/ miércoles 8 de septiembre de 2021

[Juntos Crecemos] No te rindas con tus zapatos viejos

El negocio de reparación de calzado San Miguel también se dedica a la talabartería, por lo que también restauran los cinturones, carteras, bolsas, chamarras y hasta las maletas

Desde hace más de una década, Miguel Ángel Ortega Hernández dedica su vida a reparar zapatos, un oficio que le ha traído grandes satisfacciones en su vida tanto profesional como personal, al considerar que es un arte realizarlo. Sí bien la pandemia de Covid-19 ocasionó que tuviera que reducir su horario laboral y disminuir considerablemente sus ganancias, no ha sido impedimento para seguir adelante con lucha y perseverancia, ofreciendo siempre calidad en su servicio.

En avenida Teopanzolco, esquina con Nueva Rusia, frente a un colegio particular muy conocido, se encuentra el negocio de reparación de calzado San Miguel, presidido por Miguel Ángel Ortega Hernández y su esposa, quienes rescatan el calzado que se encuentra en malas condiciones, arreglan las partes dañadas para ser utilizado nuevamente, hasta llegan a transformarlos completamente para su uso diario.

Desde pequeño, Miguel Ángel aprendió este oficio gracias a su hermano, que es de profesión zapatero, fue entonces donde nació su inquietud por conocer más sobre este trabajo, uno de los más icónicos de la cultura mexicana.

“Me interesó por lo bonito que es el arte de reparar el zapato y es un gusto poder ayudar a la sociedad con este tipo de apoyo”, señaló a El Sol de Cuernavaca.

Inició a los 13 años por necesidad, trabajando en un taller junto con su hermano, quien hoy también tiene su propio negocio; empezó ayudándolo en la limpieza, cuidado y restauración del calzado, a la fecha siguen trabajando en esto que cataloga como uno de los oficios más “bonitos”.

A base de trabajo, sacrificio y constancia, poco a poco comenzó a instalar su propio local; comenzó con una pequeña caseta y hoy ya es un negocio hecho y derecho.

“Salió la oportunidad de tener el negocio, de juntar un poco de dinero, primero fue una caseta y después pudimos ampliarnos un poco más hasta tener lo que hoy tenemos”.

Ante la situación por Covid-19, el trabajo de Miguel Ángel se ha visto afectado debido a la disminución de servicios para arreglar calzado, cinturones, carteras, bolsas, chamarras y hasta maletas, ya que además de ser zapatero es talabartero, siendo esta su única fuente de ingresos para llevar un sustento a casa.

En el lugar se toman las medidas necesarias para cuidar la salud de los clientes y el personal / Susana Paredes | El Sol de Cuernavaca

“El servicio era muy solicitado pero a raíz de la emergencia sanitaria sí fue lo que nos evocó a que, como todo negocio, disminuyeran las ganancias porque no hubo mucho movimiento en las calles, esto nos afectó mucho”, aseguró.

En la etapa de mayor aislamiento social y al observar que la vía pública estaba totalmente desierta, optó por reducir su horario de trabajo que era de 9:00 a 19:00 horas y pasó de 10:00 a 15:00 horas y solo se presentaba Miguel Ángel porque su esposa se quedaba en casa cuidando a sus hijos.

Sus ventas disminuyeron de 80 a 40 por ciento, lo cual refirió pudo haber sido ante la inoperatividad de las actividades laborales y escolares, siendo el regreso a las aulas su mejor temporada, aunado a que los ciudadanos no tenían como prioridad, en este momento, arreglar sus zapatos.

Un claro ejemplo de ello fue que muchos de los artículos que les dejaron para arreglar previo a la contingencia sanitaria se quedaron en el local hasta por un año, ya que no los recogían, esto les afectó debido a que los repararon e invirtieron material pero no recibieron pago, “no había entrada y lo poquito que teníamos lo estirábamos”.

La mejor temporada del negocio de reparación de calzado San Miguel es el inicio de clases, siendo este el momento cuando los padres de familia, en lugar de gastar en nuevos artículos, prefieren mandar a arreglar los zapatos y mochilas.

Sin embargo, este año, ante la incertidumbre de cómo sería el retorno a las aulas, Miguel Ángel no registró el movimiento esperado y por ende las ganancias que pretendía obtener.

Actualmente el negocio de reparación de calzado San Miguel ha restablecido su horario normal de trabajo, de 9:00 a 19:00 horas, “aunque ha sido difícil poco a poco se va moviendo, de un 40 estamos subiendo a un 60 por ciento, pero al 100 realmente todavía no”.

Adicional a las bajas ventas, Miguel Ángel Ortega Hernández padeció también la falta de material, puesto que los fabricantes de materiales como hule y cuero cerraron y no surtieron, teniendo que buscar apoyo con sus colegas zapateros que contaban con estos insumos para cumplir con el trabajo.

