/ miércoles 27 de febrero de 2019

La vida difícil de una chica fácil

Entre semana tiene una tienda de abarrotes, los fines se dedica a la prostitución en el Zócalo de Cuautla

Julissa es prostituta, tiene 54 años, 17 dedicándose al sexoservicio; trabaja en el zócalo de Cuautla; por 150 pesos ofrece diversos servicios a los hombres que buscan un encuentro casual, sin embargo, la vida de una "chica fácil" es mucho más difícil y complicada de lo que aparenta.

Su nombre verdadero no es Julissa, pero por seguridad decidió cambiarlo. Originaria de Ciudad de México, cuenta que a los siete años su tío abusó sexualmente de ella y por miedo nunca dijo nada; mucho menos denunció.

Desde muy pequeña su madre la abandonó con algunos familiares que en ese entonces vivían en Oaxaca, hasta que años después su padre fue por ella y la llevó a vivir a Toluca, donde sufrió agresiones físicas y verbales por familiares y vecinos; además, su padre biológico murió cuando tenía 10 años, y su madre se casó de nuevo con otro hombre.

Sólo estudió hasta tercero de primaria, pues desde pequeña comenzó a trabajar, para cuando cumplió 14 años, trabajaba en una fábrica de pasteles, pero un día al salir de su trabajo, un familiar fue por ella y la violó; pese a que contó ese hecho a otros, nadie le creyó, y desde entonces cambió de manera radical su forma de pensar y de actuar, desde esa edad Julissa comenzó a tener una vida más "libre".

Relata que a los 17 años ya tenía a su primer hijo pero su mamá se lo quitó y ella se fue a vivir a la Ciudad de México, donde, comenzó a vagar y vender en la calle, y donde encontró algunos amigos quienes la invitaron al negocio de los bares y la prostitución.

Julissa cuenta que con el paso de los años conoció mucha gente, algunos buenos otros malos, y que se "juntó" con algunos hombres pero las cosas nunca salieron como esperaba.

En total, tuvo ocho hijos, de los cuales dos fueron asesinados, uno en la delegación Nezahualcóyotl en la Ciudad d México y otro en la colonia Juan Morales del municipio de Yecapixtla, en Morelos.

Desde hace 28 años trabaja en Cuautla, expresó que por no saber escribir nunca pudo encontrar otro trabajo para mantener a sus hijos, aunque buscó en fondas, en mercados, como comerciante ambulante y de más, hasta que entonces encontró un padrote quien la llevó a trabajar a la zona roja de Cuautla "Las Vegas", como sexo servidora.

Lucho por mis hijos

Pese a que reconoce que no es el mejor trabajo, Julissa afirma que todo lo hizo por sus hijos, actualmente ellos saben a que se dedica, y ellos son personas honradas y útiles para sociedad. Con lágrimas, afirma que todo lo hizo por sus hijos y que por ellos, y ahora sus cinco nietos, volvería a elegir el mismo camino de ser necesario, siempre y cuando con su labor pudiera sacar adelante a su familia.

La realidad de las calles

En su casa puso una pequeña tienda de abarrotes que atiende entre semana, aun así los fines de semana Julissa trabaja como sexoservidora en el zócalo de Cuautla de manera independiente. Por su edad, ya no tiene la misma facilidad para encontrar clientes, pues los hombres siempre buscan a chicas jóvenes.

Al preguntar qué es lo más difícil de su trabajo, respondió que aguantar a los hombres y sus gustos sexuales; cobra 150 pesos de media hora a una hora, pero por cuestiones de seguridad y de cobro, no trabaja con un mismo hombre.

Pese a que tiene clientes que la buscan y que afirman que es una mujer higiénica y que se cuida, ha adquirido algunas enfermedades "pero ninguna grave", asegura. Asimismo, en varias ocasiones ha tenido que lidiar con hombres que la golpean, la ahorcan, que no quieren pagar o que quieren "trabajos" que no hace.

Mis hijos y yo hemos recibido muchas burlas de la gente pero nunca nos hemos dejado (...) yo digo que no soy puta, soy putísima y sí me siento incómoda y trabajando así, para mi edad no es agradable ir al zócalo y estar vas, vas, ya me queda poco tiempo para seguir trabajando de esto, en una ocasión a un hombre que me ofendió verbalmente le contesté que le salía mas barato ir al mercado y comprar un bistec y dejar de venir a juzgarnos, ese tipo de acciones es lo difícil a lo que nos enfrentarnos

Por su trabajo ha hecho amigas que se dedican a lo mismo, ellas han sido su familia, su "fuerte", dijo convencida que en su trabajo se encuentran muchas historias muy difíciles de creer, pero todas se irán con ella "a la tumba".

Julissa sabe que su trabajo no es bien visto pero afirma que como sexoservidoras ellas ayudan a la sociedad pues hacen un "bien" a muchos hombres; para ella lo más importante es el amor y el apoyo que las familias le pueden dar a sus hijos, pues de eso dependerá si será una buena o mala persona.

