/ sábado 27 de abril de 2019

[Especial] Bordan y pintan su destino; oficio de generaciones

Las calles de Cuernavaca se llenan de colores y texturas gracias a los productos de estas mujeres que trabajan día a día para mantener a su familia y superarse

Al recorrer las calles del Centro Histórico de Cuernavaca, no sólo se puede observar la belleza de sus inmuebles históricos sino también el sinfín de colores de los productos artesanales con los que mujeres artesanas de Guerrero y el Estado de México continúan los negocios de sus familias.

Para ellas, es un orgullo plasmar sus diseños y dar a conocer esta historia que a veces no es muy respetada por los ciudadanos que consideran que los precios son muy altos y regatean y que no entienden que este no es sólo un oficio, sino un estilo de vida.

Desde muy pequeñas aprenden cómo realizar este tipo de producciones, especialmente en Guerrero donde en pueblitos como Ameyaltepec y Tlamacazapa es cotidiano que niñas y niños ayuden a sus padres en este oficio conservando técnicas ancestrales de elaboración. Sin embargo, también es muy común mudarse o trasladarse cada dos o tres semanas a otro estado en busca de un mayor ingreso, sin importar que llegue a representar más gasto.

PRODUCCIÓN

El INEGI con el apoyo del entonces Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (hoy Secretaría de Cultura), en 2018 realizaron la Encuesta Nacional de Consumo Cultural de México (ENCCUM) que establece cuatro millones 900 mil 231 mujeres se dedican a nivel nacional en la producción de ramas artesanales, entre las que destacan: cartón y papel, un millón 954 mil 712; textil, un millón 530 mil 475; pintura popular, 431 mil 627; y madera, 352 mil 650.

Foto: Froylán Trujillo

Griselda vive su historia

Sentada en un banco de tela al exterior de la Catedral, Griselda Martínez de 27 años aprovecha sus ratos libres para producir joyería. Con un amplio sombrero para cubrirse del intenso calor expresa que hace 15 años comenzó con la venta de artesanías mexicanas siguiendo el ejemplo de sus padres, quienes tuvieron que salir de Ameyaltepec, Guerrero para buscar mejores oportunidades.

Pese a que trabaja todos los días por más de 10 horas y trata con clientes que llegan a ser prepotentes y la discriminan por su origen, aseveró que no cambiaría por nada su empleo que simboliza la historia de su estado y pueblo donde la mayoría pinta el barro y teje collares.

La joven artesana lamentó que las ventas han disminuido ante la competencia que enfrentan por la instalación de varios negocios establecidos que venden “casi” los mismos productos; además debe pagar un permiso al Ayuntamiento para poder colocarse en la calle, pero enfrenta varios obstáculos para obtenerlo, puesto que el municipio les ha negado este apoyo.

“Nos dicen que no se otorgan permisos pero debemos vender, es mi único oficio y la verdad es me gusta mucho trabajar en esto”, asegura mientras acomoda sus productos.

Las artesanas son de Guerrero y el Estado de México/Foto: Froylán Trujillo

Gloria da pinceladas de vida

A unos cuantos metros, la guerrerense Gloria de 75 años cuenta que gracias a su esposo, Marcial Camilo, decidió mudarse a los 16 años a Morelos pues le ofrecieron un trabajo para la comercialización de paisajes en papel amate, técnica que continuó la señora.

“Cuando era pequeña aprendí de memoria cómo hacer el barro, mis hermanas ayudábamos a mi mamá y así fue como aprendimos; yo hago la pintura de colores como el papel amate”.

Afirma que al llegar a Cuernavaca fue complicado comunicarse pues sólo hablaba su lengua nativa; sin embargo, su esposo le explicaba cada conversación y le enseño a hablar español, lo cual fue fundamental para vender sus artesanías. En especial cuando su compañero de vida falleció.

