/ lunes 25 de enero de 2021

“Cruzar la frontera no es una aventura”

La falta de oportunidades en el estado ha obligado a 52 mil morelenses a migrar a los Estados Unidos

“Sí. Se gana en dólares, pero igual se gasta en dólares; el ahorro es muy poco y ese poco que guardas es para enviar a tu casa, donde dejaste todo: familia, amigos”, narra Margarito Jaime Martínez, entre aires de nostalgia y melancolía, parte de su experiencia como “mojado”.

Originario de Tehuixtla, un lugar apartado en la zona sur el estado de Morelos y perteneciente al municipio de Jojutla, Margarito dice que la pobreza y la falta de oportunidades lo orillaron a tomar la decisión de convertirse en inmigrante e ir a buscar el “sueño americano”, se aventuró y encontró una vigilia de seis años en el área de la construcción, en Phoenix, Arizona.

Ser inmigrante representa, sin lugar a dudas, jugarse la vida al realizar un sacrificio lleno de incertidumbres, donde cruzar la frontera significa, principalmente, separarse de los seres queridos como lo afirma Miguel Cruz Albarrán, otro morelense nacido en la región sur de la entidad y que, por la misma falta de empleo y oportunidades tuvo que buscar el sustento para su familia en Estados Unidos.

“Las consecuencias se presentaron en mi familia porque no tuve ni para comprar ni tortillas, cuando yo me fui, estaba consciente de que iba a renunciar a muchas cosas y muchas veces yo escuché reproches porque no estuve en ciertas cosas y en ciertos momentos, pero saqué a mi familia adelante, allá tienes que sacrificarte de muchas cosas”.

Remesas

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (ENIF), de enero de 2019 a septiembre de 2020 ingresaron al país 30 mil millones de dólares y de esta cifra, 550 millones fueron enviados por inmigrantes de Morelos a sus casas. De los 30 mil millones de dólares, los mojados michoacanos aportaron tres mil millones y los de Guanajuato dos mil 600 millones de dólares.

La razón por la cual otros estados mandan más dinero desde Estados Unidos es según ENADID 2018 porque Michoacán tiene un registro de 88 mil inmigrantes y en las mismas condiciones de mojados hay 115 mil guanajuatenses. Recordemos que morelenses son 52 mil.

ENIF 2015 menciona también que el dinero de las remesas se emplea en: atender una enfermedad, emergencia o imprevisto, comprar, reparar, ampliar o remodelar una casa, comprar algún bien o activo, es decir: animales, terrenos, autos, etc. La educación de los hijos, invertir en un negocio, gastos de comida, personales o pago de servicios y el pago de deudas.

No existe el género para carencias económicas

Las carencias no obligan solamente a los hombres a incursionar en la búsqueda de mejores condiciones de vida para su familia; la pobreza y la falta de oportunidades no distingue géneros, y ejemplo de ello es Sofía Cordero, morelense que vivió 20 años en el país vecino.

“Fue muy difícil; tuve que dejar a mis hijos, estaban siempre en mi mente, lloraba mucho… cuando comencé a trabajar lo hice limpiando oficinas en la noche, me daba miedo porque nosotros sabíamos que no teníamos papeles y se arriesga mucho uno por los policías, yo me fui a Phoenix, Arizona, porque allá tengo dos hermanos viviendo, igual de inmigrantes desde hace varios años”, recuerda Sofía.

Jesús Cordero Apantipan, lleva 23 años en los EEUU, no tiene pensado regresar / Cortesía

Cuota para delincuentes

En el sur de Morelos, los habitantes de las comunidades que más van a buscar el sueño americano son de Valle de Vázquez, Huautla y Quilamula, pertenecientes al municipio de Tlaquiltenango, otros son de Tilzapotla, municipio de Puente de Ixtla, unos más de Chisco, Río Seco y Tehuixtla, los tres últimos son parte de Jojutla.

