/ jueves 17 de diciembre de 2020

¡Se acaba el año!

Sororidad

Se acaba el año. El ayer, un muy lejano pasado; el hoy, inentendible; el futuro, total incertidumbre.

Se acaba el año. Un minuto de silencio por todas aquellas personas que han muerto y están muriendo por el Covid 19.

Se acaba el año. La mayoría de la gente se ha quedado en casa; por obligación gubernamental o por decisión propia. Las rutinas que tanto se desdeñaban, se volvieron imperativas para sobrevivir a la incertidumbre del diario acontecer. El reencuentro con todos los rincones de nuestros hogares nos ha permitido sacar a flote muchos de los proyectos que se habían quedado en la soledad del olvido y que esperamos compartir, algún día, con las personas que nos rodean.

Se acaba el año. Y el arte y la literatura han ayudado a despejar nuestros atribulados corazones; han sido la potente medicina de lo que llaman el alma, De ahí que no se pueda entender ni aceptar el que se hayan reducido los presupuestos gubernamentales, principalmente en estos rubros. ¿Cuándo entenderemos que la verdadera construcción del espíritu está compuesta por la riqueza del pensamiento humano?

Se acaba el año. La naturaleza se recobra lentamente de la contaminación que le hemos inflingido y los humanos hablan de la devastación de los recursos naturales como si fuera algo pasajero, pero no hablamos del verdadero problema: Somos demasiados. Y a pesar de toda esta tragedia que nos embarga en estos momentos de pandemia y a nivel mundial, hay quienes todavía piensan —con una especie de incomprensible arrogancia—, que los seres humanos tenemos la supremacía en esta Tierra, sin tomar en cuenta que solo la estorbamos.

Se acaba el año. Todos hablan y pocos se comunican, en realidad. Las redes sociales se han convertido en artefactos de incomunicación como la nueva "Torre de Babel" en medio de la incontrolable cultura del bituperio. Ni hablar de las imágenes de las noticias, cada día más cruentas; esas no son noticias, son la sección completa de las tragedias humanas, de las cuales nos hemos acostumbrando y hasta nos aburren.

Se acaba el año. El poder en este país está concentrado en el ejército. Parecería ser que nuestra incipiente democracia ha desaparecido. Ya no hay partidos de verdadera oposición. Los fideicomisos también los desaparecieron. ¿Cómo sobreviviremos?

Se acaba el año. Y no queda claro si las sociedades estén listas para transformarse en un sentido positivo tan necesario para el mundo entero.

Bienaventurados los que hayan traspasado todo tipo de egoísmo; los que ya no se aferran al conservadurismo que no ve la imperiosa necesidad del cambio; los que se hayan vuelto en personas menos individualistas, más comprensivos y más incluyentes; los que hayan aprendido a respetar a la diversidad de todas las especies, incluyéndonos como humanos; los que hayan dejado de fustigar a las mujeres por decidir sobre sus cuerpos; los que hayan aprendido a respetar a sus semejantes, con todo y sus decisiones personales.

Se acaba el año.

¡Que se acabe...!

Se acaba el año. El ayer, un muy lejano pasado; el hoy, inentendible; el futuro, total incertidumbre.

Se acaba el año. Un minuto de silencio por todas aquellas personas que han muerto y están muriendo por el Covid 19.

Se acaba el año. La mayoría de la gente se ha quedado en casa; por obligación gubernamental o por decisión propia. Las rutinas que tanto se desdeñaban, se volvieron imperativas para sobrevivir a la incertidumbre del diario acontecer. El reencuentro con todos los rincones de nuestros hogares nos ha permitido sacar a flote muchos de los proyectos que se habían quedado en la soledad del olvido y que esperamos compartir, algún día, con las personas que nos rodean.

Se acaba el año. Y el arte y la literatura han ayudado a despejar nuestros atribulados corazones; han sido la potente medicina de lo que llaman el alma, De ahí que no se pueda entender ni aceptar el que se hayan reducido los presupuestos gubernamentales, principalmente en estos rubros. ¿Cuándo entenderemos que la verdadera construcción del espíritu está compuesta por la riqueza del pensamiento humano?

Se acaba el año. La naturaleza se recobra lentamente de la contaminación que le hemos inflingido y los humanos hablan de la devastación de los recursos naturales como si fuera algo pasajero, pero no hablamos del verdadero problema: Somos demasiados. Y a pesar de toda esta tragedia que nos embarga en estos momentos de pandemia y a nivel mundial, hay quienes todavía piensan —con una especie de incomprensible arrogancia—, que los seres humanos tenemos la supremacía en esta Tierra, sin tomar en cuenta que solo la estorbamos.

Se acaba el año. Todos hablan y pocos se comunican, en realidad. Las redes sociales se han convertido en artefactos de incomunicación como la nueva "Torre de Babel" en medio de la incontrolable cultura del bituperio. Ni hablar de las imágenes de las noticias, cada día más cruentas; esas no son noticias, son la sección completa de las tragedias humanas, de las cuales nos hemos acostumbrando y hasta nos aburren.

Se acaba el año. El poder en este país está concentrado en el ejército. Parecería ser que nuestra incipiente democracia ha desaparecido. Ya no hay partidos de verdadera oposición. Los fideicomisos también los desaparecieron. ¿Cómo sobreviviremos?

Se acaba el año. Y no queda claro si las sociedades estén listas para transformarse en un sentido positivo tan necesario para el mundo entero.

Bienaventurados los que hayan traspasado todo tipo de egoísmo; los que ya no se aferran al conservadurismo que no ve la imperiosa necesidad del cambio; los que se hayan vuelto en personas menos individualistas, más comprensivos y más incluyentes; los que hayan aprendido a respetar a la diversidad de todas las especies, incluyéndonos como humanos; los que hayan dejado de fustigar a las mujeres por decidir sobre sus cuerpos; los que hayan aprendido a respetar a sus semejantes, con todo y sus decisiones personales.

Se acaba el año.

¡Que se acabe...!

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