Mi esposo falleció hace casi tres años, nos quedamos solitos mi hijo de 16 años y yo. Cuando murió me fui al Ayuntamiento a pedir una ayuda porque estoy enferma tengo alta presión, pero sí me podía ayudar aunque sea con un cachito para poder vender. Me dieron este lugar

Al retomar el tema de las artesanías, expresa, bajando la mirada, que las ventas han bajado muchísimo desde hace 30 años que comenzó junto a su esposo este negocio, puesto que actualmente no se ve el mismo número de extranjeros que antes, quienes eran sus principales clientes, sacando al día de 50 a 100 pesos; en comparación cuando hay ventas ingresan 500 pesos que considera suficiente para subsistir bien.

Gloria da pinceladas de vida

Elizabeth quiere estudiar

Casi al principio de calle Hidalgo con dirección a Plaza de Armas entre un puesto de comida y otro de artesanías, se encuentra Elizabeth, joven artesana de 23 años, originaria del Estado de México.

Colgando en su muslo un rebozo blanco lleno de flores de colores a medio terminar y en su mano cargando hilo de color naranja, la artesana narra que desde niña, su madre la instruyó en el arte del bordado en punto de cruz, de telar, hilar a mano, como su abuela lo hizo con ella.

La mujer de cabello negro, alta y ojos rasgados, dijo que desde hace más de 20 años se mudó a Cuernavaca siguiendo el ejemplo de sus hermanas mayores, con quienes comparte el oficio de artesanas en el centro histórico. Pese a que ama su oficio y lo que representa, señala espera poder continuar sus estudios.

Asimismo, Elizabeth expresó que a pesar de que sólo cursó la primaria sueña con ser abogada, historiadora y/o crear su propia marca de bordados.

Hay veces que sí tienes planes de estudiar pero no se puede. Yo estudié hasta la primaria pero no pude seguir por ayudar a la familia. Aún así me gustaría estudiar Derecho o Historia o encontrar una carrera en la que pueda involucrar mi oficio

Antes, Elizabeth y otras artesanas se encontraban en la explanada de Plaza de Armas pero fueron reubicadas a las afueras de Catedral hace dos años donde exclamó no han visto diferencia en las ventas, ya que han estado bajas desde hace cinco años ante la escasez de visitantes alcanzando un 50 por ciento, pero los pedidos que tienen ayudan a poder ingresar un dinero extra.

“He aprendido un buen de cosas de mi oficio. Si tuviera otra carrera haría los mismos bordados pero ya sacaría una marca, algo más formal”, concluyó prosiguiendo así con el bordado del rebozo blanco.

Elizabeth quiere estudiar

Erika transforma la palma

Casi al final de calle Hidalgo y Boulevard Juárez, entre utensilios hechos a base de palma, la artesana Erika proveniente de Tlamacazapa, Guerrero, explica que su madre le enseñó a los 10 años a elaborar tortilleros, bolsas de todos los tamaños y los famosos “atrapanovios” con este material traído desde esta comunidad náhuatl.

Desde hace dos años divide su vida entre Tlamacazapa y Cuernavaca, aquí pide permiso para dormir en una pequeña casa donde se queda por unos 15 días para vender, cuando puede, sus productos caminando por las calles de la ciudad cargando una cubeta blanca que utiliza como bolsa para su mercancía.

La señora de la tercera edad con cabello negro y una coleta de caballo, suéter azul y un vestido verde agua, puntualizó que ha padecido maltrato por parte de los inspectores del Ayuntamiento capitalino y elementos policiacos, quienes no la dejen vender en ciertos puntos aunque lo único que desea es poder sacar el suficiente dinero para sus gastos en Cuernavaca, poder regresar a su pueblo en Guerrero y comprar el material que necesita para elaborar nuevas artesanías de palma.

“Claro que gasto en ir y venir porque el pasaje ya subió y aquí los inspectores no dejan vender bien, yo quiero que me dejen vender. Cuando no me conviene me voy a mi pueblo. Me quedo unos 15 días en Cuernavaca y en mi casa 20 días, allá trabajo y los vendo como aquí, a veces hay ventas y otras veces no tanto”, expresó mostrando unas sonajas de colores pastel que son parte de los juguetes que también vende.

A pesar de que elaborar una artesanía sea sinónimo de invertir tiempo y dinero, la señora Erika insiste ser artesana le ha traído grandes satisfacciones como el hecho de ser independiente y poder moverse y conocer otros estados cuando lo desee.

