/ sábado 7 de agosto de 2021

[Especial] La virtualidad amenaza al zapatismo

El vínculo con la tierra puede perderse entre los jóvenes habitantes del mundo digital

Ha pasado casi un siglo y medio desde el nacimiento de Emiliano Zapata Salazar, un morelense que supo construir su propia historia viendo por las necesidades de los demás. Hacia principios del siglo pasado, Emiliano Zapata Salazar encabezó uno de los movimientos más importantes ocurridos en México: la revolución que buscaba hacer justicia a favor de los campesinos. A más de un siglo de su asesinato, su figura sigue presente en algunas de las principales causas sociales dentro y fuera de México, pero ¿qué tan presente está su legado en las nuevas generaciones de mexicanos? Es una pregunta que hace reflexionar al historiador Gustavo Garibay López, quien considera que, si bien la virtualidad que caracteriza a nuestra época, cimentada en las herramientas tecnológicas de las que disponemos actualmente, torna frágiles algunos de los ideales zapatistas, sus valores siguen vivos en los movimientos actuales que apuestan al poder colectivo en contra del individual.

“En el zapatismo caben todas las luchas sociales por una razón que a veces cuesta trabajo entender, pero es un proyecto ideológico contra toda forma de opresión, porque es una apuesta por el poder colectivo y no por el poder individual, y no hablamos del poder político del estado o las instituciones, sino del poder social que tiene la gente para transformar y cambiar determinadas condiciones”, argumenta el historiador.

Durante décadas, la figura de Zapata ha sido adoptada como bandera de distintos gobiernos, ya sea de orden federal, estatal o municipal, principalmente en el estado de Morelos. Desde niños, los ciudadanos de este estado han crecido idealizando a Zapata como un héroe nacional, maravillándose con sus estatuas y monumentos, donde casi siempre se le ve montado a caballo, y teniendo curiosidad por su vida y las leyendas que giran en torno a su muerte. Entre la juventud, el campesino nacido en Anenecuilco representa la lucha de quienes aspiran a crear un estado y un país que ofrezca igualdad de condiciones y oportunidades para todos:

“Zapata representa lucha, ideales, el pueblo de México, la clase del esfuerzo, la pasión y las causas por las cuales hoy nos encontramos estudiando”, sostiene César González Mejía, presidente de la Federación de Estudiantes Universitarios de Morelos (FEUM), un joven de 23 años para quien los ideales de Zapata Salazar siguen tan vigentes como en el pasado.

Desde hace 62 años, Emiliano Zapata es, de hecho, el logotipo de la FEUM. Fuera del edificio de rectoría de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos hay además una figura del caudillo que todos los días (cuando no hay pandemia) inspira a los estudiantes.

“Es uno de los símbolos más fuertes y presentes dentro de la universidad”, agrega César.

Para Gustavo Garibay, todavía es pronto para suponer si las nuevas generaciones se olvidarán del legado del Caudillo del Sur, pero no niega que la era de la virtualidad puede poner en riesgo uno de los valores más importantes del zapatismo: la pertenencia a la tierra:

“En esta nueva idea de la virtualidad, en donde hay una disociación por una generación que está muy precarizada, no hay una aspiración a la pertenencia, a la tierra, no hay una sujeción. Entonces por eso los ideales del zapatismo se vuelven, en ese sentido, mucho más frágiles”, señala.

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Ha pasado casi un siglo y medio desde el nacimiento de Emiliano Zapata Salazar, un morelense que supo construir su propia historia viendo por las necesidades de los demás. Hacia principios del siglo pasado, Emiliano Zapata Salazar encabezó uno de los movimientos más importantes ocurridos en México: la revolución que buscaba hacer justicia a favor de los campesinos. A más de un siglo de su asesinato, su figura sigue presente en algunas de las principales causas sociales dentro y fuera de México, pero ¿qué tan presente está su legado en las nuevas generaciones de mexicanos? Es una pregunta que hace reflexionar al historiador Gustavo Garibay López, quien considera que, si bien la virtualidad que caracteriza a nuestra época, cimentada en las herramientas tecnológicas de las que disponemos actualmente, torna frágiles algunos de los ideales zapatistas, sus valores siguen vivos en los movimientos actuales que apuestan al poder colectivo en contra del individual.

“En el zapatismo caben todas las luchas sociales por una razón que a veces cuesta trabajo entender, pero es un proyecto ideológico contra toda forma de opresión, porque es una apuesta por el poder colectivo y no por el poder individual, y no hablamos del poder político del estado o las instituciones, sino del poder social que tiene la gente para transformar y cambiar determinadas condiciones”, argumenta el historiador.

Durante décadas, la figura de Zapata ha sido adoptada como bandera de distintos gobiernos, ya sea de orden federal, estatal o municipal, principalmente en el estado de Morelos. Desde niños, los ciudadanos de este estado han crecido idealizando a Zapata como un héroe nacional, maravillándose con sus estatuas y monumentos, donde casi siempre se le ve montado a caballo, y teniendo curiosidad por su vida y las leyendas que giran en torno a su muerte. Entre la juventud, el campesino nacido en Anenecuilco representa la lucha de quienes aspiran a crear un estado y un país que ofrezca igualdad de condiciones y oportunidades para todos:

“Zapata representa lucha, ideales, el pueblo de México, la clase del esfuerzo, la pasión y las causas por las cuales hoy nos encontramos estudiando”, sostiene César González Mejía, presidente de la Federación de Estudiantes Universitarios de Morelos (FEUM), un joven de 23 años para quien los ideales de Zapata Salazar siguen tan vigentes como en el pasado.

Desde hace 62 años, Emiliano Zapata es, de hecho, el logotipo de la FEUM. Fuera del edificio de rectoría de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos hay además una figura del caudillo que todos los días (cuando no hay pandemia) inspira a los estudiantes.

“Es uno de los símbolos más fuertes y presentes dentro de la universidad”, agrega César.

Para Gustavo Garibay, todavía es pronto para suponer si las nuevas generaciones se olvidarán del legado del Caudillo del Sur, pero no niega que la era de la virtualidad puede poner en riesgo uno de los valores más importantes del zapatismo: la pertenencia a la tierra:

“En esta nueva idea de la virtualidad, en donde hay una disociación por una generación que está muy precarizada, no hay una aspiración a la pertenencia, a la tierra, no hay una sujeción. Entonces por eso los ideales del zapatismo se vuelven, en ese sentido, mucho más frágiles”, señala.

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