/ sábado 5 de junio de 2021

[Especial] Investigadores del IER patentan estufa solar

Diseños hay muchos, pero lo singular del invento es que es versátil, se maneja de forma sencilla y segura

Temixco no sólo es conocido por su clima cálido y sitios como la Exhacienda de Temixco o sus múltiples balnearios, sino también por albergar al Instituto de Energías Renovables (IER) de la Universidad Autónoma de México (UNAM), Campus Morelos, entidad académica catalogada como referente nacional, al generar conocimiento en áreas como físicomatemáticas, químicobiológicas, económicas e ingenierías.

Al rendir su último informe de actividades que tuvo como fecha el pasado mes de marzo, su director, Antonio del Río Portilla indicó que el IER tiene 49 investigadores, 23 técnicos académicos, siete cátedras Conacyt y 11 becarios posdoctorales. De ellos, el 86 por ciento pertenece al Sistema Nacional de Investigadores (SNI).

En ocho años de existencia, el IER ha acumulado más de 37 mil citas y ha recibido 18 patentes de las 24 que ha solicitado, una de ellas tuvo lugar en 2016, desarrollando una estufa solar que puede operar todo el año.

Un grupo de investigadores del Instituto de Energía Renovables (IER) de la Universidad Autónoma de México (UNAM), Campus Morelos, creó un horno solar tipo caja optimizado, es decir, una estufa que funciona con la energía solar y cuya novedad consiste en tener un diseño opto-geométrico que le permite ser operado en cualquier latitud, durante todo el año y evitar frecuentes ajustes de los reflectores, como ocurre con los hornos solares convencionales.

Óscar Alfredo Jaramillo Salgado, uno de los desarrolladores, aceptó en entrevista para la Máxima Casa de Estudios del país, que diseños hay muchos, pero lo importante y singular del invento es que es un dispositivo versátil, que se maneja de forma sencilla y segura, el cual además cuenta con una patente desde 2016 otorgada por el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial.

La patente fue otorgada a sus creadores: Óscar Jaramillo, Guadalupe Huelsz Lesbros, Gabriela Hernández Luna y Jesús Antonio del Río Portilla, todos integrantes del Instituto de Energía Renovables.

El investigador recordó, a través de un comunicado de la UNAM, que la mayoría de los alimentos empiezan su cocción alrededor de los 90 grados centígrados. Esa temperatura se debe mantener alrededor de una hora, y preferentemente no superar los 110 o 120 grados, porque ello provoca la destrucción de proteínas y almidones que deben ser aprovechados por el organismo humano; “en el pasado remoto, cocer la comida permitió que el aparato digestivo se redujera y el cerebro creciera”.

Para mejorar la captación de energía, las estufas y hornos solares utilizan espejos que redireccionan la radiación hacia el interior de la caja. Sin embargo, debido al movimiento aparente del sol durante el día, requieren ajustes constantes en su orientación y, por lo tanto, que el usuario esté al pendiente del manejo del dispositivo, lo cual desincentiva su utilización en la mayoría de las ocasiones.

Ante ese inconveniente, Jaramillo Salgado y sus colaboradores desarrollaron un horno –que en este caso es ideal para una familia de seis u ocho integrantes, pues en su caja caben dos ollas exprés–, lo suficientemente versátil para no tener que hacer tantos ajustes a lo largo del día, y ni siquiera del año, para captar la energía requerida para la cocción.

De esta forma, idearon la optimización de su geometría, que permite diferentes posicionamientos. Su apariencia es un poco convencional respecto a la mayoría de los hornos solares, porque sus ángulos no son totalmente rectos. Cuenta con una caja doble: una interior, con un sistema de aislamiento, donde se cocinan los alimentos, y una en la parte externa o carcasa, así como con un espejo transparente con una ligera inclinación para captar mejor la radiación. Al aumentar el almacenamiento de energía, también se incrementa la temperatura.

Gracias a su forma, con sólo tres ajustes de posición y cuatro movimientos a lo largo del año se garantiza su funcionamiento, incluso, en días con insolación mediana. “La caja funciona de las 9 de la mañana a las 2 de la tarde, tiempo suficiente para lograr la cocción. Uno sale temprano y deja las ollas exprés, cuando regresa, a la hora de la comida, encontrará el alimento totalmente cocido”.

El horno mide 60 por 80 centímetros, tiene una profundidad de 50 centímetros y fue fabricado en acero inoxidable, considerando preferentemente la durabilidad a la intemperie; sin embargo, refieren que es costoso, por lo cual los creadores pretendían en la siguiente etapa buscar materiales más accesibles, como el aluminio.

De acuerdo a datos de la UNAM, este desarrollo, que también puede utilizarse para la esterilización de material quirúrgico de uso veterinario, pretendían que tuviera un costo competitivo, es decir, no superar los 700 u 800 pesos.

Una vez otorgada la patente a sus creadores (Óscar Jaramillo, Guadalupe Huelsz Lesbros, Gabriela Hernández Luna y Jesús Antonio del Río Portilla, todos integrantes del IER), buscaban hacer la transferencia tecnológica, por licitación o venta de la patente.