Para Miguel Ángel, ser zapatero y talabartero es un trabajo donde nunca se deja de aprender / Susana Paredes | El Sol de Cuernavaca

“Fue un problema porque querían, a lo mejor, un tipo de suelas en arreglo y si no había teníamos que esperar hasta que llegaran”.

El negocio de reparación de calzado San Miguel es 100 por ciento familiar; el tiempo para arreglar un par de zapatos es de dos a tres días, mientras que la boleada (limpieza) tarda de 10 a 15 minutos y la pintada de un día para otro, como el cambio de suelas.

Miguel Ángel toma las medidas necesarias para cuidar la limpieza del lugar, exige el uso de cubrebocas, lavado constante de manos y el distanciamiento social.

“A mí lo que me agrada es ver como llega el zapato maltratado, destruido, e inclusive llega mordido por los perros, y renovarlo para poder armarlo. Es una labor bonita porque al final de cuentas queda, se renueva y se vuelve presentable”, manifestó el zapatero.

Con más de un década en este oficio, reconoció que llega a ser laborioso por el tiempo que implica hacer las cosas y en cierta forma, resaltó, podría ser considerado un arte “porque hay trabajos que requieren de paciencia, el detalle de saberlo hacer para que quede bien el trabajo, lo más parecido a cuando está un buen zapato, la bolsa, todo tiene su detalle”.

Miguel Ángel Ortega Hernández manifestó que ser zapatero y talabartero es un trabajo donde nunca se deja de aprender porque cada temporada hay nuevos artículos y luego le dejan calzado que no está bien hecho, y tiene que remodelarlo por completo.

“Tenemos que arreglarlo como es, buscar la manera para que quede bien porque no todos los trabajos vienen igual, no es una línea de trabajo que siempre sea lo mismo, sino como todo trabajo vienen con diferente armado, siempre es un arreglo diferente y tengo que ser constante y aprender día a día, siempre se aprende una nueva manera de trabajar”.

El negocio de reparación de calzado San Miguel se ubica en avenida Teopanzolco, esquina Nueva Rusia, frente a un colegio particular muy reconocido en Cuernavaca, Morelos. El horario de atención es de lunes a viernes de 9:00 a 19:00 horas y los sábados de 9:00 a 14:00 horas.

Miguel Ángel inició a los 13 años como zapatero por necesidad / Susana Paredes | El Sol de Cuernavaca

Desde hace más de una década, Miguel Ángel Ortega Hernández dedica su vida a reparar zapatos, un oficio que le ha traído grandes satisfacciones en su vida tanto profesional como personal, al considerar que es un arte realizarlo. Sí bien la pandemia de Covid-19 ocasionó que tuviera que reducir su horario laboral y disminuir considerablemente sus ganancias, no ha sido impedimento para seguir adelante con lucha y perseverancia, ofreciendo siempre calidad en su servicio.

En avenida Teopanzolco, esquina con Nueva Rusia, frente a un colegio particular muy conocido, se encuentra el negocio de reparación de calzado San Miguel, presidido por Miguel Ángel Ortega Hernández y su esposa, quienes rescatan el calzado que se encuentra en malas condiciones, arreglan las partes dañadas para ser utilizado nuevamente, hasta llegan a transformarlos completamente para su uso diario.

Desde pequeño, Miguel Ángel aprendió este oficio gracias a su hermano, que es de profesión zapatero, fue entonces donde nació su inquietud por conocer más sobre este trabajo, uno de los más icónicos de la cultura mexicana.

“Me interesó por lo bonito que es el arte de reparar el zapato y es un gusto poder ayudar a la sociedad con este tipo de apoyo”, señaló a El Sol de Cuernavaca.

Inició a los 13 años por necesidad, trabajando en un taller junto con su hermano, quien hoy también tiene su propio negocio; empezó ayudándolo en la limpieza, cuidado y restauración del calzado, a la fecha siguen trabajando en esto que cataloga como uno de los oficios más “bonitos”.

A base de trabajo, sacrificio y constancia, poco a poco comenzó a instalar su propio local; comenzó con una pequeña caseta y hoy ya es un negocio hecho y derecho.

“Salió la oportunidad de tener el negocio, de juntar un poco de dinero, primero fue una caseta y después pudimos ampliarnos un poco más hasta tener lo que hoy tenemos”.

Ante la situación por Covid-19, el trabajo de Miguel Ángel se ha visto afectado debido a la disminución de servicios para arreglar calzado, cinturones, carteras, bolsas, chamarras y hasta maletas, ya que además de ser zapatero es talabartero, siendo esta su única fuente de ingresos para llevar un sustento a casa.