Cruzar la frontera no es una aventura, para el inmigrante no es un juego ni representa diversión; es poner la vida en manos de una persona desconocida que se arriesga a cruzarlos sin garantizar el éxito: los llamados “coyotes” que tienen una tarifa y están también coludidos con la delincuencia organizada.

“Un coyote te cobra mil dólares; tienes que pagar una cuota y también te cobran 300 dólares aparte, es como de tráfico y es para que te mantengan seguro, ellos como cuidando y el pago de cuota es de a fuerza y es pases o no pases y la cuota que tienes que pagar al narco a la delincuencia organizada, a ellos; o sea, te cuesta mil 300 dólares pasar”, afirma Margarito Jaime.

En la conversión estándar actual representa arriba de los 20 mil pesos. Paradoja económica entendiendo que el inmigrante se va a Estados Unidos porque no tiene dinero, pero paga esta cantidad para incursionar en la incertidumbre, el riesgo a ser deportado, la incomodidad de la vivienda y el permanente estrés por la clandestinidad.

No todos fracasan, pero...

La dedicación, el esfuerzo, el sacrificio y la constancia de un inmigrante no siempre termina mal y Miguel Cruz es un ejemplo de ello. “Gracias a Dios hice mi casa en la colonia Guadalupe, con la ayuda de mi esposa, que ahorró, yo mandaba y ella ahorraba y se procuraba que tuviera todo, se les dio la carrera a mis dos hijas mayores, porque de ahí sostuvimos toda la carrera para las dos mayores y pues fue algo para mí que valió la pena y me permitió sacar adelante a mi familia…”

Sin embargo, el final feliz no es tan cierto cuando se vuelve al lugar de origen y las cosas no han cambiado, por el contrario, las ya de por si escasas oportunidades se han estrechado aún más y es el mismo Miguel Cruz quien lo narra: “…yo me regresé cuando yo consideré que ya era hora de estar aquí, pero estando aquí, a mi casa nunca le pude hacer nada más… cuando se le hizo, se le hizo, pero cuando estuve yo en Estados Unidos…”

“Sí. Se gana en dólares, pero igual se gasta en dólares; el ahorro es muy poco y ese poco que guardas es para enviar a tu casa, donde dejaste todo: familia, amigos”, narra Margarito Jaime Martínez, entre aires de nostalgia y melancolía, parte de su experiencia como “mojado”.

Originario de Tehuixtla, un lugar apartado en la zona sur el estado de Morelos y perteneciente al municipio de Jojutla, Margarito dice que la pobreza y la falta de oportunidades lo orillaron a tomar la decisión de convertirse en inmigrante e ir a buscar el “sueño americano”, se aventuró y encontró una vigilia de seis años en el área de la construcción, en Phoenix, Arizona.

Ser inmigrante representa, sin lugar a dudas, jugarse la vida al realizar un sacrificio lleno de incertidumbres, donde cruzar la frontera significa, principalmente, separarse de los seres queridos como lo afirma Miguel Cruz Albarrán, otro morelense nacido en la región sur de la entidad y que, por la misma falta de empleo y oportunidades tuvo que buscar el sustento para su familia en Estados Unidos.

“Las consecuencias se presentaron en mi familia porque no tuve ni para comprar ni tortillas, cuando yo me fui, estaba consciente de que iba a renunciar a muchas cosas y muchas veces yo escuché reproches porque no estuve en ciertas cosas y en ciertos momentos, pero saqué a mi familia adelante, allá tienes que sacrificarte de muchas cosas”.

Remesas

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (ENIF), de enero de 2019 a septiembre de 2020 ingresaron al país 30 mil millones de dólares y de esta cifra, 550 millones fueron enviados por inmigrantes de Morelos a sus casas. De los 30 mil millones de dólares, los mojados michoacanos aportaron tres mil millones y los de Guanajuato dos mil 600 millones de dólares.

