/ sábado 4 de mayo de 2019

[Especial] Un superhéroe que donó su riñón

Moisés Cruz asegura que ayudar es la mejor manera de agradecer a la vida

“Donar es agradecer a la vida que estamos del otro lado del que nos necesita” refiere Moisés Cruz Arredondo, quien a lo largo de su vida ha donado sangre 28 veces, ocho veces plaquetas y un riñón a Rebeca Estévez Contreras, en el puerto de Veracruz, el 10 de diciembre de 2015.

Moisés Cruz Arredondo, vecino de Zacatepec y catedrático de la Escuela de Estudios Superiores (EES) de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM) con su afable sonrisa accede a compartir con El Sol de Cuernavaca su historia.

Amigos y familiares reconocen que Moy Cruz es un héroe en el anonimato, “solo un súper hombre puede dar tanto sin conocer a las personas que beneficia” refirió Rebeca Estévez, quien vivió más de 40 años sin saber que solo tenía un riñón hasta que éste le colapsó; durante dos años su familia la apoyó pagando las costosas diálisis.

Moisés conoció a Rebeca en marzo de 2013, cuando su familia decidió ir a Boca del Río, Veracruz, a visitar a la familia Estévez, pero refirió que ella fue amiga de su hermana cuando vivieron en Zacatepec: “yo solo sería el chofer en ese viaje”.

Recordó que cuando llegaron, encontraron una situación muy difícil de la familia y ella recibiendo diálisis continuas y costosas, era apoyada con despensa por los vecinos y recayendo en la hermana menor los gastos mayores, pero en ese momento supo debían hacer algo más que dejarle solo ayuda.

Primero la ingresó al Seguro Social casándose con ella; recuerda que en ese momento le dijo, “si es necesario yo te doy mi riñón”, le salieron del corazón esas palabras, sin saber si tenía las condiciones de salud para donar, pues no se había hecho estudios ni sabía si eran compatibles.

Después de estar todo 2014 con los servicios del IMSS, Rebeca logró estabilizarse y “mejorar”, en ese momento fue cuando le dijeron que ya estaba en posibilidades de ser receptora; “me llamó desde Veracruz, para recordarme, le había prometido mi riñón, y le dije: va lo hacemos”.

Durante cinco meses le realizaron estudios y análisis clínicos de sangre, urea, del funcionamiento de sus riñones, electrocardiogramas, un estudio donde le inyectaron un líquido para ver cómo funcionaba su circulación e incluso estudios de psiquiatría, que al final confirmaron que había compatibilidad y programaron la intervención para el 10 de diciembre.

Viajó sólo hasta Veracruz, fue internado dos días antes de la cirugía que duró varias horas; recuerda que en cuanto despertó le dijeron:

Ella de inmediato aceptó el riñón y que tenía síntomas que daban una esperanza de vida prolongada.

Él nunca había estado en un quirófano: “lo máximo por lo que había pisado un consultorio fue por la extracción de una muela. No tomo medicamentos, mi abuelo fue médico homeópata y prefiero los chochos o los tés de la medicina tradicional”.

El especialista del proceso le dijo que si se cuidaba 28 días, después podría hacer su vida normal y hasta la fecha no ha tenido problemas, ni complicaciones, ni enfermedades. Sigue siendo una persona sana, hace pocos se hizo estudios y su riñón trabaja de forma normal.

Moisés tenía 45 años cuando donó su riñón a Rebeca que entonces tenía 43 años, lamentablemente ella murió el 28 de diciembre de 2018, no por el trasplante de riñón; pero a ella seguían medicándola para no rechazarlo, y al parecer no se cuidó, cayó muy enferma y murió muy rápido.

Moisés contó que a tres años y cuatro meses de haber donado su riñón no se ha arrepentido, “ni previo, ni después ni a la fecha” sabe que hizo bien, “mejoró la vida de Rebeca Estévez, quien tenía muchas ganas de vivir, muchos proyectos y fue una persona muy amada”.

Una vida que agradecer

Moisés Cruz Arredondo, licenciado en Administración de Empresas Turísticas, es un genio de la creatividad para rescatar e impulsar destinos turísticos, ama lo que hace, y nos confiesa; “desde los 20 años he sido donador de sangre, incluso para gente que no conozco”

A la fecha ha donado 28 veces sangre y ocho veces plaquetas que en los hospitales tienen gran demanda en la mayoría de los casos para personas con leucemia. Incluso al año de haber donado su riñón izquierdo donó tejido sanguíneo y plaquetas.

Invita a los lectores a sumarse a donar: “hay mucha gente que nos necesita a los que tenemos la fortuna de estar sanos” y es que hay una gran demanda de sangre, plasma y órganos: “cuando hay una donación hay la necesidad de una persona, y en una situación así te toca estar del otro lado, es una forma de agradecer a la vida, de dar vida, y esperanza de vida”.