En el lugar se toman las medidas necesarias para cuidar la salud de los clientes y el personal / Susana Paredes | El Sol de Cuernavaca

“El servicio era muy solicitado pero a raíz de la emergencia sanitaria sí fue lo que nos evocó a que, como todo negocio, disminuyeran las ganancias porque no hubo mucho movimiento en las calles, esto nos afectó mucho”, aseguró.

En la etapa de mayor aislamiento social y al observar que la vía pública estaba totalmente desierta, optó por reducir su horario de trabajo que era de 9:00 a 19:00 horas y pasó de 10:00 a 15:00 horas y solo se presentaba Miguel Ángel porque su esposa se quedaba en casa cuidando a sus hijos.

Sus ventas disminuyeron de 80 a 40 por ciento, lo cual refirió pudo haber sido ante la inoperatividad de las actividades laborales y escolares, siendo el regreso a las aulas su mejor temporada, aunado a que los ciudadanos no tenían como prioridad, en este momento, arreglar sus zapatos.

Un claro ejemplo de ello fue que muchos de los artículos que les dejaron para arreglar previo a la contingencia sanitaria se quedaron en el local hasta por un año, ya que no los recogían, esto les afectó debido a que los repararon e invirtieron material pero no recibieron pago, “no había entrada y lo poquito que teníamos lo estirábamos”.

La mejor temporada del negocio de reparación de calzado San Miguel es el inicio de clases, siendo este el momento cuando los padres de familia, en lugar de gastar en nuevos artículos, prefieren mandar a arreglar los zapatos y mochilas.

Sin embargo, este año, ante la incertidumbre de cómo sería el retorno a las aulas, Miguel Ángel no registró el movimiento esperado y por ende las ganancias que pretendía obtener.

Actualmente el negocio de reparación de calzado San Miguel ha restablecido su horario normal de trabajo, de 9:00 a 19:00 horas, “aunque ha sido difícil poco a poco se va moviendo, de un 40 estamos subiendo a un 60 por ciento, pero al 100 realmente todavía no”.

Adicional a las bajas ventas, Miguel Ángel Ortega Hernández padeció también la falta de material, puesto que los fabricantes de materiales como hule y cuero cerraron y no surtieron, teniendo que buscar apoyo con sus colegas zapateros que contaban con estos insumos para cumplir con el trabajo.

Para Miguel Ángel, ser zapatero y talabartero es un trabajo donde nunca se deja de aprender / Susana Paredes | El Sol de Cuernavaca

“Fue un problema porque querían, a lo mejor, un tipo de suelas en arreglo y si no había teníamos que esperar hasta que llegaran”.

El negocio de reparación de calzado San Miguel es 100 por ciento familiar; el tiempo para arreglar un par de zapatos es de dos a tres días, mientras que la boleada (limpieza) tarda de 10 a 15 minutos y la pintada de un día para otro, como el cambio de suelas.

Miguel Ángel toma las medidas necesarias para cuidar la limpieza del lugar, exige el uso de cubrebocas, lavado constante de manos y el distanciamiento social.

“A mí lo que me agrada es ver como llega el zapato maltratado, destruido, e inclusive llega mordido por los perros, y renovarlo para poder armarlo. Es una labor bonita porque al final de cuentas queda, se renueva y se vuelve presentable”, manifestó el zapatero.

Con más de un década en este oficio, reconoció que llega a ser laborioso por el tiempo que implica hacer las cosas y en cierta forma, resaltó, podría ser considerado un arte “porque hay trabajos que requieren de paciencia, el detalle de saberlo hacer para que quede bien el trabajo, lo más parecido a cuando está un buen zapato, la bolsa, todo tiene su detalle”.

Miguel Ángel Ortega Hernández manifestó que ser zapatero y talabartero es un trabajo donde nunca se deja de aprender porque cada temporada hay nuevos artículos y luego le dejan calzado que no está bien hecho, y tiene que remodelarlo por completo.

“Tenemos que arreglarlo como es, buscar la manera para que quede bien porque no todos los trabajos vienen igual, no es una línea de trabajo que siempre sea lo mismo, sino como todo trabajo vienen con diferente armado, siempre es un arreglo diferente y tengo que ser constante y aprender día a día, siempre se aprende una nueva manera de trabajar”.

El negocio de reparación de calzado San Miguel se ubica en avenida Teopanzolco, esquina Nueva Rusia, frente a un colegio particular muy reconocido en Cuernavaca, Morelos. El horario de atención es de lunes a viernes de 9:00 a 19:00 horas y los sábados de 9:00 a 14:00 horas.

Miguel Ángel inició a los 13 años como zapatero por necesidad / Susana Paredes | El Sol de Cuernavaca

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