Erika transforma la palma

Al recorrer las calles del Centro Histórico de Cuernavaca, no sólo se puede observar la belleza de sus inmuebles históricos sino también el sinfín de colores de los productos artesanales con los que mujeres artesanas de Guerrero y el Estado de México continúan los negocios de sus familias.

Para ellas, es un orgullo plasmar sus diseños y dar a conocer esta historia que a veces no es muy respetada por los ciudadanos que consideran que los precios son muy altos y regatean y que no entienden que este no es sólo un oficio, sino un estilo de vida.

Desde muy pequeñas aprenden cómo realizar este tipo de producciones, especialmente en Guerrero donde en pueblitos como Ameyaltepec y Tlamacazapa es cotidiano que niñas y niños ayuden a sus padres en este oficio conservando técnicas ancestrales de elaboración. Sin embargo, también es muy común mudarse o trasladarse cada dos o tres semanas a otro estado en busca de un mayor ingreso, sin importar que llegue a representar más gasto.

PRODUCCIÓN

El INEGI con el apoyo del entonces Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (hoy Secretaría de Cultura), en 2018 realizaron la Encuesta Nacional de Consumo Cultural de México (ENCCUM) que establece cuatro millones 900 mil 231 mujeres se dedican a nivel nacional en la producción de ramas artesanales, entre las que destacan: cartón y papel, un millón 954 mil 712; textil, un millón 530 mil 475; pintura popular, 431 mil 627; y madera, 352 mil 650.

Foto: Froylán Trujillo

Griselda vive su historia

Sentada en un banco de tela al exterior de la Catedral, Griselda Martínez de 27 años aprovecha sus ratos libres para producir joyería. Con un amplio sombrero para cubrirse del intenso calor expresa que hace 15 años comenzó con la venta de artesanías mexicanas siguiendo el ejemplo de sus padres, quienes tuvieron que salir de Ameyaltepec, Guerrero para buscar mejores oportunidades.

Pese a que trabaja todos los días por más de 10 horas y trata con clientes que llegan a ser prepotentes y la discriminan por su origen, aseveró que no cambiaría por nada su empleo que simboliza la historia de su estado y pueblo donde la mayoría pinta el barro y teje collares.

La joven artesana lamentó que las ventas han disminuido ante la competencia que enfrentan por la instalación de varios negocios establecidos que venden “casi” los mismos productos; además debe pagar un permiso al Ayuntamiento para poder colocarse en la calle, pero enfrenta varios obstáculos para obtenerlo, puesto que el municipio les ha negado este apoyo.

“Nos dicen que no se otorgan permisos pero debemos vender, es mi único oficio y la verdad es me gusta mucho trabajar en esto”, asegura mientras acomoda sus productos.

Las artesanas son de Guerrero y el Estado de México/Foto: Froylán Trujillo

Gloria da pinceladas de vida

A unos cuantos metros, la guerrerense Gloria de 75 años cuenta que gracias a su esposo, Marcial Camilo, decidió mudarse a los 16 años a Morelos pues le ofrecieron un trabajo para la comercialización de paisajes en papel amate, técnica que continuó la señora.

“Cuando era pequeña aprendí de memoria cómo hacer el barro, mis hermanas ayudábamos a mi mamá y así fue como aprendimos; yo hago la pintura de colores como el papel amate”.

Afirma que al llegar a Cuernavaca fue complicado comunicarse pues sólo hablaba su lengua nativa; sin embargo, su esposo le explicaba cada conversación y le enseño a hablar español, lo cual fue fundamental para vender sus artesanías. En especial cuando su compañero de vida falleció.

Mi esposo falleció hace casi tres años, nos quedamos solitos mi hijo de 16 años y yo. Cuando murió me fui al Ayuntamiento a pedir una ayuda porque estoy enferma tengo alta presión, pero sí me podía ayudar aunque sea con un cachito para poder vender. Me dieron este lugar

Al retomar el tema de las artesanías, expresa, bajando la mirada, que las ventas han bajado muchísimo desde hace 30 años que comenzó junto a su esposo este negocio, puesto que actualmente no se ve el mismo número de extranjeros que antes, quienes eran sus principales clientes, sacando al día de 50 a 100 pesos; en comparación cuando hay ventas ingresan 500 pesos que considera suficiente para subsistir bien.