Del mercado negro de órganos y tejidos

“Es muy triste ver gente donar y cobrar. A lo mejor lo hace por la necesidad de su enfermo, pero no es justo” dice al lamentar la falta de una cultura de donación: Desde pequeños debemos inculcar a ayudar de una manera y la donación es la mejor oportunidad de ayudar. Recordó que su papá fue también donador de sangre, y eso sin duda fue una lección de vida.

Y aunque se ha especulado mucho en torno al tráfico de órganos y eso ha generado psicosis en los hospitales. Con base en su experiencia sabe que hay muchos filtros y protocolos, por lo que invitó a todos a dejar el miedo y las dudas atrás y animarse a salvar una vida.

“Donar es agradecer a la vida que estamos del otro lado del que nos necesita” refiere Moisés Cruz Arredondo, quien a lo largo de su vida ha donado sangre 28 veces, ocho veces plaquetas y un riñón a Rebeca Estévez Contreras, en el puerto de Veracruz, el 10 de diciembre de 2015.

Moisés Cruz Arredondo, vecino de Zacatepec y catedrático de la Escuela de Estudios Superiores (EES) de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM) con su afable sonrisa accede a compartir con El Sol de Cuernavaca su historia.

Amigos y familiares reconocen que Moy Cruz es un héroe en el anonimato, “solo un súper hombre puede dar tanto sin conocer a las personas que beneficia” refirió Rebeca Estévez, quien vivió más de 40 años sin saber que solo tenía un riñón hasta que éste le colapsó; durante dos años su familia la apoyó pagando las costosas diálisis.

Moisés conoció a Rebeca en marzo de 2013, cuando su familia decidió ir a Boca del Río, Veracruz, a visitar a la familia Estévez, pero refirió que ella fue amiga de su hermana cuando vivieron en Zacatepec: “yo solo sería el chofer en ese viaje”.

Recordó que cuando llegaron, encontraron una situación muy difícil de la familia y ella recibiendo diálisis continuas y costosas, era apoyada con despensa por los vecinos y recayendo en la hermana menor los gastos mayores, pero en ese momento supo debían hacer algo más que dejarle solo ayuda.

Primero la ingresó al Seguro Social casándose con ella; recuerda que en ese momento le dijo, “si es necesario yo te doy mi riñón”, le salieron del corazón esas palabras, sin saber si tenía las condiciones de salud para donar, pues no se había hecho estudios ni sabía si eran compatibles.

Después de estar todo 2014 con los servicios del IMSS, Rebeca logró estabilizarse y “mejorar”, en ese momento fue cuando le dijeron que ya estaba en posibilidades de ser receptora; “me llamó desde Veracruz, para recordarme, le había prometido mi riñón, y le dije: va lo hacemos”.

Durante cinco meses le realizaron estudios y análisis clínicos de sangre, urea, del funcionamiento de sus riñones, electrocardiogramas, un estudio donde le inyectaron un líquido para ver cómo funcionaba su circulación e incluso estudios de psiquiatría, que al final confirmaron que había compatibilidad y programaron la intervención para el 10 de diciembre.

Viajó sólo hasta Veracruz, fue internado dos días antes de la cirugía que duró varias horas; recuerda que en cuanto despertó le dijeron:

Ella de inmediato aceptó el riñón y que tenía síntomas que daban una esperanza de vida prolongada.

Él nunca había estado en un quirófano: “lo máximo por lo que había pisado un consultorio fue por la extracción de una muela. No tomo medicamentos, mi abuelo fue médico homeópata y prefiero los chochos o los tés de la medicina tradicional”.

El especialista del proceso le dijo que si se cuidaba 28 días, después podría hacer su vida normal y hasta la fecha no ha tenido problemas, ni complicaciones, ni enfermedades. Sigue siendo una persona sana, hace pocos se hizo estudios y su riñón trabaja de forma normal.

Moisés tenía 45 años cuando donó su riñón a Rebeca que entonces tenía 43 años, lamentablemente ella murió el 28 de diciembre de 2018, no por el trasplante de riñón; pero a ella seguían medicándola para no rechazarlo, y al parecer no se cuidó, cayó muy enferma y murió muy rápido.

Moisés contó que a tres años y cuatro meses de haber donado su riñón no se ha arrepentido, “ni previo, ni después ni a la fecha” sabe que hizo bien, “mejoró la vida de Rebeca Estévez, quien tenía muchas ganas de vivir, muchos proyectos y fue una persona muy amada”.

Una vida que agradecer

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A la fecha ha donado 28 veces sangre y ocho veces plaquetas que en los hospitales tienen gran demanda en la mayoría de los casos para personas con leucemia. Incluso al año de haber donado su riñón izquierdo donó tejido sanguíneo y plaquetas.

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