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Temixco no sólo es conocido por su clima cálido y sitios como la Exhacienda de Temixco o sus múltiples balnearios, sino también por albergar al Instituto de Energías Renovables (IER) de la Universidad Autónoma de México (UNAM), Campus Morelos, entidad académica catalogada como referente nacional, al generar conocimiento en áreas como físicomatemáticas, químicobiológicas, económicas e ingenierías.

Al rendir su último informe de actividades que tuvo como fecha el pasado mes de marzo, su director, Antonio del Río Portilla indicó que el IER tiene 49 investigadores, 23 técnicos académicos, siete cátedras Conacyt y 11 becarios posdoctorales. De ellos, el 86 por ciento pertenece al Sistema Nacional de Investigadores (SNI).

En ocho años de existencia, el IER ha acumulado más de 37 mil citas y ha recibido 18 patentes de las 24 que ha solicitado, una de ellas tuvo lugar en 2016, desarrollando una estufa solar que puede operar todo el año.

Un grupo de investigadores del Instituto de Energía Renovables (IER) de la Universidad Autónoma de México (UNAM), Campus Morelos, creó un horno solar tipo caja optimizado, es decir, una estufa que funciona con la energía solar y cuya novedad consiste en tener un diseño opto-geométrico que le permite ser operado en cualquier latitud, durante todo el año y evitar frecuentes ajustes de los reflectores, como ocurre con los hornos solares convencionales.

Óscar Alfredo Jaramillo Salgado, uno de los desarrolladores, aceptó en entrevista para la Máxima Casa de Estudios del país, que diseños hay muchos, pero lo importante y singular del invento es que es un dispositivo versátil, que se maneja de forma sencilla y segura, el cual además cuenta con una patente desde 2016 otorgada por el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial.

La patente fue otorgada a sus creadores: Óscar Jaramillo, Guadalupe Huelsz Lesbros, Gabriela Hernández Luna y Jesús Antonio del Río Portilla, todos integrantes del Instituto de Energía Renovables.

El investigador recordó, a través de un comunicado de la UNAM, que la mayoría de los alimentos empiezan su cocción alrededor de los 90 grados centígrados. Esa temperatura se debe mantener alrededor de una hora, y preferentemente no superar los 110 o 120 grados, porque ello provoca la destrucción de proteínas y almidones que deben ser aprovechados por el organismo humano; “en el pasado remoto, cocer la comida permitió que el aparato digestivo se redujera y el cerebro creciera”.

Para mejorar la captación de energía, las estufas y hornos solares utilizan espejos que redireccionan la radiación hacia el interior de la caja. Sin embargo, debido al movimiento aparente del sol durante el día, requieren ajustes constantes en su orientación y, por lo tanto, que el usuario esté al pendiente del manejo del dispositivo, lo cual desincentiva su utilización en la mayoría de las ocasiones.

Ante ese inconveniente, Jaramillo Salgado y sus colaboradores desarrollaron un horno –que en este caso es ideal para una familia de seis u ocho integrantes, pues en su caja caben dos ollas exprés–, lo suficientemente versátil para no tener que hacer tantos ajustes a lo largo del día, y ni siquiera del año, para captar la energía requerida para la cocción.

De esta forma, idearon la optimización de su geometría, que permite diferentes posicionamientos. Su apariencia es un poco convencional respecto a la mayoría de los hornos solares, porque sus ángulos no son totalmente rectos. Cuenta con una caja doble: una interior, con un sistema de aislamiento, donde se cocinan los alimentos, y una en la parte externa o carcasa, así como con un espejo transparente con una ligera inclinación para captar mejor la radiación. Al aumentar el almacenamiento de energía, también se incrementa la temperatura.

Gracias a su forma, con sólo tres ajustes de posición y cuatro movimientos a lo largo del año se garantiza su funcionamiento, incluso, en días con insolación mediana. “La caja funciona de las 9 de la mañana a las 2 de la tarde, tiempo suficiente para lograr la cocción. Uno sale temprano y deja las ollas exprés, cuando regresa, a la hora de la comida, encontrará el alimento totalmente cocido”.

El horno mide 60 por 80 centímetros, tiene una profundidad de 50 centímetros y fue fabricado en acero inoxidable, considerando preferentemente la durabilidad a la intemperie; sin embargo, refieren que es costoso, por lo cual los creadores pretendían en la siguiente etapa buscar materiales más accesibles, como el aluminio.

De acuerdo a datos de la UNAM, este desarrollo, que también puede utilizarse para la esterilización de material quirúrgico de uso veterinario, pretendían que tuviera un costo competitivo, es decir, no superar los 700 u 800 pesos.

Una vez otorgada la patente a sus creadores (Óscar Jaramillo, Guadalupe Huelsz Lesbros, Gabriela Hernández Luna y Jesús Antonio del Río Portilla, todos integrantes del IER), buscaban hacer la transferencia tecnológica, por licitación o venta de la patente.

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