La razón por la cual otros estados mandan más dinero desde Estados Unidos es según ENADID 2018 porque Michoacán tiene un registro de 88 mil inmigrantes y en las mismas condiciones de mojados hay 115 mil guanajuatenses. Recordemos que morelenses son 52 mil.

ENIF 2015 menciona también que el dinero de las remesas se emplea en: atender una enfermedad, emergencia o imprevisto, comprar, reparar, ampliar o remodelar una casa, comprar algún bien o activo, es decir: animales, terrenos, autos, etc. La educación de los hijos, invertir en un negocio, gastos de comida, personales o pago de servicios y el pago de deudas.

No existe el género para carencias económicas

Las carencias no obligan solamente a los hombres a incursionar en la búsqueda de mejores condiciones de vida para su familia; la pobreza y la falta de oportunidades no distingue géneros, y ejemplo de ello es Sofía Cordero, morelense que vivió 20 años en el país vecino.

“Fue muy difícil; tuve que dejar a mis hijos, estaban siempre en mi mente, lloraba mucho… cuando comencé a trabajar lo hice limpiando oficinas en la noche, me daba miedo porque nosotros sabíamos que no teníamos papeles y se arriesga mucho uno por los policías, yo me fui a Phoenix, Arizona, porque allá tengo dos hermanos viviendo, igual de inmigrantes desde hace varios años”, recuerda Sofía.

Jesús Cordero Apantipan, lleva 23 años en los EEUU, no tiene pensado regresar / Cortesía

Cuota para delincuentes

En el sur de Morelos, los habitantes de las comunidades que más van a buscar el sueño americano son de Valle de Vázquez, Huautla y Quilamula, pertenecientes al municipio de Tlaquiltenango, otros son de Tilzapotla, municipio de Puente de Ixtla, unos más de Chisco, Río Seco y Tehuixtla, los tres últimos son parte de Jojutla.

Cruzar la frontera no es una aventura, para el inmigrante no es un juego ni representa diversión; es poner la vida en manos de una persona desconocida que se arriesga a cruzarlos sin garantizar el éxito: los llamados “coyotes” que tienen una tarifa y están también coludidos con la delincuencia organizada.

“Un coyote te cobra mil dólares; tienes que pagar una cuota y también te cobran 300 dólares aparte, es como de tráfico y es para que te mantengan seguro, ellos como cuidando y el pago de cuota es de a fuerza y es pases o no pases y la cuota que tienes que pagar al narco a la delincuencia organizada, a ellos; o sea, te cuesta mil 300 dólares pasar”, afirma Margarito Jaime.

En la conversión estándar actual representa arriba de los 20 mil pesos. Paradoja económica entendiendo que el inmigrante se va a Estados Unidos porque no tiene dinero, pero paga esta cantidad para incursionar en la incertidumbre, el riesgo a ser deportado, la incomodidad de la vivienda y el permanente estrés por la clandestinidad.

No todos fracasan, pero...

La dedicación, el esfuerzo, el sacrificio y la constancia de un inmigrante no siempre termina mal y Miguel Cruz es un ejemplo de ello. “Gracias a Dios hice mi casa en la colonia Guadalupe, con la ayuda de mi esposa, que ahorró, yo mandaba y ella ahorraba y se procuraba que tuviera todo, se les dio la carrera a mis dos hijas mayores, porque de ahí sostuvimos toda la carrera para las dos mayores y pues fue algo para mí que valió la pena y me permitió sacar adelante a mi familia…”

Sin embargo, el final feliz no es tan cierto cuando se vuelve al lugar de origen y las cosas no han cambiado, por el contrario, las ya de por si escasas oportunidades se han estrechado aún más y es el mismo Miguel Cruz quien lo narra: “…yo me regresé cuando yo consideré que ya era hora de estar aquí, pero estando aquí, a mi casa nunca le pude hacer nada más… cuando se le hizo, se le hizo, pero cuando estuve yo en Estados Unidos…”

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