirada sobre ella, como si regresarán a ese instante en que lo vieron cuando era sepultado o que, de un momento a otro, pudiera salir de ahí.

Caras largas, tristes, murmullos, palabras que no salen, rezos que se quedan sólo para uno. Mientras en automático terminan de colocar las flores, y los arreglos.

El tiempo ayuda un poco, el cielo se torna gris y nublado. Por momentos da la impresión que son más los curiosos que los visitantes.

La inversión de las familias es bastante; el que menos invirtió, gastó mil 500 pesos, pero todo es para quedar bien con los muertitos, que "vean" en su visita con los vivos que no se les olvida.

Rosa Romero tiene varias tumbas que visitar y para convivir con sus familiares -uno que vivió 115 años y otro que anduvo con los cristeros- dice presuntuosa. Desde los diez recuerda que tenía que participar en la celebración de los días de muertos. "Aunque es una costumbre, sentimos que sí vienen a visitarnos".

Ya después del mediodía, algunas familias en el panteón de Ocotepec, llevan su comida, huevos duros hervidos, arroz y salsa, huevo a la mexicana, y chicharrón en salsa verde. Los refrescos y las cervezas, aunque las bebidas no están permitidas sÍ se aceptan "porque es solo una para convivir con los muertitos".

Otros solo llevan las flores que tenían en sus ofrendas, prenden las veladoras.

Elevan una oración, es casi imposible que en algún momento al estar nuevamente cerca del ser amado que se adelantó, no salga una lágrima o no se haga un nudo en la garganta.

Por eso, otros sólo se paran frente a las tumbas, y dejan su mirada en el infinito en un diálogo interno. Prometen que si en un año todo está bien, volverán a recibirlos como se merecen con las cosas que les gustaban. Mientras las notas musicales de "...lo que pasó en este mundo nomás el recuerdo queda. Ya muerto voy a llevarme, nomas un puño de tierra...", los cohetes truenan y la misa inicia, al concluir, la gente comenzará a salir para ir a casa a compartir la ofrenda con la familia.

Pasado el mediodía, el ayudante Vicente Valdés Balderas, dijo que la celebración de los muertos en Ocotepec es conocida internacionalmente. Además de otros municipios, gente de Estados Unidos, Chile y Europa acude al poblado, porque conoce cómo la gente comparte con ellos la tradición.

"Con una cera todos pueden entrar en las ofrendas, se les pide que lleven su jarrito para no generar tanta basura. El 2 de noviembre todo lo que se tenía en la mesa se trae a la tumba y después de misa la gente se retira para repartir la ofrenda con un convivio".

Foto: Froylán Trujillo

El lugar más solitario se convirtió en unas horas en un centro de reunión, de fiesta y color. El olor a flores e incienso se agolpaba fuerte desde la puerta. Colores intensos, velas y tronidos de cohetes que hacían saltar por momentos. Entre tumbas, cruces y altares la gente llegó al panteón, y aquel lugar se transformó en una romería con rezos y música para sus difuntos.

El panteón comunal de Ocotepec revive desde un día antes, los primeros en ser colocados son los puestos de comida de tacos y tortas que complican aun más el tránsito y la vialidad.

Desde ayer por la mañana aquellas familias que perdieron a alguien este año, los llamados "nuevos", acuden desde que amanece para comenzar a llevar todas sus cosas de la ofrenda y hacer una especial en la tumba donde reposan los restos.

Don Miguel perdió a su madre y a su hermano este año, colocó una especie de carpa que adornó con flores, velas y papel mache sobre las dos tumbas, es una de las que más llama la atención de los visitantes. Confesó que fue un sacrificio que hizo pero la tradición lo demanda, y tuvo ayuda de su familia y otras personas que conocían a sus familiares.

"Así los nos inculcaron nuestros abuelos y padres y hoy tenemos que hacer lo mismo. Era una creencia de ellos, porque es una tradición especial, todo esto lo teníamos en la ofrenda en la casa pero ahora le toca aquí, hay que ponerles su cera para que les ilumine el camino".

El sentimiento está a flor de piel, es inevitable, uno no termina de acostumbrarse a la ausencia física, no importa si pasaron uno o más años, el recuerdo regresa casi instintivamente.

A la distancia, las notas del mariachi con "amor eterno" se escuchan y hace más vívido el momento. Algunas familias rodean las tumbas de su gente, todos en silencio, con la mirada sobre ella, como si regresarán a ese instante en que lo vieron cuando era sepultado o que, de un momento a otro, pudiera salir de ahí.

Caras largas, tristes, murmullos, palabras que no salen, rezos que se quedan sólo para uno. Mientras en automático terminan de colocar las flores, y los arreglos.

El tiempo ayuda un poco, el cielo se torna gris y nublado. Por momentos da la impresión que son más los curiosos que los visitantes.

La inversión de las familias es bastante; el que menos invirtió, gastó mil 500 pesos, pero todo es para quedar bien con los muertitos, que "vean" en su visita con los vivos que no se les olvida.

Rosa Romero tiene varias tumbas que visitar y para convivir con sus familiares -uno que vivió 115 años y otro que anduvo con los cristeros- dice presuntuosa. Desde los diez recuerda que tenía que participar en la celebración de los días de muertos. "Aunque es una costumbre, sentimos que sí vienen a visitarnos".

Ya después del mediodía, algunas familias en el panteón de Ocotepec, llevan su comida, huevos duros hervidos, arroz y salsa, huevo a la mexicana, y chicharrón en salsa verde. Los refrescos y las cervezas, aunque las bebidas no están permitidas sÍ se aceptan "porque es solo una para convivir con los muertitos".

Otros solo llevan las flores que tenían en sus ofrendas, prenden las veladoras.

Elevan una oración, es casi imposible que en algún momento al estar nuevamente cerca del ser amado que se adelantó, no salga una lágrima o no se haga un nudo en la garganta.

Por eso, otros sólo se paran frente a las tumbas, y dejan su mirada en el infinito en un diálogo interno. Prometen que si en un año todo está bien, volverán a recibirlos como se merecen con las cosas que les gustaban. Mientras las notas musicales de "...lo que pasó en este mundo nomás el recuerdo queda. Ya muerto voy a llevarme, nomas un puño de tierra...", los cohetes truenan y la misa inicia, al concluir, la gente comenzará a salir para ir a casa a compartir la ofrenda con la familia.

Pasado el mediodía, el ayudante Vicente Valdés Balderas, dijo que la celebración de los muertos en Ocotepec es conocida internacionalmente. Además de otros municipios, gente de Estados Unidos, Chile y Europa acude al poblado, porque conoce cómo la gente comparte con ellos la tradición.

"Con una cera todos pueden entrar en las ofrendas, se les pide que lleven su jarrito para no generar tanta basura. El 2 de noviembre todo lo que se tenía en la mesa se trae a la tumba y después de misa la gente se retira para repartir la ofrenda con un convivio".

Foto: Froylán Trujillo

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