Pienso que cuando una chica sale embarazada lo peor que los padres pueden hacer es echarla a la calle, no saben todo lo que en las calles hay y sólo con ese hecho los padres pueden sin querer, arruinar por completo la vida de la joven

Julissa es prostituta, tiene 54 años, 17 dedicándose al sexoservicio; trabaja en el zócalo de Cuautla; por 150 pesos ofrece diversos servicios a los hombres que buscan un encuentro casual, sin embargo, la vida de una "chica fácil" es mucho más difícil y complicada de lo que aparenta.

Su nombre verdadero no es Julissa, pero por seguridad decidió cambiarlo. Originaria de Ciudad de México, cuenta que a los siete años su tío abusó sexualmente de ella y por miedo nunca dijo nada; mucho menos denunció.

Desde muy pequeña su madre la abandonó con algunos familiares que en ese entonces vivían en Oaxaca, hasta que años después su padre fue por ella y la llevó a vivir a Toluca, donde sufrió agresiones físicas y verbales por familiares y vecinos; además, su padre biológico murió cuando tenía 10 años, y su madre se casó de nuevo con otro hombre.

Sólo estudió hasta tercero de primaria, pues desde pequeña comenzó a trabajar, para cuando cumplió 14 años, trabajaba en una fábrica de pasteles, pero un día al salir de su trabajo, un familiar fue por ella y la violó; pese a que contó ese hecho a otros, nadie le creyó, y desde entonces cambió de manera radical su forma de pensar y de actuar, desde esa edad Julissa comenzó a tener una vida más "libre".

Relata que a los 17 años ya tenía a su primer hijo pero su mamá se lo quitó y ella se fue a vivir a la Ciudad de México, donde, comenzó a vagar y vender en la calle, y donde encontró algunos amigos quienes la invitaron al negocio de los bares y la prostitución.

Julissa cuenta que con el paso de los años conoció mucha gente, algunos buenos otros malos, y que se "juntó" con algunos hombres pero las cosas nunca salieron como esperaba.

En total, tuvo ocho hijos, de los cuales dos fueron asesinados, uno en la delegación Nezahualcóyotl en la Ciudad d México y otro en la colonia Juan Morales del municipio de Yecapixtla, en Morelos.

Desde hace 28 años trabaja en Cuautla, expresó que por no saber escribir nunca pudo encontrar otro trabajo para mantener a sus hijos, aunque buscó en fondas, en mercados, como comerciante ambulante y de más, hasta que entonces encontró un padrote quien la llevó a trabajar a la zona roja de Cuautla "Las Vegas", como sexo servidora.

Lucho por mis hijos

Pese a que reconoce que no es el mejor trabajo, Julissa afirma que todo lo hizo por sus hijos, actualmente ellos saben a que se dedica, y ellos son personas honradas y útiles para sociedad. Con lágrimas, afirma que todo lo hizo por sus hijos y que por ellos, y ahora sus cinco nietos, volvería a elegir el mismo camino de ser necesario, siempre y cuando con su labor pudiera sacar adelante a su familia.

La realidad de las calles

En su casa puso una pequeña tienda de abarrotes que atiende entre semana, aun así los fines de semana Julissa trabaja como sexoservidora en el zócalo de Cuautla de manera independiente. Por su edad, ya no tiene la misma facilidad para encontrar clientes, pues los hombres siempre buscan a chicas jóvenes.

Al preguntar qué es lo más difícil de su trabajo, respondió que aguantar a los hombres y sus gustos sexuales; cobra 150 pesos de media hora a una hora, pero por cuestiones de seguridad y de cobro, no trabaja con un mismo hombre.

Pese a que tiene clientes que la buscan y que afirman que es una mujer higiénica y que se cuida, ha adquirido algunas enfermedades "pero ninguna grave", asegura. Asimismo, en varias ocasiones ha tenido que lidiar con hombres que la golpean, la ahorcan, que no quieren pagar o que quieren "trabajos" que no hace.

Mis hijos y yo hemos recibido muchas burlas de la gente pero nunca nos hemos dejado (...) yo digo que no soy puta, soy putísima y sí me siento incómoda y trabajando así, para mi edad no es agradable ir al zócalo y estar vas, vas, ya me queda poco tiempo para seguir trabajando de esto, en una ocasión a un hombre que me ofendió verbalmente le contesté que le salía mas barato ir al mercado y comprar un bistec y dejar de venir a juzgarnos, ese tipo de acciones es lo difícil a lo que nos enfrentarnos

Por su trabajo ha hecho amigas que se dedican a lo mismo, ellas han sido su familia, su "fuerte", dijo convencida que en su trabajo se encuentran muchas historias muy difíciles de creer, pero todas se irán con ella "a la tumba".

Julissa sabe que su trabajo no es bien visto pero afirma que como sexoservidoras ellas ayudan a la sociedad pues hacen un "bien" a muchos hombres; para ella lo más importante es el amor y el apoyo que las familias le pueden dar a sus hijos, pues de eso dependerá si será una buena o mala persona.

Pienso que cuando una chica sale embarazada lo peor que los padres pueden hacer es echarla a la calle, no saben todo lo que en las calles hay y sólo con ese hecho los padres pueden sin querer, arruinar por completo la vida de la joven

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