Gloria da pinceladas de vida

Elizabeth quiere estudiar

Casi al principio de calle Hidalgo con dirección a Plaza de Armas entre un puesto de comida y otro de artesanías, se encuentra Elizabeth, joven artesana de 23 años, originaria del Estado de México.

Colgando en su muslo un rebozo blanco lleno de flores de colores a medio terminar y en su mano cargando hilo de color naranja, la artesana narra que desde niña, su madre la instruyó en el arte del bordado en punto de cruz, de telar, hilar a mano, como su abuela lo hizo con ella.

La mujer de cabello negro, alta y ojos rasgados, dijo que desde hace más de 20 años se mudó a Cuernavaca siguiendo el ejemplo de sus hermanas mayores, con quienes comparte el oficio de artesanas en el centro histórico. Pese a que ama su oficio y lo que representa, señala espera poder continuar sus estudios.

Asimismo, Elizabeth expresó que a pesar de que sólo cursó la primaria sueña con ser abogada, historiadora y/o crear su propia marca de bordados.

Hay veces que sí tienes planes de estudiar pero no se puede. Yo estudié hasta la primaria pero no pude seguir por ayudar a la familia. Aún así me gustaría estudiar Derecho o Historia o encontrar una carrera en la que pueda involucrar mi oficio

Antes, Elizabeth y otras artesanas se encontraban en la explanada de Plaza de Armas pero fueron reubicadas a las afueras de Catedral hace dos años donde exclamó no han visto diferencia en las ventas, ya que han estado bajas desde hace cinco años ante la escasez de visitantes alcanzando un 50 por ciento, pero los pedidos que tienen ayudan a poder ingresar un dinero extra.

“He aprendido un buen de cosas de mi oficio. Si tuviera otra carrera haría los mismos bordados pero ya sacaría una marca, algo más formal”, concluyó prosiguiendo así con el bordado del rebozo blanco.

Elizabeth quiere estudiar

Erika transforma la palma

Casi al final de calle Hidalgo y Boulevard Juárez, entre utensilios hechos a base de palma, la artesana Erika proveniente de Tlamacazapa, Guerrero, explica que su madre le enseñó a los 10 años a elaborar tortilleros, bolsas de todos los tamaños y los famosos “atrapanovios” con este material traído desde esta comunidad náhuatl.

Desde hace dos años divide su vida entre Tlamacazapa y Cuernavaca, aquí pide permiso para dormir en una pequeña casa donde se queda por unos 15 días para vender, cuando puede, sus productos caminando por las calles de la ciudad cargando una cubeta blanca que utiliza como bolsa para su mercancía.

La señora de la tercera edad con cabello negro y una coleta de caballo, suéter azul y un vestido verde agua, puntualizó que ha padecido maltrato por parte de los inspectores del Ayuntamiento capitalino y elementos policiacos, quienes no la dejen vender en ciertos puntos aunque lo único que desea es poder sacar el suficiente dinero para sus gastos en Cuernavaca, poder regresar a su pueblo en Guerrero y comprar el material que necesita para elaborar nuevas artesanías de palma.

“Claro que gasto en ir y venir porque el pasaje ya subió y aquí los inspectores no dejan vender bien, yo quiero que me dejen vender. Cuando no me conviene me voy a mi pueblo. Me quedo unos 15 días en Cuernavaca y en mi casa 20 días, allá trabajo y los vendo como aquí, a veces hay ventas y otras veces no tanto”, expresó mostrando unas sonajas de colores pastel que son parte de los juguetes que también vende.

A pesar de que elaborar una artesanía sea sinónimo de invertir tiempo y dinero, la señora Erika insiste ser artesana le ha traído grandes satisfacciones como el hecho de ser independiente y poder moverse y conocer otros estados cuando lo desee.

Erika